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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-10-2013

A seis meses, un primer balance
Jorge Bergoglio cumple medio ao como sumo pontfice

Jos Mara Poirier
Revista Debate

Las preocupaciones, los desafos y el impacto que provoc en el mundo el Papa Francisco.


Cabe preguntarse si pasados los primeros seis meses del pontificado de Francisco no es ya el momento de realizar un balance de su gestin. Desde el punto de vista poltico, los analistas podran decir que la etapa de los iniciales fervores y entusiasmos ya ha pasado. Desde un enfoque histrico, para la milenaria Iglesia se tratara de apenas un instante. Pero tambin es cierto que el mismo evangelio aconseja estar siempre preparados porque el Hijo del Hombre vendr a la hora menos pensada; es decir, que siempre se est en tiempo de examen, de balance, por ms que no sea el final y definitivo.

Pocas semanas atrs, en un fugaz encuentro en Buenos Aires con un socilogo italiano, viejo conocido, docente universitario en Europa, experto analista de los fenmenos religiosos y agudo observador, le pregunt qu pensaba del Papa y de su pontificado. Este profesor romano, alegre y algo escptico, tal como corresponde a su condicin de ciudadano de la caput mundi, elogi sin reservas la figura de Francisco y su contagiosa simpata, pero con respecto a evaluar su gobierno me dijo: Iremos viendo lo que hace. Por su parte, un prestigioso intelectual y periodista de la capital italiana, a su paso en esos das tambin por nuestro pas, me lo confirmaba: No caben dudas de que este Papa en poco tiempo cambi radicalmente el estado de nimo de los catlicos, es increblemente querido y admirado, pero nadie conoce sus planes de accin y tampoco sabemos bien hacia dnde apunta.

Pero las novedades han llegado de repente: tenemos un nuevo secretario de Estado y un nuevo presidente del Governatorato vaticano, los monseores Pietro Parolin (italiano, hasta ahora nuncio en Caracas) y Fernando Vargez (espaol, durante aos secretario del cardenal argentino Eduardo Pironio). Los he conocido personalmente a ambos y todo confirmara la lnea pastoral de Francisco. Entonces, qu balance puede hacerse hoy de su gobierno? En primer lugar habra que sealar la vigencia de la extrema (y todava creciente) popularidad en buena parte del mundo, puesta de manifiesto de una manera extraordinaria durante los das del multitudinario encuentro en Ro de Janeiro con ocasin de celebrarse la Jornada Mundial de la Juventud. De esa antes desconocida capacidad de comunicacin masiva, Jorge Bergoglio hace ostentacin todas las semanas en Roma, en las audiencias de los mircoles y en el ngelus de los domingos, siempre en la Plaza de San Pedro. Y de Brasil a Roma volvi lleno de gloria despus de que uno, dos o tres millones de jvenes lo ovacionaran a cada paso como a un lder amado. Regresa al estilo de Julio Csar o de Napolen despus de alguna de sus rutilantes victorias. En una Iglesia que adverta perder terreno y que contemplaba angustiada la ausencia de nuevas levas, Francisco parece resucitar la popularidad de Juan Pablo II. Y este fenmeno le agrega fuerza a la hora de enfrentar los tres grandes desafos de su pontificado: la tolerancia cero para con los abusos sexuales de menores por parte de religiosos, la transparencia en materia econmico-financiera en el Vaticano y la reforma de la curia central, el equipo de gobierno del Papa. Desde esta ptica, es menos populista y ms reformador.

En segundo lugar, no puede dejar de considerarse su estilo de comunicacin, tanto verbal como gestual, apoyado en una imagen de extrema austeridad, en el alejamiento de toda forma de suntuosidad y en su tenaz defensa de los ms pobres y desprotegidos de la sociedad. En este sentido, su figura se convierte en la de un paladn de la justicia, un testimonio creble, un modelo digno de ser imitado, profundo cuestionador de otros dirigentes sociales y polticos. Lejos de toda forma convencional o burocrtica, sorprende con las cartas manuscritas, los llamados telefnicos personales, los continuos y genuinos encuentros con nios, ancianos y enfermos en cada audiencia. Cuando su popularidad alcanza los puntos ms altos, l afirma que las estadsticas que cuentan son las que hace Dios. Esa Iglesia pobre y para los pobres, que a l le gustara, se convirti en una expresin destinada a perdurar en la memoria histrica y a conquistar a muchos.

En tercer lugar, sorprende su silencio hasta llegada la hora de anunciar nombramientos para los puestos clave. Bergoglio es un hombre acostumbrado a gobernar y no anuncia sus decisiones antes de ejecutarlas. Los cambios se ven cuando ya se han llevado a cabo, no antes. En ese sentido, no abandona su condicin de jesuita por el hecho de ser papa, el primero de la Compaa de Jess: sigue siendo un hombre poltico.

Se lo percibe como demasiado argentino fuera de nuestro pas? Ciertamente es sustancialmente argentino (por no decir, como Mariano de Vedia en su biografa, porteo de pura cepa), pero en todo caso lucen en l las mejores virtudes de nuestra nacin (y de esta ciudad) y no tanto sus defectos. De hecho, Bergoglio se muestra amigable, informal, sin temores ni complejos, alegre y decidido. Curiosamente, estos aspectos atractivos de su personalidad no eran tan conocidos durante sus aos en la Arquidicesis de Buenos Aires: fue un cardenal de bajo perfil, serio, callado, ms amigo de escuchar que de decir. El conflicto interno con el gobierno nacional y su intransigencia con parte importante de la curia romana lo dejaban en incmoda posicin.

Ya lleva escrita una encclica, aunque fue obra de Joseph Ratzinger, su predecesor y actual hombre de consulta, prestigioso intelectual, incomprendido todava hoy, y cuya renuncia marcar la historia. Probablemente se decida a encarar algunos viajes internacionales ms adelante (viajar no le atrae mucho), pero no hay anuncios formales todava. Tambin su agenda es reservada y puede ofrecer repentinas sorpresas, como la de su ida a la Isla de Lampedusa.

Se luci en la improvisada conferencia de prensa en el avin que lo llevaba de regreso de Ro de Janeiro a Roma. Nunca haba concedido un encuentro de esas caractersticas. Respondi a preguntas embarazosas y arduas con notable tacto y amplitud, pero sin abandonar nunca el nexo con la tradicin, ni moverse un pice de lo que marca la mejor ortodoxia. Su plus, en todo caso, radica en la sorprendente dimensin humana y pastoral de la que hace gala. Para algunos entendidos, ya cometi desaciertos en los nombramientos en el IOR (el Banco del Vaticano) y en la eleccin de algunos consultores, pero habra que entender si fueron equivocaciones a las que fue llevado por algunos burcratas de la vieja curia o si slo se debieron a su responsabilidad. Es sabido que Bergoglio es hombre de tomar decisiones en soledad. Alguna eleccin episcopal as lo confirmara.

Uno de los vaticanistas mejor informados, el italiano Sandro Magister, afirmaba con acierto en su blog: Un elemento clave de la popularidad de Francisco es su credibilidad personal. Como arzobispo de Buenos Aires viva en un modesto piso de dos habitaciones. Se cocinaba l mismo. Se mova en autobs y subte. Hua como de la peste de las citas mundanas. Su modo de hablar es probablemente uno de sus rasgos ms originales: sencillo, comprensible, comunicativo. Tiene la apariencia de la improvisacin, pero en realidad est cuidadosamente estudiado, tanto en la invencin de las frmulas como en los fundamentos de la fe cristiana que l ms ama repetir y que se condensan en un consolador todo es gracia, la gracia de Dios que sin cesar perdona, aunque todos sigamos siendo pecadores. Pero adems de las cosas dichas estn las que han sido deliberadamente calladas. No puede ser casualidad que no hayan salido an de los labios de Francisco las palabras aborto, eutanasia, matrimonio homosexual.

Y bien, a qu arqueo llegamos despus de seis meses? A que l sabe lo que est haciendo y nosotros, poco. A que sus prioridades siguen apuntando a darle coherencia y credibilidad a la Iglesia, aspirando a la vida ejemplar de sus dirigentes y castigando las conductas perversas, mediocres e interesadas. Que quiere ser un mensajero de la paz y del dilogo. Que anhela con una relacin ecumnica e interreligiosa amplia y generosa. Que est decidido a exigir seriedad y transparencia en su sede, no siempre tan santa. Que ninguna de sus prioridades tiene que ver con la agenda que hubiera pretendido imponerle la opinin pblica a cualquier otro papa. Que va a ir contra corriente cueste lo que cueste, en temas econmicos, polticos y ticos; tratando de preservar su autonoma y su irreductible opcin por los pobres.  

 

Jos Mara Poirier. Director de la revista Criterio.

Fuente: http://www.revistadebate.com.ar/?p=4554



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