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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-10-2013

una lectura crtica de "Sociofobia" de Csar Rendueles
Poltica contra automatismos

Amador Fernndez-Savater
eldiario.es


Lo que puedes leer abajo son los apuntes que redact para la presentacin de Sociofobia el jueves 3 de octubre en La Tercera junto a Beln Gopegui y Csar Rendueles. Es algo pensado para ser contado y escuchado pero creo que se deja leer bien. Eso s, me temo que es terriblemente largo para los estndares de la Red. Pero decir algo no banal sobre el libro de Csar creo que requiere un poco de tiempo, espacio y atencin. Puedes imprimir o leer el texto en PDF aqu. Fue un autntico gustazo debatir con Csar, con Beln y con el pblico en la sala sobre lo que cada cual expuso en torno al libro en una presentacin que no fue la convencional de palmada en el hombro y puro agasajo.

La poltica: convivencia y accin

He dividido mi intervencin en dos partes. En la primera, voy a comentar uno de los hilos del libro que ms me ha interesado e interpelado. No se tratar de un resumen, sino de una interpretacin, es decir, no es exactamente lo que piensa Csar sino lo que a m me ha dado qu pensar. En la segunda parte quera plantear cinco dudas, preguntas y calas crticas sobre algunos desarrollos para seguir pensando juntos la pregunta que est en el fondo del libro: en qu puede consistir hoy una poltica de emancipacin.

Arranco con la siguiente cita de la filsofa Hannah Arendt: Escapar de la fragilidad de los asuntos humanos se ha recomendado tanto que la mayor parte de la filosofa poltica desde Platn podra interpretarse fcilmente como los diversos intentos de encontrar bases tericas y formas prcticas que permitan escapar de la poltica por completo.

Escapar de la poltica, de cul? No estamos hablando de la poltica de los polticos precisamente. Una definicin ms adecuada podra ser la siguiente: la poltica consiste en la prctica de hacernos cargo en comn de los asuntos comunes. Podramos distinguir dos dimensiones de ese hacerse cargo. Por un lado, la invencin de formas de con-vivencia (vivir juntos) en el elemento humano de la diferencia. Es decir, cuando el otro no es como yo, ni lo he escogido yo (como escogemos, por ejemplo, a nuestros amigos) y ni siquiera me gusta un pelo. Por otro lado, la invencin colectiva del porvenir. Es decir, cmo poner el destino en nuestras manos (y no delegarlo). Es el problema de la accin.

Por qu buscamos escapar de la poltica por completo? En la cita de Hannah Arendt se utiliza una palabra que puede darnos una pista (y que es una palabra clave en el ensayo de Csar): fragilidad. Los asuntos humanos son frgiles. Por qu, en qu sentido? Por un lado, son frgiles porque la vida de cada cual no empieza y acaba en cada cual, sino que est entrelazada necesariamente con la de los dems (y los dems, recordemos, no son como yo ni como a m me gustara que fuesen). La autosuficiencia es una ilusin, dependemos unos de otros y nos necesitamos unos a otros. Por otro lado, son frgiles porque la accin humana siempre es impredecible e irreversible. No hay ciencia de la poltica, a la hora de actuar nos apoyamos siempre en saberes fragmentarios y provisionales.

Pues bien, al parecer esta fragilidad es superior a nuestras fuerzas. Paradjicamente: no tenemos fuerzas para tanta fragilidad. Entonces buscamos ansiosamente una solucin para los problemas entrelazados de la convivencia y de la accin (y que juntos forman el problema de la poltica). Podemos entender el termino sociofobia precisamente como el deseo de liberarse de una vez por todas de la fragilidad de la poltica, del vivir juntos y de la accin.

Hannah Arendt dice que podemos entender toda la filosofa poltica como el intento de encontrar bases tericas y formas prcticas que den carpetazo (por fin) al engorro de la poltica. En efecto, desde el Rey-filsofo de Platn hasta la administracin de cosas que segn el marxismo sustituira a la poltica despus de la revolucin, se han ofrecido mil remedios para el mal de la poltica. El que se analiza crticamente en este libro se llama ciberfetichismo.

La puerilizacin del pensamiento poltico: el ciberfetichismo

Podemos desglosar al menos dos sentidos posibles del trmino fetichismo: por un lado, es la creencia en el poder y la influencia mgica de algo (el fetiche). Por otro, es un producto sin proceso. Este sera el significado del fetichismo de la mercanca segn Marx: el capitalismo nos hace ver un resultado (la mercanca en el escaparate) pero tapa lo que hay detrs (el proceso de trabajo real). Nos quedamos en la superficie y la apariencia. Vemos el producto, no el proceso.

Ahora podemos aproximarnos mejor al significado de ciberfetichismo. Ciberfetichismo sera la ideologa que nos propone una solucin a los problemas de la convivencia y de la accin. Esa solucin es Internet. Segn el ciberfetichismo, por un lado, Internet nos permitira una sociabilidad fcil y cmoda, sin costes ni demasiados compromisos, un vivir juntos sin conflictos ni fricciones. El otro est y no est cuando yo lo deseo: me conecto y me desconecto. Por otro lado, Internet nos librara supuestamente del problema de la accin, porque produce automticamente ciudadanos activos, es decir, crticos, es decir, polticos.

La mala noticia que nos da este libro es que todo esto es un espejismo (una palabra que le gusta mucho a Csar y que da nombre a su blog: espejismos digitales). Internet no soluciona ni el problema del vivir juntos ni el problema de la accin colectiva porque ambos requieren de relaciones y compromisos duraderos e Internet no los produce automticamente. Vivir juntos no es conectarse y desconectarse. Porque en la vida del mundo de los tomos no siempre se puede hacer un fork. Porque una cosa es hacer cosas juntos y otra hacer cosas a la vez.

Por otro lado, Internet tampoco nos libra del problema de la accin porque no hay arquitectura, diseo, mtodo o formalismo que, repitindose y replicndonse por todos lados, cambie por s mismo la sociedad y el mundo. El ciberfetichismo reduce la poltica a tcnica e ingeniera social y esto tiene al menos tres problemas muy serios: 1) implica que debe gobernar o mandar el que sabe (el ingeniero, el cientfico social que disea el mtodo o el formalismo); 2) nos hace olvidar que en poltica, para que algo tenga algn valor, tiene que haber necesariamente un trabajo de (re)creacin. No slo copia mmica, no slo reproduccin en serie de un modelo o prototipo, no slo producto sino tambin proceso, un trabajo constante de (re)elaboracin, (re)apropiacin y transformacin. Un mtodo puede ser en todo caso un punto de partida (y hay mucho que pensar y experimentar sobre ello), pero nunca una solucin: la confusin entre punto de partida y solucin es un efecto de la ideologa ciberfetichista. Y 3) presupone una visin mecnica del mundo donde, como se ha escrito, se puede dominar, programar y determinar el ser humano y la vida, la sociedad y su devenir. Y esto deja fuera el material bsico de la poltica: lo que no sabemos, lo que no funciona, lo que no encaja, lo incalculable, lo impredecible, lo incontrolable, lo que nos opone resistencia. En dos palabras, la fragilidad de los asuntos humanos.

El ciberfetichismo es una expresin ms de la puerilizacin del pensamiento poltico. Un pensamiento poltico pueril es el que nos vende una solucin en lugar de invitarnos a pensar un problema. Es la propaganda, el agit-prop o el marketing: vender una solucin, seducirnos con una receta. Un pensamiento que no nos requiere ningn trabajo o elaboracin: slo adhesin. Y que por tanto no emancipa, sean cuales sean sus contenidos. Un pensamiento que niega la realidad o la empobrece.

Hasta aqu algo de lo que el libro de Csar me ha dado qu pensar. Creo que est muy bien poner estas crticas encima de la mesa e interrogar algunas palabras que se han vuelto desgraciadamente fetiches o palabras-solucin: cooperacin, proceso, comunidad, participacin, etc.

Cinco calas crticas

A partir de ahora, planteo cinco preguntas, dudas o crticas que me surgen con algunos aspectos del libro.

--- La primera sera sobre la historia y los contornos de la ideologa ciberfetichista. No estn nada claros. Es ms, no hay ni una sola cita de un autor de la ideologa ciberfetichista, lo que resulta sorprendente en un libro que pretende su refutacin. Quines son los ciberfetichistas? Con quin est discutiendo Csar? Es un poco misterioso. Uno llega a pensar en la famosa falacia del hombre de paja: inventarse los argumentos del adversario para luego vapulearlo a placer. Pero consideremos mejor que este libro no quiere discutir con nadie en concreto, sino ms bien con un se dice. Esto es, con estereotipos, consignas y respuestas automticas que estn en el ambiente y se dicen. El problema es que sin las precisiones necesarias corremos el riesgo de aplanar realidades heterclitas y perder finura en el discurso ponindonos las cosas demasiado fciles.

Pienso en concreto en los mundos del copyleft, el ciberactivismo o los bienes comunes que segn Csar estn contaminados de ciberfetichismo (y que son, yo supongo, los que le preocupan, no tanto el ciberfetichismo de Steve Jobs o Bill Gates). Csar afirma por ejemplo que en el movimiento copyleft las licencias jurdicas funcionan como un fetiche-solucin y se pasan por alto las cuestiones del acceso a la informacin, la calidad de los contenidos o los remuneracin de los trabajadores culturales. Pero con quin se esta discutiendo? Con Enrique Dans, con Traficantes de Sueos...? No hay ninguna distincin entre la versin "liberal" y la versin "radical" del copyleft o los bienes comunes. O en el caso del ciberactivismo, quines seran los activistas digitales que piensan cambiar el mundo desde la comodidad de sus teclados? Change.org, Hacktivistas, David de Ugarte, Margarita Padilla? Y adems, no ha evolucionado muchsimo el discurso ciberactivista desde (pongamos) la Declaracin de independencia del ciberespacio de John Perry Barlow (un texto utpico y pionero que retrospectivamente es fcil tachar de "ingenuo")?

El copyleft, el ciberactivismo y el discurso de los bienes comunes no son bloques homogneos (que slo podemos criticar desde fuera), sino ms bien campos de tensiones o terrenos abiertos de experimentacin terica y prctica donde podemos encontrar diferentes posiciones (y conflictos y complicidades entre ellas). Sin precisiones, distinciones y un poco de historia, perdemos la posibilidad de construir conversaciones, de encontrar interlocutores y alianzas, personas y colectivos que estn planteando hace aos problemas similares desde dentro.

--- Mi segunda pregunta sera por qu contraponer vnculos duraderos y vnculos dbiles. Una vez disuelto el espejismo de que un contacto en Facebook es lo mismo que un amigo, una vez distinguido el tipo de cooperacin necesario para desarrollar Wikipedia y el tipo de compromisos que exige cuidar a los hijos, por qu contraponerlos? Por qu desechar los vnculos dbiles (basados en la operacin conexin-desconexin)? Por qu un o y no un y? Las iniciativas ms slidas y duraderas que he conocido consisten en una combinacin de relaciones densas y permanentes y de relaciones annimas y discontinuas. Est muy bien no confundirlas, pero por qu oponerlas? Un proyecto cualquiera necesita siempre de lo que solemos llamar ncleo duro donde efectivamente las relaciones son densas y permanentes, los compromisos fuertes y estables. Pero no slo. Requiere tambin de aportaciones puntuales, de engarces momentneos, de colaboraciones ocasionales (muchas veces de desconocidos), de gente que entra y sale (y en ese entrar y salir mueve las cosas, hace circular los saberes y las informaciones). Unas veces uno est en el ncleo duro de un proyecto y otras mil veces uno se conecta y desconecta cmo y cuando puede. Es un error grave desechar esa aportacin o verla como parasitismo. Y no digo grave por exagerar, sino porque uno de los desafos polticos ms serios que tenemos por delante es precisamente inventar formas y espacios polticos habitables por cualquiera (y no slo para especialistas, militantes o activistas). Desgraciadamente, las formas y espacios que tenemos (por ejemplo, las asambleas), por muy presenciales y analgicas que sean, no saben qu hacer con la diversidad que las puebla (diversidad de situaciones de vida y hbitos, de modos de expresin y relacin) y finalmente se vacan. En todos los planos, necesitamos urgentemente aprender a combinar las dos cosas (ni confundidas ni contrapuestas): relaciones densas y permanentes, relaciones annimas y discontinuas. Poner una "y" en lugar de una "o".

--- La tercera duda o crtica es sobre el trmino mismo de sociofobia, una duda ms abstracta o histrica quiz. A m, como s que le pasa tambin a Csar, me fascina el pensamiento reaccionario. Hace ya aos organizamos un nmero en la revista Archipilago sobre el tema y Csar colabor con un gran artculo sobre el pensamiento reaccionario en la novela negra. Hay entre los autores reaccionarios una lucidez muy inquietante, un realismo muy oscuro pero tambin estimulante para pensar. Pues bien, curiosamente lo que los reaccionarios y contrarrevolucionarios han reprochado siempre a los revolucionarios ha sido su sociofobia.

Reaccionarios como De Bonald o De Maistre explican que la vida en el Antiguo Rgimen era muy humana, que las comunidades aldeanas eran comunidades de verdad, que en el mundo tradicional haba un sentido muy extendido de la honestidad, de la reciprocidad y de las obligaciones sociales que alcanzaba incluso a los seores que, lejos de ser simples parsitos explotadores, constituan toda una red de contraprestaciones y obligaciones mutuas vasallo-seor, etc. (Todo ello a condicin por supuesto de poner entre parntesis la cuestin del poder.) Para estos pensadores reaccionarios, la Revolucin Francesa fue fruto de la rebelin del individuo desafiliado (annimo, sin antepasados, sin tradicin, sin religin, sin comunidad) contra el vnculo social y la autoridad comn. (Todo esto lo cuentan muy bien filsofos como Cornelius Castoriadis o Jacqus Rancire)

Y ms o menos las mismas cosas se han dicho despus de las rebeliones de los obreros, las mujeres, los negros o los homosexuales (y hace muy poco de Mayo del 68). Por eso pienso que tal vez merezca la pena especificar mejor el trmino sociofobia. No estamos ante una pelea con dos contendientes: capitalismo y vnculo social. Hay que precisar qu tipo de vnculo queremos, de qu materiales est hecho, porque un vnculo denso y permanente puede estar hecho perfectamente de desigualdades, silencios y expulsiones.

Csar dice que el capitalismo nos ha apartado de la norma antropolgica y que la poltica debe reconciliarnos con las fuerzas antropolgicas profundas. Esta fundamentacin de la poltica en una antropologa o naturaleza humana me parece muy problemtica. Pienso que la accin poltica no nos reconcilia con ninguna norma antropolgica, sino que ms bien crea nuevas posibilidades de lo humano (ms igualitarias, justas y cooperativas, pero tan artificiales como las dems). Y en ese sentido no creo que los reaccionarios se equivocasen al considerar a los sujetos y a los movimientos revolucionarios como monstruos, locuras o quimeras: no hay antropologa poltica, en todo caso la poltica es creacin antropolgica (de formas de vida).

--- La cuarta cuestin es la discusin entre Walter Benjamin y Pier Paolo Pasolini que se plantea al final del libro. Ese dilogo imaginario es muy sugestivo. No hace falta conocer a los autores. Benjamin representa en el dilogo una consideracin de la naturaleza ambivalente de la experiencia del presente. Registra la volatilidad del sujeto consumista, pero tambin por ejemplo su capacidad para habitar la inseguridad y la incertidumbre (que son finalmente el suelo de lo humano). Pasolini, el Pasolini de los Escritos Corsarios o las Cartas Luteranas, al final de su vida, representa por el contrario un diagnstico sin ambivalencias del presente: con un solo color, el negro.

Son fascinantes estos dos libros de Pasolini y rebosan amor por todas partes. Es una crtica del presente movida por el amor, el amor que senta Pasolini por las formas de vida pre-industriales: los jvenes de las barriadas, los dialectos, la cultura de la pobreza, el lenguaje de las cosas (cuando no eran tan slo bienes de consumo), el artesanado, el mundo campesino, etc. Pasolini ama tanto todo aquello que se rebela desesperadamente contra su aplastamiento en y por la sociedad de consumo (que l consideraba por cierto una mutacin antropolgica que converta a los jvenes en monstruos). Todo eso lo escribe Pasolini en 1975. Pues bien, dos aos ms tarde esa misma juventud monstruosa y desarraigada protagoniza el movimiento del 77. Ya no desde lugares claros y slidos (como la fbrica), sino desde los territorios ms difusos de la vida. Ya no desde lenguajes puros y propios (los dialectos y las jergas), sino usando -creativa, irnicamente- los lenguajes de los media y el consumo. Pero en todo caso lanzando un desafio formidable contra la muerte en vida del trabajo alienado y creando espacios y relaciones que permitan otra experiencia de vida.

