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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2013

En torno a Sociofobia, de Csar Rendueles
El miedo a lo colectivo

Beln Gopegui
Rebelin


Lo que sigue son las notas tomadas para la presentacin de Sociofobia el jueves 3 de octubre en La Tercera junto a Amador Fernndez-Savater y Csar Rendueles. Estn pensadas para ser contadas en voz alta pero, siguiendo la pauta de Amador, quien ha colgado las suyas aqu, las pongo a disposicin de quienes hubieran querido asistir y no pudieron hacerlo. Coincido con Amador en destacar lo singular de una presentacin planteada, ms all del agasajo, como debate entre los participantes y con el pblico en la sala. Doy las gracias a Csar Rendueles y a Capitn Swing por haber puesto en circulacin un texto que nos permite hacernos preguntas necesarias y nos ayuda a buscar las respuestas, y a Jorge Sola, quien present y moder el acto, a La Tercera y a En Construccin, por sostener un espacio y un tiempo donde estas conversaciones sean posibles.

He encontrado en Sociofobia dos rasgos que aprecio en las novelas. Una escritura atenta tanto a lo que se dice como a lo que no se quiere que las palabras digan por inercia; y el hecho de que el narrador de este ensayo -si es que los ensayos, que yo creo que s, tienen narrador- narre porque quiere saber. Leer este libro es, por tanto, sentirse parte de una indagacin y llegar al final no es encontrar a un asesino tramado antes, sino comprender mejor qu nos est pasando.

"Las propuestas polticas -dice Rendueles - que confan en la aparicin de nuevas formas de sociabilidad (aqu se refiere en parte a las propuestas del hombre nuevo) despiertan desasosiego incluso entre sus partidarios. (...) No vemos claro por qu demonios vamos a dejar de ser individualistas, egostas, desconfiados e insolidarios". Un poco ms adelante describe lo que considera como el callejn sin salida sociolgico de la izquierda: "la bsqueda de una estructura consistente y viable de compromiso con los dems, compatible con la autonoma individual y la realizacin personal".

Estimo que su libro trata sobre todo de esa bsqueda, poniendo en el centro la fragilidad y la dependencia y dando en el blanco de uno de los miedos menos tratados, por as decir, desde dentro, cuando se habla de la izquierda: el miedo a lo colectivo, que l perfila a lo largo del ensayo, de ah el ttulo.

Dado el espacio de debate donde nos encontramos, ms que comentar el libro voy plantear algunas cuestiones al hilo de su lectura, pues creo que una de las virtudes de un ensayo es que nos permita pensar en comn y hacerlo a travs de sus enfoques.

1. La primera trata sobre el hombre nuevo capitalista. Partiendo tambin de la conciencia de la vulnerabilidad pero no para encontrar en ella algo fundacional sino algo a combatir, el capitalismo ha generado su propio hombre nuevo, o persona nueva. La opcin del capitalismo es protegerse, como hace la hormiga en la fbula de la cigarra. Acumula, y nos hace acumular. Nos ofrece coches que son armaduras, no importa si nos estrellamos con ellos, importa que en su interior nos sintamos fuertes. Nos brinda ahora conexiones, vnculos que son ciertamente frgiles, pero que tambin pueden defendernos. Y procura eliminar lo que Csar describe como "la tendencia de los seres humanos a coordinarse de forma no competitiva".

Dice Rendueles que "a juzgar por la propaganda sovitica, el nuevo sujeto postcapitalista era un vigoroso cctel de entusiasmo enfermizo por las grandes obras de ingeniera, sumisin a la autoridad burocrtica y carcter gregario a caballo entre un lemming y un capitn de ftbol". Parafrasendole un poco, podramos decir que el nuevo sujeto capitalista post 1989 es un "vigoroso cctel de entusiasmo enfermizo por las coloridas obras de la electrnica, sumisin a las burocracias y servicios tcnicos de Samsung, Telefnica o Gas Natural, y carcter gregario a caballo entre un lemming y un Mourinho".

Con esto quiero decir que sera extrao impugnar propuestas polticas porque confan en la aparicin de nuevas formas de sociabilidad -en otras palabras, que al amparo de unas leyes y condiciones diferentes seamos mejores personas-, y sin embargo no ver cmo esas nuevas formas estn surgiendo constantemente a travs de prototipos de hombres nuevos capitalistas, que no son tampoco naturales, que estn en constante formacin y un da pueden, por qu no quererlo, extinguirse dando lugar a prototipos diferentes en un sistema poltico diferente.

Si el capitalismo ha ido creando sucesivos modelos hombres nuevos y mujeres nuevas, tiene sentido negarle esa capacidad a otras tradiciones emancipatorias? Hay todo un proyecto tico ligado a la emancipacin colectiva, son tantas las personas que han dado su esfuerzo, su tiempo, a veces sus vidas, y casi todo con amabilidad, generosidad, potencia, desde cada una las muchas tradiciones de la izquierda, que resulta inimaginable no recordarlas. El hombre nuevo, mejor la persona nueva, no es ningn milagro en busca de pistas de aterrizaje sino el fruto del cultivo de unas facultades en lugar de otras. Voy a poner dos ejemplos menores, precisamente para evitar cualquier idea mgica de la transformacin. Algunos de los presentes habrn asistido alguna vez a una asamblea, pongamos en Cuba, y quiz hayan llegado a pensar que la funcin crea el rgano, porque es difcil encontrar en otra parte tal cantidad de calma -si bien el respeto tomado como motor en las asambleas del 15M probablemente la rozaba- y perseverancia para intervenir, hablar, escuchar incluso lo que est fuera de lugar, argumentar y finalmente llegar a conclusiones, calma y perseverancia de que la mayora de las personas habituadas a las prcticas del capitalismo posterior al muro de Berln carecemos.

Tambin el feminismo ha creado nuevas formas de sociabilidad. Por ejemplo, al mismo tiempo que la incorporacin de la mujer al mercado de trabajo ha trado ruptura de algunos vnculos comunitarios tradicionales, ha contribuido a extender la conciencia de la vulnerabilidad, de nuestra dependencia y nuestra solidaridad. Conciencia -y praxis- de la que, justo es reconocerlo, muchos de esos padres cansados en busca del socialismo a los que alude Rendueles -digo padres aqu en sentido estricto, sin inclusin de madres- carecan antes, como tampoco estaban tan cansados.

Mi pregunta es entonces si en esa "bsqueda de una estructura consistente y viable de compromiso con los dems, compatible con la autonoma individual y la realizacin personal" lo que nos da ms miedo no es tanto no encontrar formas de realizacin, sino aceptar que sta puede no ser tan personal, que nuestro yo no es algo tan precioso y peculiar sino tambin un nudo de la red y si cambia la red, cambiar el nudo.

2. La segunda cuestin tiene que ver con el proceso a travs del cual la fragilidad se hace fuerte.

"La fragilidad", deca un personaje de una novela, "no me conmueve porque s. En el caso de las algas, por ejemplo, el hecho de ser en extremo dependientes de los aspectos fsicos y qumicos del medio circundante, las convierte en bioindicadores de las variaciones medioambientales. Con los sujetos frgiles sucede algo parecido: son los primeros en caer y su cada alerta de las variaciones ocurridas en el medio, entre las cuales a menudo sobresale la degradacin". Comparto ese punto de vista. Sin embargo, al mismo tiempo, entiendo bien estas palabras que una vez o decir de alguien: "Es demasiado dbil para ser bueno".

La frase presupone el contexto, claro. En un contexto de agresin, explotacin e injusticia, la debilidad puede confundirse con complicidad y consentimiento. Amador Fernndez-Savater hace poco escriba sobre la fuerza y el poder y, a partir del hecho de que un grupo de cincuenta personas paren un desahucio, planteaba en su personal lectura de la hegemona de Gramsci, una definicin de fuerza que estara ligada a la capacidad para redefinir la realidad: lo digno y lo indigno, lo posible y lo imposible. Relaciono esto con una idea que Rendueles trata en diversas ocasiones. Csar dice: "Si nos pensamos frgiles y codependientes estamos obligados a pensar la cooperacin como una caracterstica humana tan bsica como la racionalidad".

En ambos casos se pone el acento en la importancia de la visin del mundo, de la capacidad para redefinir. En primer lugar me gustara preguntar por los mtodos para extender esa visin del mundo. Porque no podemos dejar de saber que la fragilidad cobra su mayor valor cuando muchos y muchas frgiles constituyen una fuerza.

En segundo lugar planteo una pregunta que es tambin un deseo: ojal tengis razn, ojal redefinirnos pueda actuar como una infiltracin que transforme las estructuras en que vivimos. Entonces, si as fuera: qu pasara con lo viejo, con esas estructuras de siglos que precisamente porque temen la fragilidad, han reaccionado ante ella mediante acumulacin, armaduras, armas? La lucha de las revoluciones ha sido siempre la lucha contra la permanencia y el rearme de lo viejo, cmo abordarla hoy y cmo valorar la urgencia.? Pues es cierto que siempre se ha temido al dolor de las revoluciones, pero qu valor le dar al dolor que provoca la lentitud de nuestros pasos?

3.Paso una tercera cuestin, centrada en el tema que ha resultado ser el ms llamativo del libro de Rendueles aunque para m no sea el fundamental: me refiero a la tecnologa y a esa frase muchas veces discutida de si la tecnologa es neutral, una herramienta que puede ser usada para un fin o su contrario, el cuchillo que pica cebollas o se clava en el corazn. Csar as lo afirma, y sin embargo al mismo tiempo yo percibo su pensamiento ms cerca del de Jerry Mander, quien no considerara la tecnologa como una herramienta sino como algo ms amplio, y, desde ah, escribe: "La idea de que la tecnologa es neutral, no es neutral en s misma, puesto que nos impide ver hacia dnde nos dirigimos y favorece directamente a los promotores de la va tecnolgica centralizada".

