Portada :: Chile :: A 40 aos del golpe de estado
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-10-2013

Allende y el golpe de las mujeres burguesas

Maciej Wisniewski
La Jornada


Cuando el ao 1967 el gran reportero polaco Ryszard Kapuscinski, en aquel entonces un joven corresponsal de la Agencia Polaca de Prensa (PAP), lleg a Chile como enviado para cubrir noticias de Amrica Latina, vivi una casual y un poco traumtica experiencia pero que a la luz de los acontecimientos posteriores resulta ser bastante sintomtica cuando buscaba una casa para rentar:

Los pisos que me ofrecan pertenecan a mujeres: damas de edad avanzada, viudas, divorciadas, solteras, entradas en aos; tocadas con cofias, adornadas con estolas y calzadas con pantuflas. Despus de saludarme me enseaban unas habitaciones increblemente abarrotadas de trastos, luego nombraban una cifra desorbitante, que, se supona era una cifra que deba pagarles al mes, y finalmente, me entregaban el contrato, que aparte de las condiciones de pago, contena un inventario de los objetos que se encontraban en el piso. No era una hoja de papel, sino todo un legajo, un volumen de considerables proporciones que, en un sentido estrictamente paranoico, podra constituir un documento apasionante para los psiclogos que investigasen el grado de locura al que pueden llevar al ser humano la codicia y el ansia de poseer los objetos intiles y del todo innecesarios. Pgina tras pgina se extenda la lista de cientos, no, miles de absurdas chucheras: gatitos, figurines, platillos, tapetitos, cuadritos, jarroncitos, marcos, pajaritos de cristal, de felpa, de latn, de fieltro, de plstico, de mrmol, de viscosilla, de corteza, de cera, de satn, de laca, de papel, de nueces, de mimbre, de conchas, de dientes de ballena, de nonadas, bobadas, combas, trombas, hecatombesˮ (Artur Domoslawski, Kapuscinski non-fiction, Galaxia Gutenberg, Barcelona 2010).

Kapuscinski lo entendi como una expresin de la naturaleza  barroca   de  lo latinoamericano , pero patolgica y kitsch. Sin embargo hay otra posible y bastante obvia lectura (poltica y clasista) que permite verlo como una excelente manifestacin del mundo y del imaginario burgus. Entendida as, la descripcin de Kapu vale ms que cien anlisis polticos: es un material no solo a los siclogos, sino tambin a todos que quieren entender el principal motor detrs de las maniobras para desestabilizar al gabinete de Salvador Allende y la Unidad Popular (UP): la mente reaccionaria.

Todava faltaban unos aos para el golpe contra Allende, ni siquiera haba triunfado an la Unidad Popular. Kapuscinski pronto de hecho fue forzado a abandonar Chile debido a una filtracin accidental de un rumor sobre un posible golpe al presidente democristiano Eduardo Frei que ms tarde dijo que estaba dispuesto a sufrir uno, si esto le cerrara el camino a la izquierda un error que no pas a mayores, gracias, quizs, a la proteccin del mismo Allende, en aquel entonces presidente del Senado.

Pero una vez que la oligarqua y la burguesa chilena percibieron la amenaza que representaba para sus intereses la victoria de la UP en 1970 y tras varios intentos de abortar este triunfo optaron por el sendero del golpismo, empezaron incluso por si solos a presionar a los Estados Unidos por un golpe, an antes de que Allende pusiera un pie en La Moneda. Tambin los sectores del ejrcito en los aos previos al 1973 pedan un aval y una luz verde para una accin militar mostrndose incluso ms activos que Washington.

 

Es que una de las simplificaciones ms difundidas acerca del golpe de estado en Chile del 11 de septiembre del que se acaba de conmemorar los 40 aos es que Salvador Allende y su gobierno fueron derrocados por los Estados Unidos.

