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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-10-2013

La crisis econmica es tambin una crisis ecolgica

Florent Marcellesi
Pblico.es


Hace poco un compaero sindicalista me retaba, con cario, a explicar cmo se relacionan crisis econmica y crisis ecolgica. Recojo el guante y aprovecho para transmitir un mensaje clave. Una salida duradera a la crisis econmica pasa necesariamente por luchar al mismo tiempo contra la crisis ecolgica. Y ser ms factible tener xito en esta tarea si los sindicatos interiorizasen ms esta realidad e hicieran de la ecologa un eje central de su teora y prctica.

De hecho, crisis econmica, social y ecolgica son tres facetas de una misma crisis. Son interdependientes y se retroalimentan entre ellas. No es sorprendente puesto que nuestro modelo de organizacin social y econmica depende de los recursos naturales disponibles y, a su vez, la salud de nuestros ecosistemas (y por tanto de nuestro futuro) dependen de este modelo socio-econmico. Por un lado, la globalizacin y las economas llamadas modernas estn totalmente basadas en la energa y materias primas baratas, abundantes y de buena calidad. Por ejemplo, el transporte o el sistema agroalimentario dependen de los combustibles fsiles en general y del petrleo en particular. Por otro lado, los impactos sobre el medio ambiente del sistema econmico son hoy patentes. El cambio climtico, de origen humano, es una amenaza para las generaciones futuras y nuestra economa: en caso de seguir los escenarios de Business as usual, los costes del cambio climtico podran ser superiores al 20% del PIB europeo en los aos venideros.

Para ilustrar este anlisis, tomemos el ejemplo de la crisis del 2008. Es evidente que la falta de control y regulacin de los mercados, la avaricia del 1% o la desconexin entre finanzas y economa productiva, son elementos esenciales que explican parte de la crisis. Pero no lo explican todo. Como hemos apuntado, nuestra mquina socio-econmica tiene un problema de drogadiccin con el oro negro. Por desgracia para ella, desde 1999 los precios del petrleo no han parado de aumentar principalmente por los efectos acumulados del techo del petrleo (es decir escasez de oferta), la creciente demanda en constante aumento (principalmente en los pases emergentes como China o la India) y la especulacin (que se aprovecha de la tensin entre demanda y oferta) (vase grfico 1).

Grfico 1: Precios internacionales del barril de petrleo Brent de mayo de 1987 a marzo de 2009.

Lgicamente, cuando ya no tiene acceso a buen precio a su dosis diaria, la mquina se pone gravemente enferma. Y ms an si de por s no est en buen estado de salud (al haber por ejemplo comido demasiados activos txicos).

En la actual crisis, tras un aumento continuo desde 1998, el barril de petrleo super por primera vez los 100 dlares a finales de 2007 y alcanz su mximo en julio del 2008 con 147 dlares. Como se analizaba antes de la crisis incluso desde la FED (el banco central estadounidense), ese aumento rcord de los precios del crudo fue una de las principales fuentes de inflacin. Adems de suponer un alza de los precios de los alimentos con consecuencias dramticas para los pases del Sur, la inflacin supuso una brutal prdida de poder adquisitivo para las clases medias y bajas y un aumento de las tasas de inters (y de las hipotecas). Al mismo tiempo, un mayor precio del petrleo signific tambin un mayor precio de la energa y de la gasolina. En un pas como Estados Unidos donde el coche es imprescindible para ir a trabajar y por tanto generar un salario que a su vez permita pagar la casa, mucha gente a quin se le haba otorgado hipotecas basuras sin ningn tipo de control se vio econmicamente ahogada entre la pared hipoteca y la espada gasolina. Por tanto, el economista Jeremy Rifkin o el sindicalista Manuel Gar tienen razn en afirmar que la actual crisis econmica tiene, como uno de sus principales detonantes, el precio de la energa. Junto con otros factores sistmicos (dominio de la economa financiera, connivencias entre mercados y alta poltica, agencias de calificacin de riesgos al servicio de la banca, etc.), form parte de un cctel explosivo que desemboc en la mayor recesin desde 1930.

