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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2013

Democracia sin partidos?

Antoni Jess Aguil
Pblico


La democracia representativa como sistema de partidos competitivos en el poder se ha revelado completamente intil para proteger y mejorar las condiciones de vida en trminos de salud, educacin, vivienda, trabajo y servicios pblicos, lo que se ha traducido en la deslegitimacin creciente del sistema de partidos debido a su complicidad con intereses econmicos privados y a la adopcin de polticas regresivas en lo poltico, social y ambiental.

Si algo tienen en comn las actuales luchas por una democracia real es la reivindicacin de nuevas formas de hacer poltica. Consignas coreadas masivamente en calles y plazas de todo el mundo, como no nos representan, el pueblo unido avanza sin partido o no es democracia, es partidocracia revelan un profundo malestar respecto a la democracia representativa y sus instituciones (Parlamentos, partidos, elecciones, etc.). Las primaveras rabes, Occupy Wall Street, el 15M, Que se Lixe a Troika en Portugal, el movimiento estudiantil chileno, Yo soy 132 en Mxico y el Movimiento Passe Livre en Brasil son algunas de las expresiones ms visibles de la bsqueda de formatos participativos ms all la poltica liberal. No es casual que buena parte de sus activistas repudie la presencia de banderas partidarias o rechace la va electoral como la principal y nica forma de promover la transformacin social.

Si valoran la democracia, los partidos no pueden permanecer al margen de las lecciones de la calle; de lo contrario, sern superados por formas de asociacin democrtica ms directas y horizontales. Cules son, a grandes rasgos, estas lecciones ?

1) Ni apoltica ni antipoltica. Los movimientos por la democracia real no constituyen una forma de antipoltica ni una modalidad de apoliticismo. Aunque su aparicin est estrechamente vinculada a la crisis y sus efectos, no se trata de un fenmeno coyuntural o de corta duracin, sino del despertar gradual de un letargo poltico para ajustar cuentas pendientes con la democracia y el capitalismo. La crisis provoca pobreza y desigualdad, pero tambin genera luchas y radicalidad. La poltica surgida en las calles expresa la heterogeneidad de formas de lucha apartidarias que albergan la esperanza de un nuevo contrato democrtico en sintona con las necesidades y aspiraciones de la mayora. Se trata, en este sentido, de luchas por la reinvencin de la democracia.

2) Contra la democracia desrepresentativa. Las luchas por la democracia real cuestionan la inercia de los partidos predominantes, que con la globalizacin neoliberal han abandonado dos de sus funciones principales (la representacin poltica ciudadana y la transmisin de valores cvicos y democrticos) para convertirse en meros carteles electorales del capitalismo. Para reproducir sus condiciones de dominacin, el neoliberalismo capt a polticos y se infiltr en sus partidos para que gobernasen a favor de sus intereses particulares. Para ello fue necesario vaciar la representacin poltico-electoral de todo contenido social utilizando los medios de comunicacin como instrumento de manipulacin, adems de sobornos, favores, donaciones ilegales, pactos ocultos, comisiones y otras formas de corrupcin. Se form as una clase poltica privilegiada compuesta, en palabras de Marx, por cuadrillas de especuladores polticos que alternativamente se posesionan del poder estatal y lo explotan por los medios y para los fines ms corrompidos, convirtiendo los Parlamentos en comits de empresa donde la representacin poltica es un servicio al alcance de quienes tienen medios para pagarlo; una clase que vive a costa de una democracia plutocrtica globalizada, sin participacin social, de sujetos apticos e individualistas, represiva, desposesora de derechos, sin redistribucin social, anclada en el discurso de la falta de alternativas, supeditada al mercado y saturada de corrupcin.

3) Uso contrahegemnico de la democracia representativa. Las actuales luchas por la democracia tienen que aprender a utilizar los instrumentos dominantes de manera alternativa y liberadora, como plantea Boaventura Santos. Entre ellos se encuentra la democracia representativa. Hacer un uso contrahegemnico de la democracia representativa significa rescatar las potencialidades de la representacin para ponerla al servicio de la emancipacin social y del gobierno popular; consiste en luchar por otras formas y prcticas representativas que primen el componente democrtico sobre el carcter elitista y mercantilista de la representacin (neo)liberal. Pero qu otras formas de representacin? Una cosa parece cierta: la gente quiere modelos de organizacin y participacin diferentes. Las nuevas formas de representacin pasan por la complementariedad y la articulacin entre diferentes formatos organizativos. Si aceptamos el ejercicio de la representacin mediante una estructura parlamentaria, por qu los partidos ostentan el monopolio de la representacin? Por qu no pueden postularse a cargos electivos candidatos de movimientos sociales? Los partidos por la democracia real tienen que ser partidos de retaguardia que acompaen a los movimientos sociales y aprendan con las nuevas experiencias de participacin. Y qu otras prcticas representativas? Prcticas silenciadas por la versin dominante de la democracia representativa, como el mandato imperativo, la rendicin de cuentas, la transparencia de los procedimientos, la revocabilidad de los cargos pblicos o la rotacin de cargos y funciones.

4) Complementariedad democrtica. La democracia representativa es insuficiente para avanzar hacia democracias reales. La construccin de democracias ms slidas tiene que combinar la democracia representativa con elementos de democracia participativa que incorporen mecanismos de consulta popular, deliberacin vinculante y poder de veto ciudadano, como prevea el malogrado proyecto constitucional islands. La participacin social mediante referndums, plebiscitos, presupuestos participativos y acceso real a la presentacin de iniciativas legislativas populares va en esta lnea. Pero no basta. Tambin es necesario fortalecer la diversidad democrtica, reconociendo como legtimas las tradiciones de democracia horizontal y participativa existentes fuera de los Parlamentos, como el asamblearismo, el anarquismo, el consejismo, el cooperativismo, etc.

5) La lucha por la democracia real debe comenzar en el interior de los partidos y movimientos que la defienden. La falta de democracia interna, los personalismos, el seguidismo militante, el inmovilismo de las cpulas, el arribismo y la escasa autocrtica, entre otros vicios, deslegitiman a los partidos como agentes de democracia. La regeneracin y dignificacin de la participacin social en la poltica pasa por la democratizacin de los partidos.

En un tiempo en que la democracia corre el riesgo de convertirse en un objeto arqueolgico, se impone como necesidad la resignificacin de la poltica y del ejercicio democrtico en clave social y participativa. Los partidos polticos con vocacin democrtica pueden jugar un papel relevante en este desafo, siempre que se comprometan con lucha por la democracia real, se coloquen del lado de la indignacin generalizada de la poblacin y hagan converger la democracia de las calles y plazas pblicas con la vida institucional y partidaria.

 

Antoni Jess Aguil es Filsofo poltico y profesor del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Combra.

 

Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/8058/democracia-sin-partidos/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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