Portada :: Chile
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2013

La primera dictadura de la globalizacin

Mike Gatehouse
Red Pepper

Traducido del ingls para Rebelin por Christine Lewis Carroll


Cuando el general Pinochet derroc al gobierno de izquierdas de Salvador Allende en Chile, Mike Gatehouse fue uno de los miles de activistas detenidos. En el 40 aniversario del golpe describe la esperanza y el horror del momento.

Llegu a Chile a mitad del mandato del gobierno de Unidad Popular. Se haba elegido presidente a Salvador Allende el 4 de septiembre de 1970; era su cuarto intento de llegar a la presidencia. Lideraba una coalicin de su propio partido -el Partido Socialista-, el Partido Radical -homlogo del Partido Laborista de Gran Bretaa, afiliado de la Internacional Socialista-, el Partido Comunista y otros partidos menores, uno de ellos escindido del Partido Demcrata Cristiano.

El estado de nimo del pas en marzo de 1972 era todava bastante eufrico a consecuencia de logros sustanciales y muy populares, tales como la nacionalizacin de las minas de cobre de Chile y la bsqueda de una reforma agraria ms radical. La gente crea todava que por fin tena un gobierno que les perteneca y que llevara a cabo mejoras reales e irreversibles para los pobres y desposedos. Como dice la letra de la cancin de Inti-Illimani, porque esta vez no se trata de cambiar un presidente, ser el pueblo quien construya un Chile bien diferente.

Una cultura radicalizada

En ese momento Chile era un sitio apasionante. Todo el mundo estaba comprometido. No haba sitio, como reza la letra de la cancin de Vctor Jara, para los mirones: ni chicha, ni limonada. El debate poltico era constante, ubicuo y practicado por todas las edades, clases e ideologas, tanto de la derecha, el centro y la izquierda. En los peridicos -la mayora de los cuales sigue en manos de la derecha-, las revistas, la radio y la televisin se discuta cada accin del gobierno, cada promesa hecha por Allende y sus ministros y cada movimiento de la oposicin con una profundidad, una sofisticacin y un veneno casi inimaginables en la Gran Bretaa de hoy.

Los cambios no fueron slo polticos, sino tambin culturales. La mayora de los cantantes populares, actores, artistas, poetas y autores se identific estrechamente con Unidad Popular y se consideraban comprometidos en la batalla contra los valores importados e implantados de Hollywood, Disney, Braniff Airlines, Los fros traficantes de sueos en revistas que de la juventud engordan y profitan en las crticas palabras de la cancin de Vctor Jara Quin mat a Carmencita? Se puso de moda jugar al ajedrez en las cafeteras y plazas, a la vez que se debata febrilmente de poltica.

El editor nacional Quimantu -la antigua compaa ZigZag que el gobierno compr en 1971- imprima una gran variedad de libros que venda a bajo precio para permitir a los ms pobres tener libros, disfrutar de leer y tener acceso a la literatura. Durante sus dos aos de existencia se imprimieron 12 millones de libros que no slo se distribuan en libreras, sino tambin en kioscos de prensa en la calle, autobuses, sindicatos y en algunas fbricas.

Nubes oscuras

Pero se divisaban nubes oscuras en el horizonte. La CIA ya haba intentado dar un golpe de Estado en 1970 y un secuestro chapucero que desemboc en el asesinato del General Schneider, comandante en jefe del ejrcito chileno. La ITT y otras corporaciones estadounidenses fomentaban una intervencin ms decisiva por parte del Departamento de Estado. Hubo una financiacin inmensa de los grupos de oposicin en Chile y el precio del cobre -la exportacin clave de Chile- se manipul en el mercado mundial. La economa empezaba a tambalearse y la inflacin suba.

En octubre de 1972 los propietarios del transporte por carretera escenificaron un gran cierre patronal -todava denominado por error huelga de camioneros- que paraliz el transporte por carretera, asaltaban o saboteaban los vehculos de cualquiera que segua trabajando y pagaban jornales muy por encima de los ingresos habituales a los camioneros propietarios que llevaron sus camiones a los campamentos de huelga montados en las cunetas de las carreteras. El ambiente de estos campamentos era similar al de los bloqueos de las refineras de petrleo de Gran Bretaa en 2000, slo que mucho ms grave y violento. Los alimentos, el petrleo y la gasolina escaseaban.

