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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-10-2013

Ms all del Estado?

Florent Marcellesi
Revista Ecologa Poltica


La cuestin del Estado est ms que nunca en el centro del debate. Mientras que el Estado-nacin (y sus componentes como el pueblo, la soberana, etc.) se ve profundamente cuestionado por la crisis socio-ecolgica (Marcellesi, 2012a), la crisis econmica ha puesto en la diana al Estado del bienestar como mximo representante del inters general y canal de redistribucin de las riquezas. Considerado por los sectores neoliberales como un freno al mercado y a la vuelta al crecimiento, se ve atacado de forma brutal y reiterada a travs de recortes y/o de privatizaciones de servicios pblicos bsicos como la educacin o la sanidad. Mientras tanto, del otro lado del arco poltico, las izquierdas se movilizan en la calle o en las instituciones para evitar su desmantelamiento y defender los derechos laborales y sociales obtenidos durante decenios de aos. El Estado-nacin de Bienestar, verdadero pilar del modelo de desarrollo europeo despus de la segunda guerra mundial, por tanto cristaliza la lucha entre las dos visiones que han estructurado la sociedad industrial en torno a la creacin y al reparto de las riquezas producidas.

Sin embargo, hoy se suman a este eje clsico de enfrentamiento ideolgico y prctico en torno al Estado, su forma actual y su futuro, otras interrogaciones y contradicciones (algunas nuevas, otras no tanto) que, en este artculo, analizaremos desde el triple prisma interdependiente: la crisis ecolgica, los comunes y la regeneracin democrtica. En base a esta reflexin inicial, propondremos algunas pistas para el debate y la prctica.

El Estado frente a los retos del siglo XXI Estado y crisis ecolgica

Vivimos una crisis ecolgica profunda que es a la vez energtica, climtica y alimentaria y que, si no hacemos nada para contrarrestarla, cuestiona la propia supervivencia civilizada de la humanidad (Marcellesi, 2012b). Esta crisis multidimensional es la consecuencia de un modelo socio-econmico, el liberal-productivismo, basado en la idea industrial de un crecimiento continuo de las cantidades producidas y consumidas. Sin embargo, todo indica que los pases enriquecidos van a salir tarde o temprano de este breve periodo de su historia en que el crecimiento daba sustento a la (relativa) paz social y al progreso (Gadrey, Marcellesi, Barragu, 2013). En este contexto, sera iluso pensar que el fin de la era del crecimiento no afecte al Estado moderno y, en concreto, al Estado de bienestar. De hecho, la new economics foundation (nef) realiza para Gran Bretaa el anlisis siguiente que, sin duda, podemos extender al resto de los Estados europeos: el Estado del bienestar ha crecido de manera exponencial desde que se fund a mediados de los aos cuarenta. Su crecimiento ha dependido siempre de un crecimiento econmico continuo que, a travs de los impuestos, produjese ms beneficios para pagar mayor y mejores servicios pblicos. Este supuesto ya no se sostiene. (nef, Ecopoltica, 2012: pp. 77-78). Adems, en este contexto el Estado junto con las administraciones pblicas locales y el sector privado ha sido uno de los promotores esenciales del productivismo y de las megainfraestructuras (nucleares, autopistas, aeropuertos, tren de alta velocidad, sanitarias, etc.) en nombre del inters general a veces confundido con el inters corporativo o simplemente aplicado desde un enfoque tpicamente crecentista y tecno-cientfico del progreso.

El Estado actual es fruto, reflejo y actor principal de la sociedad industrial y, al igual que ella, fundamenta su visin y accin en la capacidad de tener acceso a fuentes de energa barata, abundante y de buena calidad. (2) Esta caracterstica de abundancia energtica permite mantener o aumentar la complejidad cada vez mayor del Estado (administraciones, leyes, etc.), (3) una centralizacin de sus decisiones y estructuras, su capacidad de control sobre el territorio as como un amplio abanico de personas y colectivos no dedicados a la produccin de alimentos y energa pero indispensables al funcionamiento poltico-administrativo (ejrcito, burocracia, clase dirigente, etc., [Diamond, 2006]). Sin embargo, la era de los combustibles fsiles (con altsimos rendimientos energticos) est tocando a su fin y entramos en la era de la sobriedad energtica donde adems las fuentes renovables tienen retornos energticos mucho ms bajos que las fuentes fsiles. Adems de cuestiones ideolgicas sobre el papel del Estado, es por tanto necesario repensar, dentro de una reconfiguracin general de la sociedad, formas de administracin pblica acordes con la biofsica y los recursos naturales disponibles. Dicho de otro modo, el coste entrpico es demasiado elevado () y la superficie estatal debe decrecer (Cochet, 2012). Desde la justicia social y ambiental, el Estado tiene un enorme reto para iniciar su transicin socio-ecolgica ya que no hay pas que disponga de avanzados servicios de cuidados sociales que no los haya construido sobre una base social de consumo intensivo de energa total y per capita. Aumentar el bienestar y el crecimiento econmico con recursos de peor calidad, aunque sea posible, es algo que no sabemos cmo se puede materializar (Mediavilla et al, 2013).

Estado y los commons

Entendidos como los recursos, bienes, servicios o cosas, tangibles o intangibles, producidos y gestionados desde una comunidad determinada, los comunes no reducen las relaciones sociales a las de inters econmicos o de poder, por muy reales y exigentes que sean, y se diferencian de las dos formas ms emblemticas de la modernidad: los intercambios a travs del mercado y a travs del Estado. Es una apuesta para que las comunidades puedan tener ms control sobre sus vidas, sus tierras y recursos naturales (propiedad y gestin de los derechos comunales), su relacin con los ecosistemas, su trabajo productivo y reproductivo, su cultura e identidad, y poner en el centro la cooperacin, la solidaridad, la ecologa y la autogestin.

Por lo tanto, al poner en el centro de atencin y como sujeto activo la comunidad (en vez del concepto de pueblo (4)) y el inters comunitario (en vez del inters general), los comunes no se confunden con lo pblico (sinnimo principalmente en nuestras sociedades de lo estatal y sus mecanismos de redistribucin y proteccin social). Esto plantea dos contradicciones centrales en nuestras sociedades con Estado (5):

Los comunes marcan no solo un proceso evidente de desmercantilizacin sino tambin una tendencia clara a la desestatalizacin de la vida. Dicho de paso, no nos tendra que sorprender este doble proceso de xodo fuera del mercado y del Estado puesto que, como lo recuerda y demuestra Graeber (2012), el Estado y el mercado son dos caras de una misma moneda.

Estado y regeneracin democrtica

Las demandas de regeneracin democrtica son patentes. En las sociedades occidentales, ya sea a travs del 15M, del movimiento Occupy Wall Street y de los procesos constituyentes, el Estado se enfrenta tambin a las reivindicaciones de democracia, participacin y horizontalidad. Este desafo es desde luego de difcil solucin ya que, como deca Charbonneau (1949), el Estado es el poder, la fuerza, la guerra: hablar de Estado autoritario, centralizado o jerarquizado, es un pleonasmo. Y cuanto ms grande e importante es el Estado sea cual sea su rgimen poltico, ms alejado est de los centros de decisiones y menos capacitado se ve para ofrecer democracia directa y deliberativa. Dicho coloquialmente, el tamao importa.

Con este anlisis, existe una tensin evidente entre las exigencias de democracia real y de defensa del Estado de bienestar. De hecho, a diferencia de Bourdieu que opinaba que exista un Estado de la mano izquierda y un Estado de la mano derecha, es necesario reconocer que el Estado es un solo cuerpo indisociable que asienta su capacidad de redistribucin y regulacin (su mano social) en su capacidad de ejercer la violencia legtima (su mano derecha). Ahora bien, el corolario de este planteamiento nos lleva a preguntar de nuevo: en una sociedad de masas es posible garantizar la seguridad y los derechos universales de la ciudadana sin o con menos aparatos estatales complejos y represivos? En este caso, hace falta renunciar a la participacin directa a cambio de mayor universalizacin y paz intra e interterritorial?

