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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-09-2013

Recuperar la memoria del pueblo chileno

Luis Hernndez Palacios
Rebelion


La destruccin del pasado, o ms bien de los mecanismos sociales que vinculan la experiencia contempornea del individuo con la de generaciones anteriores, es uno de los fenmenos ms caractersticos y extraos de las postrimeras del siglo XX, e inicios del XXI.

La globalizacin ha producido as una suerte de prdida del sentido identidario y de paulatina disolucin de la memoria colectiva y, en cierto sentido, de la apreciacin de la historia social reciente.

En su mayor parte, los jvenes, hombres y mujeres, de este principio de siglo crecen en una suerte de presente permanente sin relacin orgnica alguna con el pasado del tiempo en el que viven.

Esto otorga a los historiadores, cuya tarea consiste en recordar lo que otros olvidan, mayor trascendencia que la que han tenido nunca, en estos aos.

Pero por esa misma razn deben ser algo ms que simples cronistas, recordadores y compiladores, aunque esta sea tambin una funcin necesaria de los historiadores.

Para los intelectuales de mi edad y formacin, el pasado es indestructible, no slo porque pertenecemos a la generacin en que muchas de las instituciones centrales tuvieron un carcter formativo, por tanto, nos identificaron, sino tambin porque los acontecimientos pblicos forman parte del entramado de nuestras vidas. No slo sirven como punto de referencia de nuestra vida privada, sino que han dado forma a nuestra experiencia vital, tanto privada como pblica.

Por ello recordar es reconstruir nuestra identidad y forjar nuestro sentido del porvenir.

Hablamos como hombres y mujeres de un tiempo y un lugar concretos, que ha participado en su historia en formas diversas. Y hablamos, tambin, como actores que han intervenido en sus dramas por insignificante que haya sido nuestro papel-, como observadores de nuestra poca y como individuos cuyas opiniones acerca del siglo XX han sido formadas por lo que consideramos acontecimientos cruciales del mismo. Somos parte de este siglo, que es parte de nosotros. No deberan olvidar este hecho aquellos lectores que pertenecen a otra poca, por ejemplo el alumno que ingresa en la universidad en el momento en que escriben estas pginas, para quien incluso los movimientos estudiantiles de los aos 60 forman parte de la prehistoria.

Recuperar la memoria debera, sobre todo, comprender el pasado. En muchas ocasiones lo que dificulta la comprensin no son slo nuestras apasionadas convicciones, sino la propia experiencia histrica que les ha dado forma. Aquellas son ms fciles de superar pues comprenderlo todo no es perdonarlo todo. Comprender lo que ocurri en Chile a partir de 1973 y encajarlo en su contexto histrico, no significa perdonar los crmenes de la dictadura. En cualquier caso, no parece probable que quien haya vivido los horrores desatados en Chile, a partir del 11 de septiembre de 1973, pueda abstenerse de expresar algn juicio. La dificultad estriba en comprender como una base slida para atisbar con esperanza y optimismo el futuro.

El golpe militar.

El 4 de septiembre de 1970, Salvador Allende gan las elecciones presidenciales en Chile, aunque debi esperar ser ratificado por el Congreso. El triunfo de Allende se constituy en un hito histrico y una leccin poltica que no deben olvidarse. En un sentido muy importante ese triunfo electoral fue resultado de un amplio proceso de unidad en las filas democrticas y de la izquierda, que tuvo como eje una orientacin hacia el socialismo, fraguada en las concepciones del Partido Comunista y del Partido Socialista, cuyos orgenes habra que rastrear no slo en la formacin de ambos destacamentos, sino en la construccin de los frentes populares en los aos treinta. Aunado a ello, existan graves sntomas de agotamiento del modelo de desarrollo, que larvaba una crisis en la reproduccin del mismo, y enfrentaba a dos grandes bloques en el seno de las clases dominantes chilenas: de una parte, un sector productor para el mercado interno de bienes de consumo habitual; y, por otra, un sector productor de bienes de consumo suntuario que aspiraba, adems, a retomar una orientacin de produccin para la exportacin. Esta definicin se expres en la postulacin de dos candidatos que representaban mutantis mutandi a esos bloques (el ex Presidente y empresario Jorge Alessandri Rodrguez; y, Radomiro Tomic Romero, de la Democracia Cristiana).

Allende impuls su programa aprovechando la legislacin reformista impulsada por la democracia cristiana por el gobierno de Eduardo Frei (1964-1970) al tiempo que se generalizaba la movilizacin social y suban su punto de mira las demandas sociales. Desde su ratificacin por el Congreso, el gobierno de Allende vivi una permanente confrontacin legal y extra legal de la oposicin. Las acciones ilegales que iniciaron con el asesinato del Comandante del Ejrcito, General Ren Schneider, se intensificaron con el paro patronal de octubre de 1972, desembocaron en el levantamiento generalizado de la Marina, el Ejrcito, la Fuerza Area y la polica militarizada de Carabineros, en la madrugada del 11 de septiembre de 1973.

Pero no puede pasarse por alto que adems de corresponder a la lgica de la confrontacin poltica y social del pas, esa accin se inscribe en una oleada de asonadas similares desarrolladas a partir de una poltica global de los Estados Unidos.

Si hasta finales de los aos cincuenta y comienzos de los sesenta, el enfoque poltico-militar norteamericano se fundamentaba en el supuesto de una posible amenaza externa por parte del bloque socialista, en el curso de la dcada de los sesenta esta poltica tuvo que ser revisada, no slo porque, al llegar la carrera armamentista a la etapa nuclear, variaban los trminos de un posible conflicto entre las dos potencias, sino tambin porque ahora se deba enfrentar una amenaza mucho ms concreta, que provena del interior de los propios pases dependientes, a travs de los intentos insurreccionales capaces de subvertir el orden vigente. As, paulatinamente, la poltica exterior norteamericana abandon la estrategia de la reaccin masiva y global en un enfrentamiento directo con la Unin Sovitica, sustituyndola por otra nueva: la estrategia de la contrainsurgencia, capaz de responder al reto revolucionario donde quiera que ste se presentara.

Estados Unidos defini la estrategia de la contrainsurgencia como el conjunto de medidas militares, paramilitares, polticas, econmicas, psicolgicas y cvicas tomadas por el gobierno para derrotar la insurgencia subversiva de origen comunista. Dos eran sus objetivos bsicos: El primero, promover en el plano econmico-social una poltica reformista y de ayuda a los pases dependientes; la Alianza para el Progreso (ALPRO), creada en 1961, tena por objeto llevar a cabo esa poltica. El segundo objetivo era realizar, en el plano militar, una poltica represiva que detuviese el avance del movimiento de masas y que contuviese cualquier amenaza insurreccional.

Si, en el plano econmico-social, las metas de la nueva estrategia consistan en estimular determinados tipos de reforma, que sin poner en riesgo el rgimen capitalista sirvieran para prevenir desde la perspectiva norteamericana- la cubanizacin de Amrica Latina, en el plano militar, las metas consistan en capacitar a los ejrcitos latinoamericanos para la compleja tarea de enfrentar a un enemigo no siempre bien diferenciable, diluido entre la poblacin, y aplastar los movimientos insurreccionales.

As, la nueva estrategia militar norteamericana para Amrica Latina se concret en tres elementos: a) la elaboracin de una doctrina antinsurreccional fundada en los principios de la Seguridad Nacional; b) la modernizacin tecnolgica de los ejrcitos nacionales; y c) los intentos de coordinacin de los distintos ejrcitos nacionales del continente.

En todo caso, cabe destacar los aspectos centrales de la doctrina de la contrainsurgencia: la concepcin de la poltica, la concepcin del enemigo y la concepcin acerca del funcionamiento de la democracia representativa.

  1. En la sociedad latinoamericana, la lucha poltica tiene como propsito derrotar al contrincante, pero ste sigue existiendo como elemento derrotado y puede, incluso, actuar como fuerza de oposicin. La contrainsurgencia () ve al contrincante como el enemigo que no slo debe ser derrotado sino aniquilado, es decir, destruido, lo que implica ver a la lucha de clases como guerra y conlleva, pues, la adopcin de una tctica y mtodos militares de lucha. Se trata, en efecto, de la aplicacin del enfoque militar a la lucha poltica.

  2. Si el contrincante es visto como parte constitutiva de la sociedad, la contrainsurgencia considera al movimiento revolucionario como algo ajeno a la sociedad en que se desarrolla; en consecuencia, ve el proceso revolucionario como subversin provocada por una infiltracin del enemigo () que provoca en el organismo social un tumor, un cncer, que debe ser extirpado, es decir eliminado, suprimido, aniquilado.

  3. Finalmente, la contrainsurgencia, al pretender restablecer la salud del organismo social infectado, es decir, de la sociedad burguesa bajo su organizacin poltica parlamentaria y liberal, se propone explcitamente el restablecimiento de la democracia burguesa, tras el periodo de excepcin que representa el perodo de guerra . En ese sentido, la contrainsurgencia no pone en cuestin en ningn momento la validez de la democracia burguesa, tan slo plantea su limitacin o suspensin durante la campaa de aniquilamiento.

En resumen, la estrategia de la contrainsurgencia recurre a los militares latinoamericanos y les asigna diversas tareas, segn la realidad concreta de cada pas: la funcin tradicional de respaldo represivo a aquellos regmenes donde las fuerzas polticas de la burguesa an son capaces de mantener y asegurar el sistema capitalista de dominacin; o la funcin de pilares y cabeza del Estado, surgiendo as los Estados militares de excepcin, en aquellos pases donde las fuerzas dominantes no son capaces de resolver su crisis.

La dictadura militar: Estado de Contrainsurgencia.

En este nuevo marco, el Estado latinoamericano sufre una rpida metamorfosis consistente en que sus elementos de sustentacin, los aparatos militares y represivos, emergen desde dentro del Estado para convertirse en la cabeza de ste. Esta situacin difiere totalmente del fascismo europeo, en el que el Estado fue tomado por asalto, desde fuera, por el movimiento fascista, y doblegado.

En Amrica Latina, los aparatos militares y represivos se constituyeron, ya no slo en la columna vertebral del Estado, sino tambin en su cerebro; es decir, en el centro de articulacin y direccin del sistema de dominacin en su conjunto. Esto es posible no slo por el desarrollo del gran capital, que agudiza las pugnas interburguesas y la lucha de clases e general, sino tambin porque obedece a la estrategia imperialista de mantener bajo su control zonas estratgicas bsicas.

Adems, a diferencia de la ola contrarrevolucionaria que asol a los pases europeos en el perodo previo a la segunda guerra, la contrarrevolucin latinoamericana no cont con una base de apoyo sustrada de las filas del pueblo. Esta situacin se debe a la extrema polarizacin social que provoc el nuevo modelo de acumulacin y la superexplotacin del trabajo en que ste se funda. As, la misin contrarrevolucionaria, confiada a los aparatos represivos, consiste en sustituir a la antigua lite poltica que diriga el Estado, a la vez que desarrollar una nueva forma de dominacin basada en la llamada doctrina de la Seguridad Nacional. sta como ya se indic- postula aplicar la concepcin de la guerra interna a quienes considera como agentes externos a la sociedad nacional; en este caso, los ncleos revolucionarios.

Por ello la dictadura estableci un verdadero rgimen de terror: asesinatos, deportaciones, desaparecidos y presos se contaron por millones.

Cimentado sobre esas condiciones reorient la economa, generando un nuevo modelo agro-minero exportador y golpeando al mercado interno, al punto de desaparecer una amplia franja de la industria domstica.

Como quiera que sea, la ofensiva contrarrevolucionaria iniciada en marzo de 1964 con el golpe militar que derroc al rgimen populista de Goulart en Brasil, alcanz su punto culminante en el perodo 1973-76, cuando los pases del cono sur se cubren de dictaduras militares. Con ella, el capital monoplico nacional y el extranjero imponen una derrota que frena el ascenso del movimiento de masas observado en esos pases, crean condiciones de facto para superar la crisis poltica del conjunto de las fuerzas burguesas y establecen las bases para reestructurar el modelo de acumulacin y superar la crisis del capitalismo dependiente. Sin embargo, la existencia de las dictaduras militares como forma del Estado de contrainsurgencia no se generaliz al conjunto de los pases, pues existieron tambin otras formas de asegurar una relativa estabilidad del sistema de dominacin.

Retorno a la democracia.

Desde su propia instauracin la dictadura militar pinochetista confront una persistente resistencia en diversos planos: social, poltica, cultural y militar enmarcada en un creciente aislamiento internacional. Carente de legitimacin y con una erosin sostenida de sus bases de sustentacin, al igual que otras dictaduras militares de la regin, fue perdiendo utilidad para los propsitos de garantizar estabilidad y desarrollo de un nuevo modelo econmico. En ello jug un papel fundamental la reorientacin de la poltica norteamericana.

En efecto, despus de haber pregonado el respeto a los derechos humanos y de ejercer presiones para que las dictaduras militares pusieran en camino la institucionalizacin de la contrarrevolucin, el gobierno de Carter no encontr las formas idneas para participar activamente en la conduccin de este proceso. Al dejar en manos de las dictaduras militares y de las fracciones burguesas hegemnicas la tarea de llevar adelante la implementacin de las democracias viables, el imperialismo perdi una parte de los dividendos que se propona obtener en un principio.