Si bien el rol de Washington en orquestar el golpe fue crucial, el socialismo democrtico en Chile tambin una piedra en el zapato estadounidense sobre todo desde el punto de vista de la Guerra Fra fue suprimido principalmente por sus clases altas, la derecha oligrquica, los crculos empresariales (junto con las transnacionales) y los militares golpistas traidores, para quienes las reformas de la UP y el fortalecimiento de las clases bajas que mediante sus luchas la llevaron al poder tres aos antes, amenazaban los intereses vitales e incluso la misma existencia de la sociedad burguesa.

Dentro de la burguesa un papel destacado, aunque bastante instrumental, jug un sector en particular: las mujeres de clases medias y altas, que se sintieron amenazadas por los cambios progresistas, convirtindose en un bastin del golpismo.

 

A los ataques terroristas, la huelga patronal de los camioneros, el paro minero, la asfixia crediticia e inversionista, el sabotaje productivo de los industriales, el boicot estadounidense (Ni una tuerca, ni un tornillo para Chile!ˮ Nixon dixit), los sabotajes de siembras para aumentar la escasez y el acaparamiento de mercancas por la misma burguesa a fin de fomentar el desabasto, desarticular la entrega de alimentos y generar la desafeccin al gobierno popular (una estrategia diseada en Washington, hoy realizada en Venezuela), se sumaron las manifestaciones de las mujeres organizadas entre otros por Jaime Guzmn (el cerebro de Pinochetˮ) y los gremialistas de la Universidad Catlica que movan las masas, pero desde la derecha   una burguesa en la escuela de Leninˮ (La Jornada, 1/9/13).

Su contribucin a la cultura poltica fue el cacerolazo, una marcha con ollas y cacerolas vacas, smbolo de carestas (inaugurada en 1971, durante la visita de Fidel Castro), una imagen tanto memorable como pattica: mujeres cuicas de clases medias y altas que salan de sus casas abarrotadas de chucheras, flanqueadas por los fascistas de Patria y Libertad, algunas con sus empleadas que les cargaban las ollas en cuales ellas mismas jams han cocinado y que nunca han tenido problemas en llenar. Un producto perfecto de la lucha ideolgica.

Margaret Power analizando este fenmeno subraya que en este sector cal particularmente hondo el anticomunismoˮ y el discurso de la amenaza marxistaˮ. Aunque el movimiento fue dirigido desde las clases altas, logr agrupar tambin mujeres trabajadoras ( Accin Mujeres de Chile y Poder Femenino). Pero su principal y la ms devastadora conclusin es que el xito de la derecha en mover a las mujeres se deba al abandono de la agenda de gnero por parte del gobierno de Allende y a la ceguera de la UP que no vea en ellas actoras polticas independientes (Margaret Power, Right-Wing Woman in Chile: Feminine Power and the Struggle Against Allende 1964-1973, Pennsylvania State University Press, 2002) .

Patricio Guzmn en la primera parte de su pico documental La batalla de Chile, titulada de manera muy oportuna La insurreccin de la burguesa (1975), ambientada en una poca de mayor polarizacin social y poltica tras las elecciones parlamentarias de 4 de marzo de 1973, presenta algunas voces de estas mujeres, sea en sus casas llenas de figurines y platitos o en la calle en plena campaa; son ellas que se muestran ms violentas y determinadas a sacar este presidente y gobierno corrompido y degenerado y a estos comunistas y marxistas podridos.

Cuando ya no caba ninguna duda de que el camino de la democracia parlamentaria ya no le serva a la oposicin (la UP en vez de perder, aument su apoyo en las elecciones de marzo) y todo se encaminaba a una resolucin violenta, a finales de agosto de 1973 ocurre un hecho que para muchos fue un claro aviso del golpe: frente a la casa del general Carlos Prats, el comandante en jefe del ejrcito y ministro de defensa, constitucionalista y leal a Allende, se manifiesta un grupo de mujeres de clases altas, entre ellas, las esposas de unos seis generales. Fue una respuesta a la exigencia de Prats para que sus oficiales se pronunciaran si estaban con l o no. El mensaje fue claro: ste ya no contaba con el apoyo de la cpula castrense y al da siguiente present su dimisin, recomendando como su sustitucin a su protegido y hombre de confianza... el general Augusto Pinochet Ugarte.

