Portada :: Chile :: A 40 aos del golpe de estado
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-09-2013

La huella de Allende

Tomas Moulian
Punto Final


Cuarenta aos no es nada , dice el tango. El recuerdo del 11 de septiembre de 1973 est para m guardado en el primer cajn de la memoria. La Unidad Popular ha marcado mi vida. Esa influencia est an viva, aunque casi no particip del gobierno de la Unidad Popular. Durante menos de un mes trabaj en la Editorial Quimant.

En mi carcter de representante de un partido de la coalicin, el Mapu, me vi mezclado en un arduo conflicto. Una discusin enfrent a Joaqun Gutirrez -un reconocido cuentista costarricense en el exilio, quien representaba al Partido Comunista-, con el ensayista Alejandro Cheln, quien representaba al Partido Socialista. El tema de la disputa fue la publicacin por la editorial de la Historia de la revolucin rusa , de Len Trotsky. Cheln la patrocinaba con nfasis y Gutirrez se opona con rabia. El dirigente sovitico asesinado segua siendo, para algunos comunistas chilenos, un rprobo y una influencia peligrosa. Mi opinin fue favorable, aunque mi influencia era dbil. Pero la direccin de la editorial decidi publicar el libro de la discordia.

En todo caso el Partido Comunista respet la decisin. La celebre Historia del revolucionario dscolo fue publicada en dos gruesos tomos, que se vendieron como pan caliente. Esto ltimo no era sorprendente. Entonces los libros publicados por la editorial del Estado se agotaban con rapidez. Pero en este caso, la velocidad fue mayor. Quizs porque la publicacin representaba un signo.

Nunca tuve un contacto personal con Salvador Allende. Pero la admiracin por la Unidad Popular estaba (y est) personificada en su figura, la cual miraba y escuchaba desde la distancia. Tanto es as que para escribir el libro Conversaciones con Allende , otra muestra de mi obsesin, deb inventar una serie de dilogos con el lder.

Allende nos haca vibrar en los numerosos mtines de la poca. As ocurri, por ejemplo, en la noche misma del triunfo electoral, cuando habla desde los balcones de la Fech: Dije y debo repetirlo: si la victoria no era fcil, difcil ser consolidar la nueva moral y la nueva patria. Agrega ms adelante, despus de agradecer a diversos grupos sociales: Para todos ellos, el compromiso que yo contraigo ante mi conciencia y ante el pueblo() es ser autnticamente leal en la gran tarea comn y colectiva.

Como es fcil darse cuenta, en ese discurso hay una palabra que se repite. A la lealtad de ustedes, responder con la lealtad de un gobernante del pueblo, con la lealtad del compaero presidente. Pero hay tambin una advertencia que se formula una y otra vez. Es aquella que resalta la dificultad de la tarea.

Admiracin por la Unidad Popular. Tiene sentido admirar algo que fracasa y que conduce a la catastrfica dictadura militar? Creo que s, siempre que sea un juicio realista que contemple las virtudes del proceso pero tambin sus errores o dificultades.

Esa admiracin por el gobierno de la Unidad Popular se debe tanto al significado de las medidas implementadas como a la proyeccin que alcanzan los actos del presidente Allende y los valores que ellos expresan, incluyendo -por supuesto- el gesto final del suicidio. Un balance de aquellos mil das permite decir que el periodo de la Unidad Popular fue el ms democrtico de la historia de Chile contemporneo, aquella sociedad que se prolonga entre 1933 y el 4 de septiembre de 1970, da de la eleccin presidencial.

El gobierno de Allende aparece en la memoria como tragedia, como fecha dolorosa, pero, sobre todo, se instala all por las medidas que se llevaron a la prctica. Porque, sin la menor duda, el gobierno de Salvador Allende significa el intento de cambios estructurales ms profundo de nuestra historia, y tambin representa la experiencia ms participativa. Una democracia de los fines, pero tambin de los medios.

Una rpida enumeracin de las medidas deja con la boca abierta: nacionalizacin el cobre, sin pago de indemnizaciones a las grandes compaas estadounidenses; estatizacin de la banca a travs de la compra de acciones; expropiacin o intervencin de algunas de las principales empresas monoplicas, formando el area de propiedad social; trmino del latifundio improductivo a travs de la reforma agraria; estmulo a la participacin de los trabajadores en la gestin de las empresas.

Cambios decisivos, centrados sobre todo en el intento de crear una democracia participativa. Se trataba de imitar las experiencias que se haban desarrollado en algunos pases socialistas, como Yugoslavia y Argelia.

