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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-09-2013

Una historia en la Escuelita Zapatista
Votn Zapata, palabra y accin caminando rumbo al corazn de nuestros territorios

Rene Olvera Salinas
Rebelin


Desde la hora primera de esta larga noche en que morimos, dicen nuestros ms lejanos abuelos, hubo quien recogi nuestro dolor y nuestro olvido. Hubo un hombre que, caminando su palabra desde lejos, a nuestra montaa lleg y habl con la lengua de los hombres y mujeres verdaderos. Era y no era de estas tierras su paso, en la boca de los muertos nuestros, en la voz de los sabedores ancianos, camin su palabra de l hasta el corazn nuestro. Hubo y hay, hermanos, quien siendo y no siendo semilla de estos suelos a la montaa lleg, muriendo, para vivir de nuevo, hermanos, vivi muriendo el corazn de este paso propio y ajeno cuando casa hizo en la montaa de nocturno techo. Fue y es su nombre en las nombradas cosas. Se detiene y camina en nuestro dolor su palabra tierna. Es y no es en estas tierras: Votn Zapata, guardin y corazn del pueblo.

CCRI-CGEZLN, Montaas del sureste mexicano, 1994.

[Puedes leer el comunicado completo en: http://palabra.ezln.org.mx/comunicados/1994/1994_04_10_d.htm]


Hace casi treinta aos, las rebeldas de otros calendarios y geografas: el Votn Zapata, el guardin y corazn del pueblo, tom el rostro de mujeres y hombres indgenas, ordinarios e inconformes del sureste mexicano, quienes resistiendo y aprendiendo a organizarse en contra de ser explotados, despojados, despreciados, reprimidos, fueron y van, al paso, su paso, construyendo formas otras de gobernarse, formas otras de producir su alimento, formas otras de sanarse, educarse, informarse, procurarse justicia, en suma: formas otras de vivir dignamente.

[Sobre los primeros aos donde los zapatistas aprenden a organizarse puedes leer: http://es.scribd.com/doc/148671514/Munoz-EZLN-20-y-10-El-fuego-y-la-palabra]


Ese Votn, germin mujeres y hombres verdaderos, hoy da, con un cargo muy especial: ser [email protected] en la Escuelita Zapatista, cuya primera leccin ha sido recoger nuestro dolor y olvido , el de casi dos millares de estudiantes de todo el mundo, y transformarlo en semilla de resistencia que regresar al lugar de donde salimos, procurando germinar , a pesar de que para [email protected] de [email protected] estudiantes no sea an claro el dolor y el olvido que nos aprisiona.

[Sobre la Escuelita Zapatista ver: http://www.youtube.com/watch?v=E6E6ItHjnOw]

***

Roberto -he cambiado los nombres reales de los protagonistas en esta historia- estaba nervioso, sus ojos bordeando el pasamontaas mostraban el temor comn al otro, a la otra, que no se conoce. Haca apenas un par de horas que las cumbias haban dejado de sonar y l se encontraba ya formado frente al templete del patio central del Caracol de la Garrucha, en territorio zapatista. Roberto estaba ah, esperando a su estudiante, con quien pasara cada hora y minuto durante los prximos cinco das, compartiendo un pedacito de su vida en resistencia, y no slo, tambin la de sus padres, hermano, cuada, esposa, tres [email protected] y [email protected] [email protected] en camino. Cmo no iba a estar nervioso! No obstante, la conviccin de que la lucha no se ha ganado an mientras la libertad no sea para [email protected] en el mundo, converta ese nerviosismo en alegra, alegra de tener con quienes compartir la responsabilidad de construir otro mundo.

A un lado de Roberto estaba yo, adherente citadino a la Sexta (Vaya peso despus de esta experiencia!), profesor explotado de la Universidad Autnoma de Quertaro, estudiante de doctorado en la capital. Estaba con los nervios de un estudiante en su primer da de clases frente al maestro, ms an, frente a su Votn, guardin y corazn del pueblo. Quera preguntarle tantas cosas pero un hola bast para romper el hielo y comenzar a conocernos. Durante las primeras horas, las preguntas eran las de rigor y las respuestas casi telegrficas, pero Roberto se haba ya agregado a la lista de [email protected] que ha modificado mi manera de ser y estar en este mundo.

Asistimos juntos a la primera clase colectiva donde estaban [email protected] [email protected] [email protected] y sus [email protected] [email protected] [email protected] regionales nos explicaron que estbamos ah para aprender cmo es que [email protected] zapatistas construyen en la prctica y de manera colectiva su gobierno propio y cmo lo sostienen, as como el proceso largo y difcil que fue llegar a ello, donde la educacin, la salud, la tierra, la justicia, la democracia, la paz, la informacin, no son una mercanca como donde nosotros vivimos- sino que sirven para construir una vida digna.

Dos cosas importantes llamaron mi atencin de esa primera clase colectiva: 1) El nfasis en que no es que hayan ganado ya la revolucin y puedan sentarse a descansar, sino que es un proceso de siempre, de todos los das y en todas las actividades, cotidianas y no cotidianas y que as ser siempre. 2) La invitacin reiterada a organizarnos en nuestros propios lugares donde vivimos, para poder luchar [email protected], ya que de otra manera no es posible hacer frente a la guerra que estamos muriendo. Entre el cabece, a veces incontrolable del cansancio y el calor, las preguntas surgan al por mayor cmo era posible que habiendo consolidado un gobierno propio y los trabajos colectivos que lo sostienen, nos cuenten a cientos de personas del planeta los detalles ms mnimos de cmo lo hacen, poniendo as en riesgo todo lo que han construido, incluso sus vidas? La respuesta: la guerra es mundial y mundial debe ser la resistencia.

[Esa es la propuesta de la Sexta Declaracin de la Selva Lacandona. Puedes leerla o releerla en: http://palabra.ezln.org.mx/comunicados/2005/2005_06_SEXTA.htm]

Me lleve a la comida estas preguntas latiendo, mientras Roberto se llevaba el pozol y las tostadas. Me invit, acept, se sorprendi, y rea mientras yo disolva la masa de maz en agua con los dedos y beba, fueron las primeras sonrisas que intercambibamos. Despus, la redila nos llevaba a una parte ms profunda de su corazn, a Dolores Hidalgo su comunidad- y a su casa, con su familia.

Roberto me ense que la comunidad de Dolores Hidalgo es grande, de unas ochenta familias, todas zapatistas. Se llama as por los dolores que trae consigo la lucha, los sufrimientos, lo que cuesta, e Hidalgo por el cura que luch en la Independencia. Dolores, junto con otras comunidades cercanas forman el Municipio de San Manuel, quien fuera uno de los fundadores de las FLN -organizacin madre del EZLN- pero ascendido a santo por el propio pueblo. La comunidad y el municipio nombran a sus muertos y sus sufrimientos contra el olvido.

[Sobre los orgenes del EZLN puedes leer: http://revistarebeldia.org/revistas/numero03/14losorigenesdelamistica.pdf]

Llegamos a Dolores cuando ya era de noche. Mujeres, hombres, nios, jvenes, ancianos, nos recibieron con aplausos y Vivas a [email protected] [email protected] de la Escuelita Zapatista!, nos abran el corazn de lo que ms quieren y por lo que viven y mueren: su territorio. Roberto me jal haca una orilla del campo y me dej encargado con su padre y su familia, mientras l resolva las cuestiones organizativas de reparto de [email protected] [email protected] a cada una de las familias invitadas. Una compaera estudiante iba con nosotrxs tambin, Silvana era su nombre. Entre luces de vela all no hay electricidad- nos acomodaron los que seran nuestros lugares de descanso y reflexin, de sueos, de aprendizajes compartidos. All los salones de clase se difuminaban como neblina por todos los rincones del solar y se llamaban de mil maneras. El sueo lleg. No haba descansado tan bien desde muchos das atrs como esa noche.