Aunque las mujeres burguesas ayudaron a preparar el camino al 11/9, se requiri de hombres armados para completar la trama golpista y luego de otros para imponer el nuevo modelo econmico (al final eran Chicago Boys y no Chicago Girls).

Ms tarde las mujeres regresaran a la escena poltica como uno de los pilares de la dictadura (1973-1990), o al menos eso pretenda aparentar todo el operativo a cargo de la generala, Luca Hiriart de Pinochet.

Normal 0 21 false false false ES X-NONE X-NONE

Si no fuera por la mujer, el marido, tal vez, se hubiera ahogado en un mar de vacilaciones.

Cuentan que mientras el general Augusto Pinochet titubeaba hasta el ltimo momento si unirse al golpe o no (del cual no fue ningn artfice: finalmente encabez la junta slo por su funcin del comandante en jefe del ejrcito ), fue su esposa, Luca Hiriart, que lo inst a tomar una decisin.

Por vacilar tanto, lleg incluso a tratarlo de cobarde (Mnica Gonzlez, Chile, la conjura: los mil y un das del golpe, Santiago de Chile, 2012).

El general tema al fracaso (sic!); la generala saba que ese era el momento.

Una vez consumado el golpe, esta mujer de gustos finos y caros, que jams haba trabajado en su vida, puso manos a la obra realizando una importante labor poltica disfrazada de caridad. Su plan: convertir a las mujeres en uno de los soportes del rgimen.

Como gobernanta de CEMA-Chile, una red de centros de enseanza para las mujeres de bajos ingresos, e dific una impresionante plataforma social para la dictadura; por su disposicin las cursantes a parte de las clases de macram o bordado, atendan tambin las plticas como Las estrategias de la penetracin comunista en la sociedad chilena.

A su servicio puso a esposas, hijas, madres y abuelas de militares y de operadores civiles del rgimen, quienes recorran el pas regalando por ejemplo los ajuares para los bebs y pregonando las bondades del nuevo rgimen. As CEMA-Chile se transform en un poder paralelo al ejrcito de su marido: Somos mujeres que usamos el uniforme del amor , deca (Marcela Ramos, El poder de la Generala, en: The Clinic, 11/9/13).

Antes del plebiscito de 1988 en que se decida la permanencia o no de Pinochet en el poder, la generala hizo una campaa incluso ms intensa que su marido; se reuna sobre todo con los crculos femeninos tratando de cerrar filas en torno a la dictadura. En uno de sus discursos deca: El poder femenino reside en la sensibilidad con que la mujer enfrenta los problemas, porque como madre y como esposa siempre he tenido un papel preponderante y este gobierno es, en mucho, obra de la mujer que llam a los cuarteles para pedir que terminara el gobierno nefasto de la Unidad Popular (Ibdem).

 

Igual que las mujeres burguesas que se oponan al gabinete de Allende, (vase: la entrega anterior), las buenas mujeres del gobierno militar tambin rechazaban una postura feminista, defendiendo los valores tradicionales, como nacin, familia, maternidad, etctera, una prolongacin de la extraordinaria operacin de diseminacin de falsa conciencia que realiz la derecha chilena, logrando, al explotar el tema de gnero, no solo crear una especie de proto-Tea Party femenino, sino tambin canalizar el activismo de las mujeres para reforzar su propia agenda patriarcal y ultraconservadora.  

 

Pero mientras la seora Luca teja sus redes de poder y las mujeres sbditas de ella hacan bordados patriticos, sus esposos perseguan a todas otras mujeres que no encajaban en el perfil de la casada con la patria.

Ya en las primeras horas del golpe los milicos, todos buenos catlicos y tradicionalistas, detenan por las calles a las mujeres en pantalones por izquierdistas, las humillaban pblicamente, cortaban las mangas con bayonetas o de una vez se las llevaban a los centros de detencin.

