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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-09-2013

Reflexiones sobre el espacio universitario espaol
Noticias antiguas sobre la interculturalidad que no fue

Arturo Borra
Rebelin


1. Crisis de financiacin y universidad pblica

El estrangulamiento econmico de la universidad pblica espaola es manifiesto. En una dimensin econmica, la poltica universitaria del gobierno nacional podra resumirse en una estrategia de creciente restriccin en el acceso a los grados superiores y en la precarizacin de la plantilla docente, especialmente, en lo que atae a profesores asociados contratados por plazos de tiempo cada vez ms restringidos y en peores condiciones salariales. Es precisamente esta poltica la que conduce a una crisis de financiacin que pone en riesgo un modelo universitario inclusivo, plural y abierto, de por s amenazado por un sistema de becas cada vez ms excluyente y en general, por el encarecimiento de las tasas universitarias que contradicen un (no menos devaluado) principio de gratuidad de la enseanza (nico compatible con la apuesta por una universidad para todo/as). La transferencia de saberes fundamentales a los postgrados no hace sino acentuar una poltica que privatiza las oportunidades formativas y consolida un modelo universitario elitista, ms orientado a la satisfaccin de las necesidades profesionales de las empresas que a la formacin de sujetos crticos que participan en la construccin social del presente.

En una situacin semejante, la crisis de financiacin estatal conlleva la bsqueda de financiacin privada, tanto mediante inversiones de capital privado como del arancelamiento de una parte significativa de la oferta acadmica. Ninguna de las dos alternativas de financiacin son neutras: institucionalizan la enseanza superior como una mercanca cultural de elite, destinada a la provisin de saberes tcnicos para la mejora de la gestin del capitalismo. La inclusin de la universidad espaola en el Plan Bolonia forma parte de una apuesta global orientada a la impugnacin de una educacin crtico-reflexiva que ponga en discusin la funcin primordialmente tecno-econmica de los sujetos educativos.

En conjunto, el propsito de este estrangulamiento no puede ser otro que la privatizacin de la universidad y la implantacin de un modelo de calidad educativa ligada a parmetros de eficiencia y rentabilidad ms que de excelencia acadmica. La estrategia de seleccin econmica del alumnado, junto a la inversin privada, se han convertido en mtodos preferentes para afianzar la alianza entre mercado y universidad, favoreciendo el acceso de aquellos grupos sociales que de antemano ya estn alineados a un proyecto de sociedad de mercado. Otra vez, la centralizacin dogmtica de la economa de mercado tiene como contracara la pretensin de reducir la universidad a un espacio de adoctrinamiento neoconservador y de adiestramiento profesional. As, tras una poltica de financiacin lo que se pone en juego es algo ms grave aun: el tipo de saberes que produce (y debe producir) la universidad y la legitimidad misma de la academia como espacio de cuestionamiento de lo heredado.

A ese modelo de (hiper)especializacin profesionalista, orientada a la formacin de expertos, no cabe una rplica academicista que se limita a acentuar el autoencierro de los sujetos universitarios, reafirmando su distancia social con respecto a otros grupos y sectores sociales (usados a menudo por la derecha para atacar la autonoma universitaria con respecto a los imperativos del mercado). La arremetida contra la universidad pblica por parte de las polticas educativas neoliberales y la consiguiente reivindicacin de su funcin central en la formacin de una ciudadana crtica, sin embargo, no debera impedir una reflexin profunda acerca de las estructuras universitarias que, en el presente, perpetan especficas formas de desigualdad, restringen la democracia interna y reproducen modelos de autoridad reverencial que no podemos sino cuestionar. Del mismo modo en que la crisis de financiacin intensifica la dualizacin laboral entre funcionarios docentes y docentes contratados, es pertinente interrogarnos acerca de otras dualidades preexistentes, en particular, entre estas categoras docentes y aquellos sujetos que, por factores que hay que elucidar, estn tendencialmente excluidos de la docencia universitaria en Espaa.