Pero es que incluso si atendisemos a los factores sistmicos no ecolgicos (que s o s tenemos que erradicar), la mquina seguira enferma porque, en el fondo, tiene un problema de metabolismo. Vicen Navarro afirma por ejemplo que si los salarios fueran mas altos, si la carga impositiva fuera ms progresiva, si los recursos pblicos fueran ms extensos y si el capital estuviera en manos ms pblicas (de tipo cooperativo) en lugar de privadas con afn de lucro, tales crisis social y ecolgica (y econmica y financiera) no existiran (Pblico, 07-03-2013). Sin embargo, eso no es suficiente. Incluso si redistribuyramos de forma equitativa las rentas entre capital y trabajo, y todos los medios de produccin estuviesen en manos de los trabajadores, la humanidad seguira necesitando las 15 planetas que consume hoy en da (y no hace falta recordar que no tenemos planeta B). Al fin y al cabo, nuestro sistema socio-econmico heredado de la revolucin industrial es como un aparato digestivo a gran escala con problemas de sobrepeso estructurales. Ingiere recursos naturales por encima de las reservas de la nevera Tierra, los transforma en bienes y servicios que (adems de ser mal repartidos) no son buenos para la salud de sus glbulos rojos, y produce demasiados residuos no asimilables por su entorno.

Adems este cuerpo tiene una enfermedad aadida: no sabe parar de crecer. Y para alimentar este crecimiento infinito, calculado por el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), necesita absorber muchas protenas abundantes y baratas (la energa) y quemarlas sin restriccin hacia la atmsfera (el 75% de las emisiones de CO2 desde la poca preindustrial resultan de la quema de los combustibles fsiles). Eso ocurre en las economas productivistas en general y en Espaa en particular donde, como demuestra Jess Ramos, el crecimiento real de la economa espaola ha ido de la mano de un crecimiento en la misma proporcin del consumo de energa (vase grfico 2).

Grfico 2: Relacin entre consumo de energa primaria (azul) y PIB (rojo) en Espaa. Fuente: Ramos, J. Dependencia energtica en Espaa.

Dicho de manera simplificada, el PIB es una funcin de la energa disponible. Cuando no hay suficiente petrleo, que representa el 40% de la energa final en el mundo, no hay suficiente energa y no hay suficiente PIB. Es lo que hemos verificado desde 1973: no consumimos menos petrleo por culpa de la(s) crisis sino que estamos en recesin (entre otros motivos) por tener menos petrleo. Y la recesin se hace hoy an ms fuerte en los pases con mayor dependencia energtica en Europa que, casualidad, son Grecia, Portugal, Espaa e Irlanda

Sin embargo, sanar el enfermo es posible. Primero, se debe hacer un diagnstico correcto basado en entender que 1) cualquier economa es indisociable de la realidad fsica que la sostiene 2) como demuestra Tim Jackson en su libro Prosperidad sin crecimiento, no es posible desacoplar de forma convincente el PIB del consumo de energa y de las emisiones de CO2. De hecho, por mucho que disminuyan la intensidad energtica y el CO2 emitido por unidad producida, las mejoras tecnolgicas se encuentran sistemticamente anuladas por la multiplicacin del nmero de unidades vendidas y consumidas en trminos absolutos (es el llamado efecto rebote). Por tanto, el paciente necesita urgentemente deshacerse de su drogadiccin al crecimiento y adoptar un nuevo estilo de vida saludable. Como cualquier ser humano que una vez llegada su edad adulta sigue madurando sin crecer de tamao, debe reconocer que su bienestar ya no depende del crecimiento del PIB. Debe tambin solucionar sus problemas de sobrepeso desde una doble perspectiva de justicia social y ambiental: reducir su huella ecolgica hasta que sea compatible con la capacidad del planeta a la vez que redistribuye de forma democrtica las riquezas econmicas, sociales y naturales.

En este camino hacia la sociedad del vivir bien, los sindicatos (y los intelectuales de izquierdas) son fundamentales. Tras su nacimiento al calor de la revolucin industrial, se pueden reinventar a la luz de los lmites ecolgicos del Planeta. Pueden hacer suya esta nueva realidad social y ecolgica, y llevarla a los centros de trabajo. La transicin ecolgica de la economa puede convertirse pues en el eje de una visin y lucha compartida entre los movimientos obrero y ecologista (y muchos ms!). Ya que la crisis econmica tiene races ambientales, solo habr economa prspera, paz y justicia social si remediamos tambin a la crisis ecolgica.

Florent Marcellesi, coautor del libro Adis al crecimiento. Vivir bien en un mundo solidario y sostenible (El Viejo Topo, 2013)

Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/7822/la-crisis-economica-es-tambien-una-crisis-ecologica/



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