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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-10-2013

Insurreccin en las secciones de autoayuda

Beln Gopegui
La marea


Mientras lea Dnde est mi tribu? de Carolina del Olmo, record a menudo la soledad, la esperanza, el enamoramiento, la euforia y tambin la desesperacin contenida que afloraban en mi voz cuando cantaba nanas, sin estar segura de su efecto, sabiendo que con las letras ms que arrullar al beb me arrullaba a m y a cuantas madres y padres y cuidadores, abuelas y amigos cantan a las nias despiertas y a los nios mientras el mundo duerme. A veces elega letras que no hablaban slo de bebs o de la luna, nanas a su manera contestatarias: la de Vainica Doble No juegues ms con el sonajero y dale con l al gato,/ que el muy puetero, artero y falaz, te dej limpio el plato./ Zmbale, paf-paf, zmbale, zas, trale una zapatilla,/ Has de aprender t solito a luchar ya defender la papilla. O, claro: Duerme duerme negrito, que tu mam est en el campo, trabajando s, trabajando y no le pagan. En sintona con el libro de Del Olmo, las canciones populares han sido mucho ms realistas que los libros de autoayuda: nanas de padres y madres ausentes, como aquella otra que dice: chale nio al ron ron, que tu padre est al carbn/, y tu madre a la manteca/ no te puede dar la teta.

@_kodrito se preguntaba si Dnde est mi tribu ser el pequeo libro rojo que buscan quienes van a ser padres/madres. Y el de quienes ya lo son, aadir. Creo que muchas crianzas, y por tanto muchas vidas, pueden encontrar apoyo y claridad en l, tambin lo encontrarn quienes indaguen en los dilemas del cuidar, por ejemplo: en qu medida es posible hablar de los cuidados de forma exenta, sin contexto.

Como es sabido, la ficcin de los supuestos libros de autoayuda comienza en su nombre: autoayuda? Cuando alguien acude a un libro no es para autoayudarse sino, precisamente, para que el libro le ayude. Por qu el equvoco? Porque, a mi modo de ver, la mayora de esos libros no aceptan la responsabilidad de ayudar, no dicen quin habla y a quines, ni desde qu y a qu circunstancias, todas, ni con qu intereses, necesidades y propsitos.

Dnde est mi tribu? es, en cambio, un libro de ayuda, o como seal su editora, Lourdes Luca, en la presentacin, de socioayuda. Alguien de una determinada formacin, procedencia social, con dudas y carencias, experiencias y certezas, nos cuenta sus indagaciones: con qu que inters? El de llegar a ser esa clase de persona que comprende que, si nos ayuda, estaremos ms cerca de convertirnos en una comunidad. A quien se dirige el libro? Dira que sobre todo a las madres, y tambin aunque en segundo lugar, a los padres que, teniendo una mnima estabilidad econmica y vital, quieren ser amables con sus hijos, con sus hijas, y mantener la serenidad, jugar, ser un apoyo y una feliz referencia, pero se cansan, se equivocan e intuyen que la presin no debera afrontarse en soledad. Adems, a cualquier persona interesada por aquello que puede cambiar en el mundo.

En este sentido, el ensayo de Carolina del Olmo es un infiltrado y el comienzo de lo que ya imagino como una insurreccin en las secciones de autoyuda de cada librera. Veo a esa gran mayora de libros donde todo sucede en hogares burbuja, exquisitos hogares neutros de cuartos empapelados, veo a esos libros pomposos como salones de t, desconcertarse ante la llegada de un volumen guerrillero en donde no se habla de lo que flota sino de lo que est atado a la tierra, a saber: madres y padres bajo la presin constante del capitalismo que, siguiendo a Juan Carlos Rodrguez, no nos deja decir yo soy, y por lo tanto tampoco yo soy madre, sino slo: yo soy una persona lobre para que me exploten o dominen que, en una sociedad enloquecida, intenta hacer las cosas bien y demasiadas veces no pasa del intento.

Empezaremos por la crianza, seguiremos por la tristeza y la asertividad, el cuerpo, los afectos y el queso nuestro de cada da. Y si estamos apenados, y si gritamos o tragamos los gritos, ya no, ya nunca ms toleraremos que nos digan que el problema viene slo de dentro y basta con cambiarlo en nuestro interior. Porque hay condiciones, momentos y contradicciones impuestas que hacen que a veces lo poltico sea personal, la economa sea personal, la depresin sea poltica y no se ame igual en una casa con ventanas a patios oscuros que sin casa o en una con ventanas luminosas; hay noches en que no se mece igual a las nias si debes madrugar al da siguiente y bajar a la calle tiritando ni si, al da siguiente, necesitas trabajar pero el mercado de vidas te expuls.

