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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-10-2013

Falsificaciones del caos

Cuauhtmoc Contreras
Rebelin


Durante la manifestacin pblica en conmemoracin de la masacre de Tlatelolco en 1968, volvieron a actuar grupos fuera del margen de la convocatoria que llamaba a no buscar una confrontacin intil, y no solo se arrojaron a la violencia y al saqueo, tambin sirvieron de escudo para que nuevos grupos de policas disfrazados actuarn agrediendo a la prensa y a la marcha en general. Como en otras ocasiones han asumido que lo realizaron fue un acto de guerra, un combate, ya el pasado 10 de junio haban recurrido a la falsificacin histrica argumentando que en 1971 sucedi una batalla y no una masacre, en virtud de lo cual asuman la responsabilidad de volver al combate.

Los hechos de violencia solo fueron una sorpresa para quienes no son capaces de reconocer la dinmica de tolerancia que el estado ejerce hacia los grupos denominados anarquistas.

Es falso afirmar que esta dinmica surgi a partir del 1 de diciembre de 2012, por lo menos desde 2003 la presencia de grupos que bajo la consigna del anarquismo ejercen acciones de violencia irracional es evidente.

Los comunicados y documentos que hasta la fecha han publicado son una coleccin de insultos a todo aquello que no sea ejercer la violencia, su sentido es inflamar los nimos de otras personas que estn en un estado mental adecuado para actuar violentamente sin racionalizar las consecuencias o utilidad de sus actos.

Es un acto de ingenuidad pretender defender a grupos que se caracterizan por afirmar una moralidad superior y que replican un discurso que no da cabida ni al dilogo ni a la critica, sistemticamente han atacado a todo grupo poltico o movimiento social cuando deja de ser una plataforma de apalancamiento para su propio discurso. Ejercen un modelo de actividad basada en la rapia de acciones convocadas por otras movilizaciones y la cobarda de usar movilizaciones pacficas como plataforma para ganar espacio meditico. Lo de ellos es la idealizacin del icono bajo los reflectores, un encapuchado con una bomba molotov es su imagen genuina de hroe y asumen que esa accin pese a ser seguida por la prctica de ocultarse en la multitud que no los convoco es de alguna manera un acto de valor.

Han construido la idea de que ellos estn viviendo una guerra y que son capaces de vivir clandestinamente a sus enemigos. Ambas ideas no pueden ser consideradas sino una enfermiza expresin de un discurso conspiranoico. Ademas de que esa guerra solo sucede en su imaginera, la clandestinidad que anhelan es por mucho una ilusin, el estado ha demostrado tener todas las herramientas para saber quienes son y donde estn. Y ellos mismos no estn dispuestos a abandonar la vida que llevan para incorporarse a una autntica clandestinidad. El estado tambin les ha dado todo el espacio para actuar y todos los reflectores para ser mostrados. Es evidente que despus de cada accin buscan afanosamente el enaltecimiento de sus actos ante la prensa que afirman odiar, la prensa por su parte participa abiertamente de la exhibicin pblica de la violencia por tres razones fundamentales:

1.- La violencia genera titulares, ratings y por ende recursos.

2.- El exponer a pequeos grupos demenciales actuando alimenta la construccin de sectores reaccionarios

3.- Mitifica frente a los sectores menos analticos a sujetos que pasan a formar parte de un imaginario colectivo como sujetos sociales de importancia e iconos falsos de las acciones polticas antisistmicas.

Esta estrategia no es nueva y ha servido para quebrar los movimientos sociales al presentar a individuos o grupos delirantes como representantes de movimientos sociales, como lderes o como los movimientos sociales.Sin embargo la actual situacin llega a un nuevo nivel de delirio cuando la denominada -coordinadora de las sombras- ataca a todas las expresiones polticas diferentes a ellos mismos, cierra cualquier espacio de dilogo o crtica

Si desde el estado la estrategia opera desde la lgica de fomentar y aprovechar las acciones violentas para operar detenciones arbitrarias e implantar el terror en la sociedad movilizada, desde los grupos violentos opera una lgica diferente, son ciegos a reconocer que el espacio de accin que tienen no es producto de su mtica clandestinidad sino de la accin orientada de las fuerzas del gobierno que les permiten actuar sin daar la integridad de sus organizaciones porque estas mismas son usadas como carnada para atraer a otros individuos desesperados a un frenes de acciones violentas que estigmatiza y reduce la participacin social en procesos antisistemicos.

En el nivel del estado mental de quienes asumen que estas acciones son insurreccionalistas hay en su propio discurso elementos para afirmar que ms que un discurso poltico lo que los motiva es un nivel de desesperacin y desconexin con la realidad que los coloca como auto marginados de sociedad, en su discurso, ellos y solo ellos realizan acciones validas, si en un principio de su emergencia se referan a las acciones directas como eufemismo de su violencia, hoy se refieren a la estrategia insurreccionalista como salida metafrica a la duda sobre el sentido de sus acciones. Esperan en todo caso que el escaparate que le da a sus acciones la prensa se vuelva una forma de contagio masivo que termine por destruir toda la cultura, toda la economa y todo el estado actual de las cosas. Sin embargo no hacen el mnimo esfuerzo en entender o dialogar con ningn grupo de la sociedad distinto a ellos, llevan una poltica endogmica donde al igual que en los procesos de formacin de una secta religiosa, asumen que cualquiera fuera del grupo es un ignorante, un cobarde o un incapaz. Opera en ellos la tormenta perfecta de emociones que describe el Dr. Scott Atran en los grupos terroristas, y tal como l afirma, los personajes que actan as, no son gigantes sino individuos llenos de rencores y carencias de nivel ms emocional que material.

Su extraccin no es de clase social ni son producto de la pobreza, aunque se asumen moralmente como emisarios de la accin de los desposedos. La distancia psicolgica que los separa de cualquier secta fundamentalista es realmente mnima.

En el nivel del discurso poltico es clara la posicin de totalitarismo que asumen, no hay mas camino que el suyo. La crtica es un acto del sistema en su contra y no merece sino insultos.

Caen en la falsificacin histrica recurrente, piden solidaridad cuando ellos no la brindan y estn dispuestos a atacar a cualquier segmento de la sociedad que se coloque en su camino. Recurren a un discurso poltico que tiene por lo menos las mismas carencias que cualquiera de los metarrelatos caducos de la modernidad y le otorgan un aura de infalibilidad.

No es posible tomar una lnea poltica y asumir como solucin absoluta para el universo de individualidades y posibilidades que conforma la sociedad, menos an por la va del insulto y el rechazo a lo diferente. Ms que asumir un discurso como verdad absoluta es necesario ms que nunca construir en el dialogo y la comprensin de las diferencias, construir sobre la base de la apertura y la honestidad. Rechazar por todos los medios a los nuevos tiranos hipertecnolgicos del estado y a los nuevos fundamentalistas de la violencia.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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