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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-09-2013

El Deus ex Machina que salv a Obama y al mundo
De Rusia sin amor

Andrew Levine
CounterPunch

Traducido para Rebelin por Germn Leyens


En los dramas de la antigedad griega y romana, los dramaturgos que descubran que haban llevado a sus personajes a situaciones sin salida a veces utilizaban un golpe de efecto llamado Deus ex Machina. Como de la nada, un dios bajaba al escenario en una mquina parecida a una gra; y el dios solucionaba el problema.

Ni Vladimir Putin ni Sergey Lavrov, el Ministro de Exteriores de Rusia, se parecen mucho a dioses griegos (a pesar de la vanidad de Putin), pero Barack Obama, habindose metido en aprietos tan desesperados como cualquiera de los personajes trgicos de Eurpides, hara bien, en este momento, en ofrecer a ambos un sacrificio o dos, no por gratitud (ya que lo hicieron quedar como un tonto), sino porque, como podra hacer cualquier dios, lo sacaron de una situacin por otra parte desesperada, salvando al mundo de algo peor.

La solucin Putin-Lavrov todava podra fracasar, por cierto; nunca debemos malsubestimar como dira George Bush, la ineptitud de la diplomacia estadounidense en la era Clinton-Kerry. Pero tal vez, solo tal vez, ahora Obama no lance una llama a la caldera combustible en la que se ha convertido la guerra civil siria.

Tal vez ese violador en serie del derecho internacional no decida ahora por cuenta propia castigar al gobierno sirio el rgimen Asad como lo llaman nuestros polticos y sus agentes en los medios por utilizar (probablemente) armas qumicas contra sirios rebeldes (e islamistas de otros pases).

El uso de agentes neurotxicos en combate est prohibido por el derecho internacional, y est bien que as sea. Las numerosas armas horribles que han aparecido desde la Primera Guerra Mundial entre otras, bombarderos, misiles crucero, productos qumicos que queman la piel humana, proyectiles de uranio empobrecido y, por supuesto, drones armados, tambin deberan prohibirse.

Y adems hay armas nucleares, genuinas armas de destruccin masiva ms horripilantes de lejos que todas las otras juntas.

Convertir en un fetiche una prohibicin impuesta hace casi un siglo, y adems detener el progreso moral en ese punto, es, por decir poco, extrao. Pero no importa; a diferencia de una indignacin moral simulada, la consecuencia lgica y moral no es el lado fuerte de nuestro Presidente.

Existe, parece, buena pero poco concluyente evidencia de que el Gobierno sirio ciertamente viol la prohibicin de guerra qumica. Tambin existe evidencia de que algunos de los grupos rebeldes que combaten contra el gobierno, hicieron lo mismo. Cabe observar que tienen mucho que ganar si el mundo, o por lo menos estadounidenses y europeos, piensan que sus manos estn limpias, y que Asad es culpable.

En todo caso, el plan de Obama era lanzar una guerra no provocada y no aprobada contra Siria, un Estado soberano.

Segn la Carta de Nremberg de 1945, iniciar una guerra de agresin es el supremo crimen internacional, que se diferencia de otros crmenes de guerra en que contiene en s el mal acumulado del conjunto.

En otras palabras, Obama quera castigar un posible crimen de guerra cometiendo otro mucho ms grave.

La incoherencia de esta posicin eclipsa incluso la ridiculez de la idea de que l, justamente l, o EE.UU., de todos los pases tenga el prestigio necesario para imponer el derecho internacional.

Lo sabe Obama? Podra ser; a diferencia de su predecesor, no es ignorante, de pocas luces u obtuso. Pero no hubo ninguna seal de semejante percepcin en su discurso televisado del 10 de septiembre desde el Saln Este de la Casa Blanca.

Por ello es justo decir que la flagrante insostenibilidad de su posicin no tuvo nada que ver con la bienvenida voltereta que dio aprovechando esa oportunidad. Es casi seguro que los motivos para hacerlo fueron ms mundanos.

Tal vez estaba preocupado de que los hechos respecto a los eventos que deban constituir el pretexto para el ataque contra Siria podran tener un efecto de rebote, no de inmediato, pero lo suficientemente pronto como para afectar no solo su legado sino lo que queda de su presidencia. Lo que le pas a George W. Bush podra pasarle a l.

Tal vez le preocup que la opinin pblica se opone abrumadoramente. Sin duda, l y sus aclitos desprecian la opinin pblica tanto como los capitalistas que sirven. A pesar de todo, hay lmites.

Y debe haberle preocupado que, habiendo pedido la aprobacin del Congreso, perdera mucho tiempo hasta que la Cmara y el Senado terminen por votar. Entonces tendra que aceptar, o resistir una crisis constitucional.

En vista de que todo el motivo para amenazar a Siria era para l, y para el imperio que dirige, salvar su prestigio, la aquiescencia no era una opcin agradable. La alternativa, sin embargo, debe haber parecido an peor para un poltico que se alimenta de la adulacin de liberales con almas hermosas intencionalmente ciegas.

Para cuando Lavrov apareci en el escenario, casi todos vean claramente que el camino a la guerra tena que ver con credibilidad, y nada ms. Fuera del crculo ntimo de estpidos intervencionistas humanitarios de Obama, no haba nadie suficientemente necio como para pensar que el objetivo era ayudar al pueblo sirio o, en cualquier caso, defender las normas internacionales.

No existe ninguna palabra que podra haberse dicho el martes por la noche en el Saln Este que pudiera cambiar la opinin de alguien respecto a lo que es tan abrumadoramente obvio.

Por cierto, solo podemos especular sobre lo que ocurri entre bastidores. No lo sabremos con seguridad hasta que se escriban las memorias o hasta que el buen ejemplo de Edward Snowden conduzca a alguien con acceso a documentos relevantes a informar al pblico. Todo lo que podemos decir por el momento es que, milagrosamente, a Obama le ofrecieron una salida del foso que haba cavado para s mismo.

Ahora no le queda otra alternativa que aprovecharla.

La diplomacia rusa, estos das, es evidentemente mejor que la nuestra por rdenes de magnitud. All saben cmo aprovechar oportunidades, marcar hitos; se basan en su ingenio. Nuestros dirigentes solo saben cometer errores. Si subsisten, es por pura suerte.

Tambin nos superan en el respeto a los derechos y deberes internacionalmente reconocidos. Por cierto, el motivo por el cual un Obama muy enfadado porque Rusia otorg asilo humanitario a Snowden rechaz ostentosamente los esfuerzos anteriores de Rusia por encontrar una solucin diplomtica a la situacin que l cre cuando habl de una lnea roja que Bachar el-Asad no se atrevera a cruzar.

La informacin suministrada por Snowden revel la medida en la cual el Estado de vigilancia se ha metastatizado en la Era de Obama, pero no es todo lo que Snowden hizo para incurrir en la ira de este ltimo. Embaraz al rgimen de Obama, o ms bien administracin como nuestros idelogos y lacayos mediticos lo llaman.

Desde el punto de vista de Obama, fue algo imperdonable. Por lo tanto, cualquier Estado que no entregara a Snowden a la justicia estadounidense deba ser intimidado para que se sometiera, o recharzlo si esto era imposible, como sucedi explcitamente con Rusia, el Estado que se puso a la altura de las circunstancias.

Pero la actitud petulante, farisaica, de Obama result un ejemplo ms de su ineptitud; una vez ms bloque sus propios esfuerzos. Al aparecer en su rescate, y el del mundo, los rusos han mostrado hasta ahora un tacto impresionante. Junto a otras facetas en el arte de la diplomacia, se trata de una virtud desconocida en el Departamento de Estado Clinton-Kerry.

Los maestros del sesgo y porristas mediticos de Obama trabajan ahora con ahnco para presentar la irreflexiva metedura de pata de John Kerry un comentario sarcstico informal como la apertura hacia una solucin.

Afirman, como hizo el propio Obama el martes por la noche, que es su disposicin a utilizar la fuerza en ingls corriente, su belicismo lo que pone de rodillas al rgimen de Asad. Incluso sugieren que fue el plan desde el principio. No tiene lmites su ridiculez?

Hasta ahora el Kremlin ha dejado que se salgan con la suya con esta insensatez, sugiriendo incluso que la idea de que las armas qumicas de Siria se pongan bajo control internacional y luego se destruyan, en las discusiones entre Obama y Putin en la reunin del G20 en San Petersburgo y en encuentros entre Kerry y Lavrov antes y despus.

Probablemente sea as; probablemente haya surgido muchas veces. Pero nunca se consider seriamente, ciertamente no por parte de nuestro presidente esgrimiendo sus drones, un hombre al que evidentemente le importa un bledo la tarea de salvar nios o mantener normas internacionales. Para Obama, se trata de mantener credibilidad; y eso es todo. El resto es barboteo de relaciones pblicas.

Ya que los rusos comprenden perfectamente que si Obama no salva su dignidad todo est perdido, por qu no dejaron que reivindicara derechos de alarde inmerecidos? Si lo que se requiere para prevenir todos los desastres que resultaran del ataque militar limitado a Siria que estaba a punto de lanzar, que as sea. Dejadlo tener su momento de Misin Cumplida; nadie lo creer en todo caso.

Putin gan esta vuelta y no importa cmo lo traten de presentar los aplogos de Obama, su hombre perdi, a lo grande.

Tal vez la prxima vez que Washington sienta la urgencia de remodelar Medio Oriente, esto lleve a los instigadores los neoconservadores y los intervencionistas humanitarios y los polticos militaristas, imperialistas, que los sirven a pensarlo dos veces. Si lo logra, algo bueno habr resultado de todo este lamentable episodio.

Andrew Levine es Senior Scholar en el Institute for Policy Studies. Autor de The American Ideology (Routledge) y Political Key Words (Blackwell), as como de muchos otros libros de filosofa poltica. Su libro ms reciente es In Bad Faith: Whats Wrong With the Opium of the People . Fue profesor de filosofa en la University of Wisconsin-Madison y profesor investigador de filosofa en la Universidad de Maryland-College Park. Colabor en Hopeless: Barack Obama and the Politics of Illusion (AK Press).

Fuente: http://www.counterpunch.org/2013/09/13/from-russia-without-love/

rCR



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