La violencia y el terror desatados tras el 11/9 convirti al cuerpo de la mujer en un objeto favorito de los carniceros represores. A la muerte y al inimaginable sufrimiento por violaciones, golpes o torturas con descargas elctricas, hay que sumar el sufrimiento de esposas, hijas, madres, abuelas o nietas de otros detenidos, muertos o desaparecidos.

La apropiacin del tema del gnero, tena tambin sus dimensiones simblicas. Cuando Pinochet retom el peso como moneda oficial de Chile (sustituido brevemente por el escudo 1958-75), desde 1981 se acuaron monedas de 5 y de 10 pesos que rendan homenaje al golpe: en el anverso tenan la imagen del ngel de la Libertad, una mujer alada con brazos en alto rompiendo las cadenas y una leyenda LIBERTAD 11.IX.1973ˮ (sic!), un smbolo de la liberacin del rgimen del corte marxistaˮ (sic!).

Muchas mujeres como mi ex compaera, chilena que crecieron con la dictadura y que desde nias tenan grabada aquella imagen en las consciencias, ms tarde, reflexionando sobre el tema, vieron en esto un salvaje acto de violencia, un ataque cruel a su propia identidad y a la identidad de todas las mujeres chilenas, la mejor muestra de lo cnico, nefasto e inhumano de la dictadura.

Retiradas oficialmente en 1990, con el retorno de la democracia, estas monedas circulan hasta ahora (Tlam, 8/9/13), otro pequeo ejemplo de que el legado de Pinochet sigue vivo en Chile.

Aqu es, dnde en mira de las elecciones presidenciales de 17 de noviembre, se pone interesante: no solo las dos principales candidatas son mujeres, sino representan dos versiones divergentes acerca del golpe y la dictadura.

Michelle Bachelet, favorita en las encuestas, candidata de la Nueva Mayora (ex Concertacin, ms los comunistas) ex primera mandataria (2006-10), ex jefa de la ONU-Mujer, hija del general de Fuerza Area, Alberto Bachelet, leal a Allende, arrestado por la traicin a la patria, torturado y asesinado (odiado por la derecha por ser jefe de la Direccin Nacional de Abastecimiento y Comercializacin, DINAC, la nica empresa controlada desde el gobierno que resolva los problemas ms urgentes de las colonias populares, justo cuando la burguesa obstrua la distribucin de bienes), promete ahora s! liquidar los ltimos vestigios del pinochetismo.

Evelyn Matthei, senadora, ex ministra de trabajo en el gabinete de Sebastin Piera, postulada por la Unin Demcrata Independiente (UDI) pinochetista, hija del otro general de Fuerza Area, Fernando Matthei, golpista que form parte de una de las juntas con Pinochet, defiende los logros de la dictadura, justifica las acciones de los militares al decir que stos solo buscaban mejorar la situacin del pas, e incluso asegura que... todos los chilenos pedan el golpe (extraa que no dijera pronunciamiento militar, un eufemismo de la derecha para disfrazar lo ocurrido el 11/9).

Uno de los principales vestigios del pasado que pesa sobre el presente es la Constitucin pinochetista de 1980, redactada en mucha parte por el mismsimo Jaime Guzmn, fascista y gremialista, fundador de la UDI, que e labor una justificacin del golpe, de la dictadura y de las violaciones a los derechos humanos y que estuvo detrs de la conversin de las mujeres burguesas en un grupo de choque contra Allende.

All y en algunas leyes secundarias an vigentes plasm toda su ideologa conservadora (El Mostrador, 9/9/13), tambin acerca del rol y de los derechos de la mujer (en Chile no est permitido ni siquiera el aborto teraputico), una oscura herencia que an a los 40 aos del golpe tiene amarradas a las mujeres chilenas.

*Periodista polaco

 

http://www.jornada.unam.mx



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter