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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-10-2013

Comentario al artculo "El derecho y el pecado original", de Daniel Iraberri y Luis Alegre Zahonero

John Brown
Rebelin


Este texto comenta el publicado en Rebelin por Daniel Iraberri y Luis Alegre Zahonero bajo el ttulo El derecho y el pecado original.

Es til completar su lectura con algunas precisiones metodolgicas que aportamos en el artculo Polmica terminable e interminable tambin publicado en Rebelin.

1. Empezamos mal con lo del pecado original: la lnea del pesimismo antropolgico que va de San Agustn a Carl Schmitt, pasando por Hobbes. Empezamos mal. Sigo leyendo. Mala manera de desactivar el bucle aadir una pgina ms a la polmica: lo que quieren es guerra y no saben cmo decirlo.

2. No s por qu se atribuyen la exclusiva del republicanismo, la Ilustracin y hasta el kantismo, considerndolos como radicalmente opuestos al spinozismo. El spinozismo es abiertamente republicano, radicalmente ilustrado y hasta moderadamente kantiano en algunos aspectos importantes.

No creo que el spinozismo no sea filocristiano e incluso piadoso, pero su interpretacin del cristianismo nada tiene que ver con el fariseismo moral y bastante con el mensaje de Cristo que, no lo olvidemos, para Spinoza no era un profeta, sino un filsofo, pues lo que afirmaba tena valor de verdad universal (como las verdades del entendimiento) y no se ajustaba tan solo a la imaginacin de un pueblo concreto. Sobre el carcter burgus de las ideas de nuestros interlocutores, ellos mismos sabrn. La ideas no son en s burguesas, aristocrticas ni proletarias, son verdaderas o falsas yn desde el punto de vista tico y prctico, correctas o incorrectas, segn potencien o despotencien a los individuos.

Nosotros jams hemos afirmado que "Estado y Derecho sean simplemente la respuesta burguesa a la lucha de clases en el interior del capitalismo" ni que"sean meros momentos del despliegue de la lucha de clases". Estado y derecho no responden a una lucha de clases preexistente, sino que -en una sociedad de clases- funcionan como elementos de la unificacin de clase de la clase dominante en su lucha contra los dominados. Tampoco son momentos del despliegue de la lucha de clases sino una de sus expresiones necesarias, uno de sus modos de existencia propios. La idea de "despliegue" implica una esencia no desplegada anterior a su autodesarrollo: no creo que pueda hablarse de esto a propsito de la relacin entre Estado, derecho y lucha de clases.

3. Nadie -an menos un althusseriano y un spinozista- considera que "todo est conectado con todo". La dinmica de las distintas instancias del todo social no se rige por una lgica expresiva: no expresa una esencia nica que se refleja en cada uno de los niveles como un espritu de poca (Zeitgeist). Si hay una corriente del marxismo y del materialismo a la que no se puede reprochar esto es al althusserianismo, pues para l las distintas instancias tienen temporalidades propias y dinmicas propias que pueden o no coincidir. Si las distintas instancias forman un todo es porque todas ellas estn determinadas en ltima instancia por la produccin de la vida material, aunque esta misma, al igual que cada una de las otras, solo existe como sobredeterminada por todas las dems. No hay una esencia pura de lo econmico que se exprese en el conjunto de las instancias de manera simultnea, no hay un carcter econmico de una poca de la produccin que destia automticamente sobre el resto de las instancias del todo social. As, el Estado capitalista puede incluir segn las formaciones sociales numerosos rasgos de formas polticas anteriores, como el Estado absolutista y el feudal. No todo est conectado con todo, ni la realidad de una formacin social capitalista concreta puede ser la mera expresin de las relaciones de produccin capitalistas. De hecho, las relaciones de produccin capitalistas solo existen como sobredeterminadas por los dems elementos, por las dems instancias de la vida social: de ah la existencia de numerosos capitalismos histricos cuyas diferencias no son despreciables. No es lo mismo el modelo renano que el tejano, no es lo mismo el modelo japons que el britnico, el italiano o el francs.

