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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-09-2013

Por sus muertos

M. Enrique Ruiz del Rosal
Rebelin


El 19 de abril de este ao, la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Espaola (CEE, en adelante), anunciaba la beatificacin de unos quinientos hermanos nuestros para el prximo 13 de octubre, en Tarragona. En principio, la jerarqua catlica puede conmemorar a sus correligionarios, vivos o muertos (s, asesinados) cmo y cuando desee. Pero cuando esta decisin se contextualiza, deja de parecer tan virtuosa. Qu tenemos que decir de esta conmemoracin desde el laicismo?

Un principio laicista inequvoco es la igualdad de trato para todas las creencias, sean religiosas o de cualquier otra naturaleza. Por eso debemos comenzar denunciando que la Iglesia catlica (Ic, en adelante) considere la beatificacin de 522 mrtires como un acto de humanidad y reconciliacin, mientras que acuse de reabrir las heridas de la Guerra Civil cada vez que se ha planteado restituir la memoria de los miles de [email protected] [email protected] por el bando franquista durante la guerra, o de [email protected] ms 50.000 [email protected] que hubo en la sangrienta posguerra, as como la bsqueda de sus restos.

Quizs comprendamos mejor este acto humanitario y reconciliador si lo contextualizamos. La Asamblea Plenaria de la CEE afirma que las personas canonizables murieron durante la persecucin religiosa de los aos treinta del siglo XX, y la verdad histrica es que la inmensa mayora de los 6.800 eclesisticos asesinados, as como la inmensa mayora de los muertos o asesinados republicanos, lo fueron a raz del golpe militar y la subsiguiente guerra y no durante la Repblica, como interesadamente pregona la Ic. La Historia es tozuda: sin el golpe no hubiera existido esa catstrofe humana, y la consiguiente limpieza tnica de [email protected] no se hubiera producido.

Tambin oculta la jerarqua catlica que fue inductora necesaria del enfrentamiento desde el mismo da de la proclamacin de la II Repblica, fundamentalmente porque pretenda mantener sus exorbitantes privilegios, y no porque fuera perseguida y no tuviera ms remedio (ver las cartas de Gom al Vaticano).

Tampoco pueden impedir los obispos que la historia los honre como los artfices de la conversin de una sangrienta contienda en cruzada, a partir de su Carta Colectiva de 1937, alabando el sentido cristiano de la guerra, convenciendo al mundo de que la causa de los golpistas era la de la civilizacin cristiana y oponindose a una rendicin pactada, desde que en 1937 lo sugiriera el Vaticano, e insistiendo en una rendicin incondicional y humillante.

Resulta difcil olvidar que la autorizacin de esta (toda) canonizacin cuenta con el visto bueno del papa, sucesor directo de aqul Po XII que el 16 de abril de 1939 declarara que la nacin elegida por Dios acaba de dar a los proslitos del atesmo materialista la prueba de que, por encima de todo, estn los valores de la religin. A ello aadiremos la reiteracin de la beatificacin de otros 498 mrtires que tuvo lugar en Roma, en 2007.

Afirma la Conferencia Episcopal, en su mensaje del 19 de abril de este ao, que los mrtires murieron perdonando y que desea ser sembradora de humanidad y reconciliacin, pero en dicho mensaje rememora, para que no haya dudas, una frase de su Asamblea Plenaria de 26 de noviembre de 1999: el testimonio de miles de mrtires y santos ha sido ms fuerte que las insidias y violencias de los falsos profetas de la irreligiosidad y del atesmo.

