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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-10-2013

La prxima era de pequeas guerras y micro-conflictos
Por qu Washington no se puede detener

Tom Engelhardt
Tom Dispatch

Traducido para Rebelin por Germn Leyens


En trminos de proyeccin de poder puro nunca ha habido nada parecido. Sus militares han dividido el mundo todo el planeta en seis comandos. Su armada, con 11 grupos de batalla de portaaviones, es la reina de los mares y lo ha sido sin que nadie le haya disputado el puesto durante casi siete dcadas. Su Fuerza Area reina en los cielos del globo, y a pesar de haber estado casi siempre en accin durante aos, no ha se ha enfrentado a un avin enemigo desde 1991 ni ha recibido un desafo serio desde principios de los aos setenta. Su flota de drones [aviones teledirigidos sin tripulacin] ha demostrado que es capaz de atacar y asesinar a presuntos enemigos en las lejanas del planeta, de Afganistn y Pakistn a Yemen y Somalia, con poco respeto por las fronteras nacionales y ninguno por la posibilidad de ser derribado. Financia y entrena ejrcitos que actan por encargo en varios continentes y tiene complejas relaciones de ayuda y entrenamiento con militares en todo el planeta. En cientos de bases, algunas pequesimas y otras del tamao de ciudades estadounidenses, sus soldados estn establecidos en todo el globo, de Italia a Australia, de Honduras a Afganistn, y en las islas, de Okinawa en el Ocano Pacfico a Diego Garcia en el Ocano ndico. Sus fabricantes de armas son los ms avanzados en la Tierra y dominan el mercado global de armas. Su armamento nuclear en silos, en bombarderos y en su flota de submarinos sera capaz de destruir varios planetas del tamao de la Tierra. Su sistema de satlites espas no tiene igual y no es desafiado. Sus servicios de inteligencia pueden intervenir los llamados telefnicos o leer los correos electrnicos de casi todos en el mundo, desde altos dirigentes extranjeros a oscuros insurgentes. La CIA y sus fuerzas paramilitares en expansin son capaces de secuestrar a las personas que les interesan prcticamente en cualquier sitio, de la Macedonia rural a las calles de Roma y Trpoli. Para sus numerosos prisioneros ha establecido (y desmantelado) prisiones secretas en todo el planeta y en sus naves. Gasta ms en sus fuerzas armadas que los siguientes 13 Estados ms poderosos juntos. Si se agregan los gastos para suEstado total de seguridad nacional, es superior a cualquier posible grupo de naciones.

En trminos de poder militar avanzado e indisputable, no ha habido nada como las fuerzas armadas de EE.UU. desde que los mongoles barrieron a travs de Eurasia. No es sorprendente que los presidentes estadounidenses utilicen regularmente frases como la mejor fuerza de combate que el mundo ha conocido para describirlas. Por la lgica de la situacin, el planeta debiera ser pan comido. Naciones ms pequeas, con fuerzas mucho ms pequeas han controlado, en el pasado, vastos territorios. Y a pesar de mucha discusin de la decadencia de EE.UU. y de la disminucin de su poder en un mundo multipolar, su capacidad de pulverizar y destruir, matar y mutilar, hacer volar y aplastar no ha hecho ms que amentar en este nuevo siglo.

Ningunas fuerzas armadas de otra nacin le llegan a los talones. Ningunas tienen ms que un puado de bases en el exterior. Ningunas tienen ms de dos grupos de batalla de portaaviones. Ningn enemigo potencial tiene una flota semejante de aviones robticos. Ninguno tiene ms de 60.000 miembros en sus fuerzas de operaciones especiales. Pas tras pas, no hay competencia discutible. El ejrcito ruso (ex Rojo) es una sombra de lo que fue. Los europeos no se han rearmado significativamente. Las fuerzas de autodefensa de Japn son poderosas y crecen lentamente, pero bajo el paraguas nuclear estadounidense. Aunque China, regularmente identificada como el prximo Estado imperial ascendente, est involucrada en un fortalecimiento militar del que se hace mucho alboroto, con un portaaviones (reciclado de los das de la Unin Sovitica), sigue siendo solo una potencia regional.