En el clebre documental de Patricio Guzmn sobre el gobierno de la Unidad Popular hay numerosas escenas significativas, que mereceran alguna reflexin. Comentar solo una, relacionada con lo dicho. Se trata de aquella donde trabajadores de una industria, localizada en un Cordn Industrial, discuten con el enviado de la CUT sobre las condiciones de la defensa del gobierno de la Unidad Popular. La fuerza expresiva, la elocuencia con que desarrollan los planteamientos y el carcter convincente de los argumentos usados, muestran un importante desarrollo de la conciencia de clase entre aquellos trabajadores. Estos no necesitaban la ayuda de ningn asesor intelectual para plantear sus razones. Una sensacin parecida surge de la lectura del libro Poder popular y cordones industriales, de Frank Gaudichaud, sobre la experiencia participativa en los cordones industriales, o del libro de Peter Winn, Tejedores de la revolucin , sobre la expropiacin de la industria Yarur.

Sin duda, entre aquellos trabajadores se estaban desarrollando nuevas capacidades y talentos. Se superaban de ese modo, aunque slo fuera parcialmente, los procesos de alienacin surgidos de tener que enfrentar todos los das rutinarias operaciones en las mquinas, sea como operadores, como alimentadores o como encargados del aseo del lugar de trabajo.

Pero adems el 11 de septiembre trae a la memoria el gesto poltico realizado por Salvador Allende. Este pone en prctica una leccin que involucra las dos ticas, de las cuales habla Max Weber. Desarrolla la tica de la conviccin, puesto que muri por sus ideas, habiendo podido evitarlo. Varias veces se le ofrece un avin para salir al exilio. Lo rechaza, con dignidad y con rabia.

Pone en prctica tambin la tica de la responsabilidad. Desde el momento que sabe que el golpe ha sido desarrollado por la totalidad de las fuerzas armadas sin que existan sectores discrepantes movilizados, llama a sus seguidores a no involucrarse en una guerra perdida de antemano. Les habla de la necesidad de resignar el presente por el futuro: algn da se abrirn las grandes alamedas.

Dice Bolao en una entrevista: En su ltimo discurso Allende se ennoblece, nos pide no arriesgar nuestras vidas y, a cambio, entrega la suya. Acta como un hroe.

A Allende lo llamaban -algunos con cario, otros con sorna- el pije. Ello porque nunca descuidaba su vestimenta, ni siquiera en medio de las campaas ms duras. Basndose en esas caractersticas y otras que le eran imputadas, Pinochet comenta, aludiendo a la amenaza de Allende de no salir vivo de La Moneda, Qu va ser capaz de matarse es un cobarde. Ese argumento denigratorio lo pronuncia el hombre de los anteojos oscuros, en uno de esos grotescos intercambios de opiniones emitidas desde el puesto de mando. Qu saba de consecuencia ese general artero? Creera que el presidente de Chile era, como l, un hombre sin palabra? Pero tuvo que tragarse sus dichos.

Allende le advierte primero a los chilenos que no tiene pasta de hroe, que es slo un ciudadano deseoso de sobrevivir. Pero agrega que no saldr vivo de La Moneda. Organiza con precisin minuciosa las condiciones del acto final. Hace salir primero a las mujeres y a los hombres, quedando solo en el palacio semidestruido por los bombardeos de la Fach. Entonces procede sin vacilacin. No iba a caer vivo en manos de militares insubordinados, encabezados por un gran traidor. No dejara que esos militares sin honor le pusieran una mano encima. El gesto de Allende busca preservar la dignidad del cargo. El no saldra al exilio, para mirar desde la distancia la agona de sus partidarios.

Acta como un hroe, pero uno que muchos preferiran que no hubiera existido. Hernn Valds en la novela A partir del fin le hace decir a uno de sus personajes, quien reflexiona hundido hasta el cuello en una tina de agua caliente: Allende por qu nos dejaste por qu nos abandonaste Qu haremos ahora sin ti. Puede leerse ese lamento como el presagio de una larga tragedia. Se instala en Chile una feroz dictadura de diecisis aos. Ella tiene dos caractersticas que la marcan: es una dictadura con proyecto y, en parte por ello, es una dictadura terrorista.

De la alegra y la pasin de los mil das a los largos, largusimos, diecisis aos. Horror y tristeza, pero tambin comienzo de la neoliberalizacin de Chile, la cual contina y contina.

Publicado en Punto Final, edicin N 789, 6 de septiembre, 2013

www.puntofinal.cl

 



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