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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-09-2013

Presentacin de "La vorgine del conflicto colombiano: una mirada desde las crceles", de Miguel ngel Beltrn
La crcel y el pensamiento crtico

Renn Vega Cantor
Rebelin


Dolor infinito deba ser el nico nombre de estas pginas.

Dolor infinito, porque el dolor del presidio es el ms rudo, el ms devastador de los dolores, el que mata la inteligencia, y seca el alma, y deja en ella huellas que no se borrarn jams.

Nace con un pedazo de hierro; arrastra consigo este mundo misterioso que agita cada corazn; crece nutrido de todas las penas sombras, y rueda, al fin, aumentado con todas las lgrimas abrasadoras.

Jos Mart, El presidio poltico en Cuba. (1873)

 

Tengo el privilegio de participar en este evento gracias a la invitacin personal que me ha hecho mi dilecto amigo Miguel ngel Beltrn, lo cual para m es un honor y una responsabilidad solidaria. Un honor que yo pueda dirigir unas palabras sobre su nuevo libro, y una responsabilidad, porque los profesores de la universidad pblica estamos siendo amenazados y es un deber y una obligacin oponernos a los designios de quienes representan a los pregoneros de la guerra y el odio. En esta ocasin quiero referirme de manera breve y panormica a tres cuestiones: al autor, a la obra, y a la crcel.

 

EL AUTOR

Una tendencia de la crtica literaria y bibliogrfica afirma que cuando se comenta una obra debe hacerse abstraccin de quin es el autor y centrarse en forma exclusiva en la obra misma, para juzgarla de manera intrnseca y entender desde dentro sus virtudes y limitaciones, con independencia de la produccin previa de un autor y de su trayectoria. Este presupuesto es difcil de aceptar cuando se comenta un libro como el que hoy estamos presentando, porque la vida de Miguel ngel Beltrn est indisolublemente ligada, incluso como autobiografa, a su obra La vorgine del conflicto colombiano. Por tal razn, antes de hablar del libro que nos convoca es indispensable referirnos a su autor, lo cual nos remite al contexto colombiano actual.

Miguel ngel es un notable estudioso e investigador de la realidad colombiana, pero no es un acadmico convencional, sino un activo participante en el drama de la vida nacional. Esto lo ha llevado a mirar la situacin del pas de una manera mucho ms profunda que la del investigador tradicional y del tpico profesor universitario, cuya relacin con el saber social es puramente instrumental, porque cada vez se asla ms del mundo real, se centra en forma endogmica en una especialidad restringida y vende el conocimiento como cualquier mercanca (como sucede en Colombia con los violentologos).

Ese vnculo entre el conocimiento y el compromiso atraviesa toda la vida y obra de Miguel ngel, siempre consagrada a la universidad pblica, tanto como estudiante (en la Universidad Distrital, la Universidad Nacional y la UNAM de Mxico) y como profesor. Este hecho es importante resaltarlo porque all se encuentra, a mi modo de ver, el origen de la persecucin que soporta nuestro colega y compaero.

Al respecto deben recordarse algunos hechos de esa persecucin, que evidencian una responsabilidad directa del Estado en general y del uribismo en particular. El 1 de marzo de 2008 el Estado colombiano cometi un crimen de guerra en Sucumbos Ecuador, lugar en el que fueron asesinados a mansalva 26 personas, entre ellas un ecuatoriano y cuatro estudiantes mexicanos, cuyos nombres no se pueden olvidar: Vernica Natalia Velzquez, Soren Ulises Avils, Juan Gonzlez del Castillo y Fernando Franco Delgado. Estas personas eran estudiantes de la UNAM y estaban vinculados al programa de Estudios Latinoamericanos. Adems, en esa ocasin se invent el mgico e indestructible computador de Ral Reyes donde, como en la lmpara de Aladino, todos los das siguen saliendo documentos que inculpan a Raimundo y todo el mundo de ser terroristas y donde se anuncian con increble precisin todos los hechos posteriores a 2008, en Colombia y en el mundo, tales como las luchas de la MANE, el Paro Agrario e incluso los ataques de Estados Unidos a Libia y a otros pases del medio oriente!