4. Afirman los autores del texto que: "hay un respecto de todo Estado capitalista en el que sus funciones y cometidos slo se pueden explicar por lo que tiene de Estado, y no por lo que tiene de capitalista.". Esto es considerar que el Estado como tal es una realidad transhistrica, que existe el Estado en tanto que Estado, el Estado arquetipo. El Estado para una concepcin materialista agota su esencia -como cualquier otro objeto para el materialismo- en sus condiciones concretas de existencia y en sus efectos. Una esencia se determina exclusivamente por su causa y sus efectos. Existen as formaciones sociales sin Estado y formaciones sociales con Estado. Los Tupi-Nambikwara o los Hopi no tienen de eso, los griegos y los romanos antiguos tampoco. No toda sociedad de clases produce una forma Estado. Solo hay Estado propiamente dicho en aquella -la capitalista- que separa estrictamente la extraccin de plusvala y la explotacin del ejercicio del poder poltico. All donde la dominacin de clase se afirma abiertamente como en Grecia o en Roma, no existe separacin efectiva entre sociedad civil y Estado. As, la democracia griega o la repblica romana pudieron siempre decidir libremente sobre cuestiones que hoy consideramos propias de la esfera econmica. Si hoy, sin embargo, llamamos Estado a este tipo de gobiernos es por una asimilacin retrospectiva del Estado capitalista moderno a las formas polticas anteriores, anloga a la deshistorizacin de las categoras econmicas del capitalismo que la economa poltica proyecta desde el presente capitalista sobre el pasado y el futuro de la humanidad.

Sigue la lectura: por lo visto el problema que vienen a resolver el Derecho y el Estado es el Hombre, el hecho de que, sin ellos, el animal humano es una bestia peligrosa. Desde luego, no s qu han ledo estos jvenes de Spinoza para decir que el spinozismo niega esta posibilidad. Spinoza es el primero que dice que "la multitud es terrible cuando no tiene miedo" y que el temor y la esperanza son los elementos mismos de la poltica. No se puede gobernar a los hombres por la razn, puesto que todos estn atravesados por las pasiones. Solo afectos poderosos pueden hacer que obedezcan una ley comn y no los hay ms poderosos que el temor y la esperanza. Lo nico que dice Spinoza es que la regla de vida comn a la que se obedece por temor (o esperanza) puede tambin seguirse por conviccin racional cuando se comprende su verdadera utilidad y que hay, por consiguiente, en la comunidad poltica (civitas) y solo dentro de ella para un despliegue de la ilustracin y un aumento de la libertad de todos y de cada uno. La finalidad de la comunidad poltica -dice Spinoza- es la libertad y no la mera doma de la bestia humana, la mera victoria sobre el Mal encarnado en el pecado original que todo el pensamiento reaccionario considera el fundamento mismo de la poltica.

Por lo dems, para el spinozismo no existe el pecado original, no existen ni el bien ni el mal: lo que existen son las pasiones humanas, algo tan natural como la lluvia, las nubes o los terremotos. Las pasiones no son ninguna anomala que haya que corregir sino el elemento mismo de la vida humana con el que toda poltica ha de contar. Las pasiones no son todas negativas o tristes: existen pasiones que aumentan nuestra capacidad de obrar y son alegres, pero otras le disminuyen y son tristes. Un orden poltico se funda sobre pasiones alegres y tristes: sobre el amor y la generosidad, pero tambin sobre el miedo, la esperanza, el arrepentimiento, etc.

6. Ningn spinozista que haya ledo a Spinoza es tan ingenuo para pensar que la inmediatez de la multitud permita que se articule su propia potencia. Naturalmente solo un orden institucional, la ley de una comunidad poltica, permite unir las diversas potencias individuales en una potencia colectiva que permita a todos y cada uno tener mayor libertad que en un hipottico estado de naturaleza. Si el fin de la comunidad poltica es la libertad, inversamente, solo hay libertad en la comunidad poltica donde "rige una ley comn". El spinozismo es un republicanismo que se sita explcitamente en la tradicin maquiaveliana, una filosofa que admite como base de la libertad la permanente resistencia de la multitud al soberano y como base de la soberana la capacidad efectiva del soberano de hacer obedecer a la multitud. Nada ms y nada menos que esto, pero todo esto supone la existencia y la reproduccin en el tiempo de una comunidad poltica cuyo cimiento es una ley comn, una obediencia comn, que no solo no es incompatible con la libertad, sino que es su condicin inexcusable. Una lectura an superficial del Tratado teolgico-poltico y del Tratado poltico de Spinoza convencer a cualquier lector de que Spinoza no es ningn enemigo de las instituciones polticas, sino, como Maquiavelo un gran partidario de las instituciones de la libertad, de las instituciones verdaderamente republicanas.

