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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-09-2013

Carlos Blanco Aguinaga, fillogo y crtico de la cultura

Antonio Ramos Gascn
Actualidad.es

Era un hombre sabio, finsimo lector y crtico muy sagaz que nos ha dejado pginas inolvidables sobre Quevedo, Unamuno u Octavio Paz


El pasado dia 12 ha muerto en su California latina y norteamericana Carlos Blanco Aguinaga. Durante las ltimas dcadas se nos fue haciendo mayor, casi sin que nos diramos cuenta. Tan poderosa y viva era, y es, para nosotros la imagen de su llegada a Madrid, en los aos sesenta, que el brillo intenso de esa memoria fue prevaleciendo sobre la bruma del inexorable paso del tiempo. Porque, para un puado de jvenes entonces, intelectual y polticamente inquietos, el paso de Carlos por Madrid fue extraordinariamente luminoso. Sobre todo, por la luz propia que Carlos posea; tambin, por contraste con la atmsfera griscea y roma del mundillo universitario de aquellos das.

Fue Soledad Ortega a quien siempre deber el contacto crucial con personas y cosas la que hizo posible mi primer encuentro con el seor Blanco, all en 1964. Tras una vida en el exilio desde la niez, Carlos haba venido a Salamanca, invitado a participar en el Congreso que celebr el centenario del nacimiento de Unamuno. Cuantos le conocimos en aquella primera visita, y quienes le conocieron despus durante su estancia en Madrid como director del programa de la Universidad de California (1966-1969), sucumbimos al encanto de su personalidad (no exenta de coquetera) y de su profunda y generosa inteligencia.

Todo en l contribua a ejercer una fuerte fascinacin entre el corto nmero de universitarios que nos sentamos desazonadamente incmodos en la Espaa de los sesenta. No obstante haber pasado su vida en el exilio, careca Carlos de nostalgia por el pasado,manifestando insaciable inters por la sociedad espaola del presente; siendo ya catedrtico,en muy prestigiosa y envidiada institucin,se mostraba siempre mucho ms interesado en los afanes de la gente joven que en la exhibicin de sus saberes frente al rancio crculo de sus colegas. Al escribir artculos y ensayos nos daba a nosotros! los borradores para que los sometiramos a crtica y correccin (!). Hablaba y escriba un estupendo ingls (circunstancia inslita en exilados de viejo cuo). Era refinado de maneras; poblaba su cultsimo castellano de mejicanismos que a nosotros se nos antojaban exticos y deliciosos. Y, por ltimo,aunque no asunto menor, junto a su esposa, Iris, reciba en su abierta casa de Zurbano o de La Jolla ofreciendo compartir un buen escocs, un gintonic o un martini seco, preparado con primor y ortodoxia.

Lo acaba de proclamar Rafa Chirbes, y es verdad: Carlos era un hombre sabio, un finsimo lector y un crtico muy sagaz, educado entre lo mejor de la filologa americana: Buenos Aires, Colegio de Mxico, Harvard. Gracias a su habilidad filolgica no solo tenemos el legado de inolvidables pginas sobre la poesa de Quevedo y la tradicin petrarquista sino, tambin, los combativos ensayos sobre la juventud del noventayocho, sobre los sonetos de Baudelaire o sobre Octavio Paz, ensayista. Tal vez su gran contribucin fue poner la filologa al servicio de la crtica social de la cultura.

El retorno de Carlos Blanco a su ctedra en California,en el otoo del 69, produjo algn desconcierto en los medios universitarios e intelectuales americanos y espaoles: se empiezan a suceder sus escritos de inequvoca orientacin marxista y sus preocupaciones ciudadanas y profesionales revelan de manera manifiesta su compromiso con los valores y prcticas de izquierda. De la izquierda europea y, sobre todo, de la latinoamericana, especialmente al comprobar el rumbo de la Transicin espaola.

Evocar cabalmente la figura de Carlos y rendir homenaje a su memoria supone, de necesidad, dejar clara constancia de que ese compromiso ideolgico y poltico fue medular en todo cuanto Carlos hizo y escribi a partir de sus aos madrileos. El liberalismo templado cuando no abiertamente conservador del medio intelectual y universitario en el que Carlos desarroll su exitoso despegue profesional fue, poco a poco, enfriando el entusiasmo por su persona y por su labor. Pero he sido testigo, sin embargo, cientos de veces, del enorme respeto que, hasta hoy, sigui suscitando la mera invocacin de su nombre y de su autoritas acadmica.

En tiempos de huelga moral, Carlos Blanco Aguinaga fue un hombre ejemplarmente coherente. Y es esa estela luminosa de coherencia la que ahora se me superpone a la fulgurante luz con que aterriz en Madrid, hace ya medio siglo.

Antonio Ramos Gascn es profesor emrito de la Universidad de Minnesota.

Fuente: http://actualidades.es/noticias/carlos-blanco-aguinaga-filologo-y-critico-de-la-cultura



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