Aunque existan otros ejes de desigualdad, empezando por las asimetras de gnero, en la presente reflexin me centrar en la desigualdad sustentada por una razn de procedencia. Especficamente, procurar determinar el grado y caractersticas de la participacin del profesorado extranjero (con residencia legal en Espaa) en el sistema universitario, en tanto pilar bsico para evaluar el grado de clausura o apertura de estas instituciones educativas.

La tesis que sustenta las presentes reflexiones es que no hay interculturalidad posible sin un tejido institucional que de lugar efectivo a las diferencias tanto en los procesos de decisin como en las prcticas (para el caso, educativas) que construyen una determinada formacin social. Las retricas de la diferencia, en este sentido, deben ser confrontadas en el terreno primario de la historia que contribuyen a construir y las desigualdades sobre las que intervienen en sentidos diversos. En clave poltica, cabe preguntar sobre la relacin entre esas retricas y unas estructuras institucionales en las que las desigualdades no son un mero remanente del pasado, sino uno de sus rasgos persistentes.

2. La estructura del profesorado universitario en Espaa

Tomando los ltimos datos disponibles del Instituto Nacional de Estadstica, en el curso 2010-2011 de la universidad pblica espaola, participaron 102.378 profesores (11,5% catedrticos, 37,2% titulares y el 30,0% asociados y el 21,4 % ayudantes, contratados doctores, colaboradores y emritos), del cual el 49,1% es personal funcionario (1). Aunque dicha informacin precisa que slo el 38,7% de dicho profesorado est constituido por mujeres (haciendo visible la desigualdad de gnero), no hay datos sobre el nmero e importancia relativa del profesorado inmigrante y refugiado, as como de extranjeros nacionalizados. Por su parte, el ltimo informe Datos y Cifras del Sistema Universitario Espaol (SUE) del Ministerio de Educacin, Cultura y Deporte seala unas cifras ligeramente superiores (2), aunque las omisiones referidas se mantienen.

Si bien dentro de la universidad pblica participan 616 profesores visitantes, no estamos en condiciones de determinar su procedencia o su nacionalidad (3). Tampoco se especifica si en las otras categoras docentes participan profesores de procedencia extranjera, como podra ser el caso de colaboradores, ayudantes doctores, contratados doctores, personal investigador u otros. En suma, por esta va, resulta imposible determinar el nivel de participacin del profesorado extranjero en la universidad pblica espaola. Lo que resulta ms significativo: ni siquiera remontndonos a la Encuesta Nacional de Inmigrantes 2007: una monografa (4), estamos en condiciones de mejorar nuestro conocimiento al respecto.

En cuanto a los datos ministeriales, la informacin que disponemos es selectiva y slo incluye referencias al Programa de movilidad del profesorado de mster y doctorado en la que han participado ms de 3000 personas. En ese respecto, el informe especifica la procedencia de los participantes: La mayor parte de los beneficiarios de este programa son profesores con nacionalidad espaola o de algn pas miembro de la UE 27 (5). Ms adelante, precisa las nacionalidades de los beneficiarios del programa de movilidad tanto en doctorados como en msteres oficiales respectivamente: Espaa (23,9 % / 35,5%), UE-27 (49,4 %/ 45,2%), EEUU y Canad (11,6%/ 8,7%), Amrica Latina y Caribe (9,2 % / 6.1%), Asia y Oceana (2,3%/ 1,4%), Resto de Europa (3,4%/ 2,9%) y frica (0,1% /0,3 %). Solamente Espaa, EEUU y Canad se aproximan al 60% del total. Por supuesto, cabra preguntarse qu representa, por ejemplo, el 0,1 % de frica en trminos absolutos. Aunque la informacin no lo detalla, cabe deducir que de todo el continente africano ha participado solamente una persona en dicho programa de movilidad. En otros trminos: el nmero de beneficiarios extracomunitarios, procedentes de pases perifricos, es notoriamente bajo.

Si procuramos analizar la estructura general del profesorado, la informacin disponible se centra en la distribucin por sexo y edad del profesorado, as como en su nivel de estudios y otras variables de las que queda rigurosamente excluida cualquier referencia a su procedencia. La constatacin no deja de ser sorprendente: si por una parte, las estadsticas oficiales ofrecen un mapa detallado de la estructura del alumnado -en la que se especifican, entre otras cuestiones, las diferentes nacionalidades de los y las alumnos/as-, por otra parte, no ocurre nada equivalente con respecto a la estructura del profesorado.

