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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-09-2013

A 40 aos del golpe: lecciones de una dictadura

Alvaro Cuadra
Rebelin


A fines de la dcada de los aos 80 del siglo XX, Chile y el mundo parecen inaugurar un nuevo tiempo histrico. Por aquellos aos, cae el muro de Berln, poniendo fin a la llamada Guerra Fra. Un cambio macro poltico destinado a abrir un nuevo curso a la historia de la humanidad. Al mismo tiempo, en Chile, un plebiscito sacaba al dictador Augusto Pinochet de la primera magistratura del pas.

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1.- Paradoja chilena

Un cambio micro poltico que signific el inicio de un proceloso camino hacia la restauracin democrtica, un camino que despus de 40 aos todava no termina.

Sin tener plena conciencia de ello, el nuevo escenario nacional, e internacional, nos ofreca lo que podemos llamar la paradoja chilena. Si bien el dictador se retiraba de la Moneda, refugindose como comandante en jefe de su ejrcito, haba dejado todo atado, bien atado para que la institucionalidad dictatorial siguiera presidiendo la poltica nacional por dcadas. Con ello se garantizaba la impunidad de civiles y militares que haban actuado como verdugos, Pinochet el primero. Asimismo, se mantuvo un orden econmico tremendamente ventajoso para banqueros e inversionistas criollos y extranjeros. Por ltimo, se estructur una legislacin que dio garantas a los sectores de derecha para preservar mayoras parlamentarias mediante el llamado sistema binominal.

En pocas palabras, mientras el planeta entero enfrentaba una apertura indita en la historia, preparndose para ingresar en procesos de mundializacin, la institucionalidad chilena oper una clausura. Lejos de prepararse para cambios democrticos en la sociedad chilena, las elites locales se aferraron a una constitucin heredada de la dictadura, acomodndose a ella. En una sociedad que hasta el presente se estructura casi como un rgimen de castas, la constitucin de Pinochet cristaliz una democracia oligrquica: clasista, excluyente y anti democrtica.

De este modo, la dictadura de Augusto Pinochet fue el instrumento de una clase social para realizar el trabajo sucio, descabezando un movimiento popular ascendente a sangre y fuego, sembrando el territorio nacional de cadveres. La barbarie en que se ha sumido la derecha chilena se prolonga hasta el presente bajo la forma de impunidad para los responsables civiles y militares- de crmenes de lesa humanidad. Pero tambin en impedir la expresin democrtica de las mayoras ciudadanas y en la represin de amplios sectores de chilenos que reclaman sus derechos, estudiantes, trabajadores.

En la hora presente y superada ya la falsa dicotoma que nos propona como nicos modelos posibles el socialismo real de cuo sovitico o el neoliberalismo de estilo occidental; surge en Chile, como en otros pases de la regin, la verdadera contradiccin histrica y social que nos acompaa desde la independencia: Una democracia oligrquica que legitima la injusticia de los ms o una democracia participativa que restituya la soberana de nuestros pueblos.

2.- Dolores y enseanzas


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Las circunstancias histricas ms aberrantes y trgicas han sido tambin una ocasin propicia para el aprendizaje y la reflexin. El sufrimiento individual y colectivo pareciera ser un acicate que nos muestra el significado de ciertos acontecimientos, ms all de lo intelectual, ms all de la emocin. Ni entender la racionalidad poltica de una accin militar ni la consternacin ante la barbarie parecen suficientes ante tanto dolor y tanta muerte. Para entender cabalmente ciertos acontecimientos se requiere adems comprenderlos en su profundidad. Esta comprensin est ms all de los conceptos y las emociones e implica una aprehensin que reclama un compromiso integral, pleno de intensidad y radicalidad, una genuina experiencia espiritual.

Desde una perspectiva tal, todo lo acontecido en Chile desde 1973 representa una degradacin moral que solo puede avergonzar al gnero humano. El fatdico golpe de Estado protagonizado por Augusto Pinochet ha significado, ni ms ni menos, poner en entredicho la dignidad humana, violentando los cuerpos y la vida de hombres y mujeres, muchos de ellos, desaparecidos hasta hoy. Los actos inspirados en el fanatismo homicida, en la codicia y el egosmo solo multiplican el sufrimiento en vctimas y victimarios. La barbarie pervive cuando sigue impune, pues solo la justicia humana puede redimir parcialmente la ignominia.

Ningn uniforme es suficiente para ocultar lo que somos. Abusar o asesinar a otro, sea en nombre de cualquier ideologa o creencia, es abusar o asesinar a un semejante. Este saber moral es aceptado por laicos y creyentes y se inscribe por derecho propio entre los derechos humanos fundamentales: el derecho a la vida. Chile ha debido compartir su tragedia con muchos otros pueblos de la tierra, el momento amargo de su dolorosa degradacin. Un dolor que se expresa en miles de torturados, asesinados, desparecidos y en el luto de sus familiares. Un dolor que tambin se expresa en la vergenza que ensombrece nuestro pas hasta nuestros das, un dolor que se llama impunidad y se llama desigualdad e injusticia.

Las nuevas generaciones de chilenos deben aprender a vivir con las cicatrices de un pasado triste y vergonzante. Sin embargo, por lo mismo, se les impone el desafo de restituir la dignidad a la vida en nuestra sociedad. La dimensin profunda de nuestra historia, espiritual si se quiere, nos concierne a todos y atae a nuestra estatura humana. No se trata de una cuestin etrea, lejana y ajena, la dignidad se realiza en la vida concreta de los pueblos donde cada individuo encuentra un lugar para su realizacin. En el presente, los chilenos estamos llamados a construir nuevos horizontes democrticos, inclusivos, participativos, que conjuguen el crecimiento material con el desarrollo moral, dejando atrs la tristeza y el rencor del siglo precedente.

3.- Fuerzas Armadas: Tarea Pendiente

 


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Democratizar un pas consiste en lo fundamental en ajustar las instituciones al amplio tejido social de la nacin a la que sirve. En este sentido, se hace indispensable reconfigurar la institucionalidad chilena y eso pasa por una nueva constitucin para nuestra repblica. Este nuevo diseo solo puede emanar de la voluntad soberana de un pueblo, cualquiera sea la forma en que sta se exprese. Democratizar Chile es poner todas las instituciones de un estado responsable como garanta de una vida digna para hombres, mujeres y nios nacidos en este pas, sin importar su condicin social, su credo, ideologa u origen tnico. En un Chile democrtico todos deben encontrar su lugar, sin exclusiones.

En ese Chile democrtico corresponde abordar el complejo problema de nuestras fuerzas armadas. Hasta el presente, se trata de un tpico que nadie quiere abordar, es un tab poltico que los diversos partidos y figuras eluden, ignorando un aspecto fundamental para el presente y el futuro histrico del pas. Plantear el problema de una profunda democratizacin de las fuerzas armadas es polticamente incorrecto, sin embargo, se trata de una cuestin insoslayable en los aos venideros. Esto se explica, en parte, en el hecho evidente de que han sido las instituciones castrenses las que han protagonizado una dictadura atroz que nos avergenza hasta hoy.

El papel de las fuerzas armadas en un Chile democrtico no puede estar disociado del curso histrico del pas en su conjunto. La dictadura de Augusto Pinochet y su constitucin de facto politiz en extremo a los institutos armados, llegando al grotesco de asegurar a los comandantes en jefe un silln parlamentario, formando a generaciones de oficiales en doctrinas forneas y anti patriticas de seguridad nacional, que conciben a los sectores sociales oprimidos como un enemigo interno. Esta profunda distorsin de la herencia de nuestros hroes sigue pesando en los cuarteles, convirtiendo a las fuerzas armadas en verdaderos gendarmes de un Estado policial.

El Chile del maana requiere de unas fuerzas armadas democrticas, garantizando el acceso a sus institutos de todos los jvenes chilenos sin exclusiones clasistas como acontece en la actualidad. Las instituciones de la defensa nacional requieren recuperar un nuevo sentido de patriotismo, tan profundo como generoso. En tanto instituciones del Estado chileno, no es aceptable que sean convertidas en cotos cerrados donde reina el nepotismo, como una entidad parsita y ajena a los problemas del pas. Una democracia robusta no puede desarrollarse mirando al mundo militar como una amenaza presente o futura. Construir una nueva relacin con los uniformados en un pas democrtico es uno de los grandes desafos de Chile en el presente siglo, una nueva relacin que deje atrs la triste historia que ya conocemos.

4.- Lecciones de una dictadura

Suele acontecer en la historia que tras muchas dcadas se vuelve en espiral al mismo punto de partida, pero en un nivel cualitativamente distinto. El caso del golpe de Estado en Chile, pareciera confirmar esta sentencia. Al observar las ltimas dcadas se constata que las razones profundas que llevaron en su momento, a la eleccin de Salvador Allende y su singular va chilena al socialismo nunca han desaparecido. El fundamento ltimo de la llamada Unidad Popular fue la aspiracin de una parte importante de la poblacin de ver realizadas sus aspiraciones de justicia social frente a una democracia oligrquica por definicin desigual y excluyente.

Si bien el pasado, el presente y el futuro constituyen categoras temporales, lo cierto es que el imaginario histrico y social se define ms bien como una experiencia histrica, esto es, como un tiempo vivido. En este sentido, todo ahora, tal y como nos ensea Benjamin, actualiza su pasado histrico como un otrora un presente diferido que adquiere una nueva significacin en una circunstancia actual. Ese otro ahora no ha desaparecido de la subjetividad colectiva, est all cristalizado en recuerdos, testimonios, imgenes, en fin, est inscrito simblicamente como una posibilidad cierta. No se trata desde luego, de reeditar experiencias histricas sino de reconocer en ella su fundamento histrico y moral.

Desde esta perspectiva, la superacin de la Guerra Fra y su falsa oposicin entre un socialismo de cuo sovitico o un capitalismo al estilo occidental, torna ms ntido el carcter histrico poltico de la fisura latinoamericana. En efecto, en este ahora del siglo actual surge con mayor claridad el imperativo de dejar atrs las formas arcaicas de una democracia oligrquica sedimentada desde los albores de nuestra independencia y cuya expresin ms reciente es la constitucin de facto impuesta por una dictadura militar.

La guerra de Augusto ha sido el intento ms acabado de refundar un pas, afirmando, al mismo tiempo, su tradicin oligrquica. Esta empresa, empero, est llegando a su fin. Como seal el mismo Allende aquel histrico 11 de septiembre de 1973: Tienen la fuerza, podrn avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos. Tales palabras adquieren hoy su sentido ms pleno y profundo, pues las nuevas generaciones retoman los pasos de un proceso democrtico cuyo sentido es el mismo de hace cuarenta aos: el anhelo de una mayor justicia social para las mayoras.

Es cierto, otros son los protagonistas, otras las voces. Es cierto, muy diversas las circunstancias del mundo y de nuestro pas. Otros los matices de la historia presente, mas los gritos y demandas en las calles nos traen los ecos de ese otrora que reclama su presente. Hay un sutil hilo de seda que atraviesa el tiempo aparente, dirase un mismo espritu que anima dos pocas separadas por tanto dolor, por tanto silencio. Es la marcha humana de muchedumbres en las calles, hombres, mujeres, nios, construyendo su destino en el ocano infinito de tiempo y de historia, su propia historia.

*Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP. Universidad ARCIS, Chile.

 



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