Portada :: Chile :: A 40 aos del golpe de estado
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-10-2013

Perdones obscenos

Alvaro Ramis
Punto Final


A 40 aos, abundancia de perdones. La derecha y la Concertacin, la Asociacin de Magistrados, colegios profesionales, hasta el presidente de la Repblica. Este 11 de septiembre una avalancha de personalidades ha irrumpido con solemnes declaraciones pidiendo perdn a la sociedad chilena. A primera vista, aparece como un gesto tardo, pero sano y justo. Pero a poco andar algo no cuadra. Detrs de tanta palabra grave quedan pendientes muchas preguntas que no terminan de encontrar respuesta. A menos de dos meses de una eleccin presidencial, queda en el aire la autenticidad de estas palabras.

La actriz Claudia di Girlamo de inmediato lo puso de relieve: Pidan todo el perdn que quieran, pero digan dnde estn los desaparecidos, demand. Algo similar observ monseor Alfonso Baeza: Pedir perdn es un avance, pero no basta con eso. Sobre todo si son personas que han tenido y que tienen la posibilidad de hacer una accin concreta, como por ejemplo, si alguien sabe, o supo, o estuvo en momentos en que se torturaban personas o grupos y sabe que desaparecieron. Si pide perdn est bien, pero si no hace nada para reparar el dao, me parece que no es una cosa correcta.

El primero que se lanz al ruedo pidiendo su absolucin pblica fue el senador de la UDI Hernn Larran: Personalmente jams he tomado parte en hechos de violencia, estuve la mitad del periodo de la UP estudiando fuera de Chile y no integr el gobierno militar. Sin embargo, Larran ejerci como vicerrector de la Pontificia Universidad Catlica entre 1976-1986. Entre el 73 y el 89, veintiocho estudiantes y acadmicos de la PUC fueron asesinados o hechos desaparecer. Como Eduardo Jara, secuestrado por la CNI el 23 de julio de 1980 junto con su compaera de estudios, Cecilia Alzamora, cuando buscaba matricularse en el ltimo semestre de Periodismo, que cursaba gracias a una beca. Simultneamente, la Universidad que diriga Larran se convirti en el laboratorio de ideas del rgimen: la Facultad de Economa, asesorndolo con las ideas de la Universidad de Chicago y la Facultad de Derecho, de Jaime Guzmn, como constitucionalista del nuevo orden poltico. La violencia y el rgimen militar no estaban tan alejados de Larran, como afirma ahora.

 

NO TENGO POR QUE PEDIR PERDON

Al da siguiente Evelyn Matthei reaccion a las declaraciones de Larran: Yo tena veinte aos cuando fue el golpe, no tengo porqu pedir perdn () no tena cmo haber hecho nada ms, no tena ningn cargo pblico. Palabras duras en boca de la hija del ex miembro de la junta militar, general Fernando Matthei, que adems desempe cargos pblicos bajo la dictadura, en la Superintendencia de AFPs y en el llamado Consejo Econmico y Social.

Pero la declaracin ms disonante fue la de Camilo Escalona, quien pidi perdn por la conducta que yo pude tener, al ser parte de la polarizacin y de una confrontacin que nos llevaba a miles de estudiantes a enfrentarnos en las calles a peascazos y de manera enteramente descontrolada. Escalona se refera a su rol como presidente de la Federacin de Estudiantes Secundarios durante la UP. Al momento del golpe, Escalona recin haba cumplido los 18 aos, al igual que sus compaeros de Liceo 6 de San Miguel. Si el senador Escalona siente culpa por los peascazos lanzados cuando era adolescente, tiene todo el derecho a hacerlo. Pero intentar homologar, aunque sea indirectamente, las movilizaciones estudiantiles a la violencia genocida de la dictadura, muestra quines son los destinatarios de sus palabras.

Igualmente chocantes fueron las declaraciones del presidente del Partido Socialista, diputado Osvaldo Andrade, que pidi perdn por los muchos excesos de su partido durante la UP. Tan disonantes resultan sus dichos, que incluso el ex presidente Ricardo Lagos sali a clarificar: No hay que pedir perdn por lo que hizo Allende, seal, recordando que con Salvador Allende, el 11 de septiembre en este pas haba un Parlamento que cumpla sus funciones () existan tribunales de justicia que hacan la tarea y la separacin de poderes en este pas exista y se respetaba, hasta el 11 de septiembre .

 

LAS EVASIVAS

DE LA DC

La DC ha participado con evidente incomodidad en el debate. Evelyn Matthei, junto con evadir el perdn, les incrimin directamente: Ac el golpe de Estado no vino porque s, no vino de la nada. La DC prcticamente pidi el golpe. Ignacio Walker sali a responderle que su partido no tiene motivos para pedir perdn, porque ha luchado por la libertad, la justicia y el respeto por los derechos humanos () la DC podra haber sido acusada de ingenuidad, pero no de ser golpista.

Eduardo Frei Ruiz-Tagle le apoy diciendo que no hay ningn documento que pruebe que (la DC) apoy el golpe de Estado. Afirmaciones que contrastan con el propio documento oficial del partido, presentado por el senador Mariano Ruiz-Esquide y el ex ministro Belisario Velasco. En ese texto se reconoce abiertamente que en la DC existieron dos posturas: Una oficial, que explic la intervencin militar argumentando el clima de inestabilidad, inseguridad y amenaza de enfrentamiento () y una disidente, que conden el golpe de Estado. Velasco y Ruiz-Esquide fueron parte de los 13 disidentes, lo que les honra y exculpa individualmente. Pero su posicin fue disidente, ya que la posicin oficial, la que entraa responsabilidad institucional cae sobre la directiva presidida en ese momento por Patricio Aylwin. Por eso Ignacio Walker y su directiva estn obligados a responder por la posicin oficial, sin esconderse tras la posicin de los disidentes.

 

LAS RESPONSABILIDADES JUDICIALES

En el caso de los jueces, el debate tom un nivel ms elevado. La Asociacin Nacional de Magistrados record que el Poder Judicial pudo y debi hacer mucho ms, mxime cuando fue la nica institucin de la Repblica que no fue intervenida por el gobierno de facto . La respuesta que emiti la Corte Suprema a esta interpelacin es interesante, porque clarifica varias nebulosas que abri la avalancha de perdones. Milton Juica, ex presidente de la Corte Suprema, lo expresa claro: Un organismo del Estado no debe pedir perdn, sino que tiene que explicar. La declaracin de la Corte Suprema no asumi la palabra perdn. Y tiene toda la razn al hacerlo. Quienes deben pedir perdn son los jueces de ese momento, uno por uno, que como sealan los magistrados, incurrieron en acciones y omisiones impropias de su funcin al decretar la inadmisibilidad o el rechazo de miles de recursos de amparo y se negaron, sistemticamente, a investigar las acciones criminales perpetradas por agentes del Estado y fueron renuentes a constituirse personalmente en los centros de detencin y tortura. No se pueden escabullir bajo el paraguas de un perdn institucional.

 

HACIA UN CONSENSO DE 2013?

Siguiendo el argumento de la Corte Suprema, lo que cabe a las instituciones, poderes del Estado, partidos polticos, universidades, organizaciones, es reconocer responsabilidades, reparar integralmente a los afectados y establecer mecanismos verificables que garanticen que nunca se repetirn esos hechos. Ms que un cntico de suplicantes lo que se necesita es un criterio de Estado, que establezca un mnimo de cara al pasado y, sobre todo, de cara al futuro. Tal vez ese criterio se puede fijar en una frase: Nada justifica los atropellos a los derechos humanos, como seal el presidente Piera. O nada justifica los atropellos a la dignidad de las personas cometidos a partir de 1973, como dijo el arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati. Es una frase breve, pero seala un adentro y un afuera. Pone un lmite claro entre los que justifican el golpe y la violencia genocida y los que no lo justifican. Parece una separacin modesta, de sentido comn. Pero lamentablemente en Chile existen actores poderossimos que no entraran dentro de este consenso.

Por ejemplo El Mercurio , que en su lnea editorial contina hasta hoy justificando el pronunciamiento y sigue denominando gobierno militar al rgimen dictatorial, rehusando reconocer sus graves responsabilidades desde la gestacin del golpe hasta la actualidad. Si nada justifica, se debera establecer un criterio que excluya de la recepcin de fondos pblicos por concepto de publicidad estatal a los medios que justifican.

Es necesario exigir a los partidos polticos que se autorregulen de modo que ninguno de sus candidatos justifique lo injustificable. Si existiera esa norma interna, polticos como Ivn Moreira, que afirma: Hasta cundo la derecha pide perdn por algo en que no tiene responsabilidad, no podran ser candidatos, porque se sitan a s mismos fuera de un marco cvico de convivencia, libremente concordado. Si nada justifica, quienes comparten la opinin de Carlos Cceres que niega que las violaciones a los derechos humanos fueran poltica de Estado y que consideran que los crmenes polticos fueron hechos puntuales, circunstanciales, no podran ser designados en cargos pblicos o cursar ascensos, si son uniformados.

Nada justifica que cmplices pasivos sigan ocupando altos cargos pblicos de responsabilidad. Nada justifica que la ley de amnista siga vigente. Nada justifica que Carabineros, bajo dependencia poltica del gobierno de turno, siga violentando arbitrariamente la libertad de expresin y el derecho a manifestacin de los ciudadanos. Nada justifica que las FF.AA. mantengan grados y honores militares a los criminales que ensucian su historia. En definitiva, nada justifica mantener la Constitucin de 1980, la expresin cotidiana y ms palpable de la violencia, la bestialidad y la obscenidad del pinochetismo.

 

 

 

 

 

RECUADRO

Los perdones que valen

 

El perdn no es un valor exclusivo del cristianismo porque todas las tradiciones religiosas, espirituales y culturales le dan un lugar destacado y lo entienden de forma parecida. Es una dimensin de las relaciones humanas que radica en la esfera pre-poltica, en el mbito de los vnculos intersubjetivos, anterior al contrato por el que entramos en sociedad. Es el campo en que nos regimos por relaciones de alianza, basados en sentimientos y reciprocidad. Todos hemos experimentado su efecto a nivel de pareja, familia, amigos, colegas, personas con las que tenemos relaciones de confianza. Tiene sentido en la medida en que restablece un vnculo preexistente. Exige humildad en quien lo pide y generosidad en quien perdona.

Su valor radica en la sinceridad y autenticidad. Quien pide perdn debe admitir la falta cometida, reconocer el dao causado, expresar una clara intencin de restituir o reparar el dao y enmendar su conducta en el futuro. Quin perdona lo hace libremente, de forma gratuita, en el momento en que lo siente posible y necesario. Por ello se vicia si existe doblez, o se usa como estratagema para alcanzar algo distinto que la restitucin de una relacin personal quebrada por un error o una ofensa. Los perdones que valen se piden y se ofrecen en la intimidad, de forma directa, sin mediadores o por personas interpuestas.

El perdn no cabe en las relaciones institucionales, entre un gobierno y los ciudadanos ni entre los Estados, en las relaciones econmicas, comerciales, laborales, donde nos vinculamos por la va del contrato. En esa dimensin, lo que cabe es reconocer responsabilidades e incumplimientos con el fin de restablecer unas relaciones funcionales. Si una empresa nos afecta, los usuarios no esperamos que nos pida perdn, sino que nos explique claramente los motivos del incumplimiento, nos d una indemnizacin y nos demuestre que no volver a inclumplir el acuerdo pactado. Y si falla un gobierno, lo que cabe es depurar responsabilidades por la va de procedimientos transparentes y preestablecidos.

El perdn nunca se debe confundir con el indulto o la amnista. Estos son actos jurdicos, que se han establecido con el fin de salvar la legitimidad del sistema judicial, ya que la condicin humana hace posible el error del procedimiento o la injusticia de los jueces. El indulto corrige o elimina una pena, pero la persona sigue siendo culpable. La amnista supone la anulacin del delito. Lo que importa en ambos casos es que el sistema jurdico opere con justicia, y de esa forma no se castigue a inocentes ni se apliquen penas excesivas o arbitrarias. Como la alianza y el contrato(1) son campos distintos, es posible perdonar y a la vez exigir que opere el sistema judicial. Puedo perdonar a mi ofensor, pero la sociedad permanecer obligada a establecer sanciones penales debido a que la ley tiene un valor social, ya que su rol es promover la ejemplaridad pblica y salvaguardar su imparcialidad

 

Publicado en Punto Final, edicin N 790, 27 de septiembre, 2013

 

www.puntofinal.cl

 



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