Dada esta diferencia, resulta plausible preguntarse por las razones por las cuales las instancias oficiales consideran no pertinente este tipo de informacin en un caso y pertinente en otro. A menos que existiera alguna clusula legal que impidiera la incorporacin laboral de profesores y profesoras de otros pases en el sistema universitario espaol, que tornara superflua dicha informacin, esta omisin no parece justificada.

3. El rgimen del profesorado en el sistema universitario espaol

Examinemos de forma sucinta el rgimen de profesorado del sistema universitario, regulado principalmente a base de real decretos, leyes orgnicas y los propios estatutos de las universidades (adems de reglamentaciones de orden inferior). Por un lado, en el real decreto 898/1985 (6) el artculo 1 del Ttulo I establece que el profesorado de las universidades est constituido por diferentes cuerpos de funcionarios docentes (catedrticos y profesores titulares tanto universitarios como de escuelas universitarias). El Ttulo II refiere, por otro lado, a profesores contratados (profesores asociados, visitantes y emritos). No bien queremos determinar quines pueden ser funcionarios docentes se nos remite a la Ley orgnica de reforma universitaria (LRU) (7), lo que no permite despejar nuestra duda, dado que en dicha ley slo se especifican requisitos legales, acadmicos y de edad, pero no de nacionalidad.

Con todo, en tanto se trata de una clase especfica de funcionariado, es de suponer que los extranjeros residentes extracomunitarios no estn habilitados legalmente para presentarse como funcionarios docentes, esto es, para ser profesores catedrticos o titulares. El Ttulo II, por su parte, no deja lugar a dudas: el inciso 3 del artculo 20 lo seala de forma expresa: 3. Los profesores asociados podrn ser de nacionalidad espaola o extranjera y habrn de reunir los requisitos que puedan establecer los Estatutos de la Universidad. A nuestros fines, no necesitamos ahondar en esos estatutos. Formalmente, no hay impedimentos para acceder como profesor/a contratado/a en lo que atae a personas de otras nacionalidades, independientemente del grado de dificultad (comparativamente mayor al profesorado nativo) que implica cumplir con los requisitos generales y especficos de las convocatorias (en particular, homologacin de ttulos, documentos acreditativos expedidos en pases de origen, conocimiento de la lengua autonmica en algunos casos, etc.).

Tras este breve examen, la pregunta que nos hacamos se hace ms relevante, mxime en un pas como Espaa en el que la poblacin inmigrante representa ms del 15% del total. Puesto que en un nivel normativo dicha poblacin no est excluida del acceso a la funcin docente (aunque de forma restringida), esta falta de registro no slo resulta injustificable, sino que adems nutre la sospecha de que el profesorado universitario migrante y refugiado es considerado por las autoridades pblicas como estadsticamente irrelevante. Lo dicho incluso podra desplazarse a un nivel ms primario: estos grupos no cuentan en trminos estadsticos porque su participacin efectiva dentro de la institucin universitaria sera de carcter excepcional. Habida cuenta de esta situacin de excepcionalidad, esto es, de la exclusin que se produce tendencialmente de estos colectivos, no constituira siquiera una categora significativa.

No obstante, incluso si dicha omisin se explicara en trminos metodolgicos, el efecto que produce no parece ser otro que el de bloquear cualquier investigacin al respecto. Por qu dejara de ser relevante el conocimiento (no slo estadstico) del nivel de participacin del profesorado universitario extranjero en el sistema universitario espaol? Es de suponer que dicho conocimiento permitira evaluar la necesidad de reformular la poltica universitaria vigente considerando la inclusin de esos grupos, acorde a un principio de no discriminacin (8).

En trminos ms generales: el tipo de conocimientos que producen las instituciones oficiales dista de ser satisfactorio en este aspecto. Polticamente, invisibilizan la presencia o ausencia de estos colectivos en el sistema universitario, as como su posicin eventual dentro de dicho sistema, impidiendo evaluar el grado de apertura institucional hacia el exterior.

