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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-10-2013

Presentacin del libro de Francisco Fernndez Buey, Para la tercera cultura. Ensayos sobre ciencias y humanidades.
Argumentos para una cultura integradora

Alicia Durn, Jorge Riechmann, Jordi Mir y Salvador Lpez Arnal
Rebelin

Presentacin del libro de Francisco Fernndez Buey, Para la tercera cultura. Ensayos sobre ciencias y humanidades , El Viejo Topo, Barcelona, 2013.


1 En marzo de 2013 se anunciaba el arranque de la construccin en pleno desierto chileno del Telescopio Europeo Extremadamente Grande (E-ELT), el complejo ptico ms grande del mundo, impulsado por el Observatorio Europeo Austral (ESO); tendr una lente de 40 metros de dimetro, e integrar sus observaciones con el ALMA, el mayor radiotelescopio del mundo. Este complejo astronmico permitir observar las zonas ms oscuras y antiguas del universo, muy cercanas al Big Bang e inaccesibles a los telescopios pticos tradicionales. Su sistema de espejos ser capaz de ver las primeras galaxias y estrellas nacidas despus del Big Bang y descubrir planetas semejantes a la Tierra en sistemas solares vecinos.

En las mismas fechas se conoca que los arquelogos del proyecto Djehuty, que llevan desde 2002 excavando en la colina Dra Abu el-Naga, en Luxor, han hallado las tumbas y ajuares del prncipe Intefmose y del dignatario Ahhotep, junto al atad intacto de un nio desconocido, todos personajes de finales de la dinasta XVII, con unos 3.550 aos de antigedad. Estos hallazgos pueden ayudar a entender una poca poca conocida, de gran complejidad poltica en la que la monarqua an no controlaba todo el territorio y comenzaba a gestarse el imperio egipcio.

Cerrando el mes, la revista Nature Climate Change pronosticaba que el aumento de temperaturas conducir a un masivo aumento de la cobertura vegetal en el rtico. Este reverdecimiento acelerar el calentamiento global a un ritmo mayor del esperado, avanzando hasta las playas del Ocano rtico (ya en curso de ir siendo despojado de su epteto: Glacial), all donde durante cientos de miles de aos plazo ms largo del que resume la historia de nuestra especie no hubo sino hielo, hielo y ms hielo.

Ciencias en apariencia tan lejanas como la astronoma y la arqueologa nos acercan a la ilusin de asistir al comienzo del universo que conocemos, a presenciar los primeros instantes tras el Big Bang, y tambin al nacimiento del imperio egipcio. En definitiva, historias, datos y conocimiento que tratan de responder a la pregunta clsica de de dnde venimos. El deshielo del rtico nos muestra la otra cara de la moneda: el resultado del impulso depredador, del crecimiento desmedido que amenaza la existencia del planeta y sus criaturas.

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Sabemos que a mayor poder causal de un agente moral, mayor responsabilidad; y que la ciencia y la tecnologa, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XX, han construido un tipo de poder causal sin parangn en pocas anteriores de la historia humana. Pero la asuncin de responsabilidades por parte de cientficos y tecnlogos deja bastante que desear. Contina prevaleciendo la idea simplista de que la ciencia es neutral, y se traspasan los dilemas poltico-morales a la sociedad, quien se supone habr de ser la que establezca lmites. Lo cual podra ser un movimiento justificado si vivisemos en sociedades realmente democrticas compuestas por ciudadanas y ciudadanos cultos y participativos, y no en democracias demediadas como la nuestra.

La falta de contacto entre ciencias experimentales, ciencias sociales y humanidades, la ruptura de los puentes entre conocimientos, y la compartimentacin de la Universidad que proponen los nuevos expertos, nos abocan a una sociedad organizada en departamentos estancos, de hombres y mujeres incompletos, fragmentados.

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En marzo de 2013, uno de nosotros (Jorge Richemann) particip en un taller de pensamiento ecolgico celebrado con mnimos medios en Rentera. En cierto momento del dilogo, una jov en biloga manifest su malestar: con apenas catorce aos, deca, han separado a la gente de mi generacin entre quienes estudiaban letras y quienes estudibamos ciencias. Yo apenas s nada de historia, deca; y amigos mos que estudiaron letras no saben nada de biologa. Que la gente de mi edad seamos tan poco autnomos, se preguntaba, no tendr que ver con esa formacin tan parcial, tan incompleta?

Esta aguda conciencia de mutilacin debera ser ms frecuente en una poca de especializacin tan extrema y descompensada como la nuestra. La ciencia y la tecnologa han avanzado diversificando y especializando las disciplinas, pero este proceder ha entraado una prdida de perspectiva global e integradora. Nos falta muchas veces la capacidad para intuir y reconocer las conexiones intrnsecas entre las cosas. Nos centramos tan intensamente en cada parte que las relaciones con las otras partes y con el todo se vuelven inexistentes, o casi. El proceder analtico-reductivo en ciencia ha permitido realizar enormes progresos: y hemos de insistir en que no hay nada malo, en principio, en reducir las totalidades a sus partes constituyentes con el fin de comprenderlas mejor. El problema surge cuando, al final de ese proceder, somos incapaces de reintegrar las piezas del rompecabezas en una figura coherente.

En paralelo, nos hemos hecho cada vez ms conscientes de la interdependencia de los mltiples problemas socio-ecolgicos a los que hacemos frente, lo cual empuja tambin a esa nueva integracin. Urge pues encontrar vas para la desfragmentacin y la recomposicin de los saberes, con una perspectiva sistmica, integradora y capaz de aprovechar toda la riqueza de la colaboracin transdisciplinar. La necesidad de cientficos naturales amigos del filosofar y humanistas cientficamente informados, como deca Paco Fernndez Buey, debera resultar obvia para la mayora de la sociedad, tal como intuitivamente se lo resultaba a aquella joven biloga. Pero es as de hecho? O ms bien quienes dominan en esta sociedad llamada a veces del conocimiento tienen un fundado inters en evitar las interconexiones y fecundaciones mutuas ms all de los tabiques disciplinares, de donde podra nacer un pensamiento integrador y crtico mucho menos acomodaticio, mucho menos respetuoso del actual (des)orden social que el que todava prevalece entre las mayoras?

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La publicacin pstuma de este libro inacabado de Paco Fernndez Buey supone una excelente ocasin para revisar su tarea intelectual en torno a la filosofa de la ciencia y la c onstruccin del concepto de tercera cultura, con lo que implica de dilogo necesario, obligatorio, entre las ciencias experimentales, las ciencias sociales y las humanidades.

Quiz se trate de la peor conocida entre las aportaciones del pensador palentino recriado en Barcelona, aunque sea una temtica imprescindible para entender el siglo XXI. Porque no se puede imaginar la sociedad industrial sin entender cmo se crea la ciencia, sin comprender y evaluar el impacto de la tecnologa en nuestra vida diaria, sin valorar las promesas y los peligros de la ciencia y la tecnologa, eso que los socilogos llaman tecnociencia. No parece conveniente ser sociloga y no tener nocin sobre cmo funciona una tableta o un mvil. Como no es de recibo que las investigadoras, los cientficos y los tecnlogos sean incapaces de mirar ms all del microscopio, aferrados a la falsa idea de la neutralidad de la ciencia. Como apuntaba Hans Jonas, a ms capacidad de incidir sobre la naturaleza y la sociedad y de transformarlas, mayor es la responsabilidad de quienes generan conocimiento y lo convierten en tecnologa. De ah la necesidad imperiosa del dilogo entre ciencias experimentales, ciencias sociales y humanidades como distintas perspectivas de los saberes humanos y el conocimiento universal.

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Entremos en materia y empecemos con un ejemplo. Para muchas personas ignorar que Picasso pint el Gernika es imperdonable: una prueba lamentable de ignorancia. Pero creer, afirmar o escribir que debemos a Galileo la demostracin de la redondez de la Tierra, o desconocer quines eran Coprnico, Kepler o Pasteur no seran errores esenciales sino mero descuido, tontera disculpable.

A Paco Fernndez Buey esto no le pareca ni justo ni razonable. A la misma altura que la poesa de Brecht, el Fausto de Goethe, el cine de Theo Angelopoulos o el anlisis poltico-econmico de El Capital pona Paco conquistas culturales como el descentramiento de la Tierra como punto nodal del Universo, el establecimiento de la edad de nuestro planeta a partir de la radioactividad, o la teora de la evolucin. Todas estas aportaciones constituyen etapas decisivas en la historia de la cultura de los seres humanos, conozcamos o no sus mecanismos fundamentales; de la misma forma que podemos comentar y disfrutar de La flauta mgica de Mozart sin nunca haber estudiado solfeo.

Paco apuntaba a que las dos culturas, la humanstica y la experimental, deban confluir no en una tercera cultura, sino en la cultura, es decir, en una cultura slida, y no slo terica, basada en el pensamiento crtico, que era la nica que nos poda permitir ser autnticos responsables de nuestra evolucin para convertirnos en ciudadanos competentes en sociedades cohesionadas y ms justas.

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Pero es difcil abordar en este tema bsico, nuclear en la obra de Paco Fernndez Buey, sin revisar sus materiales como filsofo de la ciencia. Especialmente su libro La ilusin del mtodo. Ideas para un racionalismo bien temperado, un maravilloso manual de epistemologa en sentido amplio (primera edicin en 1991, segunda en 2004, ambas en editorial Crtica), y sus dos ensayos sobre Albert Einstein, el gran cientfico y tambin gran filsofo del siglo XX.

La ilusin del mtodo se nutre de aquel texto seminal de Marx, desarrollndolo:

En nuestros da s toda cosa parece estar preada de su contrario. Vemos cmo la maquinaria dotada de la maravillosa fuerza de disminuir y fecundar el trabajo humano, lo mutila y devora hasta el agotamiento. Un extrao conjuro transforma las nuevas fuentes de riqueza en fuentes de miseria. Las victorias de la ciencia parecen pagarse con la prdida de carcter. A medida que domina la naturaleza el hombre parece sometido por otros hombres o por su propia vileza. Hasta la pura luz de la ciencia parece no poder brillar sino sobre el oscuro trasfondo de la ignorancia. Todos nuestros inventos y todo nuestro progreso parece desembocar en un dotar a las fuerzas materiales de vida espiritual y en la conversin de la vida en estpida fuerza material.

Y reflexiona sobre autores tan d iversos como Newton-Smith, Einstein, o Sacristn, el Watson de la doble hlice, el Wegener de la deriva de los continentes, y Galileo, Goethe y Russell, Brecht y su amada Simone Weil. Paco Fernndez Buey parte de la hermosa metfora de Otto Neurath, cuando escriba: Imaginemos que somos como marineros que en alta mar tienen que cambiar la forma de su embarcacin para hacer frente a los destrozos de la tempestad. Para transformar la quilla de su nave tendrn que usar maderos a la deriva o tal vez tablas de la vieja estructura. No podrn, sin embargo, llevar la nave a puerto para reconstruirla de nuevo. Y mientras trabajan tendrn que permanecer sobre la vieja estructura de la nave y luchar contra el temporal, las olas desbocadas y los vientos desatados. se es nuestro destino como cientficos. Y diramos que tambin como ciudadanos.

Y por supuesto y desde el propio ttulo, La ilusin del mtodo , aluda al Gramsci de los Quaderni:

Toda investigacin tiene su propio mtodo. Creer que es posible desarrollar y avanzar una investigacin cientfica aplicando un mtodo tipo es una extraa ilusin que tiene poco que ver con la ciencia

ste fue el punto de vista metodolgico -y anti-metodolgico de nuestro pensador palentino: no resulta razonable pensar que es posible desarrollar una investigacin cientfica, en todo tiempo, tema y circunstancia aplicando un mtodo de tipo general, lo que sera EL mtodo cientfico.

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Una de nosotras (Alicia Durn) estudi magisterio antes de decidirse definitivamente por la fsica, y recuerda su periodo de prcticas enseando matemticas. Tena que introducir el concepto de divisin, ensear a dividir, a nios de 8 o 9 aos. Su (maravillosa) profesora de didctica de la matemtica le sugiri que presentara un problema y dejara que los chicos lo resolvieran. A la objecin pero no saben dividir ella contest: s saben, aunque no lo saben todava. Y as se hizo: Alicia les puso un problema que implicaba dos divisiones y los dej pensar. A la media hora dieron sus respuestas. Haban resuelto el problema de cinco maneras diferentes, todas correctas. A partir de ah fue fcil explicar la forma ms sencilla de hacerlo, la ms funcional -pero no la ms correcta, ya que todas eran correctas. Una evidencia emprica de la bsqueda vana, de la ilusin del mtodo, una demostracin de los mltiples caminos, rectos o torcidos, que conducen al conocimiento.

La ilusin del mtodo, como sealaba Paco Fernndez Buey en el prefacio del ensayo, es una reflexin histrico-crtica o crtico-filosfica sobre epistemologa contempornea. La entonces llamada nueva filosofa de la ciencia implicaba un cambio de enfoque respecto al edificio terico normativo construido durante los aos cuarenta y cincuenta del siglo XX; un cambio que supona pasar del anlisis de la estructura de las teoras cientficas a la historia de la formulacin de la mismas, de la filosofa de la ciencia a la sociologa y poltica de la ciencia. Un cambio que Paco relacionaba con el aumento del inters terico por la funcin social de la ciencia y con la cada da ms extendida preocupacin por las implicaciones del complejo cientfico-tcnico, que haba conducido a una crisis de legitimidad de la ciencia misma o una alianza impa entre cientificismo e irracionalismo.

Y en esa tarea de atar los dos cabos sueltos el inters por la funcin social de la ciencia y el miedo por las implicaciones de la tecnociencia-, y sin caer en ninguna apologa ingenua del filosofar espontneo del cientfico, Paco Fernndez Buey siempre eligi el filosofar del cientfico acerca de sus prcticas por encima de la filosofa licenciada e institucionalizada de la ciencia.

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Nuestro autor admiraba profundamente a Einstein, a quien visit y revisit en distintas pocas de su vida. En el prlogo de su est udio Albert Einstein. Ciencia y conciencia (Libros del Viejo Topo, Barcelona 2005), lo defina como un cientfico-filsofo que sabe pensar en los problemas sustantivos de su ciencia, en las cuestiones de mtodo, y en las derivaciones ms generales de las teoras que inventa; y que ha sido, a la vez, un pensador que sabe que la ciencia es tambin una pieza cultural y que, sabindolo, anticipa lo que podramos llamar la primera autocrtica de la ciencia en un mundo en el que la ciencia misma est mostrando su lado malo, su peor cara: la de la infatuacin. (Y qu sino infatuacin es lo que hoy llaman excelencia, en la jerga de los reformadores neoliberales de la universidad espaola, de los que demuelen de forma acelerada el sistema nacional de I+D?).

El fsico alemn era un hombre que crea que la ciencia sin epistemologa resultaba primitiva, que reflexion por su cuenta sobre los fundamentos y sobre las consecuencias de su propia teora, y que se convirti en un cientfico incmodo para la mayora de sus colegas, as como en un filsofo incmodo para una parte sustancial de los filsofos de la ciencia, ya que extenda su reflexin a la filosofa moral y poltica. Un rebelde discreto, segn Paco Fernndez Buey, que exalt la imaginacin y la fantasa como ingredientes imprescindibles de la creacin cientfica. Un curioso, fascinante y ambivalente rebelde del siglo XX que am la razn y despreci el poder, apoy a los objetores e insumisos, y acept con cortesa, irona y humor los ttulos honorficos, escribiendo aquello de: Para castigarme por mi desprecio a la autoridad, el destino me convirti a m mismo en una autoridad. Un rebelde precursor de la tercera cultura, el tema de este manuscrito de Paco ahora publicado.

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Continuando un dilogo sobre cie ncia y metfora que hilvan con Sacristn en su ltima poca, Paco Fernndez Buey sostena que no haba que descartar el efecto benfico del dilogo entre el cientfico y el mero amigo del saber tocado de la docta ignorancia, a la manera que el artista o el escritor dialogan con el terico crtico. La conversacin poda dar a veces en un jardn, por decirlo en el lenguaje de los cmicos, o en la comedia de los errores, pero haba otras veces en que por la oscilacin de los lenguajes y en la bsqueda de conceptos comunes y precisos, brotan sugerencias de mtodo, y hasta sustantivas, de no poca importancia para la ciencia misma. De estas charlas, que pueden meternos en muchos jardines, se nutre tal idea de tercera cultura, de dilogo fructfero (incluso aqullos que a veces vemos como verdaderos dilogos de besugos).

Cita Paco al gran humanista George Steiner:

Hasta que los estudiantes de humanidades no aprendan seriamente un poco de ciencia, hasta que la gente que estudia lenguas clsicas o literatura espaola no estudie tambin matemticas, no estaremos preparando la mente humana para el mundo en que vivimos. Si no entendemos algo mejor el lenguaje de las ciencias no podremos entrar en los grandes debates que se avecinan. A los cientficos les gustara hablar con nosotros, pero nosotros no sabemos cmo escucharles. Este es el problema.

Steiner apunta a un problema crucial de nuestro tiempo. Si se quiere hacer algo en serio a favor de la resolucin racional y razonada de algunos de los grandes asuntos socioculturales y tico-polticos controvertidos, no cabe duda de que los humanistas van a necesitar cultura cientfica para superar actitudes slo reactivas, basadas exclusivamente en tradiciones literarias. Como tampoco cabe duda de que los cientficos y los tecnlogos necesitarn formacin humanstica (o sea, histrico-filosfica, metodolgica, tica, deontolgica) para superar el viejo cientificismo positivista que todava tiende a considerar el progreso humano como una mera derivacin del progreso cientfico-tcnico. Vivimos tiempos en que se venden telfonos inteligentes y libres a gente a la que se quiere idiotizada y sumisa Ms tecnologa, mucha ms tecnologa! Que as obtendremos ms justicia, ms libertad real, ms bienestar social, ms igualdad y un mejor vivir. Menudo cuento falsario, que dira Len Felipe! Pero a pesar de la montaa de ejemplos que desmienten esta clase de propaganda, parecemos condenados a seguir repitiendo este alienante mantra. Paco sola recordar un comentario del periodista cientfico Vladimir de Semir:

Hemos de luchar activamente para evitar que consiga cuajar la tercera cultura que se nos quiere imponer, la acultura basada en lo superficial y en la mediocre uniformidad de la circulacin circular de las ideas enraizada en el pensamiento nico y dirigido .

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Alfred Wegener, el gelogo y meteorlogo que teoriza la deriva de los continentes y la fsica de las placas tectnicas, va ms all, convocando a conjugar los resultados de las diversas ciencias para desvela r los estados anteriores de nuestro planeta:

[] todas las ciencias que se ocupan de los problemas de la tierra tienen que hacer su contribucin, y solo con la reunin de todos los indicios proporcionados por ellas puede obtenerse la verdad; pero esta ide a no parece estar suficientemente extendida entre todos los investigadores

Todas las pruebas que podemos proporcionar, remataba Wegener, presentaban el carcter engaoso de las presunciones.

Solo reuniendo los datos de todas las ciencias relacionadas con el estudio del globo terrestre podemos esperar obtener la verdad, es decir, la imagen que sistematiza de la mejor manera la totalidad de los hechos conocidos y que puede, por consiguiente, pretender ser la ms probable. E incluso en este caso, hemos de esperar que sea modificada en cualquier momento por nuevos conocimientos, sea cual sea la ciencia que la haya hecho posible.

Aparece de nuevo en estas palabras del geofsico alemn, la idea de la ciencia y el conocimiento como construcciones colectiv as; quehacer compartido que ha de reconocer su carcter global, interconectado y sistmico. Al conocer e interpretar la naturaleza debemos ser capaces de valorar el todo y cada una de sus partes, para ser capaces de modificarla sin herir de muerte su estructura, ni a ninguna de sus criaturas. Ciencia como conocimiento vivo, dispuesto a validarse y reinventarse cada da.

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Desconocer que la cultura cientfica es parte esencial de lo que llamamos cultura (en cualquier acepcin seria de la palabra) y despr eciar la base naturalista y evolutiva de las ciencias contemporneas equivale en ltima instancia, y en las condiciones actuales, a renunciar al sentido noble (griego, aristotlico) de la poltica, definida como participacin activa de la ciudadana en los asuntos de la polis socialmente organizada. Paco Fernndez Buey defenda la necesidad de incorporar la cultura cientfica a la discusin tica, jurdica y poltica. Y subrayaba que sin cultura cientfica, sin la mxima cultura cientfica de la seamos capaces, no haba posibilidad de intervencin razonable en el debate pblico sobre la mayora de las cuestiones que importan a las comunidades. Pues la ciencia, en sentido amplio, es ya parte sustancial de nuestras vidas.

La mayora de las discusiones pblicas relevantes, tico-polticas o tico-jurdicas, requieren el mximo conocimiento posible del estado de la cuestin de las ciencias naturales: biologa, gentica, neurologa, ecologa, fsica nuclear, termodinmica. Y concretaba Paco con ejemplos significativos.

Para orientarse en los debates sobre la actual crisis ecolgica, la posibilidad de un desarrollo sostenible, el uso de los recursos fsiles o las energas renovables, necesitamos comprender los principios de la termodinmica, la idea de entropa y la flecha del tiempo, como ya mostraron Barry Commoner, Jos Manuel Naredo y Manuel Sacristn. Y para entender la necesidad de una tica medioambiental no antropocntrica ayuda conocer la teora de la evolucin, como demuestra el paleontlogo Stephen J. Gould.

Para empezar a combatir con argumentos racionales el racismo y la xenofobia ayuda, y mucho, el conocimiento de la gentica de poblaciones. Para repensar lo que habitualmente se llama alma y conciencia, base de la sensibilidad moral de los seres humanos y objeto durante mucho tiempo de la atencin exclusiva de la religin y de la filosofa (aquello que Ramn y Cajal haba llamado las misteriosas mariposas del alma), ayudan las reflexiones de Francis Crick sobre la estructura neuronal del cerebro.

En todo ello, Paco Fernndez Buey aboga por un enfoque naturalista dentro de un contexto evolucionista y sistmico, pero conservando al mismo tiempo la autonoma de un filosofar que se quiere filosofa mundana o pblica, lejos de las viejas tentaciones de construccin de sistemas metafsicos omnicomprensivos.

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Pero para transitar este camino de doble va, resulta tambin evidente que los cientficos necesitan formacin humanstica. Porque la ciencia sin ms no genera conciencia tico-poltica; del co nocimiento cientfico no se deriva directamente una conciencia ciudadana crtica. Como clsicamente sentenci Einstein, no se puede demostrar cientficamente que no haya que exterminar a la humanidad. Las ciencias de la naturaleza y de la vida dicen poco sobre las razones que mueven al ser humano a pasar de la teora a la decisin de actuar en favor la eliminacin de las armas de destruccin masiva, la conservacin del medio ambiente, la sustentabilidad del modo de producir y de vivir, el respeto a la diversidad o la proteccin de los animales no humanos.

Paco Fernndez Buey cita una declaracin autocrtica del genetista francs Albert Jacquard:

Gracias a la biologa, yo, el genetista, crea ayudar a la gente a que viese las cosas ms claramente, dicindoles: vosotros hablis de raza, pero qu es eso en realidad? Y acto seguido les demostraba que el concepto de raza no se puede definir sin caer en arbitrariedades y ambigedades [...] En otras palabras: que el concepto de raza carece de fundamento y, consiguientemente, el racismo debe desaparecer. Hace unos aos yo habra aceptado de buen grado que, una vez hecha esta afirmacin, mi trabajo como cientfico y como ciudadano haba concluido. Hoy no pienso as, pues aunque no haya razas la existencia del racismo es indudable.

Deca Paco Fernndez Buey que el humanista de nuestra poca no tena por qu ser un cientfico en sentido estricto (ni seguramente poda serlo), pero tampoco tena por qu ser la contrafigura del cientfico natural o el Jeremas, siempr e quejoso ante las potenciales implicaciones negativas de tal o cual descubrimiento cientfico o de tal o cual innovacin tecno-cientfica. Si se limitaba a ser esa contrafigura, el humanista tena todas las de perder. Segn Paco, el humanista de nuestra poca podra ser tambin un amigo de la ciencia, como lo eran, a veces, los crticos literarios o artsticos, equilibrados y razonables, de los narradores, de los pintores y de los msicos. Pero eso exige reciprocidad. La manera de entender la reciprocidad entre la cultura humanista y la cultura cientfica, y la asuncin compartida del ignoramos e ignoraremos (tal como fue formulada en 1872 por el fisilogo alemn Emil du Bois-Reymond), eran dos factores esenciales para perfilar el tipo de tercera cultura que se necesitaba al empezar el siglo XXI.

Si hemos de aspirar en el siglo XXI a una tercera cultura, a otra cultura, y a una ciencia con conciencia, el xito de esta aspiracin depende tanto de la capacidad de propiciar el dilogo entre filsofos y cien tficos como de la habilidad y precisin de la comunicacin cientfica a la hora de encontrar las metforas adecuadas para hacer saber al pblico en general lo que la ciencia ha llegado a saber sobre el universo, la evolucin, los genes, la mente humana o las relaciones sociales.

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A menudo, en los ltimos decenios, se ha subrayado el papel enormemente ambivalente de la ciencia: posibilita una tecnologa que es simultneamente productiva y destructiva, redentora y aniquiladora. La ciencia es a la vez lo mejor que tenemos desde el punto de vista epistemolgico, y lo ms peligroso que ha inventado el ser humano desde la perspectiva tico-poltica -segn ha recalcado Paco Fernndez Buey, recogiendo la lnea de sociologa y poltica de la ciencia que Manuel Sacristn desarroll en la ltima dcada de su vida, 1975-1985.

Si ignoramos e ignoraremos, lo razonable es pedir tiempo para pasar del saber al hacer, y atender al principio de precaucin; as como revisar a Hans Jonas y su llamada a una nueva tica de la responsabilidad, que apunta hacia nuestro compromiso con el futuro. Sobre lo que es urgente y necesario, lo mejor es hablar, comentar y dialogar. Como deca Paco:

[] atrvete a saber porque el saber cientfico, que es falible, provisional y casi siempr e probabilista, cuando no slo plausible, ayuda en las decisiones que conducen al hacer. Ayuda tambin a la intervencin razonable de los humanistas en las controversias pblicas del cambio de siglo. Aunque por lo general esta ayuda se produzca por va negativa: indicndonos lo que no podemos hacer o lo que no nos conviene hacer. Como escribi Nicols Maquiavelo: Conocer los caminos que conducen al infierno para evitarlos.

Este prlogo, escrito a ocho manos de una fsica reconvertida a la qumica, dos m atemticos amantes de la filosofa y un humanista militante, es un intento de demostrar la anchura y altura del pensamiento de Paco; y es tambin un compromiso de contribuir a ese necesario dilogo entre culturas que se expresa en este libro que hoy ve la luz. Si no somos capaces de cumplirlo, que Paco y la historia nos lo demanden.

Madrid, Barcelona, primavera fra y lluviosa de 2013

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de las autoras mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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