Portada :: Argentina
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-10-2013

El show no siempre debe continuar
El lado CSI de la vida

Matas Emiliano Casas
Rebelin


Esto demuestra que no fue el portero, l no mat a ngeles. La joven que escucha atentamente a su enamorado le refuta pero es Araceli, no es ngeles. Ya lo s, es la misma banda, es el mismo patrn, hay otra chica ms, el muchacho sentencia con firmeza. La situacin surrealista de un bar porteo podra pasar desapercibida ante la innumerable cantidad de ejemplos que se suceden cotidianamente. Empero, la revelacin del caso por parte del joven evidencia un posicionamiento que resulta cada vez ms frecuente entre los consumidores de los medios de comunicacin dominantes. La resolucin de enigmas policiales al estilo de Arthur Conan Doyle o Agatha Christie ya no configura slo un gnero de la narrativa literaria. La hibridacin entre ficcin y realidad reproduce, desde una operacin meditica, la continua frivolizacin de tragedias individuales que se convierten sin autorizacin alguna- en temticas centrales de la vida pblica.

Hace algunos das, la polica hall el cuerpo sin vida de una adolescente que se encontraba desaparecida. Las cmaras, luces, micrfonos y grabadores trasladaron su escenario ambulante hacia el noroeste del conurbano bonaerense. El melodrama que ms vende en las programaciones identific los personajes, la trama, el desenlace y se lanz al estreno. Con la nula preocupacin por los familiares, se desarrollan hiptesis que, a modo de sucesin de captulos en una temporada de serie norteamericana, inundan los canales televisivos, las emisiones radiales y las pginas de los diarios. Los periodistas especializados en policiales se multiplican. Los periodistas especializados en todo abordan el tema. El derrotero de la investigacin policial deviene en talk-show donde convergen las situaciones ms inverosmiles con el archivo de la causa. Escena repetida.

El filsofo lituano Emmanuel Lvinas plantea que un rostro no es un conjunto de una frente, dos ojos, una nariz y una boca, dado que su significacin desborda su imagen. Los medios tienden a abusar de la utilizacin de los rostros de las vctimas. En esa operacin las imgenes se resignifican de manera continua, la repeticin produce el desplazamiento de la identificacin con la persona a la identificacin con el personaje unilateralmente creado por los comunicadores. En el espectculo de la criminalizacin los que sufren la deshumanizacin son las vctimas. Los estudiosos de la dramaturgia aseguran que los actores deben reafirmar su condicin de tales en torno a la relacin con el pblico. Es decir, quien les otorga la legitimidad para representar diversos personajes es el espectador. Aqu las relaciones se tejen desde diferentes sectores. Los medios de comunicacin construyen una representacin de las vctimas adecuada a la lgica del consumo meditico. Como si no hubiese sido suficiente el trgico destino terrenal, se resignifica su condicin y se las manipula atendiendo las necesidades de los espectadores. El pblico, por ltimo, acepta el desafo y se debate entre las mltiples explicaciones esbozadas por los interlocutores de turno.

Como aquellos espectadores del viejo circo criollo que saltaban a las pistas para defender a Juan Moreira de la partida policial que estaba a punto de abatirlo o el pblico que en los cines se agachaba ante la imagen de la locomotora que pareca atropellarlos, los consumidores de los melodramas policiales adoptan una postura activa en el desarrollo de la trama. El contraste de hiptesis, la identificacin de culpables, la exoneracin de inocentes y las profecas sobre la resolucin final, aparecen con llamativa celeridad en el discurso del pblico como si se tratase de un captulo de Mentes Criminales, CSI, o La ley y el orden. El teatro, el cine y la televisin han dejado numerosos ejemplos de la identificacin entre los espectadores y los personajes. La tragedia se intensifica cuando se recuerda que aqu no hay actores. El aparentemente simptico entretenimiento que para muchos radica en disfrazarse de detectives y resolver el misterio se realiza a costa del sufrimiento real, no representado- de otros.

El poeta Octavio Paz defini a la modernidad como un baile de mscaras. Los recurrentes ejemplos en la prensa argentina nos permiten pensar que aqu ni los muertos estn exentos de ellas. Manipulados hacia una funcin que nunca quisieron representar, los medios hegemnicos no vacilan en atribuirles caractersticas, publicar su privacidad y transgredir cualquier tipo de intimidad. Familiares, amigos, vecinos, para todos existe un papel de reparto y una caracterizacin. Las situaciones se van reproduciendo con la lgica de una serie que necesita captar y sostener la tensin de sus espectadores. La musicalizacin, las imgenes, la produccin de lo que antes era noticia y devino en escena contribuyen a transformarla en espectculo. Los consumidores reproducen, enfatizan y realizan sus apuestas. Los lmites se tornan difusos, las fronteras permeables. El show no siempre debe continuar.

Matas Emiliano Casas. Profesor Magister en Historia (UNTREF / CONICET)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter