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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-09-2013

Un movimiento sin sujeto (sobre la oposicin al rgimen espaol y sus lmites)

John Brown
Viento Sur


El problema, de las Mareas y del 15M en sus distintas expresiones es la enorme dificultad que experimentan a la hora de reproducirse como movimientos. Y es que un movimiento social al igual que los organismos vivos se encuentra en un metabolismo precario con su medio: su reproduccin, los intercambios internos y externos que lo posibilitan y lo hacen durar es un problema fundamental. Los movimientos sociales son productos del encuentro entre distintos factores y sujetos. Buen ejemplo de encuentro aleatorio es el que se dio en un final de manifestacin en la Puerta del Sol que se transform en acampada. Pero una acampada es una acampada, no est hecha para durar y el 15M solo pervivi transformndose en asambleas populares y deviniendo en algunos sectores, en concreto los servicios pblicos, ese espacio de encuentro entre los distintos miembros de la comunidad de la enseanza o de la sanidad conocido como las Mareas. Sin embargo, para que un movimiento social dure es necesario que se establezcan dinmicas que lo reproduzcan, necesitan la solidaridad del entorno y una capacidad interna de imaginarse a s mismo como una comunidad en movimiento. No bastan los muy felices encuentros de la multitud en la Puerta del Sol o de los profes, los estudiantes y los padres de alumnos en la Marea Verde o de mdicos, enfermeros, pacientes etc. en la Blanca, ni siquiera la eficacia y la inteligencia de la PAH. Hace falta algo ms, algo que d entidad, aunque sea aparente, al mero encuentro y que haga que las singularidades que se han encontrado funcionen "como una sola mente" (como, segn Spinoza, funcionaba la multitud en un Estado).

Para ello no bastan los anlisis tericos sesudos: la reproduccin de un grupo social se hace a base de ideologa, se basa en una imagen compartida de la propia comunidad como sujeto, en signos y significantes compartidos. La camiseta verde de la marea del mismo color suscit y suscita an miedo y odio entre las autoridades porque representaba un signo comn de una multitud que deba permanecer dispersa y solo dejarse unificar bajo los significantes del mando estatal, del soberano. Sin embargo, este signo, con todo su acierto, plantea un problema: se limita a la comunidad de la enseanza y no permite imaginar/significar una comunidad ms amplia. Por ello mismo puede injustamente, pero aqu no se trata de justicia tomarse como el signo de una reivindicacin corporativa, lo que, desde luego, no es, pues el esfuerzo por extender la reivindicacin de una enseanza pblica y de calidad al conjunto de la sociedad a travs de los distintos sectores directamente interesados, fue y sigue siendo muy apreciable. Falta, con todo, universalidad, falta un signo que dispute la universalidad, la representacin del todo de la sociedad a un Estado que, en Espaa, ms claramente que en otros pases, es un Estado de clase, el Estado de una parte de la sociedad. El signo capaz de aglutinar ha sido, en algunos pases latinoamericanos marcados en su cultura poltica por la imagen del Libertador, un dirigente capaz de aglutinar un bloque social nacional-popular en torno a l, asumiendo como propios los signos de la nacin: bandera, himno, historia, etc. Chvez, Correa o Evo Morales han podido as hacer suya esta necesaria universalidad en nombre de los sectores sociales mayoritarios y desfavorecidos, porque los significantes que constituyen la universalidad (la bandera, la historia, las instituciones polticas) estaban disponibles. No es este el caso del Estado espaol donde los significantes y los smbolos nacionales son los de un bando y de una parte del pas y no son reconocidos como propios por una parte muy importante de la poblacin. A nadie se le ocurre sacar una bandera rojigualda en una manifestacin, sencillamente porque sigue siendo un smbolo del enemigo o un smbolo extranjero para muchos. Quienes por despiste o derechismo sacaron banderas rojigualdas en movilizaciones del 15M los hubo pronto comprendieron que estos smbolos no estaban en su lugar al ver las caras de extraeza o incluso de hostilidad de los circunstantes.

Este problema de smbolos, sin embargo, est resuelto en algunas partes del Estado espaol. Si se compara la movilizacin que est teniendo lugar en el sector educativo de Baleares con las movilizaciones peninsulares advertiremos una diferencia gigantesca. En Baleares, la camiseta verde se combina con la senyera y con la defensa de la lengua catalana como lengua propia. Esto hace que la reivindicacin de la enseanza pblica tenga una posibilidad de convertirse en parte de una reivindicacin universal, de un proyecto de pas. El xito de las convocatorias y la perspectiva de que tome cuerpo una huelga general indefinida depende estrictamente de su capacidad de trascender el marco estricto de la enseanza. Lo mismo, pero al revs puede decirse de la enorme movilizacin popular que conoce hoy Catalua en torno al derecho a decidir: bajo los smbolos nacionales, los de la universalidad (la senyera o las distintas senyeras) se alojan multitud de reivindicaciones en gran medida contradictorias, pero se desarrolla tambin una poderosa fuerza de ruptura con el rgimen. El independentismo cataln, cuyo xito desborda a todas luces las expectativas de la burguesa catalana, es un sntoma de las crisis que atraviesan el rgimen espaol. En Catalua se est generando un sujeto poltico marcado por una fortsima aleatoriedad, un sujeto peligroso que puede llegar a desatar lo "atado y bien atado". Si en Baleares, en torno a una cuestin particular se ha aglutinado un bloque nacional-popular que recoge otras muchas reivindicaciones algunas de las cuales pueden incluso ser relativamente contradictorias bajo la defensa de la lengua y de la identidad cultural y en Catalua se produce tambin ese tipo de comunicacin entre lo universal imaginario y lo particular, es que se est constituyendo un sujeto poltico, posible portador de hegemona.

