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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-10-2013

Desbrozando ideas (III)
La capacidad de pervertir la verdad

Timolen Jimnez
http://farc-ep.co


La dominacin ideolgica, el apoderarse del pensamiento de millones de personas para que obren en consonancia con los intereses de los amos, adquiere en los tiempos que corren una importancia trascendental para las clases dominantes. Hacer ver como cierto lo que no le es y convertir en monstruos a quienes se les oponen, les resulta vital para perpetuar sus ganancias.

Esa compulsin est moviendo a las lites a emprender una peligrosa cruzada contra el proceso de paz de La Habana. Cuando voceros oficiales en la Mesa, acusan a las FARC de estar haciendo poltica por pronunciarse con frecuencia sobre diversos aspectos del acontecer nacional, estn poniendo en evidencia su indignacin porque salga a flote otra versin sobre la realidad.

Mediante una sencilla tabla de comparacin entre los contenidos del Acuerdo General firmado en la Habana en agosto de 2012 y el ramillete de propuestas presentadas por las FARC-EP en la Mesa de Conversaciones, nuestros voceros demostraron ante el mundo que ninguna de nuestras posiciones se halla al margen de lo acordado. El rgimen simplemente ignor el ejercicio.

Voces del alto gobierno aseguran que la demora en los avances obedece a nuestro continuo esguince a la Agenda pactada, cuando en verdad se trata de lo contrario. Los puntos de la Agenda se abordan en el orden que las partes acuerdan, y, por ejemplo, el tema de la refrendacin an no corresponde. El gobierno, no obstante, quiso imponer a toda costa, sin xito, el Referendo.

La misma Agenda contempla un punto especfico para el tema de las vctimas. Sin embargo, an antes de llegar a l, se nos advierte que el tema quedar circunscrito a lo establecido en el marco legal para la paz, proyecto que el gobierno adelant por su cuenta sin contar para nada con nuestra opinin. Se aspira a que nos limitemos a deliberar acerca de las penas a pagar.

Si el propio Fiscal General de la Nacin anuncia que uno de los ms difciles escenarios a tratar tras un Acuerdo Final ser el de la guerra sucia contra los insurgentes reincorporados, es porque existe la certeza de que sobre su vida y posibilidades de actuar polticamente pesan gravsimas amenazas. Pese a ello, nuestra insistencia en garantas plenas choca con los tabes del gobierno.

La consideracin para vetar ciertos asuntos se limita a afirmar que no hacen parte de la Agenda, cuando es verdad sabida que la doctrina que inspira la existencia y actividad de la fuerza pblica en nuestro pas, que parte de considerar como enemigo interno al opositor poltico, ha sido la columna vertebral de la guerra sucia, el paramilitarismo y los innumerables crmenes de Estado.

Entonces no es tan cierto que la ausencia de acuerdos concretos obedezca a nuestra taimada necedad. Ya habamos puesto de presente que ms bien puede corresponderse a la aspiracin con que el Establecimiento concibi la solucin poltica, una forma barata de aniquilarnos definitivamente, para con las manos libres poder implementar a sus anchas el proyecto neoliberal.

Pero bueno, resulta legtimo, aunque no se las comparta, que cada una de las partes llegue a la Mesa con sus propias aspiraciones. Precisamente all, en el intercambio dialctico, pueden darse puntos de encuentro que posibiliten algunos grados admisibles de consenso para los dos interlocutores. Siempre que exista realmente la voluntad de pactar y no la de imponer.

De un tiempo para ac resulta demasiado notorio que nuestras decenas de propuestas se tropiezan con la actitud intolerante del gobierno. A lo que se suma adems una campaa meditica de inmensas proporciones contra nosotros, inspirada desde los ms altos niveles de la Administracin. Ella comienza por considerarnos inferiores y ajenos a todo derecho.

Lo cual contradice abiertamente el protocolo riguroso observado por el gobierno nacional con nosotros desde las primeras aproximaciones. Somos sujetos polticos activos, reconocidos oficial e internacionalmente. No le hacen ningn bien al ambiente de reconciliacin los permanentes calificativos de terroristas, narcotraficantes, abusadores, usurpadores y dems.

As que todo eso tiene que perseguir un propsito especfico, deliberadamente trazado por los estrategas del rgimen y aplicado al dedillo por sus funcionarios. Y ese no puede ser otro que el de preparar el terreno para una ruptura, decisin fatal que quin sabe si el Presidente Santos haya sopesado en su aterradora dimensin. No somos nosotros, sino el pas quien se sepulta con ello.

No pasa un da sin que tras el decomiso de algn cargamento de droga, salga un alto oficial del Ejrcito o la Polica a asegurar que perteneca a un Frente de las FARC. Lo cual coincide con la invitacin presidencial ante la ONU para que las FARC cambiemos de bando y nos sumemos a la tarea de erradicar cultivos ilcitos. As nadie en el mundo dudar de nuestra condicin de narcos.

Aunque sea completamente falso. La gigantesca campaa por la reinsercin, que incluso alardea de incluir el trabajo de presin sobre las familias de los guerrilleros, tctica miserable que envuelve secuestros, torturas y amenazas de muerte contra centenares de familias inocentes, tambin difunde todo tipo de bajezas en torno a la condicin de las mujeres guerrilleras.

Con ello se busca tocar la sensibilidad de las mltiples organizaciones femeninas que luchan justamente por los derechos de la mujer, a objeto de que conviertan en blanco permanente de sus denuncias a las guerrillas. Para alejarlas an ms de cualquier influencia poltica sobre la poblacin. Igual sucede con las acusaciones de minera ilegal y despojo de tierras.

Cuestiones en las que las lites s que tienen intereses concretos, como queda visto con el personaje nombrado en el ministerio de agricultura, que pone en evidencia la falsedad de todas las bondades expresadas por el Presidente en torno a la cuestin campesina. Tambin saben Santos y la gran prensa de nuestro compromiso de no realizar retenciones con fines financieros.

Pero no esquivan la oportunidad de calificarnos como secuestradores y faltos a la palabra cuando quiera que un soldado, polica o sospechoso extranjero es objeto de retencin, por encima de que trabajen para aniquilar unidades guerrilleras completas. Toda la capacidad de pervertir la verdad es puesta en juego por la casta dominante con tal de impedir la merma de sus beneficios.


(*) Timolen Jimnez es comandante y Jefe del Estado Mayor Central de las FARC-EP


Fuente: http://farc-ep.co/?p=2631


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