Portada :: Palestina y Oriente Prximo :: Intervencin en Siria
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-09-2013

De cmo Mosc evit el ataque

Robert Fisk
The Independent/La Jornada


La delegacin siria a Mosc parti de Damasco la noche del sbado 7 de septiembre, tanto para enfrentar su destino como para negociar. El presidente estadunidense Barack Obama y el presidente ruso Vladimir Putin haban estado incubando su plan para evitar ataques estadunidenses con misiles, y Walid Muallem, el extremadamente astuto ministro sirio del Exterior, no tena idea de lo que se trataba. Lejos de llevar propuestas a Rusia, quera averiguar lo que saba el canciller ruso Serguei Lavrov... si es que saba algo.

Era una situacin muy extraa. Siria no quera ser atacada por Estados Unidos luego del uso de gas sarn en Damasco la noche del 21 de agosto, pero deba de tener claro que el rgimen sirio, blanco principal de los misiles crucero, haba sido hecho a un lado. Rusia tomaba las decisiones.

Muallem y su equipo bien conocidos en el mundo rabe y especialmente en Irn (y en los viejos tiempos en Londres, Washington y Pars) llegaron exhaustos al aeropuerto Sheremetyevo al amanecer del domingo 8 de septiembre y se registraron, como siempre en Mosc, en el Presidente, junto al ro Moscova, hotel cavernoso y desangelado de la era Brejnev. Su cita con Lavrov se fij para el lunes en la cancillera rusa. Los sirios, an cansados del vuelo nocturno, llamaron a Damasco y observaron programas de televisin de Washington va satlite.

Era un momento de la historia de Siria del que Muallem y sus colegas estaban ms que conscientes. La poltica exterior de su pas o tal vez la militar era decidida por otros. Y as ocurri que el 9 de septiembre Muallem estaba sentado frente a Lavrov en la cancillera. El ruso dijo sin rodeos a los sirios lo que pensaba: fue obvio desde el principio que crea que Obama atacara a Siria.

No era una buena noticia, en especial porque Lavrov dej en claro que la operacin definitivamente ocurrira. Hubo alguna discusin antes que Muallem expresara la posicin de su pas: que si la verdadera razn de la agresin propuesta contra Siria eran las armas qumicas, entonces los medios diplomticos no se haban agotado.

A los sirios les agrada Lavrov; creen (no s con qu pruebas) que escribe poesa en su tiempo libre, algo que de modo natural atrae a un pueblo que a menudo aprende de memoria poemas rabes desde antes de aprender a escribir. Es un buen amigo de los rabes, es un dicho constante en Damasco. Queda a los lectores discernir si es verdad.

Escarbar como sabueso en busca de detalles de la diplomacia ruso-siria ya no se diga de la extraordinaria relacin militar es como vagar por el laberinto del Minotauro. Un giro equivocado puede poner en peligro al reportero, hacerlo perder una antigua amistad, enfurecer a un contacto o irritar a un funcionario por un matiz de significado perdido en la traduccin.As que mientras este corresponsal en Damasco camina de puntitas entre las fuentes rusas y sirias, debe recordar los riesgos. Esto es lo mejor que puedo hacer y tengo todos los motivos para creer que da en el blanco. Es una historia que nos habla del futuro Estado sirio.

Sea como fuere, Lavrov puso fin a la conversacin diciendo a Muallem que ira de inmediato a ver al presidente Putin en el Kremlin. Ya volver, seal en forma perentoria. Muallem insisti una vez ms en que la diplomacia no est agotada. Deba de tener la esperanza de no equivocarse; despus de todo, si estaba en un error, tal vez no habra un aeropuerto en Damasco al que pudiera regresar.

Los sirios volvieron al hotel Presidente para comer. En Washington, John Kerry cacareaba ms amenazas: los sirios deben entregar las armas qumicas, tienen slo una semana para presentar un inventario. A las 5 de la tarde, Lavrov llam a Muallem. Deban reunirse en una hora: habra una conferencia de prensa.

Todo este tiempo Muallem haba insistido en que Siria quera firmar el tratado de prohibicin de armas qumicas. Sin embargo, todo el mundo, incluidos los rusos, saba que el arsenal qumico de Siria era su nica defensa estratgica fuerte si el pas enfrentaba una guerra final con Israel. Aun as, Muallem no saba lo que le aguardaba; ni l ni sus colegas haban dormido en 36 horas.

Lavrov estaba preocupado por varias razones. Si los estadunidenses atacaban Siria, destruiran el ejrcito de Bashar Assad. Los islamitas podran irrumpir en Damasco y las fuerzas rusas que tienen una base naval e infantes de marina en el puerto sirio de Tarts y otras naves de guerra en el oriente del Mediterrneo se veran forzadas a reaccionar. Esa era, por lo menos, la versin rusa de los acontecimientos.

Lavrov revel a Muallem el acuerdo forjado por Putin: todas las armas qumicas de Siria seran vigiladas, los detalles se entregaran en unos das, todos los inventarios quedaran bajo control internacional en el curso de un ao. Y los rusos agradeceran que Muallem tuviera la bondad de acceder, en una conferencia de prensa que se realizara esa tarde.

Muallem llam a Damasco. Habl con el gobierno y, por supuesto, con el presidente Bashar Assad. ste accedi. Y as, un exhausto y compungido Muallem apareci frente a las cmaras de la televisin mundial al parecer abrumado de cansancio para decir s (en palabras de los rusos).

Siria quera salvar a su pueblo de la agresin y puso toda su confianza en sus amigos rusos. Uno de sus asistentes, Bouthaina Shaaban, tambin consejero de Assad, pareca igualmente abrumado.

Ms tarde, Muallem dijo a Lavrov que el acuerdo obtenido con Siria era el arma nmero uno de su pas. Y Lavrov respondi: Su mejor arma somos nosotros.

Y eso fue todo. Mosc se haba convertido en el disuasor estratgico de Siria. El Kremlin manda.

Traduccin: Jorge Anaya

Fuente original: http://www.jornada.unam.mx/2013/09/27/opinion/023a1mun



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