Aparte de calumniar a los estudiantes asesinados, para desviar la atencin por el crimen cometido, el uribismo y sus ulicos mediticos y acadmicos necesitaban un hecho de carcter internacional en el que se involucrara a un colombiano de la universidad pblica con la UNAM, entidad que vena siendo infiltrada en forma ilegal por ese gobierno, como se ha comprobado despus. El objetivo desde luego era claro: mostrar ante la opinin que esa respetable casa de estudios, la UNAM que ha dado acogida a perseguidos polticos de todo el mundo durante diversas pocas es un centro terrorista y, de esta manera, enlodar an ms la imagen de los cuatro estudiantes asesinados y justificar dicho crimen. En estas circunstancias, se prepara y efecta el secuestro de Miguel ngel Beltrn en Mxico, donde l estaba adelantando estudios de Posdoctorado. Este es un hecho vergonzoso para el Estado de Mxico, que se hizo cmplice de otro crimen del parauribismo y termin con una tradicin histrica de ese pas como territorio que daba asilo a refugiados y perseguidos. Al respecto en el libro que comentamos se encuentra un testimonio que reafirma esto que decimos, el del periodista Rafael Maldonado Piedrahita, entrevistado en 1991:

Mxico era para nosotros en ese momento, el Pars para los Europeos, el pas nacin donde histrica y tradicionalmente, los exiliados polticos y los intelectuales haban encontrado cobijo. Recordemos que todos los poetas latinoamericanos, que todos los panfletarios latinoamericanos, que toda la intelectualidad perseguida del continente, termina asilada en Mxico, entonces para nosotros formaba parte de esa tradicin cultural y poltica de asilo y ninguno de nosotros pensaba en Lima, Buenos Aires o Ro de Janeiro. Para nosotros el sitio obvio, natural, de asilo era Mxico. (p. 176).

El rgimen de Felipe Caldern rompi con esa tradicin de casi un siglo, lo que se reafirm con lo sucedido a Miguel ngel. ste fue secuestrado y trado en forma ilegal a Colombia, donde los esbirros del rgimen lo maltrataron y lo presentaron ante los medios de comunicacin como un peligroso terrorista y se inici un falso positivo judicial, que an no termina. Este hecho criminal fue avalado y amplificado por los medios de desinformacin masiva, con todo tipo de mentiras e infundios. La farsa dur dos largos aos en los cuales Miguel ngel permaneci tras las rejas, hasta que una a una se fueron cayendo las falsas pruebas y nuestro amigo qued en libertad.

Pero para l la tragedia no ha terminado, porque despus de su retorno a la Universidad Nacional, un Torquemada medieval que ocupa un alto cargo pblico se encarg de abrirle un proceso disciplinario absolutamente arbitrario, con las mismas falsas pruebas usadas por la Fiscala, y, como en el caso de la Senadora Piedad Crdoba, procedi a destituirlo de su cargo de profesor y a inhabilitarlo para ejercer cargos pblicos durante 13 aos, segn fall en primera instancia del 3 de septiembre de este ao. No sobra decir que esto representa la muerte laboral y pblica y la violenta interrupcin de una notable carrera docente e investigativa.

Hay que decirlo con todas las letras: este ataque planificado, realizado con toda la impunidad que ronda a los poderosos de este pas, se centra en forma personal en Miguel ngel, pero el asunto no se queda ah, porque lo que en realidad se est poniendo en cuestin es la libertad de pensamiento y opinin en general y en particular en el mbito universitario y acadmico, para que todos los que pensamos distinto a las clases dominantes y al Estado seamos acallados y criminalizados. El mensaje que transmite la Procuradura es similar al de los inquisidores y censores de todos los tiempos: aquel que piense, escriba, opine en forma distinta a la oficial sobre el conflicto interno colombiano es y ser considerado como un guerrillero desarmado o un terrorista de civil, que debe ser acallado y procesado en el mejor de los casos o asesinado y desaparecido, como sucedi con el tambin socilogo colombiano Alfredo Correa de Andreis, quien muri por accin del DAS el 17 de septiembre del 2004.

