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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-09-2013

Nins, noss y sins en la izquierda anti-imperialista
Quin quiere la intervencin en Siria?

Santiago Alba Rico
Rebelin


Hay algo tramposillo o, si se quiere, mentirosillo en la condena de la llamada posicin ni-ni, que con tan robustos argumentos ha promovido, por ejemplo, Bricmont. Es tramposilla o mentirosilla porque obliga a aceptar un reparto binario del mundo y una lgica esquemticamente negativa. Es adems simplificadora y elitista: todas las mltiples fuerzas que operan sobre el terreno, con sus pequeos mrgenes de autonoma, quedan as subsumidas en una de estas dos: o un imperialismo que habra orquestado un fabuloso montaje y a cuyas rdenes estaran no slo gobiernos, organizaciones internacionales, intelectuales y mercenarios sino incluso millones de comparsas locales comprados o alienados; o -del otro lado- un ncleo resistente, anti-imperialista, apoyado por una lite insobornable, lcida, consciente, dura, obligada a defender la verdad contra los ejrcitos de la OTAN, los peridicos y la gente.

No creo que en el caso de Siria haya ningn ni-ni en ninguna parte. Estn los que, como Bricmont, consideran que hay dos polos enfrentados y piensan que hay que posicionarse slo contra la intervencin (diciendo un ms o menos sonoro s al rgimen sirio, mal menor o rompiente del imperialismo dominante); estn tambin los que, como Henri-Levy, consideran que hay dos polos enfrentados y que hay que posicionarse slo contra el rgimen sirio (y dicen un ms o menos sonoro s a la intervencin, bien siempre mayor que el mal insuperable de una dictadura sangrienta). Estas dos posiciones, claro, se mantienen desde el exterior de Siria. En el interior, quien mantiene la posicin de Bricmont es el rgimen, que se apoya en su anti-imperialismo para seguir matando a su pueblo. Y quien mantiene la posicin de Henri-Levy es una parte de ese pueblo, incapaz de representarse las consecuencias de un bombardeo estadounidense, pero que vive todos los das en carne propia los bombardeos coloniales de su propio gobierno. La lgica de Bricmont, por lo dems, lleva a proponer -y al rgimen sirio a aceptar- el apoyo, la complicidad, la compaa de la extrema-derecha europea, que es manifiestamente pro-rgimen y anti-intervencin.

Luego, en el exterior y en el interior, estamos tambin los que partimos de una lgica afirmativa. No nos pronunciamos contra nada sino a favor de algunos principios defendidos colectivamente sobre el terreno. Estamos a favor -digamos- de la autodeterminacin democrtica del pueblo sirio, impulso de la revuelta pacfica inicial tronchada por la ferocidad de la represin. Pero, claro, en un mundo complejo, omnis determinatio est negatio (por decirlo pedantemente con Spinoza): toda afirmacin es negacin o, si se quiere, toda autodeterminacin es negacin, y la afirmacin de la autodeterminacin democrtica de Siria slo puede hacerse contra Bachar Al-Assad y, al mismo tiempo, contra Israel, el imperialismo estadounidense, las potencias del Golfo, Al-Qaeda, Rusia e Irn. Muchos enemigos, se dir; un rosario de nis, en efecto, pero que se despliegan ante nuestros ojos, con lgica inflexible de combate, a partir de la defensa de un s inicial todava vigente, de un proyecto positivo que choca sobre el terreno contra innumerables negaciones. Esta posicin -qu duda cabe- es mucho ms simplificadora que la de los que asumen la complejidad de la situacin y concluyen rpidamente que es necesario apoyar a Al-Assad -y hasta considerarlo bueno- porque el Satn EEUU viene amagando una intervencin contra l desde hace dos aos.

La crtica de los inexistentes ni-ni se basa en el sndrome del espectador del hipdromo: no estamos sobre la pista, no somos ni caballos ni jinetes, nos limitamos a apostar y dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo, entre carrera y carrera, a criticar a los otros espectadores. Pero dentro de Siria hay una corriente laica y democrtica, tambin de izquierdas, que, porque defiende el proyecto positivo de la autodeterminacin democrtica del pueblo sirio, dice un No rotundo, al mismo tiempo, a la dictadura assadiana y a la intervencin (y de paso se manifiesta contra el yihadismo e incluso combate militarmente contra Al-Qaeda, como los kurdos y algunas brigadas del ELS). Que esa corriente democrtica, la que comenz la revolucin en marzo de 2011, haya visto desplazado su protagonismo se debe al menos a tres factores: la brutalidad del rgimen, que ha matado, encarcelado o desterrado a varias generaciones de activistas democrticos con la colaboracin de Rusia e Irn; la financiacin criminal, por parte de Arabia Saud y, en menor medida, Qatar y Turqua, de los sangrientos grupos yihadistas, que estn aprovechando, de manera casi leninista, la ocasin que se les brinda; y el abandono, indiferencia o rechazo de la izquierda internacional. A esos tres hay que aadir un cuarto: unos medios de comunicacin, tanto comerciales como alternativos, que ocultan sistemticamente la lucha an viva de los sectores de izquierdas, laicos y democrticos.

