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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-09-2013

Re-mediterraneizar el mundo

Santiago Alba Rico
Revista Bostezo


Impresiona mucho pensar que hace slo 5 millones de aos, separado del Atlntico, el mar Mediterrneo se desec y que, de haber existido entonces seres humanos y grandes ciudades, se habra podido cruzar a pie enjuto, caminando a 1.500 metros por debajo de los bordes costeros, de Orn a Valencia, de Tnez a Palermo, de Estambul al Pireo. Impresiona mucho pensar que, dentro de 5 millones de aos, volver a ocurrir; bloqueado el estrecho de Gibraltar y tras una rpida evaporacin de un par de siglos, el Mediterrneo se convertir una vez ms en un lecho de sal costrosa y algas muertas. Si se reabriese a continuacin el acceso -impresiona sin duda pensarlo-, el Atlntico tardara tan solo dos aos -a razn de 10 metros diarios- en llenar de nuevo el hueco.

Basta acelerar cinematogrficamente el tiempo, por tanto, para que el Mediterrneo, con sus tres continentes, sus 200 islas, sus cuatro pennsulas, sus quince mares menores, aparezca ante nuestros ojos como una gigantesca piscina de aguas subsidiarias, provista de un pequeo desage. Uno puede imaginar, de pronto, a Polcrates, tirano de Samos, mandando vaciar su cavidad para encontrar el anillo perdido que caus su ruina; o a Jerjes, el dspota persa, ordenando sacar en cubos sus 340.000 millones de m3 de agua para poder llevar su ejrcito hasta Grecia; o al ngel africano de San Agustn, sentado en la playa con su concha en la mano, secando en pocos siglos, cucharada a cucharada, la esencia divina. El mediterrneo es pequeo, es uno, une sus tierras -clima e historia- en un destino compartido.

Si hoy vacisemos el Mediterrneo, qu encontraramos en el fondo? El Mediterrneo no es slo el mar ms contaminado del mundo; es tambin el ms culto. Si la contaminacin se suele medir sobre todo en residuos de hidrocarburos (o en restos de metales, como el plomo o el zinc, que ya vertieron los romanos hace 2300 aos), la cultura tiene que ver bsicamente con el nmero de muertos. El Mediterrneo, que contiene el 12% de las especies marinas del planeta, est atiborrado de cadveres. En ningn otro mar se han librado tantas batallas -de Salamina a Lepanto, de Actium a Trafalgar, de la jornada de Tnez a Lemnos- y en ningn otro mar han naufragado y se han ahogado tantos hombres. Griegos, egipcios, cartagineses, romanos, vndalos, rabes, bizantinos, turcos, criaturas asentadas desde haca siglos en sus costas, forjadas entre las montaas y las playas, pero ahora tambin, desde hace veinte aos, gente venida de muy lejos -de Nigeria, de Pakistn, de Bangladesh- para poblar sus fondos marinos: en torno a 10.000 emigrantes, segn un censo incompleto, hundidos entre Marruecos y Espaa, entre Tnez y Sicilia, desde 1995. Tras siglos de refinamientos culturales, materializados en las ms variadas gamas de espadas y armaduras, de cligas y babuchas, de clmides y kaftanes, el poder de la globalizacin capitalista se revela en los miles de idnticas zapatillas de deportes, clones de Nike, que los pescadores recogen todos los aos junto a las sardinas y los atunes y que un cartero de Tnez cosecha en las playas (quin dice que no se puede sembrar en la arena?) y rene en su improvisado museo de Mahdia. Los Ulises de hoy, abandonados por los dioses, despreciados por los hombres, buscan su Itaca en la ribera norte del mar interior. El Mediterrneo, gigantesca piscina, es tambin, cada vez ms, una gran fosa comn: nufragos de todas las pocas y todos los pases, unos!; nufragos de todas las naciones y todos los pueblos, acusadnos sin compasin.

Puente y frontera, pasaje y celada, ninguna fractura ha roto tanto este espacio comn como la especulacin capitalista. Ni el cisma cristiano que separ Bizancio de Roma, ni la expansin islmica, con la contra-ofensiva tozuda de las Cruzadas, hizo tanto dao a esta conciencia de comunidad climtica e histrica como los ltimos treinta aos de neoliberalismo econmico. Nunca el mar del medio -entre dos tierras que se reconocan en el nombre mismo como cosidas desde el Terciario- haba sido tanto un muro como en nuestros das. Un juego histrico de pugnaces y fecundos rebotes entre una y otra ribera, de Persia a Grecia, de Cartago a Roma, de Egipto a Granada, de Fenicia a Venezia, parece haberse inclinado definitivamente por la vertiente norte, ese Sur de Europa que pretende dominar la escena mediterrnea. Pero es el sur de Europa quien domina el Mediterrneo? O es el norte de Europa -el norte ideolgico del mundo- el que est desmediterraneizando, al separarlas, las dos riberas?

Fijmonos en lo ms profundamente superficial. Ese mar del medio que, segn su ms grande historiador, Fernand Braudel, seala, como ningn otro ocano, a las tierras circundantes, gest en su matriz tres vegetales y cinco animales en torno a los cuales teji luego, durante milenios, una red tupida de intercambios, modos de vida, negociaciones, mitos y visiones. El trigo, la vid, el olivo. La vaca, la cabra, la oveja, el caballo, el cerdo. Ese pan cuyo nombre pronunciaron en frigio, sin haberlo aprendido, los dos nios del experimento cruel de Amenofis I. El vino de Dionisio y No. El aceite de Atenea y de Isis, de los reyes hebreos y del bautismo cristiano. Y los animales? La vaca asociada al nacimiento mtico de Europa. La cabra Amaltea que amamant a Zeus, la que alberga a Satn, la de Pan y Juno Sospita. Las ovejas gracias a las cuales logr Ulises huir de Polifemo en Creta. El cerdo alado de Clazmenas o los que vencieron en Megara a los elefantes de Antgono. El caballo, en fin, de Poseidn, el de Alejandro, el del Cid, el del Profeta (o el asno duro y fiel de Sancho Panza y de Yuha).

Qu ha pasado? Pensemos, por ejemplo, en Espaa. En 1961, el sector primario, el propiamente mediterrneo (agricultura, ganadera y pesca) representaba el 23% del PIB y empleaba al 42% de la poblacin activa; en 2010 las cifras se haban reducido al 2,5% y al 4,5% respectivamente. Pero mientras se importaba trigo y se arrancaban olivos, se daba de comer mantequilla a las vacas y desapareca un milln de asnos (reales, no figurados), el nmero de viviendas pasaba de 10 millones a 25 millones de unidades en apenas treinta aos, bajo el empuje de un sector especulativo en torno al cual, antes del estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008, lleg a gravitar hasta el 40% del PIB del Estado. Ese modelo antimediterrneo de sustitucin de huertas por autopistas, de naranjos por aeropuertos, de barcas de pesca por rascacielos; ese modelo de ciudades-mercanca vendidas a las empresas patrocinadoras de grandes carreras, de grandes comercios y grandes eventos, es precisamente el que, tras apoderarse de los bordes de nuestra gigantesca piscina comn, se viene hoy abajo, dejando una estela trgica de destruccin ecolgica, paro y corrupcin. Quizs la ciudad espaola de Valencia, fundada en el ao 138 a. de. C. por un cnsul romano, es el ejemplo ms rotundo, veloz y radical que pueda imaginarse de desmediterraneizacin de un territorio.

El modelo impuesto por la UE al sur de Europa o, lo que es lo mismo, al norte del Mediterrneo, es el mismo que se ha querido imponer desde all a la vertiente sur. Desde la Conferencia de Barcelona en 1995 hasta la reciente Unin por el Mediterrneo de 2010, toda una serie de iniciativas y negociaciones han tratado de extender la desmediterraneizacin a Africa y el Prximo Oriente; en nombre de la cooperacin, acuerdos firmados con dictadores locales a espaldas de las poblaciones han tratado de garantizar a los inversores europeos el clima de seguridad y libre mercado propicio a las grandes ganancias. Eso requera de los gobiernos implicados bsicamente dos cosas: ayuda en la represin de la emigracin ilegal o, lo que es lo mismo, en la acumulacin de cadveres en la fosa comn; y liberalizacin de la economa o, lo que es lo mismo, aumento de la pobreza y el paro y, por lo tanto, de los motivos para arrojarse al mar.

La sorpresa vino en 2011, con la sacudida ssmica que llamamos de manera inexacta y folklrica la primavera rabe. De Tnez a Egipto a Libia a Siria (con focos tambin en Argelia, Marruecos y Jordania), el mediterrneo del sur, el mediterrneo rabe, alz su voz contra (y a veces derrib a) esos dictadores que, ms all de sus posiciones diferentes en el tablero geo-estratgico mundial, haban cedido por igual, a instancia de la UE, apoyados por nuestros gobiernos presuntamente democrticos, a la ofensiva neoliberal. Esa sacudida tuvo como efecto reconvertir el mar del medio en puente y revelar una falla tectnica comn; el 15-M en el Estado espaol, las protestas en Grecia, Italia y Portugal, al hilo de una crisis que no remite, han iluminado de nuevo un espacio de miserias y resistencias compartidas, un recinto colectivo en el que la conciencia de los problemas estructurales y de las tradiciones de lucha saltan de una ribera a otra realimentando sin parar una nueva promiscuidad simblica euromediterrnea. Nadie puede negar que, como hace mil aos, como hace dos mil, Orn y Valencia, Tnez y Palermo, Estambul y Atenas, Marsella y Alejandra, estn de nuevo mucho ms emparentadas entre s que con Londres, Frankfurt o Estocolmo. Frente a la desmediterraneizacin capitalista de la regin, surge ahora la posibilidad de una re-mediterraneizacin de los pueblos en lucha contra el paro, los desahucios, las privatizaciones, las falsas democracias y la corrupcin. De la extensin y profundizacin de esa nueva conciencia comn depender en buena parte la victoria sobre un modelo que lleva aos alimentando la doble fractura -una ribera y otra- del racismo y la islamizacin.

Fuente: http://www.revistabostezo.com/PDF/BOSTEZO_08.pdf



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