Pistas para el debate y la prctica

Este breve anlisis en torno a la crisis ecolgica, los comunes y la regeneracin democrtica lleva a proponer en diferentes grados segn las respuestas que se dan a los diferentes cuestionamientos apuntados ms arriba:

En base a estos elementos, surgen propuestas ms o menos radicales de cara a la transformacin del Estado realmente existente que podemos clasificar en tres categoras:

  1. Una reforma progresiva del Estado que insiste a la vez en la descentralizacin de sus servicios pblicos (garantizando el principio de igualdad de acceso) y en su papel central como agente para la transformacin ecolgica de la economa. Por un lado, se trata de reforzar los servicios pblicos a nivel local, fuertemente descentralizados y abiertos a la participacin (8), y en sectores de alto valor aadido para las personas, la sociedad y el medio ambiente (transportes pblicos y limpios, bicicletas, educacin, salud, justicia, redes energticas distribuidas, etc.). Por otro lado, se trata de reconocer que el Estado tiene a nivel ecolgico la capacidad real de inversin en un New Deal Verde que fomente la transicin estructural hacia una economa sostenible. El Estado, incluso a una escala supralocal o regional, no desaparece. Ms bien, su rol cambia: de omnipotente, pasa a tener una funcin de financiacin del proceso de cambio y de coordinacin de las iniciativas locales.
  2. Una evolucin radical de la forma Estado que insiste en la dimensin energtica y/o democrtica de sus estructuras y capacidades. Por ejemplo, Cochet (2012), que postula que el colapso de la sociedad industrial es inevitable, propone la evolucin de los actuales Estado hacia nuevos Estados simples locales. El tamao de esta sociedad local autnoma dependera de los grupos enemigos que tiene que enfrentarse y, seguramente, se pareceran bastante a las ciudades-Estado italianas o germnicas del siglo XVIII. Por su parte, Fotopopulos, impulsor de la iniciativa Democracia Inclusiva y con muchos rasgos del municipalismo libertario de Bookchin, propone (re)construir ncleos locales de un mximo de 30.000 personas (al igual que en las ciudades griegas antiguas) en torno a instituciones que permitan la democracia econmica y poltica. Luego se establecera una confederacin de municipios a nivel local, regional y planetario que ms all de los confines de la economa de mercado y la planificacin estatal evolucionara hacia una planificacin participativa. (9)
  3. Una sustitucin del Estado por las comunidades autogestionadas. Es, por ejemplo, la propuesta de Vctor Toledo que desde Mxico plantea un poder social entendido como autogestin, autosuficiencia, autoabasto y, por supuesto, autodefensa (2013). El objetivo es claramente la potenciacin de un poder paralelo de carcter emancipador (basado en la cooperacin, la solidaridad y el apoyo mutuo) que crea sus cooperativas, bancos locales, producen alimentos sanos, autoconstruyen viviendas, radios comunitarias y sus propias policas. Por su parte, las cooperativas integrales europeas responden a planteamientos muy parecidos de construccin paralela de realidades prcticas que, aunque se amparan en una forma jurdica legal de transicin, buscan escapar tanto del mercado como del Estado. De tamao reducido (un centenar de personas, para permitir el mutuo conocimiento y la gestin democrtica), es una apuesta por la independencia poltica y econmica al margen del sistema y por la autogestin en red donde estn presentes todos los elementos bsicos de una economa como la produccin, el consumo, la financiacin o una moneda propia.

Sea cual sea el camino elegido (aunque con ms fuerza para el segundo y tercero), hay preguntas comunes. Para no pecar de buenismo, es importante reflexionar sobre la relacin y/o confrontacin con el poder institucional y la capacidad de llevar el cambio ms all de proyectos locales. Como lo explica Besson-Girard (2012) sin ningn tipo de ingenuidad hay que prepararse a situaciones cuando los dueos del sistema ya no tolerarn ms su perdida de influencia. Por encima de un umbral de reformas aceptables, es decir que puedan recuperar en beneficio propio, utilizarn su fuerza brutal como siempre lo han hecho. Es de hecho lo que Bensad (2003) llama la dualidad de poder, entre el poder de arriba y el poder de abajo, que potencialmente puede llevar a la accin represiva de los gobernantes y la autodefensa violenta de las personas y de los colectivos oprimidos.

Para que la transicin sea cuanto ms ordenada y pacfica posible, es necesario pensar por tanto la institucionalizacin y generalizacin de las prcticas e iniciativas llevadas desde abajo. Llegado un momento dado y superado la fase de pruebas y laboratorio de ideas, las nuevas realidades necesitan un marco regulatorio (a nivel local y supralocal) que fije las nuevas reglas del juego. Para ello, no se puede obviar que, como recordaba el poeta Paul luard otros mundos son posibles pero se encuentran en ste: es decir, por mucho que queramos construir mundos al margen del sistema y an ms en un mundo totalmente eco e interdependiente, existen estructuras e instituciones que se interrelacionan con las nuevas realidades, las limitan, las controlan, las destruyen o colaboran con ellas y les dan alas. Ms all de proyectos concretos que pueden acabar conviviendo dentro del sistema dominante sin cambiar su esencia (como pas con las cooperativas integrales del siglo XIX), requiere herramientas socio-polticas capaces de articular una visin global y solidaria, crear alianzas o luchar en las instituciones (como dentro del Estado) y tomar decisiones determinantes en momentos crticos.

En este sentido, se refuerza la prioridad de tejer redes de reflexin y accin entre todas las islas alternativas para que no se conformen con ser una gestin cooperativa o comunitaria del capitalismo y del Estado o una gota en una ocano de conformismo sino que se enmarquen en un proyecto poltico que busque un mayor grado de autodeterminacin de las personas, los pueblos y los territorios (en alianza con otros sujetos de cambio social) (Azkarraga y Altuna, 2012) (10) y tomen conciencia colectiva de su potencial como fuerza de transformacin de las estructuras actuales, incluido el Estado. Como lo dice Subirats (2013), cogiendo ejemplo de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas, el cambio no vendr ni principalmente ni nicamente desde arriba as que necesitamos construir una nueva agenda y una nueva coalicin a su alrededor. Crear nueva poltica, nuevos rituales de accin y decisin de lo comn () Las alternativas debern surgir de nuevos conglomerados, ciudadanos e institucionales.

En este contexto, la cuestin del Estado su realidad y su potencial tanto de resistencia como de cambio es clave de cara al futuro y hace falta desarrollar un discurso y una prctica que tengan en cuenta su papel en la transicin hacia una sociedad equitativa y ecolgica.

Bibliografa:

Azkarraga Etxagibel, Joseba y Larraitz Altuna (2012): Cooperativismo, economa solidaria y paradigma ecolgico: una aproximacin conceptual en Ecologa Poltica, n44

Bensad, Daniel (2003): La Rvolution sans prendre le pouvoir ? Contremps, febrero 2003

Besson-Girard, Jean-Claude (2012): Par del ltat, en La dcroissance et ltat, Entropia, n13 otoo 2012, p. 150-161

Charbonneau, Bernard (1949): Ltat, Economica.

Cochet, Yves (2012): tats simples locaux, en La dcroissance et ltat, Entropia, n13 otoo 2012, pp. 63-73.

Diamond, Jared (2006): Armas, grmenes y acero, Debate Editorial

Fotopoulos, Takis (2002): Estrategias de transicin y el proyecto de la Democracia Inclusiva, Democracy & Nature, Vol. 8, No. 1

Gadrey, Jean, F. Marcellesi y B. Barragu (2013): Adis al crecimiento. Vivir bien en un mundo solidario y sostenible, El Viejo Topo.

Graeber, David (2012): En deuda, Ariel

Marcellesi, Florent (2012a): Hay que jubilar el Estado-nacin, entrevista en Diagonal, n183.

Marcellesi, Florent (2012b): Qu es la crisis ecolgica?, en Cuides, n9

Mediavilla, M. Carlos de Castro, Luis Javier Miguel, Iigo Capelln, Pedro Prieto, Emilio Menndez, Juan Jos lvarez (2013): Por qu basar todo en el crecimiento? (contestacin a Vicen Navarro), disponible en http://www.eis.uva.es/energiasostenible/?p=1170

New Economics Foundation, Ecopoltica (2012): 21 horas: Por qu una semana laboral ms corta puede ayudarnos a prosperar en el siglo XXI, Icaria.

Subirats, Joan (2013): Bloqueo poltico?, en El Pas, 23-03-2013.

Toledo, Victor M. (2013): Y si nos autodefendemos?, en La Jornada, 03-01-2013.

Notas:

(1) Investigador y activista ecologista, es miembro del consejo de redaccin de la revista Ecologa poltica y coordinador de Ecopoltica. Es tambin miembro de Equo. Ms informacin: aqu.

(2) Mientras que las sociedades primitivas o agropecuarias necesitaban una Tasa de Retorno Energtico (TRE) global de entre 4 y 6, la sociedad industrial y tecnolgica actual tiene una TRE global de entre 12 y 25. Sin embargo, es poco probable que sin combustibles fsiles y solo con energas renovables podamos mantener TRE globales tan altos (por ejemplo, la fotovolcaca tiene un TRE de 2,4). Recordamos que la TRE es el cociente de la cantidad de energa total que es capaz de producir una fuente de energa y la cantidad de energa que es necesario emplear o aportar para explotar ese recurso energtico. Es decir: TRE = energa obtenida / energa invertida. Fuente: Prieto, P: Renovables: mitos y realidades, Conferencia del 19 de marzo 2013 en Mlaga.

(3) Como explica el antroplogo Joseph Tainter: Disponer de una energa barata nos permite desarrollar una complejidad an ms grande (). Es lo que llamo la espiral energa-complejidad: tienden a entremezclarse, o bien aumentar, o bien disminuir conjuntamente. De hecho, solo pueden aumentar o disminuir juntas (): no podis tener complejidad sin energa, y si tenis energa, tendris complejidad. Fuente: http://petrole.blog.lemonde.fr/2011/10/31/lempire-romain-et-la-societe-dopulence-energetique-un-parallele/

(4) En la teora del Estado-nacin moderno, el pueblo es un cuerpo homogneo y con voluntad nica que entrega y deposita su soberana en el Estado.

(5) El Estado plurinacional de Bolivia es un buen caso prctico para estudiar las contradicciones entre voluntad de unidad e igualdad del Estado y las distintas formas de autonoma regional, municipal y de los pueblos originarios.

(6) Esta universalizacin es parcial, puesto que se circunscribe al marco del Estado-nacin. Si bien existen dinmicas ms amplias de universalizacin de derechos ms all de la nacin como en la Unin Europea o a travs de las luchas de solidaridad internacional, la casi totalidad de los derechos de una persona siguen vinculados a su nacionalidad.

(7) Dicho de paso, la relocalizacin de la solidaridad tambin implica una relocalizacin del uso de la violencia legtima desde el Estado hacia la comunidad y, por tanto, plantea la cuestin de la regulacin de conflictos entre comunidades.

(8) Por ejemplo, el pueblo francs de Loos-en-gohelle ha puesto en marcha el compromiso 50%-50% que consiste en la aportacin municipal de capital econmico y tcnico a una iniciativa del vecindario si se compromete este ltimo a participar en su mantenimiento y cuidado (i.e. financia un huerto escolar que la AMPA y los escolares gestionan). Es lo que la nef llama la coproduccin de bienestar.

(9) La propuesta de Fotopopulos deja muchos interrogantes prcticos abiertos: cmo funcionara esta confederacin? Cmo se alcanzara esta mutacin radical institucional ms all de coger el poder a nivel municipal?

(10) Los autores se refieren principalmente al movimiento cooperativista pero su reflexin se pueden extender a cualquier otro movimiento a favor de los comunes.

Blog del autor: http://florentmarcellesi.wordpress.com/

Publicado en el n45 de la Revista Ecologa Poltica.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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