En mis horas libres descargaba los trenes en la estacin de Yungay de Santiago de Chile, junto con los equipos de voluntarios organizados por los Jvenes Comunistas Chilenos y otros grupos.

El cierre patronal remiti y toda la atencin se concentr en las elecciones al Congreso que se celebraron a mitad de la legislatura en marzo de 1973. A pesar de la campaa concertada de los medios de comunicacin de la oposicin para denunciar la creciente escasez de alimentos y las dificultades econmicas que incidan en los niveles de vida de muchos trabajadores, Unidad Popular increment su voto en un 43,2%.

Pero para entonces el Partido Demcrata Cristiano se haba derechizado y se identificaba cada vez ms con los partidos de la derecha tradicional. Su peridico -La Prensa- publicaba con ms frecuencia mensajes virulentos anticomunistas y a veces antisemitas. Este bloque dominado por la derecha tena mayora en el Senado y la Cmara de los Diputados e impeda la aprobacin de cualquier legislacin. Unidad Popular significaba el camino al comunismo a travs del estmago, es decir hambre y el socialismo significaba promocionar la envidia o el odio (hacia los ricos).

La violencia de los ricos

La oposicin -unida en ese momento - decidi que si los votos no podan proporcionar los resultados requeridos, recurrira a la violencia y a los militares. Los edificios y organismos gubernamentales fueron objetivo de los pirmanos y el sabotaje de la red elctrica origin apagones frecuentes. Las pandillas de jvenes de clase media en Providencia -una de las avenidas ms adineradas de Santiago- paraban los trolebuses y los incendiaban.

El 29 de junio el Regimiento de Tanques nmero 2, liderado por el Coronel Souper y apoyado por la direccin del grupo fascista Patria y Libertad, escenific un golpe de Estado. Los tanques rodearon la Moneda, el palacio presidencial en el centro de Santiago. Pero el resto de las fuerzas armadas no prest su apoyo y el golpe fall. Pas ese da con mi amigo Wolfgang -un cineasta de la Universidad Tcnica del Estado- intentando filmar la accin en el momento que suceda.

No sabamos en ese momento si se trataba de un ensayo general o un intento fallido por parte de un grupo de cabezas locas. Nuestro alivio por su fracaso fue efmero: se hizo evidente de inmediato que lo peor quedaba por venir. En mi lugar de trabajo -el Instituto Forestal- empezamos a hacer turnos de guardia por la noche para proteger los edificios contra el sabotaje. Los vehculos todoterreno ARO distintivos del Instituto haban sufrido emboscadas en el sur conservador de Chile y se haba agredido a los conductores.

En el vecindario pobre donde yo viva cerca del centro de Santiago, habamos montado un comit de suministro de alimentos, cuyo objetivo era combatir el mercado negro, disuadir el acaparamiento y asegurar que los alimentos bsicos como arroz, azcar, aceite y algo de carne se distribuyeran entre los residentes locales a precio oficial. Habamos inscrito a 1.200 familias en una zona de ocho manzanas y a las asambleas generales semanales asistan unas 400 personas. Contactamos con los dueos de los pequeos comercios de ultramarinos de la zona, pero no fuimos bien recibidos.

La rebelin militar

El pas se encontraba de facto en un estado de guerra civil. Allende intent estabilizar la situacin al incorporar a varios militares en su gabinete pero a su leal jefe militar, el General Prats, lo obligaron a dimitir cuando un grupo de esposas de otros generales se manifest delante de su casa y lo acusaron de cobarda. El General Augusto Pinochet lo sustituy; en ese momento se le consider todava leal a la constitucin.

A principios de septiembre de 1973 preveamos un aumento progresivo de la violencia por parte de la derecha, una rebelin militar, ms intentos de golpe de Estado. Los partidarios de Unidad Popular se manifestaron el 4 de septiembre delante del Palacio de la Moneda donde Allende -desesperadamente cansado y serio- salud a sus seguidores.

Pero no estbamos preparados para la celeridad, precisin y totalidad del golpe de Estado que se inici en Valparaso la noche del 10 de septiembre y que -a las 3 horas de la maana del 11 de septiembre- se haba hecho con el control del gobierno, de las principales ciudades, los aeropuertos, las emisoras de radio y televisin, la red telefnica y las comunicaciones.

