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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-09-2013

Para qu estamos? Cuestionando el compromiso de los militares

Manuel Pardo de Donlebn
Rebelin


La evolucin de los acontecimientos en estas ltimas semanas generan una gran ansiedad entre las personas decentes y responsables. La situacin de crisis extrema, agudizada hasta el extremo en el contexto espaol por la aparente incapacidad de ofrecer alternativas crebles desde los responsables polticos, sumada a la creciente posibilidad de una extensin atropellada del conflicto en Oriente Medio, encienden todas las alarmas de la ciudadana inerme.

Se multiplican los llamados a las intervenciones militares, dentro y fuera de nuestro territorio. Por una parte, el independentismo cataln, si bien sujeto a enormes manipulaciones, ha sido expresado de manera rotunda y absolutamente pacfica, lo que no obsta a los numerosos opinadores de la derecha meditica a exigir una contundente respuesta, utilizando si es menester todas las herramientas que prev la Carta Magna. Este es, segn el ABC, peridico de referencia de la jerarqua militar, la sutil llamada al empleo de las FAS, basndose en que la misin de stas es la defensa de la unidad de Espaa, segn qued consagrado en una Constitucin redactada bajo la constante amenaza del golpe militar. Y no hay ms matizaciones que hubieran sido dignas de consideracin por el constituyente, como que su intervencin nicamente estara justificada en caso de un enfrentamiento secesionista armado.

Por otra parte, el enquistado conflicto en oriente medio se intenta mostrar como una amenaza a la seguridad de occidente y un imperativo de defensa de los derechos humanos. A quienquiera que le preocupe el asunto y no quiera verse adormecido por la machacante propaganda oficial le resulta evidente que una intervencin de los EEUU,con el apoyo activo o pasivo del Estado Espaol, no traer otra cosa que ms miseria, ms destruccin y ms muerte. Los derechos humanos no han sido nunca una preocupacin para los EEUU, como lo demuestra su negativa a firmar el Tratado de Roma y someterse al Tribunal Penal Internacional. Su absoluto desprecio por ellos ha quedado en evidencia en las numerosas intervenciones en las que ha participado, con o sin armas de destruccin masiva, en Vietnam, Panam, Afganistn o Irak. En todos los casos, su actuacin no ha hecho ms que empeorar las condiciones de vida de sus sufridas poblaciones, alimentando un rencor planetario que hoy se manifiesta explosivo. En estas condiciones, que papel juegan los pases aliados? y sus fuerzas armadas?

Las fuerzas armadas espaolas son herederas directas del franquismo, del que conservan su sistema de valores elitistas, enmascarados en una opacidad y hermetismo notables. Los poderes pblicos han sido incapaces de ir ms all de una precipitada e incondicional entrada en la OTAN, como forma de neutralizar su tendencia a la intervencin en la poltica interna. El lgico alivio con que esto fue contemplado por la opinin pblica (la profesionalizacin de los militares) se ha visto acompaado por una implicacin, cada vez ms activa, en los peores desmanes del poder imperial (hasta el paroxismo, en el caso de Irak), sin advertir las consecuencias de ello en trminos de incremento de riesgos, orientaciones estratgicas ajenas y costossimos sistemas de armas que no nos defienden de ningn enemigo que no nos hayamos creado en el camino.

Entretanto, los militares profesionales hemos sido leales al mando, conscientes de que la unidad de las FAS es esencial para mantener su capacidad operativa; y a muchos de nosotros, casi han llegado a convencernos de que las recetas neoliberales ofrecan una solucin digna para todos: trabajo abundante, riqueza repartida y sensacin de paz y seguridad. Nuestra actividad profesional escrupulosa y seria constituira un armazn de seguridad que permitira la libre realizacin de las potencialidades humanas aqu y all, sin reparar en los tremendos costes que una aparente bonanza en nuestro entorno inmediato estaba generando en cada vez ms extensas capas de la poblacin mundial.

Las consecuencias de una situacin de verdadera emergencia nacional, golpeando ya sin piedad en los entornos familiares, profesionales y sociales ms inmediatos, conducen a los profesionales de las fuerzas armadas a cuestionarse seriamente sus responsabilidades en el sostenimiento de este sistema, diseado para la dominacin y el expolio. Dnde ha quedado la supuesta soberana nacional, cuando las grandes decisiones econmicas y hasta las modificaciones a la Constitucin del 78 vienen impuestas desde fuera? Quines son nuestros aliados, que nos conducen a guerras genocidas, cuando no suicidas, para mejorar las cuentas de resultados del gran capital transnacional? Por qu hemos de ser una amenaza o un factor de inhibicin para la inmensa mayora de la poblacin que desea fervientemente un cambio radical en la distribucin de la riqueza o en la forma de organizarse polticamente?

A los soldados se nos ha enseado, desde siempre, a alimentar unos valores con gran arraigo emocional y sentimental, concebidos para dotar de solidez y coherencia a una poderosa maquinaria de destruccin, que a su vez conlleva enormes riesgos para la integridad de sus componentes (a pesar de que los avances tecnolgicos han alejado cada vez ms el riesgo de daos propios, sin reparar en los del enemigo). El patriotismo, la lealtad, el compaerismo, la disciplina, etc, son valores meramente instrumentales para mantener la cohesin del aparato militar; pero, de qu sirven si ste es empleado como instrumento contra el propio pueblo o contra pueblos que no suponen una amenaza militar para el nuestro?

El aparato militar no puede, de ninguna manera, ser utilizado para castigar pulsiones nacionalistas o demandas de un nuevo contrato social que son expresadas pacficamente. Es el juego poltico y la negociacin el campo en el que hay que dirimir las diferencias, extremando la empata de las partes con la generosidad de reconocer, an sin compartir, las razones del otro. Las apelaciones al papel de las Fuerzas Armadas en este contexto estn completamente fuera de lugar, por cuanto supone el chantaje inaceptable de la imposicin por la fuerza.

Tampoco, para ayudar en la guerra de otros. Con ser terrible la situacin en Siria, a cuyo decurso han contribuido con entusiasmo poderosos intereses econmicos y geoestratgicos, una intervencin armada de los Estados Unidos y sus aliados no va a conseguir otra cosa que liberar una oleada de destruccin de alcance incalculable. Y todo, al precio de arruinar el nico e imperfecto sistema de regulacin de los conflictos del que la humanidad se ha dotado, las Naciones Unidas. La utilizacin de las bases americanas para esta operacin ira mucho ms all que la mera retrica de las declaraciones de apoyo, haciendo cmplice al Estado Espaol de las graves consecuencias de la intervencin.

El recurso a la fuerza est nicamente justificado en caso de agresin armada, abierta o encubierta. El pueblo espaol ha de exigir de sus gobernantes la adopcin como principio del consagrado en la Constitucin de la Segunda Repblica: Espaa renuncia a la guerra como instrumento de poltica nacional. En consecuencia, hay que abandonar la OTAN y desmantelar las bases americanas. La jerarqua militar debe tener los arrestos necesarios para resistirse a una manipulacin por parte de los sectores sociales en el poder, mostrando de manera decidida su no disposicin a intervenir en cualesquiera conflictos que deban ser resueltos por vas pacficas. Y los profesionales de las fuerzas armadas tienen que tomar conciencia de las responsabilidades que asumen en el empleo de la violencia, si finalmente son arrastrados a hacerlo por intereses sectarios.

Manuel Pardo de Donlebn, Capitn de Navo de la Armada, en la Reserva

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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