7. El problema para el spinozismo no es el Estado en general y mucho menos lo es para los spinozistas que nos consideramos marxistas y para quienes "el Estado en general" es una abstraccin . El Estado es la forma separada que adopta el mando poltico en el sistema capitalista. Solo el capitalismo, para quien explotacin y dominacin poltica no coinciden, ha conocido esta separacin de esferas en la vida social entre sociedad civil, esfera econmica, derecho, Estado etc. El Estado no es nunca el Estado en general sino muy exactamente el Estado capitalista. La confusin entre poltica y Estado impide ver que la Repblica no es el Estado. Spinoza y Maquiavelo pueden defender la Repblica sin hacerse la ms mnima ilusin sobre la supuesta trascendencia y neutralidad de las instituciones polticas. La poltica materialista funda el mando en la ciudad en las correlaciones de fuerzas y las instituciones en la perpetuacin de estas sin necesidad de concebir una esfera trascendente del derecho o del Estado ni ningn tipo de garanta trascendental del orden institucional.

8. Es curioso que los autores se sigan permitiendo hablar de conceptos tan perfectamente definidos en la teora de los afectos spinozista desde el libro III de la tica como la alegra y la tristeza como si designaran meros estados subjetivos? Alarma que no se tomen la molestia estos profesionales de la filosofa de mirar por dentro un texto clsico de la filosofa. Si lo hicieran descubriran que de lo que se trata cuando Spinoza habla de alegra y de tristeza es de un aumento o una disminucin de la potencia, esto es de la capacidad de obrar, de la capacidad de producir efectos, o si se quiere del grado de libertad de un individuo. Naturalmente que una repblica democrtica es el marco en que puede conseguirse mayor libertad para todos. No todos los regmenes son iguales: hay negras tiranas donde reinan la impotencia y la tristeza y regmenes polticos donde la libertad, la capacidad de obrar de los individuos se despliega en diversos grados. S que hay un criterio propiamente tico y poltico que permite distinguir los distintos tipos de rgimen poltico. Lo que pasa es que aquel en que el mando se presenta a s mismo como absoluto, trascendente y omnipotente y excluye la posibilidad de que los ciudadanos resistan de ninguna manera a sus rdenes como hace el Estado capitalista desde sus orgenes absolutistas hasta sus avatares liberales y neoliberales, es uno de los regmenes menos libres, pues se basa en la desposesin casi total de la ciudadana efectiva a travs de los mecanismos de la representacin/sustitucin. Ciertamente, existen formas de representacin no sustitutivas basadas en el mandato obligatorio otorgado por el representado al representante, pero no existen en el Estado capitalista que, desde el Leviatn de Hobbes a los modernos Estados de derecho, conoce casi exclusivamente el mandato libre. Un Estado as es una representacin imaginaria de la comunidad poltica basada en la tristeza, en la idea de que la propia comunidad no es capaz de existir sino bajo un mando que se presenta como exterior.

9. En cuanto a los derrotados y su legitimidad, no creo que el spinozismo carezca de criterios para defender una causa justa derrotada. El valor de un rgimen poltico consiste en la capacidad de sus instituciones de reforzar la comunidad poltica y sus instancias de gobierno y de mando gracias a la potenciacin de los individuos que la integran. Existen buenas instituciones, pero todas las instituciones, buenas o malas como toda realidad finita, acaban por perecer, sencillamente porque se encuentran en algn momentos de sus existencia con una realidad exterior mas potente con la que no se pueden integrar y que las destruye. No hay justicia ni injusticia, sino correlaciones de fuerzas, pero Spinoza no es por ello como Gorgias un defensor de la ley del ms fuerte, de la legitimidad de los vencedores, pues en general no defiende ningn tipo de legitimidad. No existe ninguna garanta de existir ni ningn derecho a existir que no se base en la propia potencia en la capacidad de un cuerpo individual o colectivo de perseverar en la existencia.

No solo existe un mero despus: existe una tradicin de la libertad, una autntica tradicin republicana en la que Spinoza se inscribe claramente, aun en tiempos en los que lo que triunfa es el absolutismo.

A derechos iguales decide la fuerza no es una proposicin spinozista. Para Spinoza, cada uno tiene tanto derecho como potencia, esto es, el derecho de cada uno se extiende tanto como su capacidad de hacer. No hay as "derechos iguales" como si el derecho fuese un ttulo abstracto y no mera expresin de la potencia efectiva. Por ello mismo, la idea de Montesquieu de que hay que dar fuerza a la razn sera absurda para Spinoza. La razn es en s misma fuerza, puesto que quien tiene un conocimiento racional conoce y acta por su propia potencia y tiene un derecho mayor que otros. Lo que pasa es que, por muy grande que sea la razn, no deja de pertenecer a una realidad humana finita que puede perecer a manos de fuerzas mayores e incluso puede perder la razn.