En el Instituto Forestal nos reunimos en la cafetera. La mayora de los trabajadores se fue a casa a recoger a los nios del colegio, a asegurar la seguridad de su familia. Quiz algunos haban recibido rdenes de sus partidos de acudir a ciertos lugares de la ciudad con el fin de defenderlos, esperar rdenes o hasta de coger las armas. Algunos nos quedamos para custodiar los edificios hasta que el toque de queda militar hizo que nos fuera imposible partir. La radio slo retransmita msica militar y los bandos militares se lean con una voz entrecortada mecnica y cruel; se haba declarado un toque de queda indefinido que duraba las 24 horas, se lea los nombres de los que deban entregarse inmediatamente en el Ministerio de Defensa y se justificaba el pronunciamiento militar.

La tortura y los asesinatos

Al principio pensbamos que haba resistencia, que las fuerzas armadas se dividiran, incluso que el General Prats marchara desde el sur con los regimientos leales a la constitucin. Pero nada de esto ocurri. Los focos de resistencia en las zonas industriales de las ciudades se eliminaron rpida y brutalmente, se detuvieron a algunos mandos militares, otros huyeron del pas, pero no hubo una rebelin significativa. Los partidos de Unidad Popular y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria se prepararon para la resistencia clandestina, pero como haban trabajado pblica y abiertamente durante tanto tiempo, la mayora de los dirigentes fue identificada al instante, detenida y asesinada.

Junto con otras personas no chilenas, me escond esa noche en el cobertizo de un colega que viva cerca del Instituto. Al volver la maana siguiente encontramos el Instituto vaco con las puertas forzadas y marcas de bala. Una patrulla militar haba llegado durante la noche y haba detenido al director y a los que haban quedado para hacer guardia. Registramos todo el edificio, despacho a despacho, eliminando todo rastro de nombres, afiliacin sindical, carteles e insignias de partidos, todo lo que podra incriminar a nuestros colegas. Fue duro: todo lo que haba sido normal, rutinario y legal fue ahora ilegal, peligroso y potencialmente letal.

Ms tarde algunos limpiadores llegaron y nos advirtieron que nos furamos: podran volver los militares y detenernos. Nos llevaron por el campo a las chabolas donde vivan y -ponindose en riesgo a s mismos y a sus familias- nos escondieron y alimentaron hasta el fin del toque de queda.

Pasamos los das siguientes en el limbo, de casa en casa de amigos. De mis dos compaeros de piso chilenos, uno haba sido detenido el 12 de septiembre en la Universidad Tcnica del Estado junto con cientos de estudiantes y acadmicos y llevado al Estadio de Chile donde se tortur y asesin a Vctor Jara. Wolfgang consigui escapar y se asil ms tarde en Gran Bretaa. Mi otro compaero, Juan, haba pedido asilo en la embajada sueca.

Una limpieza completa

Es difcil captar la escala y la minuciosidad del golpe de Estado. Desde el principio los militares buscaron sustituir a todos los funcionarios, desde los ministros, gobernadores provinciales y rectores de universidad hasta los alcaldes de ciudades pequeas y directores de institutos. Los sustitutos fueron en su mayora militares en activo o retirados o de la confianza de los gobernantes.

Los departamentos universitarios -sobre todo sociologa, polticas, periodismo- se depuraron o se cerraron y se abolieron licenciaturas enteras. Se saquearon bibliotecas y libreras y se quemaron libros. Los bloques de apartamentos en el centro de Santiago en el centro de Santiago se registraron y se tiraron todos los libros -incluyendo los mos- por las ventanas de los pisos para quemarlos en la calle. Se declararon todos los partidos polticos en receso y los de Unidad Popular y la izquierda se prohibieron y se requisaron sus oficinas y propiedades.

La polica haba realizado una redada dos veces en nuestro apartamento despus de que unos vecinos de derechas alegaran que all albergbamos un arsenal de armas. Fue una imprudencia por mi parte volver -diez das despus del golpe de Estado- a recoger algo de ropa y ya me iba cuando la polica bloque la calle y una patrulla armada me detuvo.