Un sujeto no es nunca un origen, sino un efecto. Como dice Spinoza, "la naturaleza no crea naciones": son las instituciones y las costumbres quienes los crean. Ya se trate de un sujeto colectivo como el pueblo o la nacin o de un sujeto individual, el sujeto se constituye siempre imaginariamente como resultado de tramas lingsticas y simblicas. Una marca perfectamente arbitraria como la circuncisin de los judos o el velo de las musulmanas puede ser decisivo a este respecto. Afirma el psicoanalista Jacques Lacan que "el sujeto es aquello que un significante representa ante otro significante", lo que sostiene la diferencia entre los significantes. Una bandera o una lengua o una historia cobran valor de significante en su oposicin a otros y no por virtud propia. Que un sujeto sea representado por un significante "ante otro significante", quiere decir que el sujeto carece de un significante propio y pasa metonmicamente de uno a otro. La senyera, la lengua catalana, etc. pueden ser significantes vlidos para representar a la multitud como pueblo en Catalua o Baleares, pero no en Afganistn, Burundi o Espaa. Todo significante en este sentido es vaco, pues no guarda ninguna relacin esencial de significacin con ningn significado concreto.

Algunas zonas del Estado espaol pueden as representar a sus multitudes como una universalidad a travs de los significantes que las representan y las constituyen como pueblo o nacin, mientras que en otras, es mucho ms problemtica esta constitucin imaginaria de los sujetos colectivos y, por lo tanto, ms difcil convertir una suma de reivindicaciones parciales en una demanda hegemnica. La pregunta es, en otros trminos, qu se puede hacer en las zonas donde la identidad cultural se ve hegemonizada casi exclusivamente por los aparatos de Estado, esto es en las zonas castellanohablantes del pas. En estas zonas, la lucha por la hegemona, por la constitucin del sujeto potencialmente hegemnico exige previamente un enfrentamiento abierto con el rgimen y sus smbolos, una guerra simblica en la que los movimientos sociales deben poder vencer, pues de ello depende la posibilidad de un sujeto poltico capaz de situarse fuera del imaginario del poder. El problema es que el resultado de una victoria en esa guerra es la condicin misma que permite ganarla: sin constituirse en sujeto colectivo hay pocas posibilidades de que una multitud logre liberarse de las redes simblicas del poder. El sujeto colectivo debe, en cierto modo como por cierto, todo sujeto concebirse a s mismo como siempre ya existente, autorizarse a s mismo, para llegar simplemente a existir. La mejor referencia simblica para los movimientos sociales que tienen que enfrentarse al rgimen espaol se encuentra, sin duda, en la historia de los movimientos populares y democrticos, en un pasado republicano cuya percepcin debe desprenderse de todo victimismo y de toda nostalgia. La historia que necesita el nuevo sujeto es una historia para el porvenir. Esto no lo han entendido en absoluto algunos de los ms prometedores movimientos socio-polticos de los ltimos aos. Uno de los puntos dbiles del 15M fue que, si bien afirmaban sus integrantes enfrentarse al rgimen, tenan una absurda aversin a los smbolos republicanos como smbolos que dividen y ms de una vez expulsaron a personas que llevaban una bandera tricolor como si esta fuera un smbolo de partido y no una propuesta de universalidad democrtica en absoluto reida con el protagonismo de la multitud. Esta actitud, lejos de ser anecdtica, priv al 15M, a pesar de su voluntad de "no dividir", de su universalidad. Lo que el 15M no lleg a comprender es que lo universal, en tanto que imaginario, no es nunca el todo, sino una parte; que, por consiguiente, toda universalidad se basa en una previa divisin. Si en la Revolucin francesa, el pueblo revolucionario eligi como antepasados a los Galos frente a los Francos que dieron nombre al pas, es porque no se puede producir universalidad a partir del todo como tal. El Tercer Estado que aspiraba a ser el todo de un pueblo, deba representarse a s mismo como una parte de la nacin, la plebe que reivindicaba su origen galorromano, enfrentada a la nobleza que se jactaba de su mtico origen franco. Si se est contra un rgimen de espeluznante pasado y de triste presente como el espaol, es preciso asumir plenamente los smbolos de esa oposicin. Sin ello, el poder sigue manteniendo como propio el espacio imaginario de la universalidad, sigue gozando del derecho exclusivo a hablar en nombre de la nacin y del inters general. Por este motivo, es necesario disputar efectivamente ese espacio, para poder hegemonizarlo con viejos nuevos signos y con las exigencias de una nueva constitucin material y formal, republicana y de los comunes. Ciudadanos: un esfuerzo ms si queris ser republicanos!

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article8320


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