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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-10-2013

La peligrosa apuesta saud

Txente Rekondo
Rebelin


La reciente decisin de los dirigentes sauditas de renunciar al puesto de miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (NU) ha sorprendido a muchos observadores, al tiempo que para otros es un claro sntoma del peligroso juego que desde hace aos viene desarrollando la monarqua del Golfo tanto en materia internacional como en su poltica domstica.

La renuncia oficial se ha querido maquillar en torno a unos argumentos que suenan a excusas, la supuesta defensa de la causa palestina y el doble rasero en torno al uso del derecho a veto de algunos pases en el citado Consejo. Resulta irnico que los dirigentes sauditas demanden la reforma de UN, alegando que es un producto fruto de la II Guerra Mundial, mientras se olvidan que el reino saud es el resultado de una alianza tribal y religiosa, que data del siglo XVII, y que necesitara reformas estructurales de calado para alcanzar un mnimo label democrtico.

Tal vez las declaraciones del prncipe Turki Al-Faisal Al-Saud, antiguo director de la inteligencia del reino saud, en una reciente entrevista permitan entrever las verdaderas razones de esta nueva maniobra saud. Turki sealaba dejaba entrever su enfado con la poltica exterior de EEUU en los ltimos meses, y lanzaba una frase que algunas pueden interpretar como un serio aviso: Hemos sido pacientes durante mucho tiempo, pero cuando hay que tomar medidas, lo hacemos rpidamente.

El enojo de la diplomacia saud con EEUU se ha acentuado en los ltimos meses. El apoyo inicial de Washington al gobierno de los Hermanos Musulmanes en Egipto y la posterior reduccin de ayuda militar y financiera a los militares golpistas egipcios; la respuesta de EEUU al ataque de armas qumicas en Siria y el posterior acuerdo con Rusia; los recientes contactos con Irn y la llamada de Obama al presidente iran, son algunas muestras que en Riad se perciben como un desplazamiento, y por ello intentan mostrar msculo.

Desde distintos medios de comunicacin y sectores del reino se han sucedido las presiones para actuar de manera unilateral, llegado el caso, e incluso como si Washington no existiese. Es decir, debemos poner en marcha un enfoque unilateral para proteger nuestros propios intereses, y debemos cultivar nuevos patrones de seguridad para compensar la actitud norteamericana.

Por un lado, se estn produciendo nuevos contactos con actores internacionales como China, India, Rusia y algunos gobiernos europeos. Y por otro lado se est buscando reforzar el Consejo de Seguridad del Golfo (CSG) y nuevas alianzas con otros pases musulmanes. Si el primer movimiento est en fase de inicio, y obedece a un intento de poner nervioso a EEUU ms que un giro radical de la poltica exterior saud, en el segundo movimiento los obstculos son evidentes.

Las diferencias de intereses y estrategias entre los estados del Golfo son importantes, y esa competencia impide una postura unitaria firme. La rivalidad de Qatar y Emiratos en la crisis libia; o entre Qatar y Arabia Saud en Siria; la abstencin de Kuwait para mandar tropas a Bahrein; e incluso Omn, la excepcin de la regin, que mantiene buenas relaciones con Irn, son algunos ejemplos.

Adems, desde otros pases musulmanes se agradece la ayuda militar y econmica de Riad, pero son conscientes que las poblaciones de esos estados no desean un modelo social y poltico como el saud. As, Marruecos no hace ascos a a las citadas ayudas, pero prefiere mirar a Europa de cara a futuros movimientos; Jordania colabora en ambos mbitos con los pases del CSG, pero Kuwait vetara cualquier acceso; por su parte, Egipto bastante tiene con resolver su delicada situacin interna.

Arabia Saudita sigue presentando muchas incgnitas y dudas. En los ltimos meses, y al hilo de la llamada primavera rabe se estn produciendo importantes movimientos de protesta, de momento sobre todo en las redes sociales, entre los jvenes del pas. Una juventud con importantes estudios asiste impotente a un auge del desempleo y de la represin contra la disidencia.

Frente a cualquier protesta, la respuesta del rgimen saud se basa en mayor represin y mano dura a la disidencia, el uso de la carta sectaria para dividir (todos son agentes de Irn) y la censura.

Las movilizaciones en la regin pillaron por sorpresa a los dirigentes saudes, y pronto reaccionaron en una doble vertiente: defensa de la estabilidad, para ello sofocar las protestas (Bahrein y la provincia Oriental de mayora chi son buenos ejemplos) y conservar el status quo actual (de ah su temor a que la ideologa de los Hermanos Musulmanes acabe calando en las comunidades sunitas).

Los dirigentes saudes intentan contener cualquier cambio en la regin, y la rivalidad con Irn les lleva en ocasiones a buscar aliados cuando menos muy peligrosos. La financiacin, el apoyo religioso o el suministro de armas a los grupos jihadistas es un arma de doble filo que ya lo sufri en sus propias carnes con el atentado de 2003 en Riad. Si bien la reaccin del rgimen contra esos grupos hizo decrecer el peligro interno, todava son muchas las dudas de esos lazos.

Amnista Internacional (AI) acaba de publicar un informe en el que denuncia que Arabia Saud no ha cumplido ninguna de las promesas para respetar los derechos humanos. En el documento, titulado Promesas incumplidas seala que bajo la apariencia de medidas de seguridad o antiterroristas, la tortura es un uso generalizado e impune, y que adems las confesiones obtenidas bajo tortura tienen gran peso en los procesos judiciales.

Para AI en la monarqua del Golfo se producen todo un abanico de violaciones sistemticas de los derechos humanos: discriminaciones contra la mujer en la ley y la prctica; abuso de trabajadores migrantes; discriminacin de las minoras; ejecuciones en juicios sumarios y confesiones obtenidas bajo torturas y otros malos tratos.

Toda una serie de factores planean sobre ese escenario y en las prximas semanas otros movimientos pueden unirse a ellos.

Los acontecimientos en los llamados tres pilares del mundo sunita (Turqua, Egipto y Arabia Saud) tendrn consecuencias directas en la regin, pero tambin influirn la retirada de EEUU de Afganistn, los posos de la llamada primavera rabe, la conferencia de Ginebra II sobre Siria o la complicada situacin en Sudn.

A pesar de las dificultades que en estos instantes atraviesan las relaciones con EEUU, es muy pronto para anticipar un giro estratgico en el reino, y por otro lado, de momento, no parece que el propio rgimen se vea en peligro de perder su estabilidad actual. Sin embargo, esos reveses diplomticos y la lucha por el poder en la regin (sobre todo con Irn) pueden alterar la ecuacin final.


Txente Rekondo.- Analista Internacional.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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