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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-09-2013

Sobre las subidas de tasas en las universidades pblicas

Carlos Taibo
Rebelin


Son muchos los problemas que se acumulan en las universidades pblicas en este inicio de curso. Aun a sabiendas de que mi conocimiento de la realidad correspondiente es liviano, y no sin antes pedir perdn por estas reflexiones a vuela pluma --hay quienes saben mucho ms que yo de todo esto--, me atrevo a adelantar algunas ideas sobre uno de esos problemas: las subidas, a menudo espectaculares, operadas en las tasas en los ltimos aos, acompaadas, por cierto, de diferencias notabilsimas entre la cuanta de aqullas en las distintas comunidades autnomas, con Madrid y Catalua en cabeza del expolio de los recursos de padres y alumnos.

Decenas de miles de jvenes, y acaso de no tan jvenes, se han visto afectados por esas subidas, que configuran una agresin en toda regla contra el ya de por s maltrecho principio de igualdad de oportunidades. Estamos ante una manifestacin ms, en otras palabras, de la lucha de clases desde arriba, toda vez que resulta difcil esquivar la conclusin de que la abrumadora mayora de los perjudicados exhiben situaciones econmicas muy delicadas, mientras, en cambio, los problemas no se revelan en el caso de las familias de clase media y alta. No es difcil apreciar, en la trastienda, una operacin de progresivo dinamitado de la universidad pblica, con un sordo trabajo de nuestros gobernantes en provecho de las universidades privadas, sin duda beneficiadas --no se olvide-- por los altos costos de las matrculas en muchas de las pblicas. Y ojo que en la trastienda se hace valer un fenmeno insorteable: cuanto ms altas son las tasas, menor es el nmero de matriculados, de tal suerte que la recaudacin, por fuerza, no es la que se esperaba alcanzar a efectos de reducir los dficits que al respecto se invocan como justificacin de las medidas adoptadas.

Creo que salta a la vista que el problema es muy grave y que nuestra respuesta ante l resulta, sin embargo, extremadamente precaria. En los hechos, y hasta donde llega mi conocimiento, esa respuesta se ha concretado en convocatorias de huelga que infelizmente a duras penas sern seguidas sino por una minora de profesores, de personal administrativo y de alumnos. Si los primeros y los segundos siguen inmersos en la lgica corporativa del slvese quien pueda , los terceros que se encuentran en las aulas universitarias son, por definicin, aquellos que han conseguido solventar, mal que bien, el problema de las tasas, con lo que su implicacin en eventuales protestas, salvo las honrosas excepciones de siempre, es limitada.

Agregar que si en los tres estamentos mencionados la respuesta en forma de huelga --ojal me equivoque-- ser limitada, tampoco cabe esperar nada de unos equipos rectorales que normalmente han protestado ante la subida de tasas pero que en los hechos no han arbitrado ninguna medida para contrarrestarla. Ni siquiera se puede identificar de su parte algn gesto del tipo del que se hizo valer en la discusin sobre las becas, meses atrs, cuando, frente al Ministerio de Educacin, amenazaron con colocar automticamente en un 6,5 todas las calificaciones medias que, por debajo de ese guarismo, estuviesen por encima de un 5.

Tengo la impresin, sin embargo, de que en un escenario en el que algunas universidades han buscado --creo yo que de manera lamentable-- el mecenazgo de particulares dispuestos a costear los estudios de alumnos sin recursos, el margen de maniobra de las autoridades acadmicas era y es mayor. No tengo constancia, en particular, de que se haya arbitrado medida alguna encaminada a acoger de manera gratuita --en muchos estudios no sera difcil, habida cuenta de la masificacin que ya hay: hagamos de la necesidad virtud y asumamos, como provisional mal menor, que donde asisten a clase ochenta bien pueden hacerlo noventa-- a los alumnos que no estn en condiciones de pagar. Y creo que las medidas en cuestin seran de despliegue sencillo, por mucho que no deba ignorar que los problemas --as, las quejas por eventuales discriminaciones de quienes pagan luego de esfuerzos inconmensurables-- no faltaran.

Obligado estoy a subrayar que en el despliegue de medidas como las que invoco los profesores no podemos hacer otra cosa que ejercer la presin correspondiente: de nada servira que acogisemos alumnos en nuestras aulas si esos alumnos no hubiesen podido completar antes los trmites que los incorporan burocrticamente a las universidades. Hasta el momento la nica forma de resistencia civil que hemos podido oponer en este mbito ha consistido, en trminos prcticos, en reducir el nmero de alumnos suspendidos. Aunque ello rebaja el vigor de un problema --el costo altsimo, del que no he hablado, de las segundas y posteriores matrculas--, de nada sirve cuando de lo que se trata es de encarar los obstculos que tienen que superar quienes no pueden atender al pago de nada.

Concluyo: salta a la vista que en un escenario en el que imperan las respuestas corporativas, y en el que la lgica de la autogestin, de la solidaridad y del apoyo mutuo tiene una presencia menor, no estamos a la altura de lo que cabra esperar. Reconocerlo bien puede ser un inicio para empezar a cambiar las cosas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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