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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-10-2013

De la primavera al otoo rabe

Claudio Katz
Rebelin


La generalizada oposicin que afront el bombardeo a Siria oblig a Obama a cancelar el operativo. El pretexto de las armas qumicas no alcanz para crear el clima belicista que exiga esa accin. Por eso el gendarme -que ostenta un inslito premio Nobel de la Paz- acept la propuesta rusa de instaurar un control internacional sobre el arsenal. Pero las inspecciones en Damasco requeriran un despliegue de tropas que nadie quiere enviar y un complicado proceso de traslado de armas que todos descartan.

El rechazo al bombardeo fue contundente dentro de Estados Unidos. Las encuestas ilustraron el descreimiento de la poblacin, luego de la estafa sufrida con las armas de destruccin masiva de Irak. Tampoco funcionaron las imgenes del sufrimiento sirio que difundieron los medios.

Ya es sabido que las incursiones de proteccin humanitaria no se circunscriben a objetivos militares y afectan a la poblacin civil. Hay cierto desgaste del discurso hipcrita que propaga el principal proveedor mundial de sustancias qumicas. Estados Unidos encubri recientemente el uso de fsforo blanco por parte de Israel en Gaza y es culpable de Hiroshima y de los mutilados de Vietnam.

Obama tampoco logr la cobertura de Naciones Unidas para disfrazar su matanza con normas de derecho internacional. Las invasiones que ampara ese organismo nunca son resueltas por la comunidad internacional. Invariablemente emergen de algn contubernio entre las cinco potencias con derecho a veto en el Consejo de Seguridad.

Los socios tradicionales del sheriff global se negaron esta vez a repetir el acompaamiento aportado a las invasiones de Irak, Afganistn y Libia. En el G 20, Estados Unidos slo obtuvo el apoyo de Francia, Turqua y Arabia Saudita, frente al llamativo rechazo de Alemania y el repliegue de Inglaterra.

Pero la suspensin del bombardeo constituye tan slo un episodio de la contraofensiva imperial en Medio Oriente. Debe lidiar con la prdida de varios dictadores y el deterioro de gobiernos adversarios que garantizaban la estabilidad regional. Estados Unidos busca contener a sus rivales, aplastando al mismo tiempo todas las expresiones de resistencia popular.

En una regin explosiva se han intensificado las disputas entre los imperios, los sub-imperios, los emiratos y las castas militares por la apropiacin del petrleo y el control de las rutas estratgicas. Pero las potencias occidentales, el islamismo reaccionario y los ejrcitos represivos estn conjuntamente embarcados en el entierro de la primavera rabe. Siria concentra estas mltiples dimensiones del problema.

Multitud de conflictos geopolticos

En Siria se registr una sublevacin con demandas democrticas semejantes a Egipto o Tnez y se formaron comits populares para exigir reformas polticas. Pero la respuesta oficial fue brutal y el conflicto deriv en una guerra civil con rasgos inter-comunitarios. Los yihadistas que se sumaron a la oposicin elevaron el nivel de crueldad y el pas qued desgarrado en un mar de vctimas.

Este conflicto se agrav por el papel central de Siria en la regin. Su gobierno es un aliado tradicional de Rusia, est asociado con Irn y se opone a Israel-Estados Unidos. Obama apoya a un sector de la oposicin armada (ELS), pero maneja con cautela la entrega de armas, para evitar su captura por los yihadistas (Al Nusra, EIIL).

El presidente del imperio busca disciplinar a la enorme variedad de grupos opositores mediante un juego maquiavlico. No quiere repetir lo ocurrido en Afganistn, alimentando una fuerza de talibanes bajo la proteccin norteamericana. Destruir a un rgimen adversario sin alumbrar otro Bin Laden es la gran dificultad que enfrenta Obama.

Para equilibrar ambos objetivos sostiene a la oposicin cuando pierden terreno y la abandona cuando acumulan victorias. Es la poltica del desangre que ha explicitado un conocido estratega [2]. Obama justamente decidi el bombardeo luego de varios triunfos militares del gobierno. Ese resultado y no el uso de armas qumicas fue lnea roja que alarm al imperialismo.

Pero la intervencin fue tambin concebida como una advertencia a Rusia, que maneja una base naval en Siria y provee de pertrechos al gobierno. Se busc retomar la ofensiva iniciada hace una dcada con el ataque a Serbia y el despliegue de misiles en Europa Oriental. Estados Unidos est empeado en impedir el resurgimiento de su principal rival de la guerra fra.

Esta pulseada geopoltica tiene correlatos econmicos directos. Rusia proyecta un gasoducto desde sus yacimientos hasta el Mediterrneo (South Stream), en competencia con el conducto promovido por Estados Unidos y los emiratos del Golfo (Nabucco). Siria est ubicada en el medio de estas redes, como un centro de pasaje y almacenamiento de combustible. Adems, Rusia est directamente interesada en impedir la expansin de los islamistas en las ex repblicas soviticas que rodean sus fronteras [3].

Tambin Turqua afronta serios dilemas frente al estallido de Siria. Acta como la principal sub-potencia de la zona, alberga bases de la OTAN y promueve el debilitamiento de su vecino. Pero al mismo tiempo comparte con Siria la oposicin a la independencia de los kurdos que habitan en ambos territorios. La guerra de Irak ya abri el camino para el surgimiento del temido Kurdistn.

El bombardeo a Damasco constitua, adems, un sustituto del postergado ataque a Irn, que contina desarrollando una poltica nuclear independiente. Estados Unidos e Israel han saboteado esa economa, asesinado cientficos y desplegado presiones diplomticas para frenar el procesamiento del uranio. Pero no estn en condiciones polticas de concretar el bombardeo a Tehern. El frustrado ataque a Siria era una advertencia a los Ayathollas.

Obama se dispona a repetir la zona rea de exclusin que instaur en Libia para preparar la cada de Gadafi. Pero existen significativas diferencias con ese precedente, puesto que Libia no es un centro del ajedrez geopoltico internacional. All prevaleci la unanimidad imperialista, Rusia jug un papel secundario, Irn no fue determinante y las potencias que financiaron a la oposicin se repartieron amigablemente el petrleo. Las tensiones tribales al interior del estado libio nunca alcanzaron relevancia y los yihadistas no lograron prosperar frente al control impuesto por la OTAN.

El laberinto sirio induce a Estados Unidos a una intervencin ms cuidadosa. Esa cautela genera vacilaciones en las elites republicanas y demcratas que definen la poltica exterior e indecisiones en el Ejecutivo. Por eso el Congreso resista el bombardeo, repitiendo el escollo que enfrent Cameron en el Parlamento ingls.

El margen de accin norteamericano est recortado luego de la cada de los mandatarios fieles a Occidente (Mubarak, Ben Al) y el colapso de sus sustitutos (Morsi). No es fcil restaurar el manejo imperial frente al eje de Irn-Rusia-Chiitas. Medio Oriente se est incendiando ms que de costumbre y predomina el descontrol sobre sucesos imprevisibles [4].

Frente a estas restricciones Estados Unidos retom las negociaciones con Rusia, para consumar una transicin parecida al cambio de fachada concertado en Yemen, mediante el desplazamiento del presidente Saleh.

El rgimen sirio navega en esta tormenta con su pragmatismo habitual. Choca con Estados Unidos pero particip en la primera guerra del Golfo. Confronta con Israel pero disciplina a los palestinos. Rivaliza con Turqua pero obstruye el Kurdistn. Durante mucho tiempo acanton tropas en el Lbano para ordenar las fracciones en conflicto. Pero esta vez enfrenta una dislocacin sin precedentes.

Yihadistas e islamistas

Arabia Saudita y Qatar financian a los batallones ms activos de la oposicin siria (FILS) y probablemente apuesten a una ocupacin extranjera, siguiendo el modelo aplicado en el Lbano durante los aos 80. Tienen intereses geopolticos propios, influyen a travs de Al Jazeera en la formacin de la opinin pblica y operan a travs de vastsimas redes de caridad islmicas.

Las monarquas del Golfo intervienen, adems, con un ojo puesto en sus propios pases. Han reprimido todas las protestas, golpeando especialmente a los inmigrantes. Arabia Saudita despach directamente tropas para aplastar a la mayora chiita de Bahrein.

Pero las columnas yihadistas que desembarcaron en Siria (Jabat al Nusrah, EIL) recurren a una intimidacin mucho ms extrema, especialmente contra otras confesiones. Los cristianos -que ya abandonaron en masa Irak- ahora se escapan de Siria.

Los fundamentalistas son reclutados por todo el mundo rabe y conforman un tejido transfronterizo que se financia con diversos negocios. Se jactan de los asesinatos perpetrados en Afganistn, Bosnia, Chechenia e Irak y han decretado una guerra santa contra el laicismo, la accin sindical, los derechos de las mujeres y las conquistas democrticas. En las zonas bajo su control restauran cdigos medievales de regulacin de la vida social.

Los yihadistas cumplen una funcin semejante al fascismo de Europa. Conforman una fuerza internacional de terror que utiliza la religin para restablecer retrgradas jerarquas. Este rol fue visible por primera vez en los aos 80 con la irrupcin de los talibanes, que Estados Unidos financi en Afganistn para destruir un rgimen progresista asociado a la URSS.

Con el auxilio directo del estado pakistan, esos grupos destrozaron todos los logros de educacin, transformacin agraria y modernizacin cultural, que haba introducido un gobierno de izquierda. Los talibanes se afianzaron posteriormente en Pakistn, creando una gran plataforma de islamizacin reaccionaria. De esta red surgi Al Qaeda [5].

Los yihadistas no slo trasladan a Siria la guerra sectaria entre sunitas y chiitas que ya desgarr a Irak. Tambin se perfilan como una atroz amenaza para la clase obrera. Basta registrar sus acciones en Tnez para notar la magnitud del peligro. All declararon una guerra abierta a la central sindical y asesinaron a un dirigente histrico de la izquierda (Chukri Belaid). Ese crimen retrat como ambicionan reconstruir el Califato sobre las cenizas de la organizacin obrera.

Tnez est en la mira de estas falanges por la vitalidad del sindicalismo y la izquierda. All se desarroll la irrupcin ms radical de la primavera, cuando una rebelin de jvenes auto-organizados tumb el rgimen policial de Ben Al.

El islamismo reaccionario intenta destruir este despertar poltico que persiste en Tnez, luego de la victoria electoral de una variante moderada del islamismo neoliberal (Nahda). Esa corriente gobierna Turqua y gestion Egipto durante el breve mandato de Morsi. Rechaza el terror, pero promueve una islamizacin incompatible con los anhelos democrticos de la poblacin [6].

Eclipse palestino y auge fundamentalista

La gravitacin de los yihadistas es paralela a la tragedia de los palestinos, que sufren la consolidacin de la expansin colonial israel. El gobierno sionista bombarde varias localidades de Siria pero se ha manejado con cautela. Mantiene un status quo con su detestado vecino en la frontera del Goln, para taponar Gaza y extender la ocupacin de Cisjordania. Israel quiere fortalecer su predominio, sin afrontar una catica libanizacin de Siria. Est muy interesado en eliminar las armas qumicas -que su contrincante acumul para contrapesar el poder atmico israel- y que ahora manejan los dos bandos de la guerra civil.

La estabilidad con Siria ha sido un ingrediente clave para impedir el surgimiento de un estado palestino en los ltimos 20 aos. Israel aprovecha los tratados con Egipto y Jordania (y la cobertura brindada por los convenios de Oslo) para reforzar su extensin territorial. Como no puede expulsar abiertamente a los palestinos, ni proceder a su limpieza tnica, proclama su vocacin de negociar mientras multiplica las colonias.

Las reas palestinas de Cisjordania se reducen diariamente. Fueron recortadas por un serpenteo de muros, perdieron las fuentes de agua y estn sometidas a un hostigamiento militar que empuja a la emigracin. Esta des-arabizacin ya se ha consumado en los alrededores de Jerusaln, mientras Gaza ha quedado convertida en un gueto de miseria y olvido [7].

La guerra civil en Siria permite legitimar esta silenciosa desposesin. Israel afianza entre su poblacin la presentacin de los rabes como gente incivilizada, que debe ser tratada por la fuerza. Este terrible mensaje contribuye a contrapesar el descontento social que el ao pasado pusieron de relieve las marchas de 400.000 indignados [8].

Los palestinos no slo sufren torturas, encarcelamientos, asesinatos selectivos y el probable envenenamiento de sus dirigentes (como Arafat). Tambin estn acorralados por los gobiernos militares e islmicos que sucedieron a Mubarak. El encierro de Gaza por los gendarmes egipcios es un atroz efecto de su sometimiento financiero y militar a Estados Unidos.

Israel tambin actualiza sus conspiraciones dentro del mbito palestino. Incentiv primero a los islamistas contra OLP y promovi posteriormente una autoridad fantasmal contra el Hamas. La guerra en Siria induce a nuevas maniobras, puesto que Hamas abandon su alianza tradicional con ese pas, acept financiacin de Qatar y tom partido a favor de la oposicin. En cambio Hezbolah apoya con acciones militares al rgimen de Assad. La pertenencia a la vertiente sunita y a la Hermandad Musulmana en el primer caso, y la adscripcin al eje chiita junto de Irn el segundo, han sido determinantes de estos alineamientos.

La expansin de los yihadistas en Medio Oriente est eclipsando la causa palestina como prioridad comn del mundo rabe. Frente a una oleada confesional ha perdido centralidad el gran estandarte anticolonial de las ltimas dcadas. Este giro ilustra las dificultades que afrontan en la regin los proyectos progresistas.

Mutaciones regresivas en Siria

El gobierno sirio reaccion en forma brutal frente a los reclamos de su poblacin. Estas demandas tienen la misma legitimidad que las exigencias del pueblo egipcio o tunecino. Son los mismos derechos enarbolados contra tiranos prohijados por Estados Unidos o enemistados con la primera potencia.

En Siria no se logr el triunfo alcanzado en los dos pases que iniciaron la primavera. La represin fue ms sangrienta. Incluy disparos a mansalva, bombardeos de aldeas y asesinatos de familias. Los 100.000 muertos y millones de refugiados ilustran, adems, el perfil intercomunitario que asumi el conflicto (aluitas, sunitas, chiitas, cristianos).

No es la primera vez que el pas sufre este tipo de tragedias. En 1982 se perpetr una masacre contra las protestas en la regin de Homs. Esos desangres tambin se registraron en el Lbano. Son represalias en gran escala que aparecen cuando los choques polticos-sociales se entremezclan con tensiones tnico-religiosas. Estos desgarramientos forman parte de la historia regional desde que Turqua masacr a los armenios a principio del siglo XX.

La conversin de una lucha democrtica en una guerra sectaria -con sectores laicos dispersados a ambos lados de la trinchera- ha distorsionado el sentido inicial de la sublevacin. Tambin acentu la dependencia de cada contrincante de su proveedor blico externo. Esta injerencia obedece a intereses geopolticos totalmente ajenos a las exigencias populares [9].

El rgimen actual de Assad no guarda el menor parentesco con el viejo partido del Baath, que confront con el poder religioso para forjar un estado nacional aglutinante de todas las comunidades. Ese propsito se desvaneci con la degeneracin dinstica, la corrupcin de camarillas y el enriquecimiento de una burguesa que impuso el giro neoliberal de las ltimas dcadas [10].

Esta involucin se asemeja a lo ocurrido con el rgimen de Sadam Hussein. Compartieron originalmente el mismo tipo de partido poltico y desembocaron en la misma criminalidad de estado.

La comparacin podra extenderse tambin a Gadafi, que debut con proyectos de reformas sociales y concluy comandando un gobierno de clanes mafiosos. Se arrepinti de su pasado panarabista, persigui militantes, detuvo inmigrantes africanos y hostiliz a los palestinos. Tambin busc congraciarse con Occidente para asegurar los negocios de las compaas petroleras.

Pero el mayor antecedente de masacres perpetrado por un rgimen de origen antiimperialista se localiza en Argelia durante la dcada pasada. Ese sistema poltico destruy un legado de historia anticolonial sin parangn en el mundo rabe, a partir de un triunfo del FLN comparable a las victorias revolucionarias de China y Vietnam.

La prolongada gestin de clanes militares que usufructuaron del poder para su propio beneficio demoli esa herencia. Cuando en la dcada pasada fueron sorpresivamente derrotados en las elecciones por los islamistas del FIS, desconocieron los comicios y desataron una guerra con infernales masacres en ambos bandos [11].

La conducta del rgimen sirio no constituye, por lo tanto, una particularidad de ese pas. Repite la trayectoria seguida por procesos que tuvieron un origen semejante y registraron involuciones del mismo tipo.

Destrucciones combinadas, reorganizacin imperial

La poblacin siria ha quedado entrampada en una confrontacin entre un rgimen represivo y una oposicin plagada de yihadistas y solventada por Estados Unidos y los emiratos. Esta combinacin de actores reaccionarios multiplica la tragedia, anulando los impulsos de lucha por la democracia y las mejoras sociales.

Lo ocurrido en el Lbano y Argelia brinda una pauta de esta perspectiva. Al cabo de muchos de aos de confrontaciones entre bandos regresivos, la poblacin qued agotada y sin disposicin para participar en la primavera.

Irak ofrece otro categrico retrato de esta combinacin de sucesiones destructivas. La primera demolicin del pas fue realizada por Sadam con matanzas de kurdos y aventuras externas contra Irn instigadas por Estados Unidos. La segunda devastacin fue consumada por Bush, que leg un dantesco escenario de aniquilamiento social. Nadie sabe el nmero de vctimas, pero algunas estimaciones indican 600.000 muertos, cuatro millones desplazados y dos millones exiliados.

La tercera destruccin est en curso a travs de una guerra sectario-confesional que genera decenas de muertos diarios. Chiitas y sunitas dirimen supremaca en un laberinto de disputas clientelares, que se procesa con voladuras de edificios y diseminacin de coches-bomba [12].

Si en Siria prevalece cualquiera de estas variantes del desangre reaccionario, el pas perder su rol geopoltico internacional y ningn contrincante propiciar el mantenimiento del estado nacional unificado. En ese caso se afianzar la misma fractura en tres partes que se observa en Irak. Estas divisiones en micro-estados confesionales resucitaran la ciruga colonial que padeci de Siria, cuando su territorio fue repartido entre Francia e Inglaterra [13].

El colapso de pases bajo el doble efecto de agresiones imperialistas e invasiones fundamentalistas es una tendencia que tambin sali a flote recientemente en Mali. Varias columnas yihdistas llegadas desde Libia derrotaron al ejrcito local e intentaron capturar todo el territorio. Francia reactiv sus reflejos coloniales y despach tropas para auxiliar a los asediados gendarmes. Fren a veteranos brigadistas de Afganistn y Argelia, pero no ha ganado la partida.

Todos esperan el prximo round en una regin africana plagada de hambrunas y con cuantiosas riquezas minerales. Francia controla el uranio que utiliza para abastecer su sistema energtico, pero hay un gran botn en disputa [14].

Algunos analistas estiman que en este escenario las grandes potencias pierden peso, frente a nuevos jugadores econmicos y actores multipolares. El retroceso de Estados Unidos es visto como el principal resultado de este cambio. Pero habr que ver cun prologando ser el repliegue de la nica potencia con capacidad militar para ordenar el funcionamiento del capitalismo global.

Estados Unidos fracas en su intento colonial de apoderarse del petrleo iraqu. Pero dej una sociedad descalabrada y sin recursos para gestionar ese recurso. El pas ha perdido autonoma en todos los terrenos.

El sheriff del planeta aprovecha la coyuntura actual para reorganizar su intervencin militar. Busca reemplazar la accin de los marines por la utilizacin de drones y misiles. Jerarquiza otras regiones (Asia, el Pacfico), privatiza la accin blica, incrementa el espionaje y privilegia las operaciones encubiertas [15].

Mediante este reajuste Washington reordena su guerra perpetua contra el mundo rabe. Tiene recortados sus mrgenes de intervencin, pero no sufri una derrota comparable a Vietnam. No es lo mismo retroceder frente a una revolucin socialista, que replegarse ante los escenarios caticos y sin horizontes progresistas que se observan en Irak [16].

La centralidad de Egipto

Afortunadamente el mundo rabe no slo genera noticias sombras. La primavera recobra vitalidad en pases como Egipto, que pueden definir la tnica general. El epicentro inicial de las rebeliones democrticas mantiene una incidencia decisiva sobre el resto de la regin. La gravitacin de la clase obrera puede aportar, adems, otro perfil social a esa batalla.

En Egipto se registr el principal triunfo de la primavera con la movilizacin que enterr al tirano Mubarak. El ejrcito asumi inmediatamente el gobierno para preservar los intereses de las clases dominantes. Acta como un emporio econmico estrechamente asociado al Pentgono, pero mantiene el prestigio logrado durante las guerras contra Israel.

Ese protagonismo poltico le permiti a las fuerzas armadas expropiar la sublevacin popular y embarcarse en maniobras gatopardistas, para impedir cambios significativos en el rgimen poltico. Despus de muchas vacilaciones convocaron a elecciones y aceptaron el triunfo de los Hermanos Musulmanes.

Esa congregacin emergi como la nica fuerza poltica organizada, a partir del extendido arraigo de sus redes de asistencia social. El presidente Morsi intent copiar el modelo turco de islamismo neoliberal, manteniendo la impunidad represiva y el encarcelamiento de opositores. Tambin ratific los acuerdos con el FMI y los pactos con Israel. Resisti cualquier democratizacin del estado y prepar un borrador de Constitucin repleto de ingredientes totalitarios. Se prohiba incluso a la justicia contradecir cualquier medida gubernamental.

Pero lo gota que rebals el vaso fue la islamizacin compulsiva mediante leyes oscurantistas. Los sectores ms extremos (salafistas) emprendieron provocaciones sangrientas contra la minora de los coptos. La legitimidad del gobierno se esfum en forma vertiginosa.

En la simblica plaza Tahir se repiti el estallido de una gran sublevacin. El ejrcito desplaz a Morsi y prometi una nueva transicin para atemperar la belicosidad popular. Nuevamente confisc un gran movimiento de masas para evitar el colapso del estado. Derroc a un gobierno surgido del sufragio mediante un golpe, disfrazando el perfil clsico de la asonada reaccionaria. Repitieron el libreto de la intervencin anterior bajo la presin de un inmenso clamor democrtico. Los militares tomaron el gobierno para impedir la concrecin de las demandas democrticas desde abajo.

Pero esta vez fueron ms all y descargaron una feroz represin contra los Hermanos Musulmanes. Dispararon contra manifestantes desarmados y asesinaron a 1000 personas. El freno de la islamizacin forzosa -que exiga un vasto conglomerado de progresistas y laicos- qued totalmente ensombrecido por esta abominable masacre [17].

Lo ocurrido brind un nuevo ejemplo del comportamiento reaccionario que tienen los gendarmes enfrentados con el islamismo. En Egipto abrieron el camino para repetir el desangre consumado en Argelia y Siria. Pero hasta ahora gozan de una gran proteccin diplomtica internacional. Como todas las potencias necesitan la estabilidad de Egipto, Estados Unidos hizo la vista gorda, Europa y Rusia se mantuvieron en silencio y Arabia Saudita, Qatar e Israel aprobaron enfticamente al ejrcito.

Slo Turqua levant la voz y no slo por el debilitamiento de su proyecto poder regional junto a los Hermanos Musulmanes. El mismo movimiento democrtico que congreg a millones de manifestantes en El Cairo irrumpi en Estambul.

La sorpresa en Turqua

La reaccin contra la islamizacin convirti en mayo pasado a la Plaza Taksim, en un espejo de la Plaza Tahir. Una marea de manifestantes ocup ese lugar durante semanas para rechazar las restricciones religiosas. La movilizacin estuvo precedida por luchas contra la brutalidad usual de la polica. Contingentes de trabajadores precarizados confluyeron con los jvenes de clase media opuestos a las prohibiciones confesionales.

A diferencia de Egipto los recortes al laicismo no fueron una improvisacin de lderes recin llegados al gobierno. Desde hace once aos Turqua padece una administracin islmica conservadora. Asumieron con promesas de renovar el viejo estatismo nacionalista, desprestigiado por dcadas de autoritarismo y corrupcin (Kemalismo). Pero implementaron un viraje neoliberal que acrecent la desigualdad social.

La gran movilizacin modific la realidad de un pas agobiado por agresiones sociales y retrocesos democrticos. El contagio de Egipto ilustr cmo se transmiten los anhelos populares en un espacio del Mediterrneo que desborda al mundo rabe.

En Turqua no se lograron las victorias obtenidas en Egipto o Tnez, pero el gobierno de Erdogan qued muy debilitado. Ya no puede presentarse como un ganador de la primavera, ni continuar con tanta displicencia sus peregrinajes para disputar hegemona regional con Arabia Saudita y las monarquas del Golfo.

La clase dominante turca tantea sus posibilidades sub-imperiales. Ha lucrado con el alto crecimiento de los ltimos veinte aos y ya forj fuertes lazos con la Unin Europea y las economas rabes. Pero la inesperada irrupcin popular amenaza sus proyectos. Turqua es parte de las revueltas y no un modelo para superarlas. El usurpador potencial de las protestas ha quedado contagiado por la oleada que pensaba desactivar [18].

El gobierno afronta un efecto adicional ms severo de esta convulsin. La confluencia de guerras circundantes y demandas democrticas ha potenciado las posibilidades de independencia de los kurdos. Los derechos nacionales de esta comunidad son negados por todos los pases de la regin. Pero los kurdos han logrado establecer una regin autnoma en Irak y estn consumando esta misma construccin en Siria. All batallan en forma simultnea contra los gendarmes de Assad y los batallones yihadistas.