Sin eludir en ningn momento la responsabilidad de cada persona, Del Olmo dispara contra los discursos de la culpa. Las verdades a medias mienten y cuando la culpa aparece casualmente circunscrita a lo que el individuo a solas puede en teora controlar -sea una cajetilla de tabaco o el llanto de un nio-, sin contemplar en cambio lo que la organizacin social podra y debera sostener -unas condiciones de vida buena en comn-, entonces el discurso de la culpa es una agresin poltica. Por eso Del Olmo se atreve tambin a expresar los silencios clamorosos de tantos libros que, como en el resto de los campos, al fingirse aspticos terminan siendo reaccionarios: las cuidadoras emigrantes nunca nombradas, o la responsabilidad por los bienes culturales y sociales previamente adquiridos cuando el acceso se restringe cada da ms. La diferencia entre culpa y responsabilidad aflora al ligar los comportamientos morales al compromiso, mientras que la culpa vendra a ser en multitud de casos, a mi juicio, la reaccin narcisista de quienes consideran, a veces en desesperada defensa propia, que todo depende de la voluntad personal. Como cualquier ensayo que se precie, el libro plantea dudas y debates a quien lo lee, as por ejemplo, hasta qu punto no podemos incurrir las personas adultas en eso que se suele atribuir a los bebs cuando se dice que son muy buenos. Un beb muy bueno no es ms que un beb que no molesta a los adultos, pues es obvio que sus decisiones no estn movidas por nociones ticas ni morales. La pregunta es en qu circunstancias, en nuestro contexto actual, es posible reivindicar las buenas calificaciones morales sin que stas lleven aparejadas no molestar al capitalismo, a las reglas del juego establecidas. Tal vez por eso me ha interesado particularmente la nocin de amabilidad, palabra pequea, reacia a las maysculas y donde no cabe, entiendo, portarse bien con lo establecido y s la ola que sumada a otras que ayude a socavarlo.

Hace muchos aos un buen amigo, excelente psiclogo y escritor, andaba pensando en escribir un libro titulado Psicopatologas del capitalismo; el propio capitalismo con sus exigencias y las luchas necesarias, se lo ha impedido de momento. Hay personas que se han adentrado en esta cuestin con gran sabidura, Guillermo Rendueles, citado a menudo en el libro, es sin duda una de ellas. Del Olmo continua por la misma va y avanza un paso ms, al entrar de lleno en el terreno de lo aparentemente ms ntimo del mundo: la relacin de una madre con su hijo. No hay ingenuidad en sus palabras, no se juzga con ellas a quienes, negndose a aceptar las reglas del juego que apresaban a las mujeres en sus casas, iniciaron otras vas con sus luces y sombras. Como tampoco se juzga a quienes hoy, cuando las circunstancias se lo permiten, intentan una crianza liberada del presin del mercado de trabajo. Lo que se combate es la resignacin. Y del movimiento que perdura una vez cerrado el libro surge una inminencia: la angustia que creamos personal, el arrepentimiento por aquel grito o aquel mal gesto que da a nuestros amigos, parejas, madres, amigas, padres, a nuestros hijos e hijas, golpeando contra un sistema que altera el orden de prioridades.

Por su honestidad, esa palabra de la que es fcil perder el significado, el ensayo de Del Olmo me ha recordado a la singularsima novela de Margaret Drabble, La piedra de moler. Escrita en pleno debate sobre el aborto en los aos sesenta -digo, s, aos sesenta del siglo pasado-, su narradora transmite el mximo respeto al derecho a elegir al tiempo que hace visibles los propios privilegios, torpezas, chifladuras, la injusticia tan desigualmente repartida y el influjo de esa luz dbil, constante y nacarada que emiten los nios y las nias cuando duermen. Drabble y Del Olmo comparten un sentido del humor custico que aparece de repente y hace sonrer durante un buen rato aun cuando lo que digan sea tremendo.

Admiro y me conmueve el vigor con que Del Olmo formula su rechazo, que es tambin nuestro, a quienes, dice, ensalzan implcitamente una facticidad -el mercado laboral capitalista- francamente repugnante. Porque al margen de que la mejor forma de estar en el mundo vare en cada caso particular, Carolina Del Olmo en este libro se niega una y otra vez a dar por bueno el esto es lo que hay. Su crtica a ciertas admoniciones de los expertos no se dirige slo a su tantas veces confusa argumentacin cientfica y a su falsa neutralidad. Hay en ella algo ms intenso, hay actitud, que viene a ser como avisar: prender fuego a mi piano o lo tocar con los pies, caminar de espaldas hacia lo desconocido, pero no me haris decir que lo que hay es necesario, ni admitir una realidad construida con vuestra violencia que descuida, abandona y apenas nos deja ser amables con los ms dbiles.

Fuente: http://www.lamarea.com/2013/10/09/insurreccion-en-las-secciones-de-autoyuda/



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