Por qu esta beatfica iniciativa de los obispos es humanitaria, reconciliadora y conveniente y la memoria histrica de los republicanos reabre heridas y es inconveniente? Slo existe una explicacin lgica: los obispos espaoles, 74 aos despus, siguen pensando que los beatos son los nuestros y los republicanos no son los nuestros. El mismo maniquesmo rampln de una manera de entender las creencias (religiosas o no) como definidoras de una identidad dominante y excluyente de todas las dems identidades que conforman la vida de las personas. As suele suceder con la religin, con la nacin, la etnia

Una vez definido el campo del nosotros y el del ellos resulta fcil, y hasta lgico, percibir una realidad sesgada: cuando mueren los nuestros, son nuestros muertos. No. Ni humanidad, ni reconciliacin. La jerarqua catlica, con estas beatificaciones, sigue identificndose casi ocho dcadas despus con quienes acabaron por la fuerza con el poder civil republicano, con los perpetradores del golpe militar y los causantes directos de la guerra y, en definitiva, con los vencedores. Y ni siquiera ha realizado un gesto de asuncin de su responsabilidad en tamaa barbarie.

Un ltimo comentario en relacin con el mensaje del 19 de abril citado: la jerarqua episcopal declara que la Iglesia ha sido agraciada con un gran nmero de estos testigos privilegiados, entindase, asesinados. Resulta imposible, desde una ptica cvica, compartir el alborozo episcopal porque hayan matado a un gran nmero de los suyos. Es sta la misma Iglesia que dice defender la vida? La misma que saca a sus masas a la calle y desestabiliza gobiernos y sociedades para defender la existencia de un zigoto? Si la barbarie beneficia a los nuestros, ya no es barbarie, es una bendicin del cielo y hemos sido agraciados?

Siendo preocupante la actitud de la jerarqua catlica, el problema grave, en lo que se relaciona con este asunto, lo tenemos en el mbito poltico y cvico, toda vez que est gobernando este pas un partido, el PP, que es sociolgicamente heredero de los vencedores, y que a pesar de tantos aos transcurridos no reconoce que el golpe militar de 1936, que devino en una guerra, origin una sangrienta y terrorista dictadura que practic una autntica limpieza tnica con todo lo que tuvo relacin con [email protected] [email protected] ([email protected], [email protected], militares, militantes polticos y sindicales, intelectuales, artistas). Ello sin olvidar la humillacin y el acoso sufrido por tantas mujeres identificadas con los colectivos mencionados y el adoctrinamiento ideolgico impuesto sobre las conciencias de decenas de miles de ni@s.

Esta historia, que qued sepultada durante los aos de la largusima dictadura, no se ha transmitido para conocimiento de las jvenes generaciones, lo que les ha permitido crecer sin apenas reconocer el grado criminal y terrorista de la dictadura franquista. Y esta incultura democrtica, muy extendida en la sociedad, es particularmente patrimonio de las generaciones de polticos de la derecha surgidos desde la Transicin.

Una vez ms, y en el mbito del laicismo, nuestras lites polticas volvern a estar presentes en estos actos confesionales, sin ninguna conciencia de que su participacin supone un agravio intolerable para una parte importante de [email protected] con todo tipo de creencias (religiosas o no). Con su presencia, contaminan sus cargos pblicos, que se deben a toda la ciudadana, y deslegitiman la democracia. Un paso ms en la desafeccin hacia nuestras instituciones.

La citada beatificacin tendr lugar en el Complejo Educativo de Tarragona, dependiente del Departamento de Enseanza de la Generalitat de Catalunya. As pues, una vez ms, se pondrn recursos pblicos (de [email protected] [email protected] [email protected]) al servicio de unas creencias particulares, las catlicas, pisoteando lo establecido en la Constitucin acerca de la no confesionalidad del Estado. Por el contrario, esta prctica discriminatoria viene siendo moneda habitual en los usos de este Estado, apellidado Constitucional y Democrtico.

Por lo tanto no es creble el mensaje episcopal: ni humanidad ni reconciliacin. Muy al contrario, victoria de los suyos frente a la irreligiosidad y el atesmo. Realmente se creen este discurso todos los catlicos espaoles? No tienen nada que decir? No tenemos que exigir dignidad democrtica a nuestros polticos? Tal vez unos y otros lo estn haciendo por sus muertos?

M. Enrique Ruiz del Rosal. Presidente de la Asociacin Laica de Rivas Vaciamadrid

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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