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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-10-2013

El s de cada no
En estos das

Beln Gopegui
Diagonal


La belleza es un cdigo, la belleza es una orden. Cuando aparece en una combinacin de sonidos, rasgos, palabras, antes de que nuestro cerebro piense algo en nuestro cuerpo se pone en disposicin de atender, quiz por abatimiento. Demasiados empujones, demasiada pena y asfixia para rechazar su convocatoria: ah se est bien, la msica nos proyecta sobre un mar de cabezas y sentimos las manos que nos tocan sin dejarnos caer. Ah en esos ojos, ahogndonos en ellos, si no se fueran, seramos invulnerables a cualquier desdicha. Ah el verso quema el espanto, estalla y, al amanecer, armadas de una ardiente paciencia, entraremos en las esplndidas ciudades.

La belleza es un cdigo, pero no, en realidad no: son muchos cdigos; cada uno lleva su orden y su espera. Por eso a veces la belleza de curso legal nos cansa y vale ya de esa msica cuya armona nadie negar pero cuya orden de mecernos como barquitos de papel en el estanque rechazamos; vale tambin de los muchachos de barba de dos das, torso de acero y edad inmvil cuya media sonrisa punta piruetas como hazaas: un solo pie sobre el ala del avin mientras nos dicen, sta es su orden, que nos quedemos quietas y quietos, que ellos se ocuparn; vale de las dulces muchachas de cuerpo moreno y bikini blanco, mariposas clavadas con vitrina, una vitrina impuesta para que no nos muerdan, porque su orden dice: no te muevas, como tampoco yo me muevo.

En estos das, otra belleza ha quebrado la verja, dej atrs la seal indicadora y nos requiere en donde no mirbamos: la pintada pisada sin fijarse al principio, cemento sucio, plantilla de las letras movida por la urgencia. Desde unas caras impropias, extraas y perfectas en cada uno de sus desequilibrios, la belleza emite su encomienda, actuar ahora, estar dispuesto o dispuesta ahora, el tiempo apremia y todo es valenta. La belleza no preexiste; como al cdigo, se le asignan valores y secretos para decir qu y a quines, y cundo; entonces, al pensar en la ardiente paciencia ya no imaginas slo pequeas llamas bamboleantes iluminando calles o jardines, sino tambin las manos de la desesperacin, voces heridas y palabras que al romperse nos ponen en pie; entonces la belleza, como la inteligencia, es el hambre.

Fuente:http://www.diagonalperiodico.net/culturas/20133-estos-dias.html



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