El paso siguiente sera la extensin de esa conquista a zonas kurdas de Turqua. Al cabo de treinta aos de heroicas luchas estn forzando una negociacin con el gobierno. Esas tratativas son favorecidas por la conmocin que sacude a la regin [19].

Las respuestas democrticas contra la islamizacin forzosa se perfilan en varios pases como un camino de prolongacin de la primavera. El otro sendero es la resistencia a los crmenes del yihadismo. Tnez ocupa un lugar central en esa batalla. La manifestacin de repudio al asesinato del lder de la izquierda congreg un milln de personas y rompi todas las restricciones a la presencia de mujeres. En medio de una huelga general dio lugar a la movilizacin ms imponente de la historia de ese pas [20].

Comparaciones con Amrica Latina

Cualquier acontecimiento poltico-social en un lugar del mundo rabe tiene un rpido impacto sobre otra localidad. As ocurri con la primavera y con la ofensiva posterior para sepultarla. Estos efectos confirman la existencia de un universo comn, resultante de condiciones histricas similares. Como en Amrica Latina sucede lo mismo, ciertas comparaciones son pertinentes.

Medio Oriente ha padecido el demoledor impacto del neoliberalismo. Las presiones por privatizar, abrir los mercados, reducir el gasto social y eliminar subsidios a los alimentos masificaron el desempleo y la precarizacin del trabajo. Como en Latinoamrica millones de jvenes fueron empujados al desamparo. No pueden subsistir en sus pases y tienen vedada la emigracin a Europa, en un marco de elevada presin demogrfica. Estos desposedos encendieron la mecha de la primavera, cuando un vendedor tunecino se inmol para protestar contra las prohibiciones a la venta callejera [21].

Las demandas democrticas contra los regmenes semi-dictatoriales han sido el elemento unificador de las movilizaciones. Como en Amrica Latina la exigencia de nuevas Constituciones irrumpe en todas partes.

Estados Unidos le asigna al Medio Oriente una importancia estratgica semejante al sur del hemisferio americano. Depreda el petrleo y los recursos naturales de ambas regiones con la misma impunidad. Las dos zonas han padecido histricamente un trato colonial de patio trasero. El canal de Suez estuvo sometido a un control imperial similar al canal de Panam. Las bases militares del Pentgono en Arabia Saudita cumplen la misma funcin que las instalaciones en Colombia y las amenazas de bombardeo a Irn son semejantes al chantaje que soporta Venezuela.

Por estas razones en Medio Oriente predomina la misma hostilidad popular hacia el imperialismo que se observa en Amrica Latina. Algunas comparaciones que se establecieron inicialmente entre la primavera y las revoluciones de terciopelo en Europa Oriental omitieron este dato. Aunque la clase media liberal comparte los valores norteamericanos, la sublevacin rabe no irrumpi para copiar a Occidente. Estuvo motivada por el rechazo a las tiranas que ampar el imperio.

Estados Unidos conoce esa animadversin. Celebr la cada del muro de Berln, pero no el derrumbe de sus tteres de Egipto o Tnez. Ha vivido el desplome de Mubarak con el mismo pesar que el destronamiento del Sh de Irn.

Pero los procesos polticos de Amrica Latina han seguido un rumbo muy diferente. La regin no sufri destrucciones blicas, ni desangres internos. Las tragedias de Irak, Argelia o Siria son vistas como acontecimientos lejanos.

Esta diferencia obedece a muchas razones, pero un aspecto central ha sido el dispar destino de las tradiciones nacionalistas, progresistas y de izquierda, que se reconstituyeron en Latinoamrica y declinaron en los pases rabes. La expectativa de una recuperacin de ese legado bajo el impulso de la primavera no se verificado. Al contrario, las organizaciones poltico-religiosas conservadoras han consolidado su predominio, en desmedro del laicismo antiimperialista [22].

En Amrica Latina la derecha acta a travs de los medios de comunicacin, los partidos y el dinero. La iglesia catlica ha perdido fieles y compite con una multitud de sectas evanglicas. No existe ninguna fuerza regresiva a escala regional comparable con el enraizamiento logrado por la Hermandad Musulmana [23].

Esta disparidad de caminos se expresa en la pujanza de los ideales de unidad latinoamericana, en contraste con el retroceso que afronta el panarabismo. Esta meta qued inicialmente golpeada por el fracasado ensayo de una Repblica rabe Unida (1957-61), por las derrotas de Palestina frente a Israel y por la decadencia del Baath. La guerra actual en Siria refuerza esta regresin. Existen algunos sntomas de resurgimiento del nasserismo, pero todava no indican una tendencia y estn muy lejos de cualquier proceso latinoamericano conectado al ALBA.

Ciertamente las experiencias nacionalistas de la segunda mitad del siglo XX legaron ms frustraciones que realizaciones en Amrica Latina. Pero en ningn pas se registr la degradacin que tuvieron los regmenes de Argelia, Irak, Libia o Siria.

Esta diferencia se extiende tambin a la presencia de la izquierda, que en Amrica Latina logr permanencia a travs la revolucin cubana. Esta continuidad ha sido retomada por Bolivia y Venezuela. La izquierda rabe protagoniz experiencias de gobierno (Yemen) y alcanz arraigo (Irak, Siria), pero sufri traumticas derrotas y no pudo conservar su influencia. 

En ltima instancia las diferencias entre ambas regiones obedecen a condicionamientos histricos muy dispares. La secularizacin que conquist Amrica Latina con las revoluciones de la Independencia del siglo XIX, nunca fue lograda por el mundo rabe.

Ese proceso permiti forjar estados nacionales con rasgos modernos de laicismo y relativa separacin de la iglesia y el estado. Las revoluciones burguesas fueron incompletas pero facilitaron una tradicin democrtica, que se proyect a las luchas sociales y a los movimientos populares de la ltima centuria. Por el contrario en los pases rabes subsisti la tutela teocrtica y los privilegios religiosos-educativos de los clrigos del Islam. Esta carga torna ms compleja la batalla de los movimientos progresistas [24].

Una respuesta desde la izquierda

Los debates en la izquierda han sido muy dispares desde el comienzo de la primavera. Las posturas actuales en torno a Siria reproducen lo ya discutido frente a Libia. No es sencillo tomar posicin frente a situaciones alejadas de un campo progresista visible.