[Ac puedes ver algunos mapas de los Caracoles y los MAREZ: http://www.ciepac.org/boletines/chiapasaldia.php?id=381]

***

Imposible sera reconstruir cada paso desde el amanecer del siguiente da, y en caso de serlo, igualmente habra palabras, gestos, sonrisas, complicidades, historias que se quedaran slo en el corazn. Intentar pues slo contar algunas historias dispersas, pensando siempre desde el para qu de la Escuelita Zapatista: regar semillas por el mundo esperando la flor de la resistencia

Mis [email protected]!

Apenas comenc a conocer a la familia que me reciba en Dolores Hidalgo me di cuenta que no tena uno sino nueve [email protected] que se encargaran de ensearme las primeras letras en el resistir por la vida, a [email protected] cuales se agregaban tres ms que tambin eran visita: Silvana, su Votn Ruth y el hijo de ella de diez aos de edad.

Los padres de Roberto rondan los cincuenta aos, quiz ms, siempre he tenido dificultades para calcular edades. Don Manuel trabaja el campo y tiene el cargo de principal en la Iglesia catlica de la comunidad, entr en la organizacin en 1987, pocos aos despus de su fundacin. Doa Mara Luisa, su esposa, trabaja el campo y la casa. Soledad, la esposa de Roberto, ronda los veintitantos igual que l, y sus tres [email protected] tienen tres, seis y diez aos cada uno, los dos ltimos asisten a una escuela autnoma. Salvador es el hermano de Roberto, siempre sonre, apenas tiene diecisiete aos y espera ya [email protected] [email protected] con Murcia quien es su esposa y tiene casi la misma edad. Todos colaboran en los trabajos familiares y excepto [email protected] ni@s en los trabajos colectivos de la comunidad, en donde viven desde que se fund en 1997 en tierra recuperada a los finqueros mediante el levantamiento armado de 1994.

Los trabajos de hombres y mujeres estn perfectamente delimitados. Desde el amanecer, las historias de ambos se trazan de manera distinta, aunque con bastantes puntos de encuentro y comparticin de lo ocurrido durante el da. Uno de estos puntos es el fogn de la cocina, ah se atiza la memoria y la palabra aunque no siempre sabiendo muy bien el tema por mi incapacidad de entender tzeltal-. Durante las tardes, terminados los trabajos familiares y/o colectivos, ah se trabajan entre [email protected] algunas tareas pequeas como el desgrane de maz, pelar limones, desvainar frijol, etctera, mientras se conversa sobre diferentes temas. Durante nuestro paso tambin era el espacio donde entre [email protected] respondan a muchas de las preguntas despus de dedicarle un par de horas a la lectura de los libros de texto.

Mientras transcurran los das me daba cuenta que la calidad de vida en ese hogar superaba con mucho a la que tengo en la ciudad: alimentacin sin agroqumicos vs. alimentacin txica; techo propio de amplios jardines vs. departamento rentado de cuarenta metros cuadrados sin ninguna vegetacin; medios de produccin colectivos vs. venta de la mano de obra barata como nica posibilidad de sobrevivencia; escuelas y clnicas gratuitas y de calidad vs. escuelas y hospitales caros e ineficientes; y muchos etcteras. Qu era lo que haca la diferencia? Cmo haban llegado a construir esa forma de vida en solo tres dcadas? Mediante la resistencia y la organizacin, construyendo trabajos colectivos y autogobernndose insisten desde los nios hasta los ancianos zapatistas. Pero qu significaba eso exactamente?

La milpa para comer

Entre sueos escuch mi nombre varias veces, era Roberto que me llamaba para tomar caf y partir a la milpa, no sin antes dotarme del equipo necesario: botas, machete y morral con pozol. Con nosotros iba Don Manuel y Salvador.

Se trata de la milpa familiar, caminamos para llegar a ella apenas unos diez o veinte minutos. En este tiempo las plantas de maz ya estn dobladas para secarse y cosecharlas. Cortarlos los elotes, quitar sus hojas y meterlas a un costal era la tarea; al tiempo que hacer un poco de lea. Rpidamente mostr mi inexperiencia cuando para deshojar un elote dedicaba el mismo tiempo que mis maestros deshojaban tres o cuatro. Don Manuel se acerc a m, tomando su punta me ense cmo tena que hacerlo y me la dio, nos sonremos sin decir ninguna palabra y continuamos trabajando bajo el sol.

