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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-09-2013

El proceso de ocupacin de Amrica Latina en el siglo XXI

Ana Esther Cecea
Rebelin


Las lgicas del poder, que se transforman aparencialmente de acuerdo a las situaciones y circunstancias histricas, adoptan formas imperiales, como las que se expresan con los procesos de militarizacin, pero tambin formas consensuales para imponer sus reglas del juego. Los acuerdos aprobados en la OMC, las reglas legitimadas del FMI, las disposiciones perversas de los tratados de libre comercio e incluso las reglas de las democracias formales que padecemos son algunas de las ms destacadas formas de establecimiento consensual de las relaciones de dominacin. El imperialismo es una de las formas que asume la dominacin, pero no es la nica. Con la desaparicin del imperialismo no se resuelve la dominacin que abarca dimensiones tan complejas como las de las relaciones de gnero, de cultura, de lengua, de especie y muchas otras que ocurren en las prcticas relacionales en los micro y macroniveles.

Como estudiosos de los fenmenos econmicos y sociopolticos contemporneos, como pensadores crticos y actores polticos, estamos obligados a ser muy precisos y desentraar la sustancia oculta de stos sin simplificaciones abusivas que en vez de contribuir a una buena comprensin y al diseo de estrategias de lucha inteligentes, nos lleven a enfrentamientos de conjunto, incapaces de penetrar por las porosidades del poder.

En la lucha de los pueblos americanos el problema no se terminara aboliendo las relaciones de explotacin, aunque seguramente es un punto fundamental, sino que tenemos que enfrentar simultneamente problemas de clase, de discriminacin racial, de gnero y muchos otros que tienen que ver con la difcil conformacin de una socialidad impuesta, contradictoria y resistida. La colonizacin no slo se realiz en la esfera del trabajo o de la produccin, aunque tambin, sino que se enfoc centralmente a los cambios de mentalidad, a la extirpacin cultural e histrica de los pueblos mesoamericanos, caribeos y andinos, a la conquista de las mentes.

La esencia de las relaciones sociales, de las relaciones entre sujetos que no estn establecidos o conformados de una vez y para siempre, no emanan naturalmente de las estructuras. Los sujetos se construyen a s mismos en el proceso social, en la lucha, en la resistencia y a travs de esa lucha es que se van modificando tambin las formas y modalidades de la dominacin.

No sera posible explicar de otro modo la tnica militarista que invade las escenas de la libertad de mercado impulsadas por el neoliberalismo como mecanismo privilegiado de reordenamiento social. No hay ms libre mercado, si es que lo hubo. Las normatividades que se van estableciendo universalmente por la va de los tratados econmicos y de las negociaciones en organismos internacionales como la OMC, no propician la libertad sino la imposicin, pero adems se acompaan, cada vez ms, de medidas de control militar y militarizado ah donde el rechazo de la poblacin se manifiesta de forma organizada y/o masiva.

La modalidad militarizada del capitalismo de nuestros das juega con mecanismos de involucramiento generalizado y aborda cientficamente [1] la dimensin simblica y de creacin de sentidos que permite construir un imaginario social sustentado en la existencia de un enemigo siempre acechante y legitimar la visin guerrera de las relaciones sociales y las polticas que la acompaan (Cecea, 2004). Esto supone que la militarizacin de las relaciones sociales es un fenmeno complejo que no se restringe a las situaciones de guerra abierta sino que incluye acciones de contrainsurgencia muy diversas, que comprenden el manejo de imaginarios, todos los trabajos de inteligencia, el control de fronteras, la creacin de bancos de informacin de datos personales, la introduccin de nuevas funciones y estilos en las policas ocupadas de la seguridad interna, e incluso la modificacin del estatuto de la seguridad en el conjunto de responsabilidades y derechos de los Estados.

Caracterizar el momento actual sobre la base de la militarizacin de las visiones y estrategias hegemnicas no descarta la identificacin de la guerra, de la sustancia de la guerra, como un elemento inmanente, consustancial, a las relaciones capitalistas. Pero si bien la guerra es slo otra forma de entender la competencia, histricamente se van modificando los nfasis o los terrenos en los cuales se desatan las estrategias de clase, en este caso de la clase dominante, y en que se configuran las diferentes modalidades o momentos en las relaciones de dominacin. Hace algunos aos nadie hablaba del militarismo como elemento dominante y sin embargo estbamos en este mismo sistema. Se hablaba del neoliberalismo, del mercado, de que el eje ordenador de la sociedad eran las relaciones de mercado y que era a travs de estas relaciones de mercado como se disciplinaba y como se conceba a la sociedad en su conjunto.

Hoy eso nos es insuficiente para entenderla, pero tambin le es insuficiente al poder para reorganizarla y controlarla; entre otras cosas porque es una sociedad que se mueve tanto, que se insubordina tanto, que no permiti que el mercado la disciplinara, obligando a los poderosos a usar otro tipo de herramientas. No quiere decir que el mercado desaparezca como disciplinador, quiere decir que la dimensin militar se sobrepone al mercado desplazndolo de su carcter de eje ordenador, que la visin del mundo adopta un contenido particularmente militarizado, y que es a partir de la visin militar que la totalidad no slo se reordena sino que cobra un nuevo sentido.

La hegemona consiste en universalizar una visin del mundo, pero la universalizacin se hace de muchas maneras. A travs de imgenes, a travs de imposiciones, de discursos, de prcticas.

Con respecto a la militarizacin de los ltimos tiempos la batalla ms importante la estn ganando los poderosos en el terreno cultural, a travs de una serie de mecanismos entre los cuales destacan los medios de comunicacin. Estn ganando la batalla en la medida en que logran convencer de que el mundo es un lugar de competencia, de disputa, en el que tenemos que batirnos unos con otros para ocupar nuestro espacio, por lo dems, siempre incierto. Tenemos que competir entre nosotros por un empleo, por los planes de desempleo, por la seguridad social. Batirnos a muerte por ser incluidos en el reino de los explotados y precarizados, como si esa fuera nuestra utopa de mundo para el futuro.

Esa batalla cultural es una batalla por la construccin de sentido, no es de colocacin de bases militares. La militarizacin se est metiendo en las cabezas y no solamente en las bases militares. Se est metiendo en las leyes, antiterroristas o simplemente de control de movimientos como son los regmenes de tolerancia cero que nos convierten a todos en sospechosos.

Percibo que en trminos de los paradigmas de militarizacin para Amrica hay una construccin de capas envolventes en las cuales se van abarcando diferentes dimensiones de establecimiento de relaciones de sometimiento. Entre esas capas envolventes se encuentran, como crculos concntricos, los cambios de normatividad, el establecimiento de normas continentales para la seguridad interna, el cuidado de las fronteras, los ejercicios militares en tierra, los ejercicios en los ros y canales de internacin en los territorios, el establecimiento de una red continental de bases militares y los ejercicios navales que permiten circundar todo el continente, estableciendo una ltima frontera, ms all de las jurisdicciones nacionales.

Desde Irak hasta la Patagonia, los poderosos han puesto especial cuidado hoy en construir una legalidad que justifique sus acciones de intromisin. Ante una legitimidad fuertemente cuestionada se generalizan las leyes antiterroristas que tienden a crear, por un lado, una complicidad entre todos los Estados y por esa va van imponiendo polticas y juridicidades supranacionales y, por el otro, una paradjica situacin similar a la de un estado de excepcin permanente en el que todos los ciudadanos sern rigurosamente vigilados porque todos son sospechosos, aunque todava no se sepa ni siquiera de qu. Generalmente de pretenderse sujetos. El derecho se coloca al servicio de la impunidad aunque se reivindique democrtico y los cuerpos de seguridad empiezan a construir el panptico que vigila desde todos los ngulos: con cmaras de video en los bancos, en los semforos, en las calles transitadas; que permite la intercepcin telefnica en casos que as lo ameriten; que permite la tortura cuando se trata de detenidos catalogados como terroristas sin ningn juicio previo, y que admite la detencin de cualquier ciudadano sin orden de aprehensin previa, simplemente para investigar. Es decir, se trata de imponer la cultura del miedo en una poblacin que no podr saber previamente a la detencin si era sospechosa de algo, como medio para paralizar y disuadir de conductas terroristas, insurgentes o tmidamente disidentes. Los delincuentes comunes tienen construida toda otra red de relaciones que slo casualmente son tratados de acuerdo a estas mismas normas.

Como parte del panptico y nuevamente como otra de las paradojas de los discursos del poder, al lado de la pregonada libertad de trnsito para las mercancas, las inversiones y los cuerpos de seguridad, se ha ido restringiendo cada vez ms el libre trnsito de personas. Los mejores y ms trgicos ejemplos son las fronteras impuestas al pueblo palestino en su propia tierra y los muros de contencin a migrantes desesperados en la frontera entre Mxico y Estados Unidos y en el sur de Espaa, no obstante, las fronteras no siempre se cierran de manera tan visible y evidente. Mucho ms sutil pero quiz ms peligroso por la amplitud y alcances que puede llegar a tener es el control de inteligencia que hoy utiliza los adelantos de la tecnologa para aprovechar el trnsito a travs de las fronteras como mecanismo de seguimiento personalizado. El panptico se materializa en las nuevas fotografas que incluyen los pasaportes, con reconocimiento de iris o con otro tipo de identificacin biogentica que inmediatamente incorporan los movimientos de la persona a un banco de datos centralizado en Estados Unidos y que est a disposicin de los servicios migratorios de la regin (en el caso nuestro del Continente americano) como en otro momento y con menos recursos tecnolgicos ya se hizo con el Plan Cndor. Hoy, las revelaciones de Edward Snowden slo confirman lo que evidentemente ocurre desde tiempo atrs.

La eficacia macabra con la que el Cndor desarticul los movimientos sociales en los aos de las dictaduras militares en Amrica del Sur tiene hoy posibilidades multiplicadas al poder usar tecnologas que son a la vez mucho ms precisas y mucho ms abarcantes; sin embargo tiene en contra, evidentemente, el aprendizaje de los pueblos y su capacidad de lucha y resistencia.

Este control de fronteras y la imposicin de leyes con implicancias supranacionales, combinado con la dilucin de los lmites internacionales, convierten en una ilusin las soberanas nacionales. La pretensin de privatizar las aduanas de Mxico, los tratados transfronterizos para la gestin de recursos naturales que caen bajo la jurisdiccin de ms de un Estado y que estn permitiendo evadir leyes nacionales, por ejemplo, son mecanismos de conculcacin de soberana. En el acufero Guaran, por citar un caso muy delicado y relevante, la negociacin se hace entre los cuatro pases implicados y con la intervencin de Estados Unidos (en el esquema del cuatro ms uno) mediante el apoyo experto del Banco Mundial. Lo mismo ocurre con selvas, oleoductos u otros recursos que pasan a ser tratados ya sea como novedosos y por tanto no contemplados en las legislaciones nacionales, ya sea como problemas de seguridad nacional. Y en este continente se sabe que seguridad nacional es seguridad de Estados Unidos en el territorio que no es de Estados Unidos, o no slo en territorio que es de Estados Unidos. Las fronteras, que hasta ahora eran custodiadas por las fuerzas garantes de la seguridad interna en la vieja acepcin, hoy se han convertido en zonas de seguridad estratgica custodiadas cada vez ms por los cuerpos de seguridad del gendarme mundial.

En diversos casos los ros o lagos son los que marcan las fronteras. Pues bien, estos son justamente los espacios privilegiados de localizacin de los ejercicios militares conjuntos (con Estados Unidos, se entiende) actualmente. Los ros son un canal de penetracin muy distinto al que se estaba utilizando cuando se hacan los ejercicios directamente en tierra y permiten adems no slo la utilizacin de fuerzas anfibias sino la definicin de actividades tanto en agua como en tierra, matando dos pjaros de un tiro. En esta situacin se encuentra la zona del ro Paran, y en algn momento estuvo la del ro Usumacinta, entre Mxico y Guatemala. Curiosamente, cuando se trata de ejercicios ribereos, es ms fcil evadir la aprobacin de los Congresos de los pases limtrofes porque el ro aparece como territorio relativamente neutro. Es como si se estuviera ante una legislacin ausente o vaca ya que se refiere a un territorio fluido y no fijo.

Una de las capas envolventes ms importantes por su capacidad de influir en los modos de uso de los territorios y en los modos de control de los sujetos crticos consiste en la colocacin de bases militares de Estados Unidos en puntos seleccionados del continente con dos propsitos explcitos y evidentes: garantizar el acceso a los recursos naturales estratgicos y contener, disuadir y/o eliminar la resistencia ante las polticas hegemnicas y la insurgencia abierta. Actualmente Estados Unidos cuenta con un sistema de bases que ha logrado establecer dos reas de control: 1. el crculo formado por las islas del Caribe, el Golfo de Mxico y Centroamrica, que cubre los yacimientos petroleros ms importantes de Amrica Latina y que se forma ya no solamente con las bases de Guantnamo, Reina Beatriz, Hato Rey, Lampira, Roosevelt, Palmerola-Soto Cano y Comalapa, como fue hasta 2009, sino que ahora incorpora las nuevas posiciones convenidas con Colombia (7), Panam (11) y Honduras (2), adems de las bases itinerantes, mucho ms flexibles, ubicadas en los 43 buques de guerra que Costa Rica ha permitido actuar en sus aguas territoriales desde julio de 2010; 2. el crculo que rodea la cuenca amaznica bajando desde Panam, en el que el canal, las riquezas de la regin y la posicin de entrada a Amrica del Sur han sido esenciales, y que se forma con las bases colombianas ya viejas (Larandia, Tres Esquinas, Cao Limn, Maranda y Riohacha), con las posiciones que comparten en Per (Iquitos, Pucallpa, Yurimaguas y Chiclayo), y con todas las nuevas de Colombia y Panam.

Algo que podra ser concebido como la ltima frontera o la capa envolvente ms externa, est conformada por los ejercicios militares en los ocanos Pacfico y Atlntico y en el Mar Caribe: en todo lo que circunda a Amrica Latina. Hasta ahora la percepcin que se tena era la de ejercicios circunstanciales y espordicos y en parte por esa razn no se les ha concedido demasiada importancia. Mucho menos se les ha considerado parte de la estrategia continental de control. Sin embargo, se trata de ejercicios sistemticos, que permiten realizar un patrullaje constante alrededor de Amrica Latina y mantener ah una presencia ms o menos permanente. Son ejercicios que tienen un carcter secuencial, evolutivo, y que marcan en verdad un circuito de frontera que, por ser externa a las aguas territoriales de los pases correspondientes, queda a cargo, nuevamente, del gendarme mundial a travs de su IV flota.

Ahora bien, estas capas envolventes, que ataen a Amrica Latina en su conjunto, van a estar focalizadas en tres reas distintas en las que parecen atender a tres estrategias diferenciadas. Esas tres subregiones se caracterizan tambin por tres paradigmas distintos de dominacin y sus diferencias geopolticas son muy claras. En los tres casos, por diferentes razones, se trata de puntos estratgicos tanto por los recursos que albergan como por su posicin geogrfica especfica.

La primera regin es la constituida por Colombia y su rea circundante. Yo destacara dos elementos en este caso, relacionados con la estrategia contrainsurgente y de ocupacin militar: 1. el experimento de la polarizacin, acompaado de una sistemtica ruptura de tejido comunitario, para valorar hasta dnde es posible dominar, controlar e incluso hegemonizar a travs de un esquema de polarizacin exacerbada con slo dos opciones, evidentemente antagnicas, y 2. hasta dnde es posible, a partir de asentamientos o de construcciones sociales como la colombiana, el control de la que Estados Unidos considera la mayor amenaza hoy en el continente, que es Venezuela, evaluando el carcter de las tensiones fronterizas que se desarrollan y la capacidad de control de la insurgencia venezolana desde Colombia.

La segunda subregin es la del Caribe y la cuenca del Golfo de Mxico, extendida hasta Venezuela. La estrategia regional en esta zona avanza por dos lneas: la ocupacin directa por un lado, y la creacin de acuerdos que propician la extraterritorialidad de Estados Unidos, asumida por el Comando Conjunto mediante el establecimiento de la jurisdiccin del Comando Norte del ejrcito abarcando el rea Canad-Estados Unidos-Mxico completa, por el otro.

El enclave paradigmtico de ocupacin directa en este momento se localiza en Honduras, despus de un golpe de estado, y en Hait, aunque, evidentemente, con fuertes implicaciones para Cuba. Hait es un caso muy importante porque es donde se est ensayando otra manera de establecer la hegemona a travs de la complicidad casi obligatoria de todos los ejrcitos del continente, sin olvidar la de Francia, que asegura tener ah un conflicto de intereses. La ocupacin de Hait, as sea por los llamados cuerpos de paz, es una ocupacin militar, impuesta. Todos sabemos que la figura de cuerpos de paz fue creada como parte de los mecanismos de penetracin contrainsurgente de la USAID en los momentos inmediatos posteriores a la Segunda guerra mundial. Aunque ahora esta figura est sancionada por la ONU, la conformacin latinoamericana de los ocupantes de Hait est involucrando una estrategia que hasta ahora no haba tenido xito, y es que los pases de Amrica Latina todava no acaban de aceptar en las Conferencias Hemisfricas la construccin de la fuerza militar hemisfrica, como fuerza multinacional, porque saben el riesgo que tiene en trminos de prdida de soberana, y sin embargo en los hechos ha sido puesta en funcionamiento a travs de su participacin en Hait; son Brasil, Chile, Argentina, Uruguay y Bolivia los que estn a cargo del disciplinamiento y la represin al pueblo haitiano, de la destruccin de sus organizaciones polticas en razn de su supuesta incapacidad para autogobernarse.

Despus del terremoto de 2011 la ocupacin militar de Hait cambi de carcter pues fue directamente el Comando Sur quien se estableci en este territorio, subordin a la misin internacional de la ONU y tom el control de las comunicaciones y del funcionamiento interno del pas, estableciendo un enclave militar de primer nivel en el centro del Caribe.

La lnea de la extraterritorialidad que ha impulsado Estados Unidos avanza en el otro costado del Golfo de Mxico bajo el manto de un acuerdo, una alianza , que construye como fronteras externas las que circundan el bloque trinacional de Amrica del Norte. Frontera externa compartida que debe ser defendida en colaboracin por los cuerpos de seguridad y fuerzas armadas de los tres pases cuyos territorios conforman el rea de seguridad interna. La Alianza para la Seguridad y Prosperidad de Amrica del Norte (ASPAN), mediante un acuerdo ejecutivo no sometido a las instancias de representacin ni mucho menos a la sociedad en su conjunto, ha entregado la soberana, de manera voluntaria, a las fuerzas del orden de Estados Unidos y abri la puerta para implantar el Plan Mxico (Iniciativa Mrida), que combina y en cierto sentido supera al Plan Colombia.

De este modo, el Tratado de Libre Comercio de Amrica del Norte (TLCAN) se ampla hacia la integracin energtica que resolver la crisis de Estados Unidos en este rengln y hacia la integracin de polticas y acciones de seguridad bajo los criterios dictados por el Comando Conjunto de Estados Unidos que incluyen, entre otras cosas, la misin de garantizar el acceso irrestricto a los recursos considerados indispensables para la seguridad nacional (de Estados Unidos, claro). Es decir, las riquezas de Mxico quedan legtimamente encadenadas a los intereses estratgicos estadounidenses, adems de la extensin de las medidas adoptadas despus del 11 de septiembre de 2001 en la Ley patritica, referentes al combate a la subversin, terrorismo y disidencia. La conculcacin de derechos ciudadanos a que se ha sometido al pueblo estadounidense se extiende al tratamiento de los pueblos canadiense y mexicano.

Ahora bien, desde una perspectiva geopoltica, poner a las fuerzas de seguridad estadounidenses como custodia de las fronteras mexicanas no afecta solamente a los mexicanos sino a toda la regin caribea y centroamericana.

Con la ASPAN, la Iniciativa Mrida y la ocupacin de Hait; con el golpe en Honduras, las bases militares y los patrullajes y ejercicios constantes en esta regin se garantiza el cuidado de las cuencas petrolferas del Golfo de Mxico y Venezuela; se controlan los pasos ms importantes de los migrantes y las drogas; se mantiene bajo vigilancia los procesos cubano, venezolano y en general del bloque del ALBA; y se sienta el precedente de los nuevos tratados de integracin que se intenta imponer en el continente y que han permitido recientemente la creacin de la Iniciativa de Seguridad del Caribe.

El otro eje del paradigma, el otro ensayo de estrategia, es el caso de Paraguay. Corazn de una subregin que si bien ha sido escenario de accin de dictaduras militares que se significaron por su creatividad perversa en todo tipo de torturas y por ser mquinas implacables de desaparicin y muerte, hasta ahora slo tena la base de Mariscal Estigarribia, con una pista de aterrizaje para trnsito pesado en el centro de la zona hidrocarburfera (el Chaco). Los ejercicios conjuntos en Paraguay han sido sistemticos y hoy se complementan con la instalacin de una Base de Operaciones en la zona norte, concedida a Estados Unidos.

El cono sur concentra una enorme porcin del agua dulce del planeta en sus abundantes ros y lagos, en los acuferos subterrneos y en los glaciares del sur, adems de minerales y otros recursos valiosos como petrleo y gas, particularmente en Brasil, Argentina y Bolivia. Es en este sentido de una importancia indudable.

El sobredimensionamiento de la presencia militar estadounidense en la regin amaznico-caribea ocurrido en los ltimos 5 aos principalmente, permita prever que los prximos movimientos se haran hacia el sur, intentando llenar los vacos o escasos posicionamientos en la regin rioplatense.

Paraguay ha sido hasta ahora uno de los principales puertos de entrada y es donde tienen ya sentadas algunas posiciones importantes. Ha sido un pas amigo y colaborador desde la poca del Plan Cndor y era el lugar perfecto para empezar a voltear la dinmica del sur. A pesar de la resistencia popular, que no ha cesado en dcadas, se perpetra un extrao golpe de estado en el que el Presidente electo entrega el gobierno sin mayor dificultad.

Per es el otro punto con el que se logran tender algunos entramados que en conjunto permiten un control bastante aceptable de la regin. Despus de asumir funciones Ollanta Humala y despus de un pequeo periodo de espejismo de las izquierdas, la estrategia trazada previamente sigui su curso y se ha ido permitiendo una nueva situacin de dominio y articulacin continental a travs de la Alianza del Pacfico, del nuevo estilo del protagonismo colombiano con el presidente Santos y de la complicidad de las oligarquas locales con los proyectos de Washington.

Hoy no est ms el presidente Chvez en nuestro continente y las amenazas hegemnicas se recrudecen. Se va creando un ambiente en el que ya no va a ser sorprendente un golpe de estado ms y en el que con toda impunidad avanza el proyecto de los poderosos, sea mediante empresas mineras y saqueadoras de las riquezas de Nuestra Amrica, castigos financieros, operativos de desestabilizacin, nuevas posiciones militares, espionaje directo o mediante cualquier otro de los mecanismos de ocupacin conocidos o por conocer.

Slo la resistencia de los pueblos est poniendo freno al avasallamiento y ah es donde es necesario dar la pelea, que en este caso, es por la vida. Para nosotros, pensadores crticos y luchadores sociales, esta coyuntura abre nuevos retos y desafos ms profundos.

Nota:

[1] As como la introduccin del taylorismo y fordismo supuso un estudio cuidadoso de los procesos de trabajo y su transformacin cientfica con base en su desagregacin en tiempos y movimientos, a la vez que el ambiente y organizacin del trabajo era objeto de la aplicacin de dinmicas de estimulacin y corresponsabilidad, recientemente los estudios sobre sistemas complejos experimentan con estmulos al comportamiento de colectivos diversos y los medios de comunicacin buscan las mejores alternativas para la creacin de sentidos, no slo en trminos de contenidos sino de imgenes y manejo de tiempos y secuencias. Todo esto vinculado a los campos de control y contrainsurgencia directamente generados por el Comando Conjunto de Estados Unidos.

Ana Esther Cecea. Coordinadora del Observatorio Latinoamericano de Geopoltica en el Instituto de Investigaciones Econmicas de la Universidad Nacional Autnoma de Mxico.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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