En la comisara haba un ambiente de histeria. Los carabineros haban luchado el da del golpe de Estado entre los que eran leales a la constitucin y los que apoyaban el golpe. Los supervivientes haban estado de guardia casi permanentemente, alimentados con rumores de que haban llegado extranjeros a Chile para asesinar a sus familias. Aunque pareca improbable -debido a mi pelo rubio y ojos azules- me acusaron de ser extremista cubano. Una pila de libros -quiz los mos incluidos- se quemaba en el patio y el humo me llegaba a travs de los barrotes de la celda donde me retenan.

En el Estadio Nacional

Ms tarde ese da me llevaron al Estadio Nacional, el gran recinto nacional de ftbol y deporte. La entrada estaba atestada de grupos de prisioneros que llegaban de los cuatro puntos de la capital. Haba un grupo importante con batas blancas, mdicos y enfermeros de uno de los principales hospitales, detenidos porque se haban negado el mes anterior a unirse a sus colegas de derechas en una huelga contra el gobierno.

Nos llevaron como rebaos hasta los vestuarios y despachos. Los soldados estaban situados con ametralladoras a lo largo del pasillo que rodeaba el estadio por debajo de las gradas. ramos 130 en nuestro camarn, un vestuario de equipo donde slo podamos dormir por la noche en filas y tocndonos pies con cabeza. En la celda contigua haba mujeres; algunas haban sido horriblemente vejadas y torturadas, pero su moral y cnticos nos sostuvieron durante los das siguientes.

Las fotografas del momento tienden a mostrar a los prisioneros en las gradas. Pero estos prisioneros slo eran una pequea parte del nmero total, mientras muchos ms permanecieron en las celdas subterrneas y aquellos prisioneros que se seleccionaron para interrogacin, tortura y eliminacin se llevaron al veldromo colindante.

Yo tuve suerte. Mi familia y amigos haban informado a la embajada britnica de que estaba desparecido y en el sptimo da de mi detencin en el estadio el cnsul britnico se present para obtener mi liberacin. Quera quedarme en Chile pero sin documentos ni empleo -todos los extranjeros del Instituto haban sido suspendidos indefinidamente por el nuevo director nombrado por los militares- no tuve ms remedio que partir. Otros muchos fueron menos afortunados. Al ingeniero brasileo que estuvo conmigo en el camarn lo encapucharon y golpearon en los odos con un bate de madera hasta que casi no oa y fue interrogado tanto por la inteligencia chilena como por la brasilea. Se lo coment a Amnista Internacional, pero nunca supimos qu fue de l.

El neoliberalismo empieza aqu

Cuando volv a Gran Bretaa me un a la Chile Solidarity Campaign que se estaba formando con el apoyo de Liberation, los principales sindicatos, el Partido Laborista y el Partido Comunista, el IMG [Grupo Marxista Internacional] e IS, gente procedente de las iglesias y el teatro y acadmicos, artistas y msicos. En ese momento creamos que la dictadura durara poco y personalmente esperaba volver a Chile para retomar mi vida all.

Pero no entendimos entonces que el rgimen de Pinochet fue mucho ms que la suma de sus tropas, el armamento y la represin. Fue un proyecto econmico completo, quiz el primer intento total de implantar una revolucin neoliberal mediante la conmocin extrema de un golpe de Estado y una dictadura. Pero el poder que lo apuntal no resida en el Ministerio de Defensa de Santiago, sino en Washington y Chicago, en las sedes centrales de las corporaciones, los bancos y los comits de expertos, en la City de Londres, Delaware y los imperios extraterritoriales emergentes que tan brillantemente document Naomi Klein en La Doctrina del Shock. Estas instancias dominaron no slo Chile sino los Estados y las economas de gran parte del mundo desarrollado que a pesar de la actual recesin, siguen dominando.

La lucha contra esta dictadura econmica globalizada acaba de empezar. Incluso en Chile, ms de 20 aos despus del fin del rgimen de Pinochet, los miles de estudiantes que han tomado las calles saben lo que piden: que se ponga fin al modelo liberal en la educacin y otros servicios pblicos y que se reinstaure la provisin universal como derecho humano.

 

Mike Gatehouse es activista y periodista. Vivi en Chile en 1972 y 1973 y despus de partir trabaj en la Chile Solidarity Campaign y el Comit de Derechos Humanos de El Salvador. Es ahora miembro del equipo editorial de Latin America

http://www.redpepper.org.uk/chile-the-first-dictatorship-of-globalisation/



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter