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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-10-2013

La doctrina Obama

Noam Chomsky
La Jornada


La reciente escaramuza Obama-Putin con respecto al excepcionalismo estadunidense volvi a encender el debate sobre la doctrina Obama: se dirige el presidente hacia el aislacionismo o portar con orgullo la bandera del excepcionalismo?

El debate es ms estrecho de lo que parece. Existe considerable terreno comn entre las dos posiciones, como expres con claridad Hans Morgenthau, fundador de la escuela realista de relaciones internacionales, exenta de sentimentalismos, que domina hoy da.

A lo largo de su obra, Morgenthau describe a Estados Unidos como nico entre las potencias pasadas y presentes, en cuanto tiene un propsito trascendente que debe defender y promover en todo el mundo: la instauracin de la igualdad y la libertad.

Los conceptos en competencia excepcionalismo y aislacionismo aceptan esta doctrina y sus diversas elaboraciones, pero difieren en cuanto a su aplicacin.

Un extremo fue defendido con vigor por el presidente Obama en su mensaje del pasado 10 de septiembre a la nacin: Lo que hace diferente a Estados Unidos, lo que lo hace excepcional, dijo, es que estamos dedicados a actuar, con humildad, pero con decisin, cuando detectamos violaciones en alguna parte.

Durante casi siete dcadas, Estados Unidos ha sido el sostn de la seguridad global, papel que ha significado ms que forjar acuerdos internacionales: ha significado asegurar que se apliquen.

El aislacionismo, en cambio, sostiene que ya no podemos darnos el lujo de realizar la noble misin de correr a apagar los fuegos que otros encienden. Toma en serio una advertencia emitida hace 20 aos por el columnista Thomas Friedmanm, del New York Times, de que conceder al idealismo una influencia casi exclusiva en nuestra poltica exterior puede conducirnos a desdear nuestros intereses por nuestra devocin a las necesidades de otros.

Entre estos dos extremos se da el acalorado debate sobre poltica exterior.

En los mrgenes, algunos observadores rechazan las premisas compartidas y sacan a relucir el registro histrico: por ejemplo, el hecho de que durante siete dcadas Estados Unidos ha encabezado al mundo en agresin y subversin, derrocando gobiernos electos e imponiendo despiadadas dictaduras, apoyando crmenes horrendos, socavando acuerdos internacionales y dejando estelas de sangre, destruccin y miseria.

Morgenthau dio respuesta a esas criaturas desorientadas. Acadmico serio, reconoci que Estados Unidos ha violado con consistencia su propsito trascendente, pero explica que oponer esa objecin es cometer el error del atesmo, que niega la validez de la religin con fundamentos similares.

La realidad, sostiene, es el propsito trascendente de Estados Unidos; el registro histrico no es ms que el abuso de la realidad.

En suma, el excepcionalismo y el aislacionismo estadunidenses vienen a ser variaciones tcticas de una religin secular, cuya fascinacin extraordinaria va ms all de la ortodoxia religiosa normal en cuanto apenas si es posible percibirla. Puesto que ninguna alternativa es concebible, esta fe se adopta por reflejo.

Otros expresan la doctrina con mayor crudeza. Jeane Kirkpatrick, quien fue embajadora del ex presidente Reagan ante la Organizacin de Naciones Unidas, desarroll un nuevo mtodo para desviar las crticas a los crmenes de Estados Unidos. Los que se oponan a considerarlos meros tropiezos o ingenuidad inocente podan ser acusados del equivalente moral a afirmar que Estados Unidos no es diferente de la Alemania nazi o de cualquier demonio que est en boga. Esta argucia ha sido usada en muchos casos para proteger el poder ante cualquier escrutinio.

Hasta la academia seria se amolda. As, en el nmero ms reciente de la revista Diplomatic History, el erudito Jeffrey A. Engel reflexiona sobre la significacin de la historia para quienes trazan las polticas.

Engel cita Vietnam, donde, dependiendo de la persuasin poltica que se tenga, la leccin es evitar las arenas movedizas de la intervencin aislacionismo o la necesidad de dar rienda suelta a los comandantes militares para que operen libres de presin poltica al cumplir la misin de llevar estabilidad, igualdad y libertad destruyendo esos pases y dejando un reguero de millones de cadveres.

La cuota mortal de Vietnam contina creciendo hasta el presente a causa de la guerra qumica que el ex presidente Kennedy mont all, al mismo tiempo que aumentaba su apoyo a una dictadura asesina para un ataque en gran escala, el peor caso de agresin ocurrido durante las siete dcadas de Obama.

Otra persuasin poltica es imaginable: una indignacin como la que adoptaron los estadunidenses cuando Rusia invadi Afganistn o cuando Saddam Hussein invadi Kuwait. Pero la religin secular nos impide vernos a nosotros mismos bajo una lente similar.

Un mecanismo de autoproteccin es lamentar las consecuencias de nuestras omisiones. As, el columnista del New York Times David Brooks, al reflexionar sobre el deslizamiento de Siria hacia un horror semejante a Ruanda, concluye que el asunto de fondo es la violencia sunita-chita que destroza a esa nacin.

Esa violencia, afirma, es testimonio del fracaso de la reciente estrategia estadunidense de retirarse y dejar una presencia ligera y de la prdida de lo que el ex funcionario del servicio exterior Gary Grappo llama la influencia moderadora de las fuerzas estadunidenses.

Los que an se dejan engaar por el abuso de la realidad eso es, de hecho podran recordar que la violencia sunita-chita fue resultado del peor crimen de agresin del nuevo milenio: la invasin estadunidense de Irak. Y los cargados de memorias ms ricas podran recordar que en los juicios de Nuremberg se sentenci a criminales a la horca porque, segn el tribunal, la agresin es el crimen internacional supremo, diferente de otros crmenes de guerra slo en que contiene en s mismo el mal acumulado del todo.

Ese mismo lamento es tema de un celebrado estudio de Samantha Power, la nueva embajadora de Washington ante Naciones Unidas. En Un problema del infierno: Estados Unidos en la era del genocidio, Power escribe sobre los crmenes de otros y nuestra inadecuada respuesta. Dedica una oracin a uno de los pocos casos durante las siete dcadas que podra calificar como genocidio: la invasin de Timor Oriental por Indonesia, en 1975. Trgicamente, Estados Unidos mir para otro lado, informa Powers.

Daniel Patrick Moynihan, quien la precedi en el cargo ante la ONU en tiempos de la invasin, vio el asunto de modo diferente. En su libro A dangerous place, describi con gran orgullo cmo llev a la ONU a ser del todo inefectiva en las medidas que tom para parar la agresin, porque Estados Unidos deseaba que las cosas resultaran de ese modo.

Y de hecho, lejos de mirar a otro lado, Washington dio luz verde a los invasores indonesios y les proporcion de inmediato equipo militar letal. Estados Unidos impidi actuar al Consejo de Seguridad de la ONU y continu prestando firme apoyo a los agresores y sus actos genocidas, entre ellos las atrocidades de 1999, hasta que el entonces presidente Bill Clinton marc el alto, lo cual pudo haber ocurrido en cualquier momento de los 25 aos anteriores.

Pero eso es mero abuso de la realidad. Es muy fcil continuar, pero no tiene caso. Brooks tiene razn en insistir en que deberamos ir ms all de los terribles sucesos que tenemos a la vista y reflexionar en los procesos subyacentes y las lecciones que derivan de ellos.

Entre stas, ninguna tarea es ms urgente que liberarnos de las doctrinas religiosas que condenan al olvido los hechos de la historia y refuerzan de ese modo nuestros fundamentos para nuevos abusos de la realidad.

Noam Chomsky es profesor emrito de lingstica y filosofa en el Instituto Tecnolgico de Massachusetts, en Cambridge, (Mass., EU). Su libro ms reciente es Power systems: conversations on global democratic uprisings and the new challenges to US Empire. Interviews with David Barsamian (Sistemas de poder: conversaciones sobre levantamientos democrticos en el mundo y nuevos desafos al imperio estadunidense. Entrevistas con David Barsamian)

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/10/13/index.php?section=opinion&article=020a1mun

Traduccin: Jorge Anaya

Noam Chomsky, 2013. Distributed by The New York Times Syndicate.



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