Enteramente de acuerdo de nuevo en que el dbil tiene que poder defenderse del fuerte en condiciones de igualdad ante un tribunal. Lo que pasa es que en un Estado, esto depende estrictamente del equilibrio de fuerzas exterior a las instituciones y no a la virtud propia de las instituciones. Si los tribunales no dan hoy la razn a los obreros y tienden a fallar a favor de los capitalistas, ello depende en gran medida de la degradacin de la correlacin de fuerzas. El Estado como esfera poltica y jurdica separada no garantiza ni los derechos ni la tutela de los bienes comunes. En una correlacin de fuerzas particularmente desfavorable a los trabajadores como la actual, se hace patente sin tapujos su naturaleza de instrumento de una dictadura de clase. Un Estado se basa en la propiedad y en su defensa y por ello mismo debe ser una realidad que se presenta como separada del cuerpo social, pues finge unificar a los propietarios individuales a travs del derecho. Solo una repblica digna de ese nombre, una res publica una common-wealth y no la repblica de los propietarios que se denomina Estado puede garantizar la igualdad y la libertad, pues estos no son resultados parciales y perecederos de una correlacin de fueras, sino sus autnticos principios constitucionales. Libertad e igualdad no se basan en un derecho abstracto, en un deber ser, sino en el ser efectivo que se despliega sobre lo comn y se expresa en la cooperacin.

10. Sigo: "es imposible civilizar la Historia sin polica". Proposicin que no quiere decir gran cosa. Respondera parafraseando al Marx de la tercera tesis sobre Feuerbach: "quin hace polica sobre los policas?". La confianza en la institucin policial es propia de quien no ha pisado en su vida una comisara. Quien s lo haya hecho sabe que esa institucin es perfectamente incompatible con la libertad y la dignidad de los ciudadanos. Si, adems se les atribuye a los policas la tarea de educadores universales...de la Historia, buena historia es la que nos espera. Quien fie libertad y civilizacin a una instancia separada no las obtendr de ninguna de las maneras: libertad poltica y civilizacin requieren equilibrios de fuerzas, contrapesos, capacidad de resistencia de los individuos y la multitud, no polica.

11. Por ir concluyendo. Gracias, mil gracias por no considerarnos fascistas. La generosidad de los autores de este texto no tiene lmites. Aunque a cambio de considerarnos fascistas nos consideren "religiosos", pues "la presunta democracia radical de la multitud no puede ser sino una religin radical de la multitud (y de los comunes, fundada sobre las pasiones ms alegres). Lo que nuestros interlocutores obsesionados por la necesidad de la trascendencia se niega a aceptar es la posibilidad de que una multitud se unifique ms ac de la individuacin de sus miembros en lo comn de la cooperacin en ese conjunto de relaciones sociales que constituye la nica esencia humana segn Marx. Para ellos existe el hombre, el Mal, el pecado original: por eso proclaman junto a De Maistre y Bonald o del gran terico de la soberana y la representacin que es Carl Schmitt, junto tambin a "nuestro" Donoso Corts que "toda poltica se basa en el pecado original". Desde posiciones as llaman a otros religiosos. Nosotros respetamos la religiosidad, el materialismo radical de los telogos de la liberacin, pero no el oscurantismo de la trascendencia y de la culpa. Si consideran que con estas posturas tienen alguna cercana a los catlicos, tienen un papa de retraso, quiz incluso algunos ms.

12. Nadie apela a la "unidad inmediata de la multitud" ni niega la necesidad de una unidad poltica de esta, ni siquiera la necesidad de que esta recurra a la representacin y al imaginario de la trascendencia del mando para que la unidad poltica se constituya. Lo que afirmamos es que toda multitud es siempre ya poltica, que siempre est organizada como comunidad poltica y que dentro de esta politicidad siempre ya existente se operan las distintas variaciones constitucionales, los distintos cambios que un cuerpo poltico puede experimentar por su evolucin interna o en respuesta a factores externos. Si consideris que la nica posibilidad de gobernar una sociedad humana es la doma, la polica, la violencia de los que saben y poseen la razn sobre los que no saben y sucumben al pecado original y necesitan Grandes Inquisidores para vivir en comunidad, no entiendo cmo podis pretender la ms mnima relacin con el comunismo, la democracia, la Ilustracin...

13. Coda. Para terminar, ya que parece que tenis aficin a la terminologa de los derechos humanos y a hablar en nombre de la Humanidad, una pequea cita de Carl Schmitt: "quien dice Humanidad, quiere engaar".

Blog del autor: http://iohannesmaurus.blogspot.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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