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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-09-2013

Disneylandia: una utopa inmunitaria

John Brown
Rebelin


He tenido recientemente ocasin de ir con mi compaera y nuestros dos hijos a Disneyland (Pars). Aparte de las diversiones que sin duda ofrece ese amplio compendio de atracciones de feria, es una curiosa experiencia visitar un muy particular pedazo de Amrica trasplantado en una zona rural al este de Pars. Lo primero que llama la atencin es el hecho de que el parque est situado en un lugar vaco, literalmente en medio del campo. Esto refuerza la impresin de americanismo, pues los Estados Unidos cultivaron siempre el mito, estrictamente utpico, de un pas creado a partir de la nada donde era posible implantar una nueva sociedad que fuera la expresin pura o la pura expresin de unos principios ticos y polticos. Disneylandia es una isla de Utopa: ya lo es en Florida y en California, pero cerca de Pars, ese smbolo de la pltora de historia que caracteriza a Europa, el contraste entre el Nuevo Mundo y el Viejo se agiganta.

Dentro del parque Disney, la historia est presente, muy presente, pues existen decorados ms o menos realistas de todas las pocas y lugares: un poblado del oeste, un barrio de Hollywood, un castillo medieval fantstico que domina la perspetiva de la calle principal, una zona de tipis indios, un zoco rabe de fantasa.. Hay mucha historia, pero toda ella es de cartn piedra, toda ella es historia representada por una serie de tpicos. Una historia-espectculo sin tiempo: una historia en la que el tiempo se ve sustituido por un espacio vaco e indiferente en el que tiene lugar la sucesin arbitraria de los parques o subparques temticos. La historia en Disneylandia es una historia ajena de la que hay que saber tres o cuatro cosas que permitan decir: esto es el Oeste, esto el Oriente de Aladino (o Aladdin), este el poblado indio de Pocahontas. A partir de esa esquematizacin de la historia, es posible lanzarse a fantasas sin freno, pues la realidad ha dejado de ser un obstculo: muchos mundos definidos por tpicos caben en el universo de Disney. La historia se convierte en el marco de historias, de fantasas varias a travs de las cuales se abre paso la realidad de la vida norteamericana actual. La variedad, privada de su dimensin real, de lo que escapa a los significantes de la narracin, se convierte en repeticin de lo mismo.

En estos distintos marcos de historia irreal y atemporal, esperan al visitante una serie de emociones. La principal es la emocin fsica de la montaa rusa (el "roller coaster"), declinada al infinito en distintos decorados "temticos", con distintos niveles de "riesgo" y con distintos grados de vrtigo y sacudida. La estructura es siempre la misma: una subida y una caida, seguida de vueltas, a menudo muy violentas, en algunos casos, en el lmite mismo de lo que se puede aguantar antes de ceder al pnico. Pero en el mundo de Disney no hay nada que temer, pues todo est bajo control: todo est securizado (securized) como la Zona Verde de Bagdad o un vehculo blindado de las tropas de ocupacin.

Fascina el modo en que se llega a controlar blanda y hasta amablemente a la masa de visitantes: atrados por las "atracciones", estos acuden a sus inmediciones y forman espontneamente filas, a menudo muy largas que discurren por unas barreras metlicas que dan vueltas sobre s mismas para contener y separar a la masa que espera su turno. Son dispositivos que recuerdan a los que se usan en los mataderos para conducir al ganado o los que canalizan en las fronteras sensibles de la UE los flujos de personas a fin de distinguir a los elegidos que tienen documentos y dinero de los rprobos que carecen de ellos. La gran diferencia es que aqu se viene voluntariamente y se paga. Algo inquieta en este orden que se impone solo, sin recurrir casi al lenguaje, en ese modo de canalizar los flujos de la multitud de modo que se convierta en masa. Una curiosa autogestin sin palabras, mediada por las barreras metlicas. Una autista de alto nivel, Temple Grandin, ide una serie de dispositivos de contencin de ganado que se utilizan hoy en muchas explotaciones. Son dispositivos que no necesitan ninguna palabra, solo una determinada disposicin de los elementos metlicos en los que el animal queda contenido y por los que puede moverse en una sola direccin. Afirma Temple Grandin que, como autista, piensa "sin palabras y de manera visual" y que, por consiguiente, cuando concibe una estructura, todas las decisiones se representan en mi mente en forma de imgenes". Sin una sola palabra, sin relacin al otro del lenguaje a ese otro a quien se puede pedir u ordenar algo, sus dispositivos canalizan eficazmente y sin violencia al ganado y a las personas.

La cola es un elemento fundamental de la atraccin. En primer lugar porque discurre, pasado un primer tramo donde solo hay barreras de metal, por una zona temtica. Alguna es divertida, como el aeropuerto espacial de la Guerra de las Galaxias donde los robots de las pelculas de Lucas acogen a los vistantes que esperan su turno y las paredes exhiben con bastante humor publicidad turstica de otros mundos, o la recreacin de un puerto en la atraccin de Nemo. Es importante que mucha gente espere, pues sin colas, las atracciones son muy breves (entre 2 y 5 minutos) y el visitante podra recorrerlas todas en pocas horas. Tambin es importante que se hagan colas largas, pues el mero hecho de hacer cola confiere valor a la atraccin: se oyen comentarios admirados sobre colas de una e incluso de dos horas. En una lgica de mercado algo escaso y difcil es valioso, aunque, al final, todo sea una declinacin de lo mismo: la montaa rusa o sus sucedneos. La imitacin de los afectos es el fundamento principal del valor de estas atracciones: las deseamos porque el otro las desea, lo cual nos permite no ver su carcter repetitivo y hasta tedioso.

El contenido mismo de las atracciones "estrella", que en su gran mayora son experiencias de cada en el vaco, es una experiencia del terror en estrictas condiciones inmunitarias. Se puede asistir, por ejemplo al choque de una nave espacial contra un asteroide, desde dentro de la nave, sin que pase nada: solo algn pequeo temblor del suelo, algunas luces e incluso llamas, pronto apagadas por unos aspersores de agua. Tambin puede vivirse la cada de una ascensor en el vaco, sin que pase nada. En las montaas rusas, se dan vueltas de 360 grados quedando en varias ocasiones cabeza abajo o se ve uno sacudido o aplastado contra las paredes del vehculo por los bruscos y veloces giros, sin contar las cadas en picado. Todo muy impresionante, todo inocuo. Y es que la lgica de la contencin tambin se aplica aqu. Los pasajeros estn atados y retenidos por dispositivos que impiden su movimiento o que amortiguan casi por completo los posibles golpes. Uno vive estas experiencias que podran en condiciones normales ser mortales dentro de un dispositivo de seguridad al que queda completamente acoplado el cuerpo. Uno hace cuerpo con la mquina y es protegido por ella: de ese modo puede contemplar el vaco o sentir el vrtigo, o sentir incluso cierto terror...sin ningn temor. En Disneyland no pasa nada: todo est bajo control. Basta confiar en un poder bondadoso que, para divertirnos contiene nouestros movimientos mediante dispositivos eficaces. Se pueden as vivir fantasmas de destruccin y de muerte de forma perfectamente segura. El fantasma, afirma Jacques Lacan, es un "ventana sobre lo real", esto es sobre lo insoportable, en particular, la muerte y la castracin. El fantasma es el dispositivo que incluye elementos imaginarios y lingsticos por el que podemos tener un a modo de acceso a lo real. Los sistemas de seguridad de Disney son materializaciones del dispositivo fantasmtico. Gracias a ellos quedamos inmunizados ante el terror: entrevemos a travs del fantasma lo insoportable, pero sin que nos afecte realmente. Es la lgica de la inmunidad a que se refiere Alain Brossat en La democracia inmunitaria, ese tremendo retrato de nuestra sociedad como un mundo ajeno al dolor y a la muerte ajenos y propios.

A la entrada de una seccin del parque, se encuentra el agotado visitante con una estatua del fundador de esta gran utopa de la emocin inmunizada, el inefable Walt Disney. Vestido con americana, sonriente, tiende una mano hacia adelante, invitando a entrar en su reino, mientras da la otra al ratn Mickey. Imposible no comparar esa imagen con las que de Lenin o Stalin proliferaban en el paisaje urbano de la antigua Unin Sovitica u hoy mismo en la Corea del Norte. Tienen estas sociedades que creyeron o creen en la totalidad y en el fin de la historia mucho en comn con el ensueo de Disney: como en el mundo de Disney, se trata de crear todos cerrados donde no pasa nada. De todas las nsulas utpicas, la fantstica y comercial de Disney, ese eficacsimo aparato ideolgico del ms fiero americanismo plantado hoy en el corazn de Europa, parece ser la que mejor sobrevive: tal vez porque se encuentra rodeada de ese gran ocano neoliberal en el que decan algunos que haba venido la historia a acabarse. No nos engaemos: no es ms que un fantasma. Disney invita a vivir el desastre sin que pase nada, a contemplar con inocencia la inminencia de la catstrofe, nos invita a imaginar la muerte o el fin del mundo. Pero todos estos fantasmas protegen a la utopa de Disney y al pilago neoliberal que la rodea de una representacin mucho ms intolerable para ellos que el fin del mundo: el fin del capitalismo. Este es el nico producto que no nos pueden vender.

Fuente: http://iohannesmaurus.blogspot.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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