Lo mejor de internet es su capacidad para la descentralizacin y para la creacin de redes distribuidas; sin embargo, su misma existencia ha presupuesto la construccin de redes centralizadas, empresas con monopolios, plataformas no libres a travs de las cuales nos relacionamos, redes de vigilancia y, por ltimo, un sistema de explotacin sin el cual no sera fcil que dispusiramos de nuestras bateras y nuestros telfonos mviles al ritmo actual.

En qu medida, dadas estas circunstancias, podemos hablar de una tecnologa neutral? No sera ms til conocer la ciudad aun si sea para ocuparla desde dentro, como en parte ya se est haciendo, en lugar de pensar que en el interior de uno o varios edificios podremos actuar a voluntad, como si estos edificios no fueran parte de sus estructuras ni estuvieran sometidos a sus leyes?

4. La ltima cuestin, supongo que me toca plantearla, es la contradiccin capital/trabajo. Pues aunque Csar nos haga notar que, sin contar con el llamado capitalismo de estado en China, no ms de un 40% de la poblacin mundial est implicado directamente en una relacin capital-trabajo, lo cierto es que el porcentaje de la poblacin que indirectamente lo est, a travs de los Estados o a travs de los cuidados, puestos ambos al servicio de la produccin, es mucho ms alto. En este marco, Rendueles propone un objetivo poltico que comparto: la necesidad de construir un entorno social donde las distintas instituciones econmicas estn sujetas a la posibilidad de deliberacin democrtica. Sin embargo, no es esto algo que pueda hacerse de forma amistosa y sin encontrar violentas resistencias.

Antes de formular la cuestin, quera hacer un pequeo excurso sobre las bombillas. Como ha dicho Jorge Sola en la presentacin, Csar recurre en su libro a menudo a la hiprbole y a un estilo cargado de imgenes y ejemplos. Esto dinamiza la lectura y proporciona ancdotas memorables, pero tambin a veces puede dar lugar a tomar la parte por el todo, o la minora por la mayora. Cuenta Csar que estando en un seminario sobre el capitalismo, ejemplific la incapacidad de este sistema incluso para aprovechar sus propias potencialidades con la famosa bombilla de una estacin de bomberos hecha para durar miles y miles de horas y que an subsiste, fabricada antes de que las empresas pactaran, obsolescencia programada mediante, reducir su duracin a mil. Dice que un joven profesor de la antigua RDA intervino para contestar que vale, pero que cmo se explicaba entonces que en la RDA las bombillas slo duraban quinientas horas. Despus de preguntar a personas de varios pases del Este, parece probable que el comentario del profesor fuese ms un juego simblico, que una opinin documentada. Ninguna de las personas que vivieron en la RDA con quienes he hablado recuerda una duracin de las bombillas menor que la actual. Por otro lado, la durabilidad era un valor en la legislacin sovitica, a travs de los llamados bienes robustos que deban estar garantizados por perodos de quince o ms aos. Es obvio que haba carencias en el mercado sovitico y que a menudo no se encontraban repuestos. Incluso y como contra-ancdota hay quien me ha dicho que su nevera dur veinticinco aos, que una vez tuvo que cambiarle una parte del motor pero nunca la bombilla. Fue adems en la RDA donde, dicen, se fabric, en los aos ochenta, una bombilla de dos mil quinientas horas y la cada del muro dio al traste con este proyecto.

Volviendo al tema general, me interesa sealar que el sistema de planificacin que Csar pone en duda como mecanismo global no era slo un problema de ceguera burocrtica, era tambin un modo, no digo que el mejor, de plantar cara a esas fuerzas que irrumpen cuando se pretende someter a deliberacin democrtica cuestiones contrarias a su inters. Cuando se combinan dos necesidades, hacer las cosas bien y defenderse de ataques reiterados, actuar es ms difcil.

En el apartado sobre la imaginacin institucional Csar desgrana propuestas muy tiles y luminosas para el despus, para el postcapitalismo. Pero no menciona el trnsito, esto es: cmo llegaramos al momento de estar en disposicin de elegir libremente, sin presiones ni amenazas, o con presiones y amenazas soportables, a qu materias aplicar la planificacin y a cules el mercado? Por eso la cuestin que me gustara plantear es sobre la vulnerabilidad del sistema con el que nos enfrentamos. Conocemos nuestra fragilidad y vulnerabilidad, cules son las suyas? Podramos usarlas para hacer la lucha ms sencilla?

Termino dando las gracias a Csar Rendueles por un libro capaz de clarificar temas como la supuesta tragedia de los comunes y la extraa amoralidad de los revolucionarios y revolucionarias, y hacerlo siempre consentido comn, humor, inteligencia y compromiso.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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