Confieso con ingenuidad que se me antoja extraa la dificultad de ciertos sectores anti-imperialistas para comprender a la izquierda siria que se opone al rgimen. Por ejemplo, a todos nos debe importar mucho esclarecer el criminal uso de armas qumicas en los suburbios de Damasco y tratar de llevar a los responsables ante un tribunal. Pero esa cuestin es marginal en el debate sobre la intervencin. Los que estamos a favor de la autodeterminacin democrtica del pueblo sirio, por las razones antes enunciadas, no podemos fiarnos de la moralidad de ninguna de las partes implicadas: aunque el informe de la ONU nos merece ms crdito que el de las asociaciones de DDHH del rgimen, creemos a Obama capaz de mentir y a Al-Qaeda capaz de usar gas sarn. Nuestra posicin contra la intervencin no depende del esclarecimiento del crimen: incluso si se demostrase fehacientemente la autora del rgimen, nosotros estaramos, en cualquier caso, en contra de la intervencin militar de EEUU.

Curiosamente, el empeo de un sector de la izquierda anti-imperialista, indiferente hasta ahora frente a los crmenes del rgimen, en demostrar que Bachar Al-Assad no ha sido el responsable (a veces con pruebas muy endebles, cuando no abiertamente manipuladas), y en denunciar el ataque qumico como un puro montaje propagandstico al servicio de la intervencin, implica dos principios peligrosos. El primero es la conviccin de que el rgimen sirio es incapaz de semejante tropela; as planteada, la oposicin a la intervencin se convierte en un apoyo positivo a Bachar Al-Assad como humanista, socialista y anti-imperialista. El segundo es paradjico. Porque estos sectores anti-imperialistas insisten tanto en asociar el uso de armas qumicas a la intervencin que inducen a pensar que, si quedase probada la responsabilidad del rgimen, esa intervencin sera legtima y habra que apoyarla. Es como si hiciesen un esfuerzo gigantesco, a veces falaz, en negar la autora del rgimen para no verse obligados a pedir la intervencin. Dedicados tan slo a desmontar las pruebas contra Al-Assad y acumular las pruebas contra los rebeldes, se ven as atrapados en una doble contradiccin: la de considerar buena la dictadura y la de considerar legtima la intervencin (si fuera una dictadura).

En todo caso, habra que preguntar a este sector anti-imperialista: si se demostrase sin margen de error o dudas la responsabilidad del rgimen en los crmenes de Ghouta, aprobaran la intervencin? Haran algo? Condenaran al menos al rgimen de Assad y se solidarizaran con sus vctimas? Estad tranquilos: eso no va a ocurrir jams. Nunca podr probarse que ha sido Al-Assad porque Al-Assad es bueno, es de los nuestros, es un socialista humanista anti-imperialista. Toda nuestra rigurosa investigacin (como si tuviramos medios para otra cosa que difundir susurros y rumores!) parte de la inocencia de Assad y la culpabilidad del imperialismo.

No es nuestro caso. Nosotros, la izquierda opuesta al rgimen, porque estamos a favor de la autodeterminacin democrtica del pueblo sirio, partimos de la presunta culpabilidad de las dos partes (o de cinco o de diez!) y, con independencia de quin haya cometido el crimen, lo condenamos con asco y con horror, nos solidarizamos con sus vctimas y seguimos estando en contra de una intervencin militar estadounidense.

Tramposilla y mentirosilla, la crtica del ninismo, es sobre todo elitista. Aplicando estas categoras teolgicas binarias en las que quedara absorbida toda la complejidad real, se hace abstraccin sencillamente de las poblaciones, meros comparsas en el ajedrez global. Por qu -se preguntan muchos- sali tanta gente a la calle contra la intervencin en Iraq y ahora no sale nadie? La pregunta misma presupone que hoy hay mucha gente a favor de la intervencin en Siria. Pero no es as. La diferencia es que hoy hay mucha gente en las calles del mundo rabe; hay mucha gente desde hace dos aos y medio en todos los pases (ahora estn saliendo en Sudn) y ha habido y hay mucha gente en las calles de Siria. La pregunta es ms bien: por qu en Europa y Amrica Latina ha habido tan pocas manifestaciones a favor de las revueltas y revoluciones rabes? Por qu los mismos que no dejan de llamar a la revolucin mundial se distancian de ella o la rechazan cuando finalmente se produce en la regin ms reprimida y maltratada del mundo? Es que somos solamente No y nunca S? Las movilizaciones contra la guerra de Iraq no impidieron la criminal invasin estadounidense y las movilizaciones en favor del despertar de la regin rabe no hubieran impedido la contrarrevolucin en marcha, pero si no podemos hacer otra cosa que gritar, no hubiera sido bueno, decente, bonito, unificador, gritarles un poco de solidaridad a los sirios masacrados por el dictador? Confesemos que si en Iraq EEUU hubiese utilizado una revolucin verdadera, en lugar de unas falsas armas de destruccin masiva, para justificar la invasin, habramos protestado lo mismo, pero nos lo hubieran puesto mucho ms difcil. En el mundo rabe y en Siria en particular un sector anti-imperialista ha invocado razones superiores para abandonar no slo los principios sino a los pueblos; y ahora regaan a la gente -y a la izquierda- que no responde a sus convocatorias, nostlgicos de los buenos tiempos en los que no haba gente en las calles del mundo rabe pero s muchos occidentales impotentes gritando No en las calles de Madrid.

A los anti-imperialistas, puesto que no tenemos poder ni informacin ni ya casi principios, nos gusta tener razn. Si muy poca gente ha salido a la calle contra la amagada intervencin de Obama es paradjicamente porque nadie quiere la intervencin. No la quiere EEUU ni Rusia ni la mayor parte de los gobiernos europeos, por no hablar de China, Irn y Brasil; no la quieren las poblaciones en ningn lugar del mundo. Quin la quiere? Aparte la poca representativa Coalicin de la Oposicin Siria, algunos pases del Golfo e Israel y algunas vctimas directas del dictador, se dira que slo la desean realmente el rgimen sirio y los anti-imperialistas que lo defienden. El rgimen porque forma parte de su huida hacia adelante; los anti-imperialistas porque de ese modo tendrn al menos razn. Ellos -que hasta ahora no han contado un solo cadver- amontonarn las vctimas de los bombardeos estadounidenses ante nuestros ojos y arrojarn al mundo con furibunda satisfaccin: ya lo deca yo!.

Y cuando se tiene slo razn pero no los medios para persuadir a los pueblos, el sndrome del espectador del hipdromo impone criticar a los otros espectadores. O mejor dicho: criminalizarlos. Como haca el Estado espaol con el entorno de ETA y con la misma lgica epidmica, uno nunca condena lo suficiente a la OTAN o a los EEUU, fuente de todo mal, y si se insiste en no emplear todos los instantes de la propia vida en condenar sola y exclusivamente a la OTAN y los EEUU, porque al mismo tiempo se combate contra otras fuentes de mal y se defiende otro proyecto positivo y colectivo, y ello aunque se haga siempre desde medios marginales y ningn poltico y ningn peridico influyente se hayan apoyado jams en nuestras frases, entonces uno deviene aliado objetivo de los EEUU y de la CIA y justificador de los bombardeos, en una extensin del entorno de la OTAN que alcanza al 98% del universo, incluidos los sirios que se limitan a sucumbir a los barriles de dinamita de Bachar Al-Assad y a las familias que los lloran. Algunos dedicamos en otro tiempo muchas pginas a explicar por qu estbamos a favor de la autodeterminacin del pueblo vasco y en contra de ETA y temimos a veces -como les ocurri a tantos compaeros y amigos vascos- que el Estado espaol interviniera contra nosotros en nombre de la repugnante doctrina antijurdica y dictatorial segn la cual nunca se est suficientemente en contra de ETA si se est a favor de la autodeterminacin. Los anti-imperialistas que defienden a Bachar Al-Assad no pueden meternos en la crcel, pero los que defendemos desde el exterior la autodeterminacin del pueblo sirio s que sentimos a veces la sombra del Estado que alarga un piolet sobre nuestras nucas y nos asesta, a la espera del momento, el pinchazo virtual de muchas pualadas traperas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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