4. Ms all de las estadsticas

Tampoco las estadsticas de empleo subsanan esta cuestin. Si consultamos, por ejemplo, los Anuarios de inmigracin proporcionados por el Observatorio Permanente de Inmigracin, no obtenemos resultados ms precisos (9). Si bien se especifican los grandes sectores en los que la poblacin extranjera residente se desempea con sus correspondientes permisos de trabajo, las referencias siguen siendo genricas. As, dentro de servicios, se incluyen Actividades profesionales, cientficas y tcnicas y Educacin, lo que no permite extraer ninguna informacin especfica vlida. Las estadsticas del Servicio Pblico de Empleo (SEPE) no mejoran esta incgnita: distribuyen las cifras del empleo por sector, sexo y edad, sin precisar la cantidad y tipo de contratos de extranjeros residentes en la educacin universitaria (10).

En sntesis, la va estadstica es, en este caso, una va muerta. La informacin pblica disponible no permite conocer el grado de insercin real del profesorado extranjero residente en el sistema universitario espaol, incluso cuando formalmente estn habilitados a participar en este tipo de actividad. Ni siquiera permite determinar cuntas personas inmigrantes y refugiadas con titulacin superior homologada estaran en situacin de acceder potencialmente al sistema universitario. Por lo dems, la creencia de que entre los ms de 5.500.000 de inmigrantes no hay perfiles habilitados para ese fin es completamente insostenible, a la luz de diversas investigaciones realizadas.

Por citar slo una fuente (Moreno Fuentes y Bruquetas Callejo, 2011: 41 [11]), las conclusiones al respecto son rotundas:

La bibliografa que estudia los vnculos entre nivel educativo y migracin muestra cmo aquellos que deciden emigrar se encuentran generalmente entre los mejor educados de su sociedad de origen (Beauchemin y Gonzlez, 2010).

Las razones para ello son claras. Emigrar constituye una apuesta difcil y onerosa en todo tipo de capitales (econmico, cultural, relacional, social, etc.). Los potenciales emigrantes ms educados se encuentran ms preparados para hacer frente a dichos costes. Esto implica que, aunque un determinado colectivo inmigrante tenga un nivel educativo relativamente bajo en comparacin con la poblacin autctona de la sociedad receptora, generalmente constituye, sin embargo, una seleccin de los ms formados de su lugar de origen. A partir de los datos recogidos por la ENI de 2007 podemos analizar los perfiles educativos de los diferentes colectivos extranjeros residentes en Espaa y compararlos con los de la poblacin autctona.

As, podemos observar que el nico colectivo extranjero que presenta un perfil educativo ms bajo que el de la poblacin autctona es el de los inmigrantes procedentes del continente africano, ya que la proporcin de los que tienen un nivel de educacin primaria o inferior dobla a la de los espaoles, y los que tienen algn tipo de estudio superior son la mitad que en la poblacin autctona. Con distintos equilibrios entre los diferentes niveles educativos, todos los dems colectivos extranjeros muestran un perfil de mayor nivel formativo que los espaoles.

Si bien podramos discutir la equiparacin entre educacin y nivel de escolarizacin, lo interesante aqu es la puesta en cuestin del estereotipo de una inmigracin de baja cualificacin o no cualificada. Por el contrario, dicha investigacin permite constatar que existe una franja relevante de inmigrantes con estudios superiores que oscila, segn el continente, entre valores mnimos del 8% y valores mximos del 30%.

Concluyamos, pues, que la falta de especificacin de la posicin relativa del profesorado universitario extranjero en el sistema universitario responde a un diseo estadstico ajustado a objetivos de conocimiento ms ligados al control de los flujos migratorios que a su inclusin igualitaria en las instituciones universitarias. El inters tcnico de este sujeto de conocimiento est orientado principalmente tanto i) a la relacin de la inmigracin con mercados de trabajo de baja cualificacin con escasez de mano de obra nativa como ii) a la relacin de este colectivo con el sistema de prestaciones pblicas, especialmente en lo atinente a su sostenibilidad econmica.

