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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-09-2013

Nuestro derecho a la rebelin

Pascual Serrano
Mundo Obrero


Esas dos mentes brillantes y valientes que son Julio Anguita y Juan Carlos Monedero protagonizan una conversacin de un centenar de pginas recogida por la editorial Icaria bajo el ttulo A la izquierda de lo posible. Hay una parte que me ha parecido de gran inters. Es cuando Anguita plantea que los actuales gobernantes se estn situando fuera de la ley en la medida en estn ignorando o desmantelando derechos como el del trabajo, la vivienda, la salud, la educacin, una pensin digna, la alimentacin, puesto que estn conculcando la Declaracin Universal de Derechos Humanos, la Constitucin Espaola o la Carta Social Europea ratificada por Espaa en 1985.

Es un enfoque interesante porque ya no necesitamos hablar en nombre del marxismo ni siquiera de la izquierda. Basta con desempolvar esas legislaciones que tienen un predicamento y aprobacin universal y, a continuacin, mostrar que los gobernantes estn vulnerando el Estado de Derecho, estn en la ilegalidad. De modo que nosotros estamos dentro y reivindicando la ley, y el gobierno fuera y vulnerndola.

La segunda deduccin es que en la tradicin de los histricos movimientos de liberacin aplaudidos por toda la sociedad, e incluso del cristianismo, se encuentra el derecho a la rebelda ante un gobierno desptico que no respeta la legalidad. La declaracin de independencia de los Estados Unidos del 4 de julio de 1776 plantea el derecho a luchar para que haya un gobierno justo, incluso deponer al que hay si no cumple (Prembulo: Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, evidencia el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y proveer de nuevas salvaguardas para su futura seguridad y su felicidad). Igualmente la Declaracin de Derechos Humanos de 1789, en su artculo 2, establece que la finalidad de toda asociacin poltica es la conservacin de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre, y que uno de tales derechos es la resistencia a la opresin. Por su parte, la Constitucin de 1793, elemento clave del racionalismo ilustrado francs, plantea el derecho a la insurreccin (Artculo 35: Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurreccin es, para el pueblo y para cada una de sus porciones, el ms sagrado de los derechos y el ms indispensable de los deberes).

John Locke, considerado padre del liberalismo moderno, establece que la autoridad del Estado se sostiene en los principios de legalidad y respeto de los derechos humanos. Esa autoridad deja de ser legtima si deja de asegurar los derechos naturales. En su Tratado sobre el gobierno civil (1690), defiende el derecho a la rebelin sealando que si el pueblo es sometido a la miseria y padece las injusticias del poder arbitrario, entonces maltratado y gobernado contra Derecho, estar siempre dispuesto a quitarse de encima una carga que le resulta pesadsima.

Estas ideas tienen su origen en los telogos cristianos. El dominico Francisco de Vitoria reconoce la licitud de robar cuando el hambre hace peligrar la vida humana o negarse a pagar un tributo en caso de que fuera injusto (Relecciones teolgicas). El jesuita Juan de Mariana razon acerca del derecho a la insubordinacin (Del Rey y de la Institucin real 1598-1599). El padre Francisco Surez (Discurso de leyes, 1612) reconoca la posibilidad de desobedecer y derrocar a quien detenta la autoridad cuando, ejerciendo el mando, incumple y vulnera sus funciones.

Pues bien. Hoy nos estn arrebatando nuestras viviendas (desahucios), nuestra educacin (disminucin de profesorados, tasas y fin de las becas), nuestra sanidad (disminucin de personal, cierres de hospitales y servicios de urgencias), nuestros derechos sociales (liquidacin de la ley de dependencia), nuestras libertades pblicas (represin de las manifestaciones, sistemas de vigilancia), nuestros derechos laborales (seis millones de parados, congelaciones y disminuciones salariales, facilidades para los despidos, precariedad laboral).

No hace falta ser Lenin ni Rosa Luxemburgo para llamar a la rebelin. Los inspiradores de la Ilustracin, los que redactaron la Declaracin Universal de Derechos Humanos, los sacerdotes del siglo XVI y los filsofos liberales hoy estaran sumndose al levantamiento. Al otro lado estn los miserables que se escandalizan cuando nos atrevemos a expropiar dos carritos de supermercados. Es hora de que cada uno decida en qu bando se sita.

Www.pascualserrano.net

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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