Es por eso que, si bien el proceso de institucionalizacin se generaliz y entr en marcha con avances y retrocesos-, no ha logrado plasmarse en un proyecto poltico con lmites precisos. Asimismo, el proyecto norteamericano debi enfrentar propuestas alternativas que presentan una mejor definicin de la transicin a las democracias viables en algunos pases. Es el caso de la socialdemocracia internacional. En efecto, al plantear sta el desarrollo de un sistema de dominacin consensual, a travs de una serie de concesiones econmicas y polticas a las clases dominadas, la subordinacin de la pequea burguesa y la clase obrera a la direccin burguesa, el debilitamiento poltico de las posibilidades de conformacin de un bloque social revolucionario y la aplicacin de una poltica represiva ms selectiva, las tendencias socialdemcratas han avanzado significativamente en el juego poltico latinoamericano. Y ello tanto ms en la medida en que sus banderas liberales han sido capaces de arrastrar a fuerzas de la oposicin burguesa y a sectores vacilantes de la izquierda latinoamericana, a la vez que quebrar la unidad poltica del movimiento de masas y abrir un cierto espacio poltico para la institucionalizacin de las dictaduras.

Como quiera que sea, la puesta en marcha o el simple anuncio de reformas en los diferentes pases, abri campo a las contradicciones que subyacan en el seno de la sociedad. Lejos de ser un proceso idlico, la institucionalizacin de la contrarrevolucin se ha convertido en una lucha encarnizada entre los distintos sectores, fracciones y clases sociales. As, mientras las tensiones y pugnas entre las fracciones burguesas han crecido aceleradamente, la represin al movimiento de masas se ha extendido, con medidas legales o sin ellas, en tanto nica va de contencin de las luchas populares. Es por eso que las ilusiones formadas en torno a una supuesta poltica de respeto a los derechos humanos y de un viraje a la democracia burguesa se han desvanecido con la misma premura que fueron creadas e impulsadas por las burguesas imperialistas y locales.

Las perspectivas populares.

Una parte importante para abrir paso a la nueva institucionalizacin fue el desarrollo de la resistencia popular, de variado tipo, y la movilizacin social.

Los avances del movimiento de masas no estuvieron, sin embargo, exentos de dificultades y contradicciones, por lo cual, tampoco presentaron un carcter homlogo; su desarrollo expresa saltos y retrocesos. Sin embargo, pese a esas tendencias, deben ser precisadas dos cuestiones. Por una parte, el avance de las posiciones revolucionarias, que se expresa en el campo de las organizaciones polticas como una mayor capacidad de definiciones estratgicas y tcticas acompaada de una progresiva insercin de la izquierda revolucionaria en el movimiento de masas. Y, por otra, el paulatino debilitamiento de la izquierda tradicional que, en la mayora de los casos, sigue fuertemente ligada a sus concepciones reformistas- para convocar, articular y dirigir el movimiento de masas.

En suma, pues, la coyuntura poltica de mitad de los noventa confront nuevas caractersticas. No se trat solamente de un proceso de institucionalizacin, sino de una institucionalizacin burguesa que no control ntegramente la misma burguesa; y ello porque las presiones de las masas comienzan a transitar de las formas reivindicativas econmicas y democrticas- a nuevas formas de organizacin y lucha, que expresan en el nivel poltico-ideolgico una creciente autonomizacin con respecto de la burguesa. As, pues, no hay ninguna razn para suponer que la lucha democrtica que libran hoy los sectores populares chilenos no pueda extenderse indefinidamente, permitiendo que, a cierta altura, se produzca el paso natural y pacfico a una mayor democracia y cambio de rgimen. Todo indica ms bien que la lucha democrtica y popular se entrelazarn para los trabajadores en un solo proceso, un proceso de duro y decidido enfrentamiento con la burguesa y el Estado que dej la dictadura.

En tal perspectiva, la alternativa real que se avizora, es el enfrentamiento de dos proyectos: Por una parte, desde la perspectiva de los intereses de las clases dominantes, su proyecto busca consolidar la existencia del legado dictatorial, en un modelo excluyente. Y por otra parte, desde la perspectiva de los intereses de la clase obrera y el pueblo, el proyecto plantea como objetivo fundamental la lucha social y poltica, como base para la transformacin del Estado.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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