El supuesto tcito de esas investigaciones podra formularse del siguiente modo: la universidad no constituye un espacio significativo de insercin laboral para personal docente de otras procedencias. La clausura institucional de este espacio parece ser una premisa omnipresente: no slo no forma parte de las problematizaciones de este tipo de investigacin sino que tampoco constituye una preocupacin de las polticas de estado y, por extensin, de la poltica universitaria. Ms que una simple omisin, reafirma la escasa atencin que las llamadas polticas de integracin han prestado a la insercin laboral de extranjeros residentes acreditados en puestos relacionados a la docencia universitaria, a pesar de los profundos cambios socioculturales que los fenmenos migratorios han producido en la sociedad espaola, especialmente en las ltimas dos dcadas.

5. Subalternidad e interculturalidad

Aunque existe una bibliografa especializada relativamente extensa que nos permite reflexionar sobre los diversos modelos de gestin de la pluralidad cultural (12), el vnculo efectivo que se plantea entre la institucin universitaria espaola y profesores extranjeros residentes sigue estando marcado por la opacidad.

Como ocurre con otros sectores laborales, la posicin tendencialmente subalterna de estos colectivos sociales (salvando algunas elites profesionales) tampoco parece estar en entredicho en el campo universitario. La idea de que la universidad pblica constituye un espacio participativo, plural y abierto al exterior, vinculada a la universalizacin del saber, aunque forma parte de un imaginario progresista, no tiene ninguna correlacin con las polticas universitarias vigentes. Como otros espacios sociales, el sistema universitario forma parte de los espacios de produccin de hegemona y no hay razones vlidas para sustraer su dinmica de las prcticas sociales e institucionales que sostienen las condiciones del presente.

Paradjicamente, desde principios de milenio, las propuestas relacionadas a una pedagoga de la interculturalidad no han cesado de proliferar dentro del campo universitario, bajo la forma de postgrados, seminarios, jornadas y bibliografa terica y metodolgica abundantes. No deja de ser legtimo preguntarse si esa pedagoga no exigira como una de sus dimensiones centrales la inclusin de los otros no slo como objetos pedaggicos sino tambin como sujetos de la enseanza. Cmo podra, en efecto, defenderse una poltica de la interculturalidad sin resolver desigualdades mltiples, en este caso, provocadas por la procedencia?

El acceso igualitario a la docencia universitaria, independientemente a la raza, etnia, nacionalidad o grupo social, entre otras diferencias, forma parte de la problemtica ms amplia de la pluralidad cultural. Si bien lo expuesto nos permite sospechar la coherencia entre una retrica culturalmente pluralista y una prctica universitaria excluyente, ello no conduce necesariamente a la invalidacin de los discursos de la interculturalidad, que constituyen una apertura significativa, sino ms bien al cuestionamiento de una inconsecuencia persistente en la gestin de esa interculturalidad que abre la va a indagar en las posibles ambigedades tericas de este proyecto.

Para que la problemtica de la interculturalidad no quede reducida a una mera cuestin acadmica ms o menos prestigiosa, ha de ser elaborada y debatida desde una multiplicidad de posiciones de enunciacin. Difcilmente ello pueda producirse sin la inclusin institucional de los otros como sujetos del discurso terico y pedaggico. Slo esa pluralidad efectiva puede promover el descentramiento de las diferentes posiciones enunciativas, condicin necesaria aunque insuficiente para la produccin de una sociedad intercultural. En suma, es la ruptura de la subalternidad intelectual lo que hace posible que un proyecto intercultural tenga un sentido que desborde lo acadmico.

Si bien la opacidad estadstica no permite determinar si ese descentramiento se est produciendo y en qu medida, hay razones para suponer que los obstculos institucionales para una poltica intercultural son persistentes y no han cesado de crecer. Las mismas propuestas pedaggicas que hacen pensable ese camino estn afectadas por la crisis de financiacin estatal de la universidad pblica. En este sentido, la posibilidad de una pedagoga desde lo intercultural se parece cada vez ms a un proyecto remoto, cuando no a una mera veleidad.