Roberto, recordando su cargo de promotor de educacin durante diez aos, me explic que esa milpa era para abastecer la alimentacin familiar aunque la siembra es colectiva, se avanza ms as, replic. Terminamos pronto, pero antes de volver a casa recolectamos huitlacoches hongos del maz- a sugerencia ma, comentando que de donde vena era una comida muy rica, y a pesar que en Dolores no se acostumbraba comer accedieron a que experimentramos zamparnos unos tacos llegando a casa.

Esa tarde, la sensacin de haber comido lo cosechado por la maana comenz a darme la idea concreta de lo que era la autonoma zapatista. Sembrar colectivamente, en tierras recuperadas con las armas y despus mantenidas mediante la resistencia pacfica a los malos gobiernos a travs de organizarse, dividindose las tareas, pero sin reproducir la dominacin, eso s, hasta hace falta respirar para nombrar todo lo que se necesita-, definitivamente le daba un sabor distinto a las gorditas de frijol tierno, a los tacos de huitlacoche, a los elotes con mayonesa, y a esos sorbos de caf que apagaban las llamas del chile bola en mi boca. Saban pues a rebelda y dignidad. Y qu ello no sea en una familia sino en ochenta de esta comunidad, en todas las comunidades del Municipio autnomo de San Manuel, en los cuatro municipios del Caracol de La Garrucha, y en los otros cuatro caracoles, o sea, en un chingo de familias, es lo que convierte al zapatismo como uno de los movimientos ms importantes de transformacin en la historia.

[Ac puedes ver ms trabajos colectivos de las comunidades Bases de Apoyo Zapatistas: https://www.youtube.com/watch?v=lHGGCMGTrQo]

El trabajo colectivo en el potrero para educarse y sanarse

La comunidad de Dolores Hidalgo para juntar fondos que cubran las necesidades que van teniendo como pueblo, ha echado a andar proyectos de trabajos colectivos de diferentes cosas, comnmente separados entre los que hacen los hombres y los que hacen las mujeres, por las necesidades distintas que tienen. En el caso de los hombres, uno de estos trabajos es el colectivo de ganado, el cual cuidan entre todos, utilizando los recursos generados entre otras cosas para educarse y sanarse. As lo han decidido en las asambleas.

Apenas y amaneca cuando estbamos ya todos los hombres de la familia caminando rumbo al potrero colectivo, una amplia extensin de terreno con pasto para que las vacas coman y crezcan sanas. Con afilador en mano, casi un centenar de compaeros preparbamos los machetes para el desmonte, es decir, el corte de la yerba que no come el ganado. No esperamos mucho tiempo cuando ya todos los compaeros estbamos ah, apenas haba faltado uno, que despus se pondra al da con el trabajo o sera sancionado conforme al reglamento.

Ante ello pens en las enormes dificultades que en la ciudad tenemos para asistir [email protected] a un trabajo colectivo, y entonces pregunt a Roberto: Qu pasa si no viene maana? Vendr al otro da, respondi. Pero segu insistiendo Y si no viene ni al otro da, ni nunca? Roberto se rio y me dijo que tena que hacer el trabajo porque en la organizacin o trabajas o te vas, y entonces pens en todo lo que haba en juego en caso de ser expulsado: la vida con dignidad que han construido durante aos en comunidad. Y miren que eso es bastante, fjense, el trabajo que haramos esa maana corresponde a tres meses de trabajo intenso de una sola familia. El trabajo poltico esta ntimamente encarnado en la vida de todos los participantes de la organizacin, y no fragmentado como en la mayora de nuestros colectivos y organizaciones.

Fue verdaderamente impresionante e interesante la manera de trabajar esa maana. Don Manuel apertur los trabajos con una oracin con la finalidad de dar gracias y que todo saliera bien. Nos colocamos en una larga, muy larga fila horizontal junto al alambrado del potrero, y caminado de frente, cada integrante iba limpiando su paso, sin que nadie se quedara muy atrs ni se adelantara demasiado. Era una forma bastante buena de equilibrar el trabajo. Al cabo de un par de horas, y entre descansos, ampollas, rasguos de las espinas, el grito de No cortes eso que es un cedro! (o era un cedro), el encuentro de un conejo asustado, el de una culebra perdida, y el pensar constante de en qu momento me iba a desmayar, llegamos al tan ansiado otro lado del potrero. Eran las nueve de la maana cuando ya bebamos pozol, me fumaba un cigarrro, y pensaba en ir a descansar cuando se reiniciaron las actividades, faltaba un tramo similar por desmontar. A medio da el potrero estaba listo para las vacas zapatistas.

Antes de irnos a casa pregunt cmo haban hecho para tener sus primeras vacas. Roberto me respondi que solicitaron a un finquero pequeo, de los que no se fueron con la guerra en 1994, que les diera vacas para cuidar en sus tierras por determinado periodo, de las cras que nacen el trato es que quien cuida se queda con la mitad, la media le llaman, una prctica usada desde la Colonia y que ahora era usada para consolidar la resistencia. Al cabo del tiempo, regresaron al finquero sus vacas y quedaron nicamente vacas zapatistas, autnomas. Inmediatamente pens en los esfuerzos iniciales de muchos colectivos y/o organizaciones en la ciudad por hacernos de nuestros propios medios, de nuestros propios recursos, y tambin como ac, a veces funciona y a veces no tanto y hay que volver a empezar.

Pero esa maana tambin aprend otra cosa. Mientras cortaba infinidad de especies distintas de plantas y saltaban animales diferentes huyendo por su casa destruida, pens en la falacia de la intangibilidad de los recursos naturales, que significa que por ley los pueblos no pueden talar un rbol ni para hacer lea en sus territorios porque el mundo se est calentando, y eso es cierto, pero lo aberrante de ello es que son leyes dirigidas solo a los campesinos e indgenas y no a las grandes empresas. Ac, si bien se estaba destruyendo en ese momento esa parte de terreno, y las vacas ah pastando la destruiran an ms, tiempo despus los compaeros la dejaran descansar para que se recuperase y volviera a como estaba en ese momento. Pero no slo eso, se estaba contribuyendo a la produccin de recursos para la comunidad de manera directa y no para unas cuantas familias. Se trata pues de lgicas muy diferentes de relacin entre las personas y la naturaleza.

Horas despus, estaba en una hamaca quedndome dormido despus de haber comido una pequea pava cocinada en caldo a la que titulamos levantamuertos, despus de ello a cada chinga que nos parbamos desebamos un caldo levantamuertos. Sin embargo, Roberto me despert para indicarme que tenamos que ir a estudiar, y apenas tom los libros, ya estaba Salvador y Don Manuel ah sentados a mi lado contndome la historia de los primeros aos en la organizacin en tzeltal, mientras Roberto me traduca.

[Pueden escuchar ms de la palabra zapatista sobre Tierra y Teritorio en: http://www.youtube.com/watch?v=c3_RIsCAZ_E]

Los festejos y las celebraciones para alimentar la resistencia

De cumbia en cumbia se fue acostumbrando el cuerpo y el corazn durante los das de clases. Entre el cama-cama-camalon y los cuarenta grados mam, [email protected] compas se platican, se cuentan alegras y penas, se divierten, ren, y estrechan relaciones. En el caso de los grupos de msica zapatistas se recrea la historia de la lucha por medio de sus letras y se corea alimentando la resistencia, se za-patea al mal gobierno! como se llama el colectivo en el que estoy en la ciudad. As pasan las horas sin alcohol y haciendo la fiesta en colectivo: la comisin del maestro de ceremonias, los nmeros que se presentan, la preparacin del caf, de la comida, de la atencin de los baos, y todas las actividades que se tienen que hacer en este tipo de eventos.

