Portada :: Chile :: A 40 aos del golpe de estado
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-09-2013

Editorial de Punto Final
Nunca ms?

Punto Final


Perdn y nunca ms fueron las expresiones ms trajinadas en discursos y declaraciones con motivo del 40 aniversario del golpe militar. Se abus de ellas a tal punto, que quedaron despojadas de todo significado, incluso de la pizca de autenticidad que pudieron tener al principio. Hoy forman parte del listado de lugares comunes que caracterizan los desabridos discursos de nuestra fauna poltica. Ni las peticiones de perdn eran sinceras, ni el ingenuo propsito de nunca ms tena asidero en la realidad.

Desde luego, ni los verdugos de ayer ni sus cmplices pasivos -como llam el presidente Piera a los que con su silencio protegieron a los criminales-, pidieron perdn ni prometieron nunca ms. Tan es as, que se ha vuelto a hablar de delacin compensada para comprar con impunidad la informacin que necesita la justicia para llegar a la verdad. Sin embargo, para qu querran torturadores y asesinos arriesgar la seguridad que les garantiza el pacto de silencio que encubre su pasado? Los autores intelectuales y materiales del golpe jams han pedido perdn ni prometido nunca ms. Menos an han contribuido con informacin que permita hallar los cuerpos de los detenidos desaparecidos o reconstruir la verdad y sancionar a los responsables de crmenes de lesa humanidad.

Todo el horror de la dictadura -que recin comienza a conocerse-, se mantiene latente y agazapado en los pliegues de la institucionalidad heredada. El golpismo est en condiciones de dar otro zarpazo si el pueblo -como lo hizo en 1970- decide elegir un gobierno dotado de un programa cuyo destino final sea el socialismo. El nunca ms slo funcionar si el imperio norteamericano, la oligarqua y las instituciones armadas de Chile otorgan su aprobacin a gobiernos y programas, como han venido hacindolo desde 1989 mediante gobiernos formalmente elegidos por el pueblo pero que han pasado primero por el cedazo del capitalismo. El golpe que derroc al gobierno constitucional y democrtico del presidente Salvador Allende, se consum en el marco de la guerra fra. Washington no permiti que en Amrica Latina surgiera -esta vez como fruto de una eleccin- otro gobierno que, como el de Cuba, planteara construir el socialismo. La guerra fra ya no existe, es cierto. La URSS se derrumb bajo el peso de un sistema herrumbroso y burocrtico, cuyas aberraciones impidieron enfrentar con xito las maniobras desestabilizadoras de Washington y el Vaticano. Pero Amrica Latina sigue siendo el patio trasero de la potencia imperial que se arroga el derecho de declarar guerras preventivas, espiar gobiernos, empresas y ciudadanos en todo el mundo, practicar el secuestro y el asesinato poltico, el golpe de Estado y la invasin si lo requieren sus intereses. Los golpes de Estado en Amrica Latina han seguido ocurriendo sin la guerra fra. El 11 de abril de 2002 se produjo el golpe que en Venezuela derroc al presidente Hugo Chvez, restituido en su cargo en 48 horas gracias a la potente respuesta del pueblo revolucionario y de la mayora de las fuerzas armadas. No obstante, la Repblica Bolivariana de Venezuela, fundada por el comandante Hugo Chvez, sigue sufriendo un incesante asedio imperialista. La hostilidad de EE.UU. -apoyada en una sedicente oposicin digitalizada por Washington-, incluye maniobras clsicas de la CIA, que conocimos en Chile en los 70, que van desde provocar desabastecimiento de alimentos para causar malestar en la poblacin, hasta planes de magnicidio para eliminar al presidente Nicols Maduro. Cabe recordar que la Socialdemocracia y la Democracia Cristiana -piezas maestras de la Concertacin en Chile, hoy llamada Nueva Mayora-, son enemigos jurados de la revolucin bolivariana y de los instrumentos de integracin surgidos de su iniciativa diplomtica: la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra Amrica (Alba), la Unin de las Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeos (Celac). Precisamente, por adherir a este proceso de unidad latinoamericana fueron derrocados los presidentes de Honduras, Manuel Zelaya, y de Paraguay, Fernando Lugo, en 2009 y 2012, respectivamente. Contra ellos el golpismo invoc argumentos constitucionales, como se intent hacer en Chile antes de apelar a la fuerza bruta. Pero no solo Venezuela, Honduras y Paraguay han sufrido la intervencin imperialista. Tambin en Ecuador se intent derrocar al presidente Rafael Correa para poner fin a su revolucin ciudadana. En Bolivia, en tanto, se pretendi fracturar el pas para detener el proceso que encabeza el presidente Evo Morales.