Determinar la apertura universitaria por la disposicin intelectual, poltica y tica de los sujetos acadmicos es, cuando menos, unidimensional. Como cuestin fctica, tambin est ligada a la estructura del profesorado. La misma nocin de claustro para referirse a la comunidad docente no deja de ser sintomtica: en trminos etimolgicos, expresa ante todo un cierre y comparte su raz con clausura. En cualquier caso, difcilmente podra entenderse la apertura como no sea mediante la recuperacin institucional de experiencias pedaggicas e investigativas ligadas no slo a narrativas de la alteridad, sino tambin a la participacin efectiva de esos otros, capaces de contribuir a la produccin de una sociedad intercultural. Entretanto, las declaraciones al respecto se asemejan ms a un artculo de fe que a un vnculo simtrico con otros sujetos culturales.

6. En la encrucijada

No cabe subestimar las iniciativas individuales o grupales orientadas a la erosin de lo que hemos llamado clausura institucional. Sin embargo, seguirn resultando insuficientes mientras las desigualdades que aqu planteamos no sean transformadas a nivel institucional. Como problema pblico de primer orden, las serias deficiencias del estado espaol al momento de desarrollar una poltica de igualdad exigen un giro decisivo. La discriminacin institucionalizada -bajo leyes restrictivas, trato desigual, trabas burocrticas o invisibilizacin de otros colectivos sociales- no es a pesar del estado espaol, sino efecto de sus intervenciones, en tanto garante de unos privilegios institucionales.

La estratificacin de las ciudadanas que coexisten en Espaa es una realidad social inocultable. Que dentro de las universidades pblicas ese proceso sea menos visible no debera extraarnos. Choca con uno de sus ethos ms influyentes: la tica de la hospitalidad que marca algunas de sus mejores tradiciones intelectuales. En este punto, nos encontramos en la siguiente encrucijada: o reivindicamos una poltica interculturalista que promueva la construccin de condiciones igualitarias en una sociedad plural o cedemos a la tolerancia multiculturalista que bajo la retrica de la diferencia encubre la rgida jerarquizacin que se produce entre configuraciones culturales distintas.

Aunque esta clausura institucional de la universidad pblica no sea exclusiva a Espaa, es nuestra tarea documentar los modos en que se produce en cada contexto. Luego de dos dcadas de sucesivas olas migratorias de importancia y de un verdadero estallido de discursos aperturistas, no deja de ser significativo no slo que no se hayan producido cambios favorables para la inclusin igualitaria a nivel institucional de estos colectivos, sino que hayamos ingresado en un perodo ms regresivo aun, donde el mismo profesorado universitario nacional (por no hablar de las comunidades cientficas) se ven empujados a migrar en busca de las oportunidades que la poltica educativa vigente les niega a nivel nacional.

A pesar de lo dicho, es errneo suponer que las membranas institucionales son producto de la actual crisis econmica. Por el contrario, se trata de una regulacin implcita de larga duracin. Responde a una constelacin jurdica, poltica e ideolgica ligada, en particular, a la historia de la universidad. Aunque trazar esa historia rebasa este trabajo, la historia del profesorado como claustro y la emergencia de la institucin universitaria en la Alta Edad Media podran ser su punto de partida, sin desconocer el lugar central de los estados-nacin modernos en la construccin de fronteras entre la propia comunidad imaginada y los extranjeros, poniendo en juego la cuestin decisiva de la pertenencia y la exclusin. En trminos especficos, la configuracin social y cultural del campus universitario resulta impensable sin la referencia al blindaje etnocntrico que las autoridades coloniales han efectuado a lo largo de la historia moderna. El efecto duradero de ese blindaje es la produccin de una membrana jurdico-institucional que separa el interior del exterior e inhabilita al Otro como sujeto pedaggico.

Dadas esas condiciones, los discursos de la interculturalidad corren el riesgo de hacerse huecos o, ms precisamente, de convertirse en una mercanca cultural de elite, siendo su fuerza histrica y su base institucional dbiles. Hacer visibles los obstculos socio-institucionales presentes al momento de institucionalizarla, sin embargo, es un modo especfico de su reivindicacin. Forma parte de ese gesto concreto el llamar la atencin sobre una legislacin restrictiva y unas dificultades de acceso que la invisibilidad estadstica de los colectivos de inmigrantes y refugiados no hace sino agravar.