Pero tambin hay otro tipo de festejos y/ o celebraciones como las grandes comilonas y las misas, donde se alimenta la resistencia de una forma otra. El cuarto da en la comunidad de Dolores, consisti en levantarse muy temprano para ir al potrero. Roberto me brome diciendo que bamos a desmontar pero en realidad bamos a matar un par de vacas que el colectivo de mujeres y de hombres acordaron donar para alimentar la resistencia de [email protected] y [email protected] Las protestas no se hicieron esperar entre [email protected] [email protected] pero ni modo, ya haba consensado la comunidad y al cabo no son sus vacas.

Cuando llegamos a la escena del crimen las vacas ya estaban muertas y se proceda a cortar la carne. Primero, la vaca panza arriba y el retiro de la piel, despus los cortes precisos para separar carne y entraas. Roberto agarr una pata para facilitar la operacin y como es costumbre nos toc llevrnosla a la casa, al igual que un pedazo de cuero para hacer un mecapal. Poco a poco los compas se fueron turnando para hacer los cortes y lavar las entraas, hasta que encima de unas ramas haba tantos montoncitos de carne surtida como integrantes del colectivo de ganado haba, tanto de hombres como de mujeres, quienes comenzaron a llegar ms tarde para la reparticin, ya que segn se hace en la comunidad no pueden participar en la muerte y corte de las vacas. Ello suscito tambin mltiples comentarios y crticas de [email protected] [email protected] feministas. Lo cierto es que as es y por el momento no est en discusin, como tampoco est en discusin que los ms mayores que ya no participan en los trabajos colectivos sigan teniendo los beneficios que les corresponden, en este caso su porcin de carne.

No se trata de que el hecho de matar una vaca para un festejo alimente la resistencia por s solo, sino que en el acto se fortalece la colectividad, se ejerce la democracia en la toma de decisiones, se palpan o se saborean en este caso, los resultados del trabajo colectivo, se produce y reproduce el espritu de la comunidad igual que en cientos de prcticas cotidianas y no tan cotidianas como sta.

Despus de la reparticin toc ir a cocinarla, aquella vaca quedo reducida a carne frita baada en jugo de limn y servida en tacos con frijoles refritos, y por la noche en caldo de res con verduras. Nos apuramos a estar comidos y baados para la siguiente celebracin. [email protected] compas nos haban preparado una misa para agradecer la estancia en la comunidad y orar por nuestro regreso con bien a nuestros hogares, pero un chiklakante aterriz su aguijn en mi espalda y ocasion que durante toda la ceremonia sintiera escalofro y comenzara a debilitarme, quiz eso provoc que pensara reflexionara en muchos elementos de la misma.

La misa se realiz en una pequea capilla de madera y techo de lmina, con un pasillo dividiendo las filas de bancas. Pronto supimos que del lado derecho corresponda sentarse a las mujeres y del izquierdo a los hombres, ello porque a uno de los estudiantes hombres lo invitaron a moverse a su lugar. En la parte trasera de la capilla los msicos entonaban msica tzeltal. Don Manuel, uno de los principales, acondicionaba lo necesario para la celebracin.

No se trataba de una misa catlica como las que conocemos, pareciera que el sacerdote y los principales coordinaban colectivamente la celebracin, mientras que el centro no era el altar a la Virgen de los Dolores sino el sahumerio quemando copal entorno al cual estaban parados. La misa fue dada en tzeltal pero Roberto me traduca casi todo. Despus de la lectura del pasaje de la Biblia sobre la inmaculada concepcin de Mara, el sacerdote abri la palabra a [email protected] [email protected] para que dijeran que significaba para [email protected], como si de una asamblea se tratase. Slo se pronunciaron hombres. Uno de ellos hizo referencia a la relacin de Dios y la lucha, y de cmo fortaleca los trabajos de la resistencia e invitaba a seguir en ella. Tambin habl de que el mal gobierno recurre a propaganda contra la religin catlica para dividirlos y entonces disminuir la lucha. En seguida se abri paso a la comunin a todo el que quisiera, y poco despus finaliz la celebracin.