En Chile nada sustantivo ha cambiado en las FF.AA. y Carabineros en 40 aos. Siguen siendo la guardia de corps de la oligarqua y de los intereses del imperio en Chile. El liderazgo tutelar de Pinochet contina inspirando al ejrcito, aunque muchos de sus crmenes y robos estn probados judicialmente. En la historia castrense Pinochet sigue siendo el tercer Capitn General del Ejrcito, junto al padre de la Patria, Bernardo OHiggins, y su sucesor el general Ramn Freire. Nadie se ha atrevido a tomar la iniciativa de degradarlo y mucho menos de anular el ttulo honorfico de Comandante en Jefe Benemrito del Ejrcito de Chile, que sus generales le confirieron en 1998. Ni tampoco rebautizar la Carretera Austral, que lleva su nombre. En la Armada Nacional ocurre otro tanto. El almirante Jos Toribio Merino, verdadero articulador del golpe de 1973, tiene un monumento de tres metros de altura en la Avenida de los Marinos Ilustres del Museo de la Marina, en Valparaso. Merino -que con voz aguardentosa llamaba humanoides a los que luchaban por liberar a Chile de la tirana-, se ha convertido en un ejemplo para las nuevas generaciones de marinos! El almirante que convirti el buque-escuela Esmeralda, la Academia de Guerra Naval y el Fuerte Silva Palma en centros de tortura y muerte, es el faro que gua la formacin de oficiales de la Armada.

Con fuerzas armadas que no han hecho la reconversin necesaria para democratizar sus estructuras y formar a su personal en el respeto de los derechos humanos, el nunca ms puede terminar en cualquier instante. La derecha lo ha insinuado para detener la demanda de una Asamblea Constituyente. Por eso la desconfianza con que la civilidad mira a las instituciones heredadas de la dictadura. Todo ciudadano sabe, aunque no lo diga por el miedo que subyace en la sociedad chilena, que plantear con voz clara las demandas ciudadanas en un programa de justicia social y participacin democrtica, como hicieron los chilenos de los 70, puede hacer que la oligarqua y el imperio abran la jaula de los leones. Es una amenaza ms feroz que hace 40 aos. Un presupuesto que llega a los 8.842 millones de dlares hace de las FF.AA. una casta privilegiada del Estado.

Estamos condenados entonces a limitar nuestras aspiraciones democrticas y de justicia social para no irritar al golpismo? El destino del movimiento popular es sumergirse en la Concertacin y entregar a socialdemcratas y democratacristianos la decisin de acoger -en acuerdo con la derecha- demandas que por su moderacin obtengan la aprobacin del empresariado y las fuerzas armadas? Por supuesto que no! El camino debe ser otro: trabajar en la construccin de una fuerza social y poltica mayoritaria que permita, fundamentalmente desde la calle, convocar a una Asamblea Constituyente. Es un proceso para levantar una alternativa popular cuyo programa -la nueva Constitucin- incluya a instituciones armadas democratizadas y cuyo derrotero sea un sistema basado en la solidaridad, la paz y la integracin latinoamericana. Cuando la unidad se haya forjado en la conciencia y en la accin de la mayora ciudadana, recin se podr hablar de nunca ms.

Nunca ms fuerzas armadas y policiales al servicio de la oligarqua y del imperio. Nunca ms un pueblo castrado en su capacidad y derecho de construir una sociedad ms justa.

  Editorial de Punto Final, edicin N 790, 27 de septiembre, 2013
www.puntofinal.cl


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