La buena nueva que hace ms de una dcada se celebr como interculturalidad es tambin la historia de una posibilidad si no reprimida s al menos neutralizada en sus efectos subversivos potenciales, incluyendo la reestructuracin del campo universitario. Pero como ocurre con otras problemticas de inters terico y poltico, luego de desmembrar al nio no cabe denunciar que no camina. La apertura terica ligada a algunas propuestas interculturales se ha topado con escollos serios, tanto poltico-institucionales como econmicos y culturales. No cabe separar la defensa de la universidad pblica lo que en ella persiste en tanto proyecto dialgico y crtico- del cuestionamiento de ciertas pautas de organizacin que segregan a especficos sujetos sociales. Desde el rescate de determinadas prcticas universitarias (pedaggicas e investigativas) que participan en tradiciones intelectuales y polticas que apuestan por una sociedad igualitaria, autnoma y justa, nuestra opcin es sealar aquello que, en sus estructuras, responde a una lgica antagnica. Es desde esas tradiciones especficas por las que la crtica institucional se hace pertinente y evita que la defensa de la universidad pblica se convierta en una simple apologa de los privilegios.

Notas:

  1. http://www.ine.es/prensa/np712.pdf

  2. El informe Datos y Cifras del Sistema Universitario Espaol (SUE) puede consultarse en http://www.mecd.gob.es/prensa-mecd/dms/mecd/prensa-mecd/actualidad/2013/01/20130118-datos-univer/2012-2013-datos-cifras.pdf

  3. http://www.ine.es/jaxi/tabla.do

  4. Dicha encuesta puede consultarse en versin electrnica en: http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924957585&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios%2FPYSLayoutm1=PYSDetalleGratuitas

  5. Datos y Cifras del Sistema Universitario Espaol (SUE), op.cit., p. 52.

  6. En particular, remito al REAL DECRETO 898/1985, de 30 de abril, sobre rgimen del profesorado universitario, modificado por los Reales Decretos 1200/1986, 554/1991 y 70/2000, en http://www.uv.es/pdi/NormvaProfLeg/RD898-1985_.pdf

  7. La ley orgnica de reforma universitaria data de 1983 y ha sido modificada posteriormente. Puede consultarse en :http://www.ual.es/Universidad/CCOO/Normativa/GESTION%20UNIVERSITARIA/TEMA%201/LEY%20ORGANICA%20DE%20REFORMA%20UNIVERSITARIA.pdf

  8. He trabajado sobre algunas formas de desigualdad en Migracin y mercados de trabajo en Espaa en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=167293 y La discriminacin en el mercado laboral espaol. Crisis capitalista y dualizacin social en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=133998.

  9. Dichos anuarios, por dems, estn actualizados slo hasta 2009. El ltimo anuario puede consultarse en: http://extranjeros.empleo.gob.es/es/ObservatorioPermanenteInmigracion/Anuarios/Anuario2009.html

  10. Puede consultarse al respecto http://www.sepe.es/contenido/estadisticas/datos_avance/contratos/index.html

  11. Francisco Javier Moreno Fuentes y Mara Bruquetas Callejo (2011): Inmigracin y Estado de bienestar en Espaa (2011, Fundacin La Caixa, Espaa. La versin electrnica puede consultarse en http://obrasocial.lacaixa.es/StaticFiles/StaticFiles/670e2a8ee75bf210VgnVCM1000000e8cf10aRCRD/es/vol31_es.pdf

  12. Al respecto, puede consultarse Francisco Colom (1998): Razones de identidad. Pluralismo cultural e integracin poltica, Anthropos, Barcelona, Ana Mara Lpez Sala (2005): Inmigrantes y Estados: la respuesta poltica ante la cuestin migratoria, .Anthropos, Barcelona y VVAA (2007): Diccionario de relaciones interculturales. Diversidad y Globalizacin, Complutense, Madrid.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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