Para entonces, [email protected] [email protected] ya haban abandonado el lugar, y [email protected] hacan caras de desaprobacin, dando paso a comentarios del tipo: toda la lucha muy bien pero la religin Yo me qued reflexionando entorno a su papel en la resistencia, en cmo se daba vuelta a su papel colonizador reinterpretndose desde [email protected] [email protected], me pareca igualmente colonizador pensar que los instrumentos de colonizacin entraron sin ninguna oposicin a estos pueblos. Pero a esa altura arda en fiebre y nos fuimos a casa. No quise cenar y prefer ir a descansar. Toda la familia se alarm y fueron a llamar al promotor de salud, quien me recet una pastilla para la fiebre. Don Manuel encendi una veladora. No saba a ciencia cierta qu tan grave era la situacin pero decid que aquella pastilla, la veladora, y el sueo hicieran su trabajo. Al da siguiente partiramos al Caracol a nuestra ltima clase, a bailar bajo la lluvia y viajar durante varias horas en la redila rumbo a San Cristbal de Las Casas.

De lo que no vimos pero que sabemos que existe porque sostiene lo que si vimos: el autogobierno

En los das de estancia en la comunidad no pudimos experimentar directamente todo lo que hacen [email protected] compa[email protected] No pudimos ver las enormes dificultades de lo que significa resistir en un contexto de guerra; de enfrentar pacficamente el asedio constante de militares y paramilitares; de no hacer caso a la desmoralizacin constante; de no recibir ningn programa y migajas del gobierno. Tampoco pudimos ver la enorme fuerza organizativa que est detrs de los trabajos colectivos que si vimos y que sostienen la educacin, la salud, la produccin y el proceso de la autonoma en su conjunto. Pero nuestros libros y [email protected] compa[email protected] nos hablaron de ello.

Quiz, lo ms importante no fue ir a aprender a deshojar maz, a desmontar el potrero, a cortar carne, a bailar y escuchar la oracin, sino aprender el cmo la manera en que se hace todo ello construye otra manera de relacionarse entre hombres y mujeres y entre [email protected] y la naturaleza, otra manera distinta a la de la dominacin y el dinero. Y que esa manera de hacer las cosas tiene sus propios principios, tiene sus propios responsables que obedecen lo que la comunidad manda y entre [email protected] acuerdan, tiene su propio sistema de gobierno.

En el Otro Gobierno diametralmente distinto al de arriba- la unidad bsica de organizacin es la comunidad, compuesta por varias familias como las que nos recibieron a casi dos mil [email protected] Familias que tienen trabajos propios al tiempo que colaboran en los trabajos colectivos para financiar su educacin, su salud, su justicia, y a quienes se comisiona como responsables para hacer reales las demandas por las que se levantaron en armas en 1994. Entre toda la comunidad se elige quin har los trabajos, quin los coordinar y quin los representar en el siguiente nivel de organizacin que es el municipal, donde tambin hay colectivos de trabajo para su mantenimiento. En ste nivel las responsabilidades son mayores pues muchas son las comunidades que hay que controlar, y mayor responsabilidad an en el nivel ms alto que es el regional o la Junta de Buen Gobierno del Caracol, que agrupa varios Municipios Autnomos Rebeldes Zapatistas.

Dicha estructura, con sus funciones propias, es sostenida por el trabajo familiar y colectivo cotidiano y ste a su vez por la estructura del Otro Gobierno, formando ese caracol que no distingue inicio y final, el caracol de la autonoma zapatista en resistencia. Hace treinta aos el Votn Zapata, guardin y corazn del pueblo tom el rostro de miles de indgenas que construyeron en resistencia Otro Gobierno y una serie de trabajos colectivos para sostenerlo. Hoy, treinta aos despus, Votn Zapata es la palabra y la accin que a travs de [email protected] [email protected] va caminando rumbo al corazn de nuestros territorios, cientos de ciudades y pueblos alrededor del mundo, esperando-haciendo la flor.

[Palabras de los [email protected] regionales en la ltima clase del Caracol de La Garrucha, en ellas se hace una promesa: El Votn Zapara caminar rumbo al corazn de nuestros territorios para esperar-haciendo la flor: http://www.youtube.com/watch?v=pzRjMa4p2lU]

[Una cancin para finalizar: http://www.youtube.com/watch?v=pzRjMa4p2lU]

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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