A pesar de esa deslumbrante ecuacin de poder global, durante ms de una dcada se nos ha dado una leccin sobre lo que unas fuerzas armadas, por aplastantes que sean, pueden y (en su mayora) no pueden hacer en el Siglo XXI, y en lo que unas fuerzas armadas, no importa cun sorprendentemente avanzadas, pueden y (en su mayora) no pueden traducir en la actual versin del planeta Tierra.

Una mquina de desestabilizacin

Comencemos por lo que EE.UU. puede hacer. Al respecto, el historial reciente es claro: puede destruir y desestabilizar. De hecho, cada vez que el poder militar de EE.UU. ha sido aplicado en los ltimos aos, cuando ha habido algn tipo de efecto duradero, ha sido desestabilizar regiones enteras.

En 2004, casi un ao y medio despus de que las tropas estadounidenses entraran a un Bagdad saqueado y en llamas, Amr Mussa, jefe de la Liga rabe, coment ominosamente, las puertas del infierno se han abierto en Irak. Aunque para el gobierno de Bush, la situacin en ese pas ya se estaba desarrollando, en la medida en que alguien prestara atencin a la descripcin de Mussa, esta pareca exagerada, incluso ultrajante, al ser aplicada a Irak ocupado por EE.UU. Hoy, con el ltimo clculo cientfico de muertes iraques causadas por la invasin y la guerra ascendiente a 461.000, ms los que siguen muriendo all, y con Siria en llamas, parece una especie de eufemismo.

Ahora es evidente que George W. Bush y sus principales funcionarios, fervientes fundamentalistas en lo que se refiere al poder de las fuerzas armadas de EE.UU. de alterar, controlar, y dominar el Gran Medio Oriente (y posiblemente el planeta) lanzaron una transformacin radical de la regin. Su invasin de Irak abri un agujero en el corazn de Medio Oriente, provocando una guerra civil sun-chi que ahora se ha propagado catastrficamente a Siria, y ha costado ms de 100.000 vidas en ese pas. Ayudaron a convertir la regin en un agitado mar de refugiados, a otorgar vida y significado a un al Qaida en Irak previamente inexistente (y ahora a una versin siria del mismo), y dejaron al pas a la deriva en un mar de bombas al borde de la ruta y de atacantes suicidas, y amenazado, como otros pases de la regin, por la posibilidad de dividirse.

Y eso es solo una breve resea. No importa si se habla de desestabilizacin en Afganistn, donde las tropas de EE.UU. han estado en el terreno durante casi 12 aos y suma y sigue; Pakistn, donde una campaa area de drones dirigida por la CIA en sus reas tribales fronterizas ha tenido lugar durante aos mientras el pas se haca cada vez ms convulso y ms violento. Yemen (lo mismo), mientras un grupo llamado al Qaida en la Pennsula Arbiga crece cada vez ms; o Somalia, donde Washington apoy repetidamente a ejrcitos por encargo que haba entrenado y financiado, y apoyado incursiones extranjeras mientras un pas ya desestabilizado se despedazaba y la influencia de al-Shabab, un grupo insurgente cada vez ms radical y violento, comenz a filtrarse a travs de fronteras regionales. Los resultados han sido los mismos: desestabilizacin.