Entre parntesis, el 17 de este mes el DAS pidi perdn obligado y por orden judicial coloc una placa en la ciudad de Barranquilla, en el mismo lugar en donde fue asesinado el investigador costeo, con esta inscripcin: En memoria de Alfredo Correa De Andreis, asesinado en Barranquilla el 17 de septiembre de 2004. Hechos como los que originaron su muerte, jams debern repetirse. DAS en proceso de supresin, 17 de septiembre de 2013. Ese da Magda Correa de Andreis, hermana del profesor asesinado, sostuvo que una administracin tenebrosa le hizo un montaje que le provoc la muertei.

He aqu el meollo del asunto: los pensadores crticos e independientes han sido y siguen siendo perseguidos por una administracin tenebrosa y una (in)justicia tambin tenebrosa, que se basa en la mentira, la calumnia, la invencin de pruebas, para perseguir a todos los que disienten, con el fin adicional de reafirmar su proyecto de liquidar de una vez por todas con lo que queda de universidad pblica.

Mientras esto sucede, de lo cual Miguel ngel es la prueba ms palpable, los verdaderos criminales siguen actuando a sus anchas. Esto, por lo dems, no nos debe extraar porque en una sociedad traqueta, como lo es la colombiana, lo que da prestigio no es el estudio o el ejercicio del pensamiento, sino los crmenes cometidos. De ah que Pablo Escobar y sus mulos tengan tanta popularidad en el pas y en algunas universidades se dicten ctedras que llevan el nombre de parapolticos condenados, como sucede con Csar Prez Garca, responsable intelectual y organizador de la masacre de Segovia en 1988, en la que fueron asesinadas 43 personasii.

Pero no nos desviemos de nuestro objetivo, que es el de apreciar las calidades intelectuales, acadmicas y humanas de Miguel ngel Beltrn, cuya lmpida trayectoria de investigador no se ha visto entorpecida, ni mucho menos, por la privacin de la libertad y el acoso al que se ha visto sometido, y que lo ha llevado a exiliarse en forma forzosa. Por el contrario, y como claro ejemplo que el saber comprometido con las causas populares y las vastas mayoras de este pas, no tiene como objetivo intereses personales y falsos reconocimientos, Miguel ngel ha producido en los ltimos aos varias obras, entre las que cabe mencionar Crnicas del otro cambuche y La vorgine del conflicto colombiano.

Con esto se demuestra que, cuando se tienen convicciones profundas y principios definidos, ni la crcel ni la persecucin pueden silenciar a los pensadores ni ocultar las verdades que stos recuerdan a diario.

 

LA OBRA

La dura realidad latinoamericana se constituye en el trasfondo en el que se origina una importante produccin bibliogrfica crtica y alternativa a las explicaciones convencionales y conservadoras, y que desde el mismo siglo XIX ha ido forjando una rica y creativa veta explicativa sobre lo propio y especfico de nuestro continente.

Despus de la Revolucin Cubana y durante el ltimo medio siglo esa produccin bibliogrfica creci y se multiplic a lo largo y ancho del continente, dando origen a un gnero propio y forjado de manera creadora en estas tierras: el testimonio. Es tal la importancia de esta forma de reflexin y escritura que Casa de las Amricas ese faro de la cultura al que tanto debemos los latinoamericanos, con sede en La Habana cre hace muchos aos un premio a este gnero, el cual ha reconocido a valiosas obras, en las que emergen extraordinarias historias de seres annimos, que de otra manera nunca hubieran sido conocidas.

