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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-10-2013

La impunidad de las corporaciones mediticas en su guerra contra los gobiernos disidentes

ngeles Diez
Blog de Cordura


Durante la guerra y ocupacin de Irak en 2003, los Estados Unidos, al conocerse las torturas y violaciones de sus soldados en Ab Ghrab, emitieron un comunicado dirigido a la comunidad internacional en el que decan que no consentiran que ninguno de sus soldados fuera juzgado por crmenes de guerra. Ya en 2002 el gobierno estadounidense haba conseguido una resolucin del Consejo de Seguridad de NN.UU. por la que se exima a las fuerzas estadounidenses de la jurisdiccin de la Corte Penal Internacional por crmenes de guerra, genocidio, o crmenes de lesa humanidad cometidos en relacin con operaciones de la ONU establecidas o autorizadas. La impunidad no se garantizaba solo a los soldados estadounidenses sino tambin a los mercenarios y empresas contratadas para la guerra, es decir, al sector privado. Dicha resolucin se prolong al 2004. En realidad se trataba de hacer explcito, por un lado, quin mandaba en el mundo y en los organismos internacionales, una vez terminada la bipolaridad, y por otro, de evidenciar, una vez ms, la prevalencia de la fuerza sobre el derecho.

Este tipo de actuaciones, cuando se hacen pblicas, generan indignacin entre las poblaciones y gobiernos que sufren las consecuencias de las acciones blicas estadounidenses y tambin cierto rechazo, aunque con la boca pequea, de los socios europeos. Sin embargo, las intervenciones militares directas son la cara ms visible de la injerencia en pases soberanos; los golpes de Estado, el derrocamiento de gobiernos y la guerra encubierta son las prcticas ms habituales del ejercicio del dominio mundial.

Estas guerras encubiertas no han necesitado de resoluciones ni acuerdos para proteger a las fuerzas estadounidenses, porque los agentes que suelen llevarlas a cabo, en general, son ciudadanos, empresas o militares de los propios pases a desestabilizar, financiados y alentados por las agencias estadounidenses creadas al efecto, como la Agencia Central de Espionaje (CIA). Se atribuye a Henry Kissinger la expresin Pinochet es un hijo de puta. Pero es nuestro hijo de puta.

En las guerras imperiales encubiertas, desde el inicio de la Guerra Fra, los oficiales y la tropa que llevan la voz cantante son las corporaciones mediticas que gozan prcticamente de impunidad absoluta para operar, resguardadas por la consigna de la "libertad de informacin" considerada a su vez una extensin de la libertad de expresin.(1)

El espionaje, el terror y la guerra psicolgica tienen en los medios de comunicacin masivos y en los periodistas sus principales aliados, y en las corporaciones mediticas su Estado Mayor. Desde la II Guerra Mundial se utilizan los mtodos de guerra psicolgica, que incluyen el uso de la propaganda a travs de los medios de comunicacin, aunque ha sido con el desarrollo de las nuevas tecnologas de la comunicacin y la informacin (NTIC) cuando este tipo de operaciones ha adquirido mayor importancia pues la potencialidad de este arma para destruir al gobierno que se considera enemigo se ha multiplicado exponencialmente. La definicin tcnica de la guerra psicolgica es empleo planificado de la propaganda y de la accin psicolgica orientadas a direccionar conductas, en la bsqueda de objetivos de control social, poltico o militar, sin recurrir al uso de la armas, o en forma complementaria a su uso; y su fin ltimo es incidir en la poblacin civil de los pases enemigos para que, una fraccin del pueblo, erigida en totalidad y con el consentimiento del resto, sea quien derroque al gobierno.

Se trata de un hecho histrico reconocido ya en 1977 por Carl Bernstein, ex redactor del diario Washington Post y uno de los periodistas que denunci el escndalo Watergate, quien afirm entonces que en veinticinco aos las principales empresas de informacin haban colaborado de forma habitual con la CIA. En 2009, Maxime Vivas sealaba que esa organizacin estaba infiltrada en los medios de comunicacin franceses y recoga las palabras de William Colby, ex director de la misma, diciendo que la CIA controla a todos los que son importantes en los principales medios de comunicacin, y las de un agente de la organizacin: Podemos encontrar periodistas ms baratos que una buena prostituta, por doscientos dlares mensuales.

Sin embargo, las distintas agencias norteamericanas no solo operan poniendo a su servicio a periodistas, muchas veces basta con que empresas norteamericanas se hagan con participacin en los grupos empresariales a los que pertenecen los medios. De esta forma se garantiza que las lneas editoriales y las noticias no vayan en contra de los llamados intereses norteamericanos. Otras, se colabora financiando y distribuyendo la informacin adecuada a los medios locales a travs de las agencias de informacin. Es importante tener en cuenta que Estados Unidos y la Unin Europea controlan el 90% de la informacin del planeta y que de las 300 principales agencias de prensa, 144 tienen sede en Estados Unidos, 80 en Europa y 49 en Japn. Sin duda hay muy poco margen para una informacin veraz, contrastada y no subordinada a las directrices imperiales. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) es uno de los principales organismos regionales en donde se trazan las pautas a seguir por los medios privados en una estrategia conjunta de desestabilizacin de gobiernos poco afines a Estados Unidos.

Hay que aadir que en Amrica Latina, las corporaciones mediticas no solo han sido grupos econmicos con los que acumular beneficios y desde donde servir a los intereses neocoloniales, sino que se convirtieron tempranamente en sujetos y espacios desde donde las lites criollas hacen poltica. Con el ascenso de los gobiernos progresistas, especialmente en Venezuela, Ecuador y Bolivia, se convirtieron sin mayor esfuerzo en agentes golpistas y desestabilizadores. Podemos decir que las agencias norteamericanas dedicadas a la guerra encubierta no han necesitado grandes inversiones de esfuerzos ni recursos en estos medios.

La actuacin de las corporaciones mediticas locales e internacionales contra el proceso venezolano es un caso paradigmtico de guerra encubierta. Se implicaron abiertamente en el golpe de estado contra el presidente Hugo Chvez en el 2002, y desde entonces no han parado los bombardeos mediticos que se recrudecen especialmente en los periodos electorales. Con la desaparicin de la figura carismtica de Chvez, el proceso venezolano se hace ms vulnerable, como ya apuntaba el informe de Inteligencia a la Comisin del senado norteamericano (2012), y por tanto la campaa desestabilizadora va in crescendo. Los intentos de golpe de estado siguen siendo liderados por la oposicin venezolana a travs de los medios de comunicacin.

La forma de actuar sigue pautas que se repiten y cuyos antecedentes podemos rastrear sin ir muy atrs en el tiempo en el golpe de estado a Salvador Allende en Chile. La forma en que actuaron los medios responde a parmetros establecidos por los manuales de guerra encubierta. El primer paso es preparar las condiciones para que la poblacin acepte la inevitabilidad de un golpe de Estado, se alimenta y crea la imagen de caos econmico y social, algo relativamente fcil al hacerse de forma coordinada con los sectores econmicos que, por ejemplo, acaparan alimentos bsicos, sabotean instalaciones elctricas, etctera. Se responsabiliza al gobierno de todos estos desastres y se va preparando a la ciudadana para los salvadores que pondrn orden, la oposicin y, en su defecto, las fuerzas del orden (policas y militares) que entregarn el poder cuando se restablezca la situacin.

Los medios se encargan de magnificar los desastres econmicos, ilustrar y dar voz a las vctimas de las polticas gubernamentales, alientan las discrepancias entre los sujetos polticos, tratan de socavar la confianza en los dirigentes, manipulan los smbolos nacionales y la religin, exageran, simplifican, omiten informaciones, hacen insinuaciones y fabrican noticias. En general, se trata de crear la imagen del caos econmico y social. La desinformacin y la mentira se combinan para incrementar la tensin y el miedo.

Los pueblos no suelen apoyar golpes de estado pero s suelen solidarizarse con reivindicaciones aparentemente justas. Por eso, las reivindicaciones de algunos sectores de estudiantes y trabajadores que se sienten afectados por las polticas gubernamentales sern las privilegiadas por los medios, nacionales e internacionales. En estos momentos podemos encontrar titulares como el de El Nuevo Herald Universitarios en Venezuela reclaman autonoma y recursos. Tambin reivindicaciones polticas que se consideran propias de la formalidad democrtica como por ejemplo el caso de las elecciones del 14 de abril en las que la oposicin se neg a reconocer el triunfo del candidato Nicols Maduro y utiliz la excusa del recuento total de los votos. Los medios acuan las razones para alimentar el descontento y dirigen la responsabilidad hacia el gobierno. Al mismo tiempo, las medidas que trata de poner el gobierno para paliar la situacin, por ejemplo de desabastecimiento, son presentadas como autoritarias. As el diario El Pas titulaba Maduro ordena militarizar los sper.

La imagen de caos y crispacin es evidente en casi todos los titulares de El Pas, buque insignia de la corporacin meditica PRISA (mayoritariamente participada por capital estadounidense), tales como La oposicin venezolana denuncia 'in extremis' el fraude electoral, La caza del dlar en Venezuela, Venezuela asoma como punto de salida internacional de la cocana, Chvez nos sentenci a la guerra, Venezuela echa a tres diplomticos de Estados Unidos acusados de sabotaje. Las lites venezolanas se sienten permanentemente amenazadas por el proceso de transformacin y reformas econmicas que ha puesto en marcha la revolucin bolivariana, pero tambin Estados Unidos y sus socios sienten desde hace 14 aos esa amenaza pues ven cmo Amrica Latina, liderada por Venezuela, se escapa a sus planes neocoloniales a travs de la integracin regional, la defensa de la soberana y la independencia.

El golpe de estado se ha convertido en una prioridad de la agenda poltica no solo de la oposicin venezolana sino de Estados Unidos y Europa. El golpe que destituy al presidente Manuel Zelaya en Honduras (2009), el frustrado golpe en Ecuador (2010), el golpe encubierto al presidente Fernando Lugo en Paraguay (2012), adems de revertir los procesos transformadores de estos pases tienen como funcin rodear a Venezuela de gobiernos hostiles, debilitar y frustrar los procesos de integracin regional como el ALBA o la CELAC. De ah que las corporaciones mediticas tanto locales como internacionales se empleen a fondo contra el proceso venezolano.

A pesar de que histricamente ha sido posible demostrar la implicacin de los medios de comunicacin en los golpes de estado, por ejemplo, El Mercurio y La Tercera en Chile en 1973, o RCTV, Globovisin, Venevisin y Televen, en el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 en Venezuela, ninguno de los responsables de estas empresas de comunicacin est en la crcel. La libertad de expresin ha sido y sigue siendo la cobertura legal que garantiza la impunidad de las corporaciones mediticas en su servicio a las guerras encubiertas; y el subterfugio para operar sin restricciones contra gobiernos democrticamente elegidos.

Nota

(1) El derecho a la libertad de informacin originalmente no se refiere a la libertad de los medios de comunicacin para informar o publicar noticias sino al derecho de acceso a la informacin en manos de organismos pblicos que tiene que ser accesible a todos los ciudadanos. La libertad de expresin es un derecho individual que utilizan los periodistas y dueos de peridicos para protegerse cuando son acusados de manipulacin, falsedad, etctera.

ngeles Diez Rodrguez es Doctora en Ciencias Sociales y Polticas. Profesora de la Universidad Complutense de Madrid.

Fuente original: http://lacomunidad.elpais.com/periferia06/2013/10/6/la-impunidad-las-corporaciones-mediaticas-su-guerra-contra



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