Me pregunto si no habr pasado lo mismo con el 15-M. Donde supuestamente ya no haba ms que barbarie, consumidores infantilizados y atontados, emerge de pronto una cantidad de gente capaz de poner de nuevo en el centro de nuestras sociedades la pregunta poltica por excelencia: cmo queremos vivir juntos? Sin tradiciones polticas ni lenguajes predefinidos, en el mayor de los caos y las confusiones, como hurfanos y nios perdidos que somos. Frente a la posicin reactiva y nostlgica del ltimo Pasolini, me parece polticamente ms interesante la consideracin ambivalente de la experiencia del presente en Benjamin. Ver las potencias, no slo las prdidas. El libro de Csar es mucho ms pasoliniano que benjaminiano en este sentido: no se ve la ambivalencia del presente, ni tampoco sus potencias.

--- Por ltimo, me gustara hacer un comentario sobre mi experiencia cercana o implicada en los mundos inspirados por la cultura poltica hacker. En un sentido al menos, los hackers son las personas menos ciberfetichistas del mundo que he conocido. El ciberfetichista es ms bien cualquier ciudadano medio (como yo mismo) que se pone frente al ordenador todos los das sin saber por qu funciona como funciona ni (desde luego) cmo podra modificar ese funcionamiento. Los hackers hacen todo lo contrario: tocan el cdigo, es decir, lo que hay detrs de lo que vemos. Si lo sagrado es aquello con lo que nos relacionamos desde la distancia de un temor reverencial, los hackers desacralizan: cacharrean y alteran la tecnologa para ponerla a su servicio (y que no sea al revs). Y no slo para ellos, sino para todos.

Si hoy Internet es lo que es y permite lo que permite (potencialidades que no se le escapan a Csar), es precisamente porque se trata de una tecnologa intervenida. Cierta gente -con una visin del mundo y de la sociedad buena- se propuso en su momento y consigui torcer su rumbo como tecnologa militar, transformarla. Para ello los hackers han construido a lo largo de los aos toda una cultura poltica y material: con lenguaje y ficciones (como el cyberpunk), con cdigos y normas, con una filosofa bien interesante y sugerente (que confa en la autonoma e inteligencia de los dems y no en ningn centro director) y, muy especialmente, con una enorme preocupacin por combinar espacios en lnea y espacios presenciales (pensemos en los hacklabs, los hackmeetings o las cooperativas de software libre). Es decir, la cultura hacker sabe muy bien (y desde hace ya aos) que se trata de cruzar lo fsico y lo digital porque cada uno puede algo que el otro no puede. Aqu un fragmento de la presentacin que haca de s mismo el hacklab Cielito lindo de Lavapis hace ya ms de diez aos: porque resulta poco til y hasta triste experimentar en solitario aquellas cosas que puedes hacer fcilmente con otros, porque no queremos aislarnos del mundo que nos rodea sino todo lo contrario, porque el cuarto de cada uno es demasiado pequeo para montar redes de ordenadores, porque lo digital no sustituye a lo orgnico, porque es gozoso aprender y hacer cosas juntos.

Entonces, lo que yo me pregunto es si lo que necesitamos hoy no es ms tecnopoltica y no menos. Y por tecnopoltica entiendo simplemente un acercamiento, un hacer y un pensar polticamente la tecnologa. Precisamente porque no se trata de confiar en ninguna varita mgica, sino en la capacidad humana para subvertir, reapropiarse y transformar la tecnologa, dndole una direccin emancipadora. El libro de Csar tiene utilidad como advertencia crtica contra toda varita mgica, pero no encuentro orientaciones prcticas para pensar ese otro acercamiento poltico a la tecnologa que necesitamos hoy ms que nunca. 

Apostilla

Me alegro realmente de poder participar con estas palabras en la recepcin tan intensa que se est haciendo del libro de Csar -con mltiples comentarios, reseas y debates en blogs, redes sociales, etc.- y me pregunto si esa riqueza no tiene algo que ver tambin con la naturaleza del espacio pblico que se abre con Internet, donde la palabra ya no est monopolizada en manos del crtico de Babelia o del suplemento cultural de turno, sino mucho ms en nuestras manos.

Amador Fernndez-Savater acaba de publicar Fuera de Lugar. Conversaciones entre crisis y transformacin (Acuarela, 2013).

Fuente: http://www.eldiario.es/interferencias/Sociofobia_Cesar_Rendueles_6_182391776.html


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