El gnero testimonio es un hibrido entre la literatura y la reflexin poltica y social, en el que se combinan la autobiografa, las historias de vida, la historia oral, las vivencias personales y el anlisis sociolgico e histrico. La importancia de este gnero testimonial estriba en que ha permitido conocer las voces de los vencidos, de los de abajo, de los humildes y ha producido obras de trascendencia universal, como Biografa de un cimarrn, de Miguel Barnet o Memorias de Miguel Mrmol, de Roque Dalton, para sealar tan solo dos ejemplos. En la primera se reconstruye la vida de Esteban Montejo, un antiguo esclavo que en 1963, cuando tena ms de cien aos, narr las peripecias de su extraordinaria existencia en la Cuba de finales del siglo XIX. En la segunda obra se recrea la apasionante vida de un dirigente del partido comunista de Salvador, que fue uno de los treinta mil fusilados de 1932 por la terrible dictadura de Maximiliano Hernndez Martnez, y que por pura suerte sobrevivi.

Desde la dcada de 1960 el gnero testimonial ha incursionado en diversos temas y se ha expandido en trminos geogrficas por todo el continente. Esto se explica por la misma complejidad y riqueza social y cultural de nuestras sociedades, diversidad y riqueza que se ha intentado extirpar mediante la fuerza bruta y el opio meditico, como lo han hecho las dictaduras militares y los regmenes de seguridad nacional Made in USA, todos los cuales dejaron, y dejan, una estela de sangre y horror, con el intento no solamente de destruir cualquier proyecto alternativo al capitalismo, como sucedi en Chile hace 40 aos, sino tambin de borrar la memoria de las luchas de los vencidos y legitimar los crmenes de las clases dominantes y de los Estados.

En ese contexto adquiere un significado especial el testimonio, porque se constituye en un medio literario, esttico y poltico en el sentido profundo del trminode dar a conocer la injusticia y desigualdad de nuestras sociedades, junto con la extraordinaria capacidad de resistencia, lucha e imaginacin de los explotados y oprimidos.

En nuestro pas tambin se ha consolidado el gnero testimonial, el cual se encuentra ntimamente ligado a la violencia estructural imperante desde hace varias dcadas. Entre esos aportes se pueden mencionar, a manera de ejemplos, la obra pionera Las Guerrillas del Llano de Eduardo Franco Isaza (1955) y las de Alfredo Molano. Esas obras han abierto camino a muchos autores, que han recurrido a la misma tcnica para contar sus historias personales y las de otras personas. En este sentido, habra que diferenciar, aunque su distancia sea sutil y relativa, entre el testimonio autobiogrfico y el testimonio que reconstruye la vida de otros. En cualquier caso, lo decisivo radica en que una obra de esta naturaleza relata hechos vividos en forma directa y se reconstruyen a travs de la palabra viva, la que luego es recreada por el escritor y se plasma en un texto impreso.

A esta tcnica es la que recurre Miguel ngel en su libro La vorgine del conflicto colombiano, a partir de su propia experiencia como preso poltico en varias crceles del pas. El autor vive en forma directa esa traumtica experiencia y a partir de all concibe y escribe esta enjundiosa obra, para mostrar tras los barrotes la compleja y terrible historia de Colombia, desde el 9 de abril hasta la actualidad. Con su mirada de socilogo, Miguel ngel escruta todo lo que se encuentra a su alrededor en la crcel y, recurriendo a un papel, a un lpiz y a su memoria personal, toma nota de todo lo que ve, y sobre todo, de lo que escucha. As, durante los largos 25 meses de su cautiverio, va armando un libro, primero en su cabeza, que luego plasma magistralmente en papel y que hoy tenemos la fortuna de conocer. En condiciones tan complicadas para la labor intelectual, el autor recurre a la tcnica testimonial de las historias de vida, a travs de las cuales describe un intrincado tejido social en el que se configura la trayectoria existencial de los reclusos de las crceles colombianas, pero en especial de aqullos que estn relacionados directamente con el conflicto armado.

Con una gran amplitud mental, pero con una notable firmeza poltica, Miguel ngel reconstruye el conflicto interno del pas, a travs de las voces y recuerdos de algunos de sus protagonistas directos, los cuales cuentan y analizan su propia vida, pero tambin la de Colombia. Con un estilo literario directo y comprensible se presentan testimonios de guerrilleros, paramilitares y miembros de los cuerpos represivos del Estado, con lo que se proporciona una imagen integral de la guerra que soportamos. Para el efecto, el libro se divide en tres partes: la primera se titula Protagonistas del conflicto (pp. 35-157), la segunda, La crcel: juntos pero no revueltos (159-282), y la tercera y ltima, los hilos del pasado (283-381).

En la primera parte se presentan, en su orden, testimonios de militares, paramilitares, guerrilleros y uno especial de un personaje que fue en forma sucesiva guerrillero, soldado y paramilitar, que es, como lo dice el autor, un caleidoscopio de la guerra en Colombia. En esta parte, se evidencia el origen humilde y campesino de las personas que participan e intervienen en forma directa en la guerra, y queda claro, sin necesidad de leer con mucho cuidado, que la violencia tiene un origen estructural, y opera como un mecanismo para perpetuar la desigualdad y la injusticia en beneficio de los poderosos, lo cual se ha sustentado en un prolongado terrorismo de Estado. Esto no lo dice el autor en forma directa, sino que emerge de los mismos testimonios, en los que queda claro, en contra del falso sentido comn que engendra el mismo Estado y falsimedia, que las violencias no son iguales ni simtricas, sino que la responsabilidad principal recae en el Estado, como lo dice Juan Carlos Lpez un suboficial (r) del Ejrcito, para quien las autodefensas son el ejrcito oculto del estado (p. 60). O como lo sostiene en forma enftica Yimmy, miembro de las Autodefensas Campesinas del Casanare:

Nosotros no fuimos los nicos victimarios [] hay agentes del Estado, altos funcionarios y polticos que tambin lo son y que contribuyeron a fortalecer las organizaciones de autodefensas.

[]la lucha de las autodefensas fue iniciativa del mismo Estado: la desaparicin forzada, las masacres fueron estrategias provenientes del mismo Estado y de sus agentes y nosotros recibimos de ellos sus instrucciones militares antisubversivas y hoy, detrs de estas rejas, venimos a darnos cuenta que fuimos utilizados por el Estado []. (pp. 87-88).

 

Este es un aspecto importante, porque hoy se difunde la falsa imagen que el Estado no es el principal responsable de la violencia y, en el mejor de los casos, que las violencias son simtricas. Con los testimonios que trae el libro de Miguel ngel se demuele esta falacia.

Esta primera parte transcurre, por decirlo as, en el mbito externo y previo a la crcel, cuando los protagonistas recuerdan sus episodios de guerra. La segunda parte se traslada de ese mbito externo al interno, a la crcel propiamente dicha. All lo que se cuenta es la miseria e injusticia de la crcel en Colombia, convertida en un verdadero molino de destruccin de los seres humanos que tienen la desgracia de llegar all, sin importar si son presos sociales o polticos, y ese lugar no tiene el mnimo atisbo de ser un centro de resocializacin o reeducacin como dice la propaganda oficial. Pero tambin se relata la manera como los presos polticos se organizan para no dejarse hundir en medio de la miseria y la desesperanza y mantienen sus concepciones y sus formas colectivas de lucha.

Estos presos polticos resisten a pesar de que el Estado y la prensa nieguen su existencia y como en la poca de Julio Csar Turbay Ayala se haya convertido en axioma la cnica afirmacin, que tambin aparece referenciada en el libro, de ese nefasto Presidente de la Repblica (1978-1982) que negando la existencia de esos prisioneros, haya dicho que aqu en Colombia el nico preso poltico soy yo. Esa negacin, que complementaba la negacin del conflicto armado interno, ha servido al Estado para violar los ms elementales derechos de los prisioneros y ocultar, literalmente, la existencia de unas 8.000 personas que estn detenidas por sus convicciones polticas.

Afortunadamente, voces valientes como las de Miguel ngel y la Fredy Julin Corts otro profesor de la Universidad Nacional encarcelado arbitrariamente y autor del libro Te cuento desde la prisin han mostrado con sus escritos y denuncias que en Colombia si hay presos polticos y que soportan condiciones indignas e inhumanas de existencia.

Finalmente, en la tercera parte del libro, Miguel ngel se anticipa y responde a la negacin de la historia sobre el origen del conflicto en Colombia que se acaba de oficializar en el Informe del grupo de Memoria Histrica, en donde se sostiene que ese conflicto se desencadena con la aparicin de la insurgencia de izquierda durante el Frente Nacional, con lo cual se lava la imagen de los partidos tradicionales y se borran sus crmenes (unos 300 mil muertos, por lo menos) durante la fase de la violencia partidista, entre 1945 y 1958. El autor reconstruye los hilos del pasado, que no han desaparecido, que unen el hoy y el ayer, y que implica, en trminos historiogrficos y polticos, incorporar la primera violencia para entender la actual. Eso se hace con el testimonio del padre de Miguel ngel, un oficial retirado de la Polica Nacional, en el que se recuerda parte de lo sucedido despus del asesinato de Gaitn y la violencia ejercida por pjaros y chulavitas, como se llamaba a los paramilitares de aquella poca. Tambin aparecen testimonios de otros momentos lgidos de la violencia contempornea, referidos al exterminio de la Unin Patritica y la persecucin al M-19 tras el robo de armas al Cantn Norte, efectuado a finales de 1978.

Hay que decir que por momentos el autor recurre a la irona, al valerse de algunos documentos oficiales en los que se dicen bellezas que nada tienen que ver con la realidad nacional, tal y como se patentiza con las afirmaciones de Turbay Ayala sobre la inexistencia de presos de conciencia en este pas en los aos de 1979-1980, cuando las crceles estaban repletas de miembros del M-19 y de otras organizaciones insurgentes, y cuando se haba generalizado la tortura contra los opositores polticos, como expresin clara del terrorismo de Estado.

 

LA CRCEL

Un ltimo punto al que me quiero referir en forma breve es el de la crcel, porque constituye el escenario en el que se concibi este libro y la temtica de fondo del mismo. La crcel simboliza a pequea y mediana escala la profunda injusticia y desigualdad imperante en este pas, porque all se traslada y evidencia la estructura de clases aqu existente.

No sorprende que los presos sociales pertenecientes, en trminos generales, a los sectores ms pobres y humildes de la sociedad y los presos polticos muchos de ellos de origen campesino estn hacinados en condiciones indignas y soportando todo tipo de vejmenes y humillaciones, mientras que los pocos presos de las clases dominantes (parapolticos, miembros del Paramento, delincuentes de cuello blanco como los Nule) o ligados a ella (como uno de los responsable de la masacre del Palacio de Justicia) residan en lugares que no tienen nada que envidiarle a los hoteles de cinco estrellas. En condiciones similares se encuentran los miembros del Ejrcito y la Polica responsables de crmenes de guerra y de lesa humanidad que disfrutan del Melgar Resort y hoteles parecidos, con comodidades increbles, las que nunca podr alcanzar un colombiano comn y corriente.

Los dos libros de Miguel ngel referidos en forma directa o indirecta a su arbitrario e injusto cautiverio nos dicen mucho sobre esa dura realidad que se quiere negar, pero que est ah y que nos abruma por su brutalidad: la de las crceles colombianas. All se consume la vida de miles de colombianos que no tuvieron la oportunidad de estudiar, de conseguir un empleo digno, de tener un ingreso que les permitiera sobrevivir a ellos y sus familias, que se vieron empujados a llevar drogas en su cuerpo hacia los Estados Unidos o aquellos que se han revelado contra la injusticia. Mientras tanto, reconocidos criminales, con un interminable prontuario se aprestan a ser senadores de la repblica, y mantienen su arrogancia, porque saben que la impunidad los protege y tolera todas sus acciones delictivas.

La crcel es un instrumento para aterrorizar y domesticar a la gente, para que asuma la desigualdad y la opresin como algo perfectamente normal y natural y por eso el rgimen carcelario reproduce al pie de la letra la lgica del capitalismo neoliberal, esto es, castigar a los cuerpos, para que su fuerza de trabajo est siempre disponible y a bajo precio. En el caso de los que piensan, la prisin es utilizada por el Estado terrorista para acallarlos e intimidarlos, para impedir que se difundan otras formas de ver la sociedad y el conflicto en este pas.

El libro de Miguel ngel Beltrn es un testimonio directo no slo de alguien que ha soportado todo tipo de maltratos y calumnias por parte del Estado y los dueos de este pas, sino, lo que es ms importante, de una persona que ha dado ejemplo de firmeza y dignidad, para no traficar de ninguna forma con su dolor a cambio de unas dadivas miserables que ofrece el rgimen. Con esto se demuestra que en Colombia, al igual que ha sucedido en otros lugares y otras pocas, hombres y mujeres valerosos han convertido a la crcel en otra escuela de la vida, para reafirmar sus convicciones y sus ideales de lucha. Esto nos recuerda lo dicho por el personaje central de la novela de Jack London, El vagabundo de las estrellas:

[] he conseguido evadirme de mi tumba, escapar de ella pese a la reclusin a la que me sometieron, en mi vuelo inusitado que muy pocos hombres libres han conocido. S, me ro de aquellos que creyeron encerrarme en este calabozo y que, por el contrario, me han abierto los siglos. Gracias al castigo, he podido ir recorriendo todas mis existencias anterioresiii.

Miguel ngel con sus libros, como el personaje de Jack London, se ha evadido de los carceleros, de aquellos que quieren encadenar el pensamiento con los grilletes de la censura y la intolerancia. Para terminar podemos recordar las palabras de Jos Mart, que aparecen en su texto sobre su experiencia como prisionero poltico en Espaa, cuando todava ondeaba la bandera del decrpito imperio ibrico sobre Cuba:

La honra puede ser mancillada.

La justicia puede ser vendida.

Todo puede ser desgarrado.

Pero la nocin del bien flota sobre todo, y no naufraga jams.

Salvadla en vuestra tierra, si no queris que en la historia de este mundo la primera que naufrague sea la vuestra.

Salvadla, ya que an podra ser nacin aquella, en que perdidos todos los sentimientos, quedase al fin el sentimiento del dolor y el de la propia dignidadiv.


NOTAS

i. El DAS no pidi ningn perdn: fue una obligacin, http://www.elespectador.com/noticias/judicial/el-das-no-pidio-ningun-perdon-fue-una-obligacion-articulo-447034

ii. En la pgina web de la Universidad Cooperativa puede leerse al respecto esta perla de impunidad La Facultad de Ingenieras de la sede Medelln celebr en su bloque ubicado en el sector de Buenos Aires el tradicional da del Ingeniero. [] El acto central de la celebracin fue el lanzamiento de la Ctedra Abierta de Ingeniera Csar Prez Garca por parte de la Directora Acadmica de la sede Medelln, Ligia Gonzlez Betancur. En la intervencin, mencion los comienzos de la Universidad y el papel que jug el doctor Prez Garca durante los primeros aos para la consolidacin de la institucin. De igual manera mencion sus calidades personales y profesionales. La Ctedra abierta se constituye como un espacio de apropiacin del conocimiento cientfico, tecnolgico y empresarial en aspectos de orden ingenieril. Se denomina abierta porque recibir personas interesadas de todos los sectores de la sociedad. Internamente busca que los estudiantes logren identificar aspectos acadmicos propios de su formacin, relacionados con las mejores prcticas y desarrollos actuales que se vienen gestando en grupos de investigacin, empresas y organizaciones nacionales e internacionales. http://www.centrohistorialopezmichelsen.hol.es/catedra-cesar-perez-garcia.html

iii. Jack London, El vagabundo de las estrellas, Plaza y Janes, Barcelona, 1975.

iv. Jos Mart, El presidio poltico en Cuba, disponible en http://jose-marti.org/jose_marti/obras/documentoshistoricos/presidiopolitico/presidio01.htm

 



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