Consideremos Libia donde, ya no enamorado de intervenciones con tropas en el terreno, el presidente Obama envi su Fuerza Area y los drones en 2011 en una intervencin sin derramamiento de sangre (a menos, por supuesto, que se estuviera en el terreno) que ayud a derrocar a Muamar Gadafi, el autcrata local y su rgimen de polica secreta y prisiones, y lanz una vigorosa joven democracia oh!, esperad un momento, no exactamente. De hecho, el resultado que, increblemente, fue una sorpresa para Washington, fue un pas cada vez ms daado con un gobierno central desesperadamente dbil, un territorio controlado por una variedad de milicias algunas islmicas, de tendencias extremistas una insurgencia y guerra a travs de la frontera en el vecino Mal (gracias a la llegada de armas saqueadas de los vastos arsenales de Gadafi), un embajador estadounidense muerto, un pas casi incapaz de exportar su petrleo, etc.

Libia estaba, de hecho, tan totalmente desestabilizada, tan carente de autoridad central, que Washington sinti recientemente que poda despachar fuerzas de Operaciones Especiales de EE.UU. a las calles de su capital a plena luz del da en una operacin para capturar a un presunto terrorista buscado hace tiempo, un acto que tuvo tanto xito como el derrocamiento del rgimen de Gadafi y, de la misma manera, desestabiliz an ms a un gobierno que todava era, tericamente, respaldado por Washington. (Casi inmediatamente despus, el propio primer ministro fue brevemente secuestrado por una unidad de milicia como parte de lo que podra haber sido un intento de golpe.)

Milagros del mundo moderno

Si el abrumador poder militar a disposicin de Washington puede desestabilizar regiones enteras del planeta, qu, entonces, no puede hacer un poder militar semejante? Al respecto, el historial no es menos claro e igualmente decisivo. Como ha indicado cada accin militar significativa de EE.UU. en este nuevo siglo, la aplicacin de fuerza militar, no importa en qu forma, ha resultado ser incapaz de lograr incluso los objetivos ms mnimos de Washington en ese momento.

Considermoslo uno de los milagros del mundo moderno: acumula tecnologa militar, derrama dinero en tus fuerzas armadas, sobrepasa al resto del mundo, y nada de esto es ms que una fantasa cuando se trata de lograr que el mundo acte como deseas. S, en Irak, para tomar un ejemplo, el rgimen de Sadam Hussein fue rpidamente decapitado gracias a una demostracin abrumadora de poder y fuerza por los invasores estadounidenses. Su burocracia estatal fue desmantelada, su ejrcito despedido, una autoridad ocupante fue establecida respaldada por tropas extranjeras, rpidamente refugiada en inmensas bases militares multimillonarias con la intencin de ser guarnecidas de tropas durante generaciones, y se instal un gobierno local adecuadamente amistoso.

Y entonces los sueos del gobierno de Bush terminaron en los escombros creados por un conjunto de insurgencias de minoras mal armadas, terrorismo, y una brutal guerra civil tnica/religiosa. Al final, casi nueve aos despus de la invasin y a pesar del hecho de que el gobierno de Obama y el Pentgono queran mantener tropas de EE.UU. estacionadas en el pas en cierta capacidad, un gobierno central relativamente dbil se neg, y se fueron; los ltimos representantes de la mayor potencia del planeta que se escabulleron en el silencio de la noche. Abandonadas entre las ruinas de zigurat histricos quedaron los pueblos fantasma y bases estadounidenses despojadas o saqueadas que deban ser nuestros monumentos en Irak.

Actualmente, en circunstancias an ms extraordinarias, parece que un proceso similar se est desarrollando en Afganistn, otro espectculo de nuestros das que debera sorprendernos. Despus de casi 12 aos en el pas, al descubrir su incapacidad de reprimir una insurgencia minoritaria, Washington est retirando lentamente sus tropas de combate, pero tal vez quiere mantener en las bases gigantescas que hemos construido a unos 10.000 entrenadores para los militares afganos y algunas fuerzas de Operaciones Especiales para continuar la caza de al Qaida y otros tipos terroristas.

Para la nica superpotencia del planeta, esto, de todas las cosas, debera ser una clavada. El gobierno iraqu por lo menos tena una cierta fuerza propia (y la riqueza petrolera del pas para respaldarla). Si hay un gobierno en la tierra que merezca el trmino ttere, debera ser el gobierno afgano del presidente Hamid Karzai. Despus de todo, por lo menos un 80% (y posiblemente 90%) de los gastos de ese gobierno son cubiertos por EE.UU. y sus aliados, y sus fuerzas de seguridad son consideradas incapaces de continuar la lucha contra los talibanes y otros grupos insurgentes sin el apoyo y la ayuda de EE.UU. Si Washington se retirara totalmente (incluyendo su apoyo financiero), cuesta imaginar que algn sucesor del gobierno de Karzai pueda durar mucho tiempo.

Cmo, entonces, se puede explicar el hecho de que Karzai se haya negado a firmar un futuro pacto de seguridad bilateral que se est preparando? En su lugar, recientemente denunci acciones de EE.UU. en Afganistn; como ha hecho repetidamente en el pasado, afirm que simplemente no firmar el acuerdo, y comenz a negociar con funcionarios estadounidenses como si fuera el lder de la otra superpotencia del planeta.

Washington, frustrado, tuvo que enviar al secretario de Estado John Kerry a una repentina misin a Kabul para unas negociaciones de alto nivel, cara a cara. El resultado, despus de lo que se dice fue un maratn de conversaciones y reuniones de 24 horas, fue saludado como un xito: problema(s) solucionados. Upa!, todos menos uno. Result que era el mismo que hizo tambalear la continuacin de la presencia militar de EE.UU. en Irak, la demanda de Washington de inmunidad legal ante la ley local para sus soldados. Finalmente, Kerry se fue sin un acuerdo seguro.

Buscando un sentido para la guerra en el siglo XXI

Ya sea que los militares de EE.UU. duren o no unosaos ms en Afganistn, la pura realidad es la siguiente: el presidente de uno de los pases ms pobres y dbiles del planeta, l mismo relativamente impotente, dicta esencialmente condiciones a Washington, y quin dir si a fin de cuentas, como en Irak, las tropas de EE.UU. no sern tambin obligadas a irse?

Una vez ms, la fuerza militar no se ha impuesto. Sin embargo, el poder militar, el armamento avanzado, la fuerza, y la destruccin como instrumentos de la poltica, como medios para crear un mundo segn su propia imagen o a su propio gusto, han funcionado bastante bien en el pasado. Preguntad a los mongoles, o a las potencias imperiales europeas desde Espaa en el siglo XVI a Gran Bretaa en el siglo XIX, que se apoderaron de sus imperios por la fuerza y los mantuvieron exitosamente durante largos perodos.

En qu planeta nos encontramos ahora? Por qu sucede que esta potencia militar, la ms poderosa imaginable, no puede derrotar, pacificar, o simplemente destruir a potencias dbiles, a movimientos de insurgencia menos que impresionantes, o a los grupos harapientos de pueblos (a menudo tribales) que calificamos de terroristas? Por qu sucede que semejante potencia militar ya no es transformadora o incluso razonablemente efectiva? Ser, para usar una analoga, como los antibiticos? Si se utilizan demasiado tiempo en demasiadas situaciones, se genera una especie de inmunidad?

Seamos claros: fuerzas armadas semejantes siguen siendo un poderoso instrumento potencial de destruccin, muerte y desestabilizacin. Muy posiblemente no es algo que hayamos visto en cierta medida en estos aos tambin podra ser un poderoso instrumento de una autntica defensa. Pero si la historia reciente nos ha de servir de gua, lo que claramente no puede ser en el siglo XXI es un instrumento de determinacin de polticas, un medio de alterar el mundo para que se ajuste a un proyecto desarrollado en Washington. El propio planeta y la gente que se encuentra en casi todas partes en l parecen oponer cada vez ms resistencia y encontrar maneras de desechar a los militares como instrumento de Estado efectivo para una superpotencia.

Los planes y tcticas militares de Washington desde el 11-S han representado un espectacular accidente ferroviario. Cuando se mira hacia atrs, la doctrina de contrainsurgencia, resucitada de las cenizas de la derrota de EE.UU. en Vietnam, vuelve una vez ms al montn de chatarra de la historia. Quin llega a recordar alguna vez en la actualidad su frase organizadora crucial despejar, retener, y construir que ahora parece el remate de algn chiste maligno? Oleadas, aclamadas un da como una brillante estrategia militar, ya han desaparecido en la bruma. Construccin de la nacin, otrora un trmino adecuado para los profesionales en Washington, ha cado en desgracia. Soldados en el terreno, de los cuales EE.UU. tena enormes cantidades y sigue teniendo 51.000 en Afganistn, ya no estn de moda. El pblico estadounidense est, todos estn de acuerdo, fatigado de la guerra. Habr grandes ejrcitos estadounidenses que lleguen a combatir en algn sitio en el continente eurasitico en el futuro previsible? No cuentes con ello.

Y las lecciones aprendidas del colapso de la poltica blica? No cuentes con ellas, tampoco. Es bastante obvio que Washington todava no puede absorber totalmente lo que ha sucedido. Su fe en la guerra permanece notablemente intacta en un siglo en el cual el poder militar se ha convertido en el equivalente poltico estadounidense de una religin de Estado. Nuestros dirigentes todava estn intoxicados con las guerras de contraterrorismo del futuro, incluso mientras se ahogan en sus esfuerzos militares del presente. Su afn sigue siendo hacer ajustes y volver a imaginar qu sera una solucin militar aplicable.

Ahora el mensaje es: Pasad por alto esos soldados en masa de hecho, reducid su cantidad en la edad del secuestro y entusiasmaos por el paquete de contraterrorismo. No ms derramamiento de sangre (estadounidense). Liquidad a los malos, a uno o a varios cada vez, usando el ejrcito privado del presidente, las fuerzas de Operaciones Especiales, o su fuerza area privada, los drones de la CIA. Construid nuevas bases de tamao limitado en todo el globo. Llevad esos grupos de batalla de portaaviones frente a la costa de cualquier pas que queris intimidar.

Es obvio que estamos entrando en un nuevo perodo en trminos del modo estadounidense de hacer la guerra. Llamadlo la era de pequeas guerras, o micro-conflictos, especialmente en las reas tribales pobres del planeta.

Por lo tanto algo ciertamente est cambiando en reaccin al fracaso militar, pero lo que no cambia es la preferencia de Washington por la guerra como opcin predilecta, a menudo la opcin preferida. Lo que no cambia es la idea de que si se puede reajustar la estrategia y la tctica correctamente, la fuerza funcionar. (Recientemente, Washington solo fue salvado de caer en otro desastre militar predecible en Siria por un comentario a la ligera del secretario de Estado John Kerry y la intervencin oportuna del presidente ruso Vladimir Putin).

Lo que no comprenden nuestros dirigentes es el hecho prctico ms bsico del momento: la guerra simplemente no funciona, ni grande, ni micro, no para Washington. Una superpotencia en guerra en lugares distantes de este planeta ya no es una superpotencia ascendente sino una superpotencia con problemas.

Las fuerzas armadas de EE.UU. podrn ser una mquina de desestabilizacin. Podrn ser una mquina contraproducente. Ciertamente no son una mquina de elaboracin o ejecucin de polticas.

Tom Engelhardt, es cofundador del American Empire Project y autor de The End of Victory Culture , una historia sobre la Guerra Fra y otros aspectos, as como de la una novela: The Last Days of Publishing y de The American Way of War: How Bushs Wars Became Obamas (Haymarket Books). Su ltimo libro, escrito junto con Nick Turse es: Terminator Planet: The First History of Drone Warfare, 2001-2050 .

Copyright 2013 Tom Engelhardt

2013 TomDispatch. All rights reserved.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175763/tomgram%3A_engelhardt%2C_what_planet_are_we_on/#more

rCR



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