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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-09-2013

El dilema occidental sobre la lucha en Siria

Yassin Al-Haj Saleh
Al-Hayat


Parece que las fuerzas occidentales se enfrentan a un complicado dilema sobre cmo tratar con la situacin en Siria despus de la masacre qumica en Al-Ghoutta oriental el pasado 21 de agosto. Si se cien a golpes de castigo limitados a las posiciones militares del rgimen es poco probable que ello provoque cambios relevantes en el devenir de la lucha en Siria. En ese caso, se juzgara dicho ataque como nfimo y este se volvera contra las propias fuerzas occidentales provocando un retroceso de su credibilidad que se supone que el golpe pretende salvar, pues habran llamado la atencin del mundo y hecho gala de su fuerza sin poder despus provocar un efecto determinante sobre la situacin en Siria. Por tanto, la credibilidad obtenida con su capacidad de disuadir al rgimen la perdera en lo limitado de su impacto.

Si el golpe occidental pretende derrocar al rgimen, en los clculos occidentales, se desharn con l de un obstculo frente a los grupos yihadistas que Occidente cree que conforman el cuerpo central de la resistencia armada en el pas, lo cual no es cierto. Ms an, al margen de ser una idea que el rgimen ha de dar de la revolucin, la expansin de estos grupos yihadistas est ligada directamente a la inactividad internacional mientras el rgimen sigue y sigue empleando la violencia y cometiendo crmenes contra sus ciudadanos rebeldes.
Parece tambin que las fuerzas occidentales segn sus clculos propios no puede ponerse al rgimen como objetivo sin ponerse tambin a los grupos yihadistas, lo que implica una intervencin ms amplia, ms larga y ms costosa, y exige de dichas fuerzas un compromiso poltico, securitario y econmico de cara a un pas destrozado. Y a eso no parecen estar dispuestos tras sus experiencias en Iraq y Aganistn: lo ms difcil sin duda es lograr un consenso mnimo interno sobre tal compromiso.

En resumen, no parece que haya ninguna opcin fcil ante las fuerzas occidentales y su centro estadounidense. Si Occidente interviene de manera limitada, su intervencin no tendr ningn resultado, ni siquiera como medio para recuperar su supremaca. Si interviene de forma ms intensa y se pone al rgimen por objetivo, es preciso intervenir ms y ms contra los yihadistas tambin.

Puede decirse que las fuerzas occidentales estn recogiendo hoy lo que han cosechado durante dos aos y medio de abstencin, y que tal abstencin es lo que ha alimentado las luchas radicales y nihilistas en la sociedad siria. Durante este tiempo, su abstencin ha sido realmente negativa y ha generado ambientes propicios para la llegada de yihadistas extranjeros y para la creacin de yihadistas locales.

Lejos de hacer algo para reducir la presencia de corrientes yihadistas, la cosecha de la poltica occidental est ms bien en armona con el aumento de yihadistas y su expansin. Recordemos las peticiones de ayuda desde otoo de 2011: exclusin area, corredores humanitarios seguros Despus armas defensivas ms efectivas. No hubo respuesta digna de mencin salvo excepciones insignificantes. Una respuesta fructuosa habra reforzado las posiciones y la influencia de las formaciones opositoras menos extremistas, y habra cortado el paso a la aparicin y arraigo del escenario nihilista. Hoy, con el aumento de yihadistas, parece que existe una buena justificacin para que las potencias occidentales detengan una situacin que haban obviado, incapaces de tomar decisiones.

La realidad es que estas opciones se reducen a una sola dividida en dos. Si el enemigo son los yihadistas, el camino correcto es rehabilitar al rgimen y apoyarlo contra ellos, tal vez despus de darle una leccin: su permanencia a cambio de su castigo ejemplar. Ello exige poner fin a las polticas que comenzaron a materializarse al inicio de la primavera rabe que daban la bienvenida al cambio poltico en los pases que han presenciado revoluciones. El cariz que estn tomando las cosas en Egipto, Libia y Yemen, antes que en la propia Siria, parece que va en el sentido de revisar dichas polticas y en beneficio del apoyo a la estabilidad y las partes que la garantizan. Pero parece difcil para las potencias occidentales apostar por eso actualmente porque, por un lado, han dirigido sus polticas durante ms de dos aos contra el rgimen y se han puesto del lado de sus opositores, y porque, por otro, ello permitira a Irn y su agente libans una victoria que esas potencias no estn preparadas para aceptar. Si ello supone una traicin al pueblo sirio y un engao a la oposicin, a quin le importa?

Pero existe una opcin contraria, que parte de la suposicin de que el fin del rgimen es el principio del fin de los yihadistas, y que Siria necesita el inicio de un Estado y de un centro nacional legtimo, hacia el que se dirijan las miradas y los esfuerzos, y que trabaje para retirar la legitimidad de las formaciones yihadistas y extremistas, y para desarrollar polticas sociales, econmicas y securitarias para enfrentarse a ellos. Siria hoy no posee nada para enfrentarse a tales formaciones: solo tiene al rgimen asadiano, y eso es el fin de un Estado, no el inicio. Y no es en absoluto un centro nacional general. Su permanencia, que es una continua agresin, conforma un ambiente propicio para la aparicin y expansin de los yihadistas.

La suposicin occidental de que el rgimen es una armadura en su guerra contra los yihadistas es imaginaria y errnea: incluso si hacemos la vista gorda con las formas de connivencia y los juegos ocultos entre ambas partes, el mantenimiento del rgimen es la fuente de una causa justa para los yihadistas y su razn de existir.

La poltica correcta, por tanto, es ayudar a que Siria se deshaga de un rgimen contra el que los sirios llevan dos aos y medio haciendo su revolucin. Los yihadistas entraron en escena hace ms o menos un ao, y su papel comenz a aumentar a los dos aos de revolucin y cuanto ms se alargue la vida del rgimen ms posible es que se siga ampliando su presencia. Si se pasa la pgina asadiana, el ambiente poltico y psicolgico dentro de Siria y en sus alrededores cambiar y dar paso a interacciones ms templadas y menos vengativas.

Tal vez sea ya tarde para esperar resultados positivos a corto plazo, pero no habr resultados positivos si no se marcha en esa direccin. Es preciso cambiar el modelo de poltica calmada y las suposiciones bsicas en que se apoya: especialmente pasar de suponer que la relacin entre el rgimen y los yihadistas es de tipo zero-sum en el sentido de que ms del rgimen equivale a menos de los yihadistas, y viceversa, a suponer lo contrario: mucho rgimen equivale a muchos yihadistas y deshacerse del rgimen es frenara su aumento y reducir su peso. Esa puede ser la base racional de una poltica diferente de la que los sirios puedan sacar provecho y con la que no se vean perjudicados los ilustres intereses occidentales.

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