En Medio Oriente proliferan los grises y existen formaciones de derecha e izquierda en los bandos en pugna. Tambin abundan las paradojas y las coincidencias de opuestos. Los nazis de Europa apoyan a Assad porque son islamofbicos y varios partidos comunistas lo sostienen, como un dique de contencin de los Estados Unidos.

Pero frente a la inminencia de un bombardeo hubo total unanimidad en el rechazo a la intervencin imperialista. Todas las corrientes subrayaron que el pueblo sirio debe adoptar sus propias decisiones sin ninguna interferencia externa. Si Estados Unidos bombardea las consecuencias sern ms adversas para la poblacin. No hay que repetir lo ocurrido con Noriega en Panam o con Sadam en Irak. Son los ciudadanos de cada pas y no los marines, quines deben juzgar a los tiranos.

Las caracterizaciones acertadas de la situacin siria subrayan que hubo un legtimo levantamiento democrtico, reprimido por el gobierno y copado por los agentes de Estados Unidos y las milicias yihadistas. Esa usurpacin acentu las tensiones intercomunitarias y desemboc en una guerra civil sin resultados progresistas a la vista. En estas condiciones el triunfo de uno u otro, no abrira horizontes de independencia nacional, democratizacin o mejoras sociales.

Libia ofrece un antecedente cercano de esta misma encerrona. Una rebelin inspirada en demandas democrticas fue dominada por clanes serviles del imperialismo y las empresas petroleras. Gadafi no cay como Mubarak o Ben Ali por el descontento popular. Fue tumbado mediante una operacin militar controlada por la OTAN [25].

Una forma de evitar la repeticin de ese desenlace o su opuesto (masacres de la oposicin como en Argelia) sera el fin de las hostilidades, gestado a partir de tratativas concretadas por los sectores progresistas. Es la propuesta promovida por algunas personalidades y movimientos sociales embarcados en la campaa por la Paz con Justicia. Trabajan con sectores de ambos campos para alcanzar un alto el fuego y la apertura de negociaciones. Denuncian la intervencin del imperialismo y el peligro de un desmantelamiento colonial de Siria [26].

Esta iniciativa es totalmente ajena a las negociaciones que desarrollan Obama y Putin y a las propuestas de la Liga rabe o los gobiernos europeos. La paz debe discutirse por abajo, retomando las demandas democrticas que originaron la crisis actual y reconociendo los reclamos nacionales kurdos.

Una propuesta de ese tipo fue impulsada por dirigentes latinoamericanos del ALBA durante guerra en Libia. Denunciaron el cerco imperial, la zona de exclusin de la OTAN y la accin del espionaje norteamericano. Promovieron una mediacin entre ambas partes, que hubiera sido ms progresiva que el derrocamiento de Gadafi por los agentes del Pentgono.

Frente a Siria estas propuestas han sido acompaadas en ciertos casos por categricas actitudes de apoyo al gobierno de Assad. Especialmente el gobierno de Venezuela realiza visitas de solidaridad y explicita ese sostn. Esta actitud se explica por la percepcin de una amenaza imperial semejante.

Existen abrumadoras pruebas de las conspiraciones que impulsan la CIA y el Departamento de Estado, para repetir en Sudamrica las agresiones de Medio Oriente. Frente a este peligro los gobiernos del ALBA construyen alianzas internacionales con los adversarios de Estados Unidos (Rusia, China, Irn), para asegurarse proteccin defensiva.

Esta estrategia es totalmente comprensible y legitima, pero no obliga a ningn elogio de Assad. Existen numerosos antecedentes de alianzas militares y convergencias diplomticas, que eluden opiniones sobre los gobiernos involucrados en los acuerdos. Esta omisin sera particularmente pertinente, frente a un rgimen que acumula tantas acusaciones.

Los movimientos sociales, las organizaciones populares y los intelectuales de izquierda no cargan con las obligaciones que afrontan los funcionarios de cualquier estado. Tienen la posibilidad de exponer abiertamente su opinin sobre Siria. Decir la verdad es indispensable para actuar como militantes solidarios con los sufrimientos de cualquier pueblo.

Pero esta responsabilidad debera extenderse tambin a muchos crticos de Evo, Maduro y Fidel, que exigen pronunciamientos reidos con las necesidades de defensa que afrontan los procesos revolucionarios o radicales. Olvidan que no es lo mismo escribir un manifiesto que confrontar diariamente con alguna amenaza del Pentgono. Si la revolucin cubana ha logrado resistir durante 50 aos y Venezuela o Bolivia evitaron la sangra que padece Medio Oriente, es porque alguien supo actuar con la inteligencia que no demuestran los objetores.

Dos posturas errneas

Algunas corrientes de izquierda estiman que el levantamiento democrtico inicial en Siria se ha profundizado y radicalizado, hasta convertirse en una revolucin popular que tiende a tumbar al rgimen. Asignan un carcter progresista a la direccin de este movimiento, desestiman la influencia norteamericana y consideran que los yihadistas cumplen un rol secundario.

Partiendo de esta caracterizacin promueven la victoria de la oposicin, desechan las convocatorias al dilogo, reclaman el reconocimiento internacional de los rebeldes como fuerza beligerante y exigen la entrega de armas a este sector [27].

Pero esta postura es contradictoria con el rechazo de un bombardeo norteamericano que debilitara al enemigo a vencer. El Pentgono es el gran proveedor de las armas pesadas que se solicitan y el Departamento de Estado es el principal interlocutor, para jerarquizar la relevancia internacional de la oposicin. Varios sectores del establishment estadounidense toman en cuenta ese rol para motorizar una poltica ms activa contra Assad.

Se podra alegar que esta coincidencia con el imperialismo tiende precedentes histricos en movimientos populares, que concertaron compromisos con las potencias para sostener sus luchas nacionales. Los irlandeses del IRA aceptaban armas del Kaiser y los maquis franceses reciban pertrechos de los norteamericanos. Pero la derrota de Assad equivaldra al desmoronamiento de Hitler? Los marines y los yihadistas se asemejan a las resistencias europeas en las guerras mundiales?

Es ms sensato comparar al grueso de las milicias de la oposicin siria con los kosovares de Europa Oriental, que se transformaron en agentes OTAN o con los afganos que devinieron en talibanes. La escalada blica aument la subordinacin de esos sectores a sus sponsors imperiales. Hay muchas discusiones sobre la gravitacin de los yihadistas, pero actan como fascistas y nunca podran integrar un campo progresista.

El antecedente libio es muy esclarecedor, puesto que all se extingui la progresividad de los opositores cuando se situaron bajo la egida de OTAN. Visto retrospectivamente es evidente la distorsionada idealizacin que hicieron algunas vertientes de la izquierda de los denominados rebeldes. No slo fue errneo reclamar armas para un sector que ya reciba un arsenal desde Qatar, Arabia Saudita y Estados Unidos, sino tambin aprobar la zona de exclusin que establecieron las potencias occidentales sobre el espacio areo de ese pas [28].

La victoria de la oposicin no fue un triunfo popular. Una coalicin de fuerzas reaccionarias gan la partida y reforz la gravitacin del imperialismo en la zona. Este balance es evidente para cualquier observador. No lo pueden registrar quines adoptan una actitud de celebracin ingenua de cualquier revuelta. Suelen omitir quin sostiene los levantamientos y cules son los propsitos e intereses de su direccin [29].

La postura opuesta considera que la guerra en Siria es un resultado unvoco de conspiraciones imperiales perpetradas a travs de mercenarios, para socavar a un gobierno tolerante, laico y embarcado en la continuidad del proyecto panrabe [30].

Otras variantes ms atenuadas de esta visin silencian el problema. Suelen denunciar la intervencin del imperialismo, evitando cualquier mencin de Assad, como si se librara una batalla abstracta sin protagonistas de carne y hueso.

Estas miradas cierran los ojos ante el horror creado por las masacres de familias indefensas. Al omitir la existencia de estos hechos o atribuirlos a infiltrados externos se reproduce un viejo vicio de negacin. Esa actitud condujo durante dcadas a ignorar los crmenes de Stalin y propin un terrible dao a la causa del socialismo.

No tiene sentido edulcorar la imagen de Assad con fantasiosos supuestos de progresismo. Encabeza un rgimen opresivo que enterr todos los vestigios del nacionalismo antiimperialista. La demonizacin norteamericana no debe conducir a reivindicar lo indefendible.

Con esta misma actitud algunos autores presentaron a Gadafi como un coronel patritico, que antes de su asesinato preparaba la radicalizacin revolucionaria de su rgimen [31]. Esta imagen invierte la realidad. El coronel transitaba por un carril opuesto de compromisos con las empresas petroleras occidentales, para reforzar polticas neoliberales al servicio de los clanes privilegiados.

La defensa de Asad como reaccin a la barbarie que despliega el imperialismo constituye una inadmisible simplificacin. Una gran variedad de criminales pululan por la escena contempornea. Los maxi-genocidas del Pentgono coexisten con los mini-genocidas del mundo rabe.

La reduccin de complejos procesos polticos a una simple oposicin entre dos campos impide entender lo que est ocurriendo. El ultimtum de estar con uno u otro termina generado el desprestigio de la izquierda. Es la mirada binaria que condujo a aceptar la invasin rusa a Checoslovaquia o la represin de Tian An Men. La accin criminal de los talibanes enfrentados con Washington demuestra que algunos adversarios coyunturales de Estados Unidos no son mejores que el imperio.

La izquierda no debe callar. Cuando se resigna a la Realpoltik olvida su compromiso con la defensa del derecho bsico a la vida. Con esa renuncia empieza la sutil adaptacin a lo que siempre ha combatido.

Principios, tcticas y posibilidades

En Medio Oriente las fuerzas reaccionarias estn ubicadas en varios bandos. Actan con el imperialismo, con ejrcitos represivos y con islamistas conservadores. En ciertas oportunidades predomina la asociacin entre estas vertientes y en otros casos el conflicto. No hay someterse al chantaje de optar por alguno de ellos.

Este problema apareci recientemente en Egipto, cuando los militares se hicieron eco de una demanda democrtica y masacraron posteriormente a los islamistas. No es admisible que la izquierda se ubique en uno u otro bando. Es tan desacertado defender a un impugnado en las calles, como avalar los asesinatos de los Hermanos Musulmanes. Este problema ha generado una fuerte discusin en ese pas [32].

Otra falsa opcin se plante en Mali frente a la intervencin francesa. Algunas justificaciones del operativo alertaron contra los yihadistas y resaltaron la conveniencia de un contrapeso geopoltico a la presencia norteamericana.

Pero tambin aqu rige el principio de respetar el derecho de cada pueblo a resolver sus conflictos sin injerencia externa. Los yihadistas y franceses son agresores y no artfices de un mal menor. El secesionismo y las ambiciones imperiales son igualmente nefastos y la izquierda no tiene por que resignarse a elegir entre opciones regresivas [33].

Ciertamente no alcanzan los enunciados generales y en cada circunstancia se plantean formulaciones tcticas que priorizan uno u otro peligro. Frente al inminente bombardeo norteamericano a Siria tiene evidente primaca la denuncia de esa intervencin. En ese momento la crtica al rgimen de Assad debe quedar inscripta en la batalla central contra el imperialismo.

Conviene recordar que cuando el criminal Hitler invadi la URSS gobernada por el criminal Stalin, la izquierda se coloc en el campo sovitico, sabiendo que la derrota del nazismo era indispensable para cualquier proyecto democrtico. Lo mismo vale para el ataque de Thatcher contra Malvinas bajo la dictadura de Galtieri o la invasin norteamericana a Irak bajo la tirana de Sadam. Las abstracciones neutralistas son particularmente inconvenientes en estos casos.

Los tres principios que guan a la izquierda -rechazo de las intervenciones imperialistas, oposicin a los dictadores y solidaridad con los pueblos sublevados- adoptan formas muy diversas en cada circunstancia.

Estos debates seguramente continuarn, puesto que el mundo rabe atraviesa una conmocin sin precedentes. Todos los mitos sobre la pasividad de ciertos pueblos han quedado desmentidos por los acontecimientos de Medio Oriente.

Se obtuvieron grandes victorias en Egipto y Tnez, pero el desenlace de Libia marc un giro hacia la contraofensiva derechista. Esta arremetida se ha extendido a Siria y la reaccin ensaya varios caminos para sepultar los anhelos populares. Pero El Cairo y Estambul han demostrado que la batalla contina.

Medio Oriente afronta un contradictorio escenario de luchas y tragedias. La primavera ha devenido en un duro otoo y puede desembocar en un invierno imperial o talibn. Pero el resultado permanece abierto y en muchos lugares se avizoran despuntes de un verano democrtico. Hay esperanzas y posibilidades de alcanzar esa estacin.


BIBLIOGRAFA ADICIONAL

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Notas

[1] Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda). Su pgina web es www.lahaine.org/katz

[2] Luttwak Edward, In Syria, America Loses if Either Side Wins, New York Times, 24-8 2013. Tambin: Alba Rico Santiago, La intervencin soada, www.cuartopoder.es, ‎ 31/8/2013.

[3] Almeyra Guillermo, Antes que sea tarde, www.jornada.unam.mx,  01/09/2013. Cinatti Claudia, La primavera rabe y el fin de la ilusin democrtica burguesa, Izquierda n, 3, septiembre 2013.

[4] Ver: Achcar Gilbert, Toda la regin est en ebullicin A lEncontre kaosenlared.net,/ 09/02/2013. Achcar Gilbert, Ou en sont les revolutions, Inprecor decembre 2011-janvier 2012. Tambin Alba Rico Santiago, A un ao del inicio de la revuelta. Todo es posible salvo la revolucin, www.rebelion.org , 18/03/2012.

[5] Ver: Rousset Pierre, Le Pakistn, thatre de guerres, Inprecor 573-574, mai-juin 2013. Caillet Roman, Relativizar la importancia del fenmeno yihadista, www.abacq.org , 20-11-2013.

[6] Ver: Zoghlami Jalel Ben Brik, Les mobilisation peuvent affablir ou meme remettre en cause le gouvernement, Inprecor 590, fevrier 2013. Alba Rico Santiago, Tnez: territorio yihadista, www.aporrea.org/internacionales, ‎ 26/05/201.

[7] Ver: Papp Ian, La solucin de dos estados muri hace una dcada, ariaenpalestina.wordpress.com,15/9/13. Salinguer Julin, Anlisis de la situacin, A LEncontre, 16-11-2012. Nuestra visin en: Katz Claudio, Argumentos pela palestina, Revista Outubro, n 15, junio 2007, Sao Paulo.

[8] Assaf Adiv, Israel mondialise, Warschawski Michel, Faire Le lien, Inprecor juillet, aout-septembre 2011.

[9] -Saadi Elias, Elementos de anlisis, Socialismo o Barbarie, 07/09/2013 www.sobhonduras.org/index.php.

[10] -Naisse Ghayath, Une revolution en marche Inprecor juillet, aout-septembre 2011.

[11] Almeyra Guillermo, El Ben Bella revolucionario que conoc www.jornada.unam.mx/ 15/04/2012.

[12] Naba Ren, Diez aos despus de Irak , www.vanguardiaps.com.ar , 11/09/2013.

[13] Garca Gascn Eugenio, Siria camino a la particin, brecha.com.uy, ‎ 1-9-2013.

[14] Ver: Ramonet Ignacio Qu hace Francia en Mali?, www.rebelion.org 02/02/2013. Amin Samir Mali, Janvier 2013 www.legrandsoir.info/ 09/02/2013.

[15] Ver: Gelman Juan, Robotizando la guerra  www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/

09/02/2012. Engelhardt Tom, Washington, capital de la guerra, www.elpuercoespin.com.ar 30/07/2013.

[16] Nuestro enfoque general en: Katz Claudio, Bajo el imperio del capital. Edicin argentina , Luxemburg, diciembre de 2011.

[17] Amin Samir Egipt to day: the challenges for the democratic popular moviment, 24-8-2013.

samiramin 1931.blogspot.com. Fuentes Pedro, Triunfo o derrota de la primavera rabe, www.redaccionpopular.com, ‎ 04/07/2013. Kahairy Chedid, Coup de force des frres musulmans et ractiones popoulaires, Inprecor 590, janvier 2013.

[18] Ver: Rodrguez Olga, Turqua, eldiario.es, 6-6-2013. Kurkcigil Masis, Apres la revolte, Inprecor 595-596.

[19] Ver: Mohamed Hasan, Entrevista responsable de relaciones exteriores de PYD luchainternacionalista.org 08/05/2013.

[20] Alba Rico, Tnez funeral, resurreccin, peligro, Rebelin www.rebelion.org , 09/02/2013.

[21] Ver: Petras James, Las races de las revueltas rabes y lo prematuro de sus celebraciones www.rebelion.org, 06/03/2011.

[22] Ver: Tariq Ali, Os movimentos dos jvenes indignados, noviembre 2011 www.cubadebate.cu Noticias ‎, 30/11/2011

[23] Ver: Guerrero Modesto, La cruzada de un Papa feliz y preventivo, www.kaosenlared.net, 10/06/2013.

[24] Un anlisis muy completo en: Amin Samir, El mundo rabe: races y complejidades de la crisis, Ruth. La Habana, 2011.

[25] Matteuzzi Maurizzio, La primavera muri en Libia,  www.pagina12.com.ar , 22/10/2011

[26] Ver: Houtart Francois, The Syrian conflicto: analysis and reflections www.iaen.edu.ec, ‎ 31/05/2013 . Tambin Armanian Nazanin, Seis propuestas para la paz, www.aporrea.org/ , 08/09/2013.

[27] Ver: Izquierda Socialista, Repudiemos la intervencin imperialista, www. izquierdasocialista .org.ar/comunicados/db/332.htm ‎ 29/08/2013.

[28] Este balance en: Selfa Lance, Revolution, US intervention and the left, socialistworker.org, 29/03/201

[29] Este problema en: Castillo Jos, El pueblo libio est terminando con la dictadura, argentina.indymedia.org, 23/08/2011.

[30] Thierry Meyssant, www. voltaire net.org/article169438.html ‎ 15/04/2011 . Gmez Abascal Ernesto, Siria Continuacin de la guerra, www.rebelion.org, 20/03/2012. Otoni Pedro, Doctrina Obama y la guerra en Siria www.telesurtv.net 09/11/2012. Escobar Pepe, Por quin doblan las campanas. Siria resiste a Washington, www.voltairenet.org/ 01/01/2013

[31] Escusa Albert, Libia y la transformacin, ciutadansperlarepublica.blogspot.com, ‎ 29/03/2011.

[32] Ver: Cruz Alberto, El suicidio de la izquierda rabe www.nodo50.org 15/08/2013

Alba Rico Santiago, Todos en contra de la democracia , www.aporrea.org/internacionales 09/09/2013.

[33] Ver debate entre; Amin Samir Mali, Janvier 2013 www.legrandsoir.info/ 09/02/2013, -Amin Samir Repond sur le Mali www.m-pep.org 04/02/2013, Drweski Bruno, Page Jean Pierre, Mali gauche proguerre et recolonisation, www.legrandsoir.info/ 09/02/2013 -Martial Paul, Sobre el apoyo de Samir Amin a la intervencin francesa www.kaosenlared.net/. 04/02/2013. Tambin CADTM frica condena la intervencin Mali,‎ cadtm .org/L 31/01/2013.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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