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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-11-2013

El dilema de los infiltrados en las movilizaciones

Adalay David Rojas
Rebelin


Aunque es bien sabido que la represin forma parte de la poltica del gobierno en contra de quienes afecten los intereses del orden que prevalece, el tema de los infiltrados y provocadores ha llegado a causar confusiones en cuanto al papel que pueden llegar a tener estos en la protesta social.

Para abordar tal cuestin es necesario llevar a cabo una serie consideraciones a partir del ejercicio de la organizacin y la lucha popular para resolver algunas cuestiones como: son los infiltrados quienes provocan la represin o el despliegue policiaco desmedido? Quin provoca qu? Qu expresiones representan a qu posicin poltica?

El dilema de los infiltrados y provocadores en las movilizaciones ha sido ms recurrente desde la manifestacin del 1de diciembre de 2012 en el DF, as como en manifestaciones del 10 de junio, 1 de septiembre, 2 de octubre del presente ao; adems del viernes 13 de sep tiembre, da en que la polica federal desaloj, el plantn que la CNTE mantena en el Zcalo (despus algunos combates menores).

Existe la posicin que considera que los enfrentamientos que se han dado en las manifestaciones responden a grupos de infiltrados que azuzan a los manifestantes a buscar el enfrentamiento con los cuerpos policiacos, provocando as la represin, resultado de ello se da la detencin o encarcelamiento de manifestantes as como un despliegue policiaco desmedido.

Esta posicin es sostenida por distintas organizaciones de izquierda o de personalidadesque as se reclaman. Pero tambin difundida en los medios de informacin en la TV, radio, y medios escritos, que adems de hacer eco de tales posiciones, estigmatizan a los grupos que tienen enfrentamientos durante las manifestaciones sealndolos como pseudoestudiantes, vndalos, flojos, encapuchados, anarquistas etc.

Como resultado de la anterior posicin, en los medios se va construyendo y difundiendo la percepcin de que existen dos tipos de manifestaciones y manifestantes: las manifestaciones buenas, que son pacficas y coloridas, y las manifestaciones donde se pre sentan grupos de violentos, casi siempre, donde estn los encapuchados y los que se visten de negro, y adems, que estos ltimos arruinan, dejan mal o perturban las manifestaciones de los primeros.

Este discurso que se difunde desde los medios de comunicacin, es secundado y retroalimentado, total o parcialmente, por algunas organizaciones de izquierda, sea para defender el gobierno del DF, o para intentar desmarcarse de tales mtodos. Sea como se elabore tal diferenciacin, acaba siendo la misma posicin del Estado y los medios de comunicacin a su servicio, es decir, la posicin de la criminalizacin de la protesta social.

Para analizar el hecho de manera objetiva, en principio, hay que entender que existen distintas formas de expresar el descontento, as por ejemplo existe la lucha electoral, la va parlamentaria, la resistencia civil pacfica (actualmente la que predomina en el movimiento social), la autodefensa, la accin directa y/o el enfrentamiento con los cuerpos represivos, y aunque se est o no de acuerdo con estas formas, son expresiones de la lucha popular.

Los infiltrados, los provocadores y policas estn presentes permanentemente en el movimiento social, sealar que estos son los que provocan y traen como consecuencia la represin responde a un anlisis unilateral, estrecho y bastante corto de miras, pues se elude por completo la estrategia del Estado en contra del movimiento social. Esta desafortunada posicin ha generado que las mismas organizaciones y personalidades de la izquierda hagan eco de forma consciente o inconsciente del discurso criminalizador del Estado, ya que al no poderse explicar la existencia y expresin de formas de lucha distintas a las que estn acostumbrados recurren a la explicacin ms simple: son infiltrados, y con ello contribuyen a la reproduccin de ese discurso desde los medios de informacin.
La constante represin en manifestaciones responde a la estrategia del Estado para hostigar, reprimir y aniquilar donde le sea posible al movimiento social, as por ejemplo la represin en las manifestaciones que mencionamos al principio no es algo nuevo, ni es lo peor que pueda pasar, es la situacin que se vive en gran parte del pas en contra de quienes se movilizan.

Estigmatizar estas formas de lucha responde tambin a defender al gobierno perredista del DF, y expresa tambin lo pusilnime y cobarde de quienes dicen luchar por cambios profundos pero son temerosos por algunas piedras y bombas incendiarias lanzadas. Estos temerosos del enfrentamiento directo no advierten que la violencia la genera el Estado y que, incluso, sus aliados del PRD capitalino pertenecen a l.

En el imaginario de los izquierdistas tibios existe la concepcin de que a lo mejor los enfrentamientos y la autodefensa algn da sern necesarios, cuando las masas lo aprueben, pero no hacen nada para que llegue ese ansiado da, ni para impulsar el trabajo de masas que tanto cacarean.

Al contrario slo utilizan esos argumentos como justificacin para pavonearse y drselas de luchadores sociales buenos y experimentados y para seguir reproduciendo las formas de lucha socialdemcrata y reformista de las que han vivido siempre.

Por otro lado, la accin directa y el enfrentamiento con los cuerpos policiacos como formas de accin poltica en marchas han demostrado que, por s solas, no ayudan a elevar el nivel de conciencia de las masas. Para llegar a escenarios ms avanzados en la lucha de clases es necesario incorporar primero a ms personas a la lucha social, y esta tarea slo se lograr con trabajo permanente de organizacin. Para algunos, siempre va resultar ms fcil aventar una piedra, que llevar a cabo trabajo de politizacin para incorporar a cada vez ms personas a la organizacin y la lucha por el socialismo.

As pues, es cierto que hay infiltrados en las manifestaciones, pero estos no juegan el papel que se les intenta atribuir, como instigadores de los enfrentamientos y provocadores de la represin. El mtodo recurrente del uso de la accin directa y la violencia por parte de los manifestantes es una forma ms de expresar el descontento popular, aunque ste sea espontneo, un estado embrionario de la conciencia proletaria.

Tambin puede explicarse esta actitud de culto a las acciones espontneas, y la incorporacin constante de manifestantes a enfrentamientos con la polica en cada manifestacin, por la falta de tareas tcticas concretas para luchar contra el gobierno, o bien debido a que las existentes resultan ser impotentes, tal es el caso de la resistencia civil pacfica.

Condenar, sealar o impedir que no se ejerza tal accin por no estar de acuerdo, eso s es hacerle el juego al Estado.

Fuente: Este artculo fue publicado en la seccin Reflexiones sobre la organizacin y la lucha del No. 3 de Venceremos! rgano de prensa de la Organizacin de Lucha Estudiantil y Popular (OLEP).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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