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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-11-2013

El fascismo del siglo XXI

Carlo Frabetti
Rebelin

Resumen de la ponencia presentada en la mesa redonda Crisis capitalista, fascismo y poder popular organizada por Red Roja en el marco de las Jornadas de la Coordinadora Antifascista el 8 de noviembre de 2013


Si hubiera que definir el fascismo en pocas palabras (en dos palabras, que es la definicin mnima, pues una sola palabra no sera una definicin sino un sinnimo), cabra decir que un fascista es un burgus asustado.

Tal vez parezca una definicin muy amplia, que situara el nmero de fascistas, solo en el Estado espaol, en el orden de los millones o las decenas de millones; pero puesto que el capitalismo es la matriz del fascismo y el fascismo es la ultima ratio del capitalismo, cualquier persona que asuma las normas y valores del sistema se convertir en un fascista en potencia, cuando no en acto.

Y si el fascista es un burgus asustado, qu es lo que lo asusta? En principio, la inseguridad, la posibilidad de perder sus privilegios de clase, su mezquino bienestar; pero este miedo, en el fascismo -y esta es una de sus caractersticas ms definitorias y definitivas- se materializa en un Gran Enemigo, un enemigo interno o externo en el que se ve la causa de todos los males y al que hay que destruir a toda costa. Un enemigo taimado y perverso con el que no se puede dialogar ni negociar, un enemigo homologable con el mal absoluto, es decir, demonaco. La mitificacin y demonizacin del enemigo ha sido siempre y sigue siendo una de las ms claras seas de identidad del fascismo.

En el caso concreto del fascismo espaol, ese enemigo demonaco fue durante cuatro dcadas el comunismo (y pronto volver a serlo). Tras la farsa de la transicin democrtica y la domesticacin del comunismo institucional, el papel de demonio se transfiri a la violencia disidente (lo que el poder llama terrorismo), y muy concretamente a ETA. Pero tras la prctica desaparicin de la amenaza terrorista, lo que el poder llama extrema izquierda (es decir, la izquierda real) pronto recuperar sus cuernos diablicos, y un observador atento se dar cuenta de que ya empiezan a despuntar (en este sentido, es notable -aunque nada sorprendente- el paralelismo entre el fascismo espaol y el estadounidense, que tambin empez demonizando el comunismo para, tras el desmembramiento de la Unin Sovitica, convertir el terrorismo islmico en el nuevo demonio; y, siguiendo con el paralelismo, es previsible que tambin en Estados Unidos, y teniendo en cuenta lo que est ocurriendo en Latinoamrica, el comunismo recupere pronto sus cuernos).

Pero el fascismo -la burguesa asustada- no se conforma con inventarse un Gran Enemigo a la medida de su cobarda, sino que ve amenazas por todas partes, en todo lo diferente; todo lo que pone en cuestin las normas y valores en que se basa su ficticia seguridad le provoca un miedo irracional y exasperante, una autntica fobia patolgica. Por eso el fascista es xenfobo, racista y sexista; por eso es dogmtico, violento y autoritario, tanto en un sentido activo como pasivo: quiere imponerse por la fuerza, pero tambin quiere someterse a una autoridad indiscutible; como seal Erich Fromm, el miedo del fascista es en gran medida miedo a la libertad (tanto a la libertad ajena como a la propia).

Y dnde estn los fascistas del siglo XXI? Quines son? Al or, hoy, la palabra fascismo, tendemos a pensar en organizaciones de extrema derecha e individuos fcilmente reconocibles por sus signos externos: cruces gamadas, banderas preconstitucionales, consignas xenfobas, agresiones brutales Pero, sin minimizar la gravedad de estas expresiones extremas, el verdadero problema hay que verlo en el profundo arraigo del fascismo en todos los estamentos y niveles de nuestra sociedad; un arraigo tan profundo que, de alguna manera y en alguna medida, afecta a la gran mayora de la poblacin y se manifiesta en conductas y actitudes que tendemos a considerar normales (y por desgracia lo son en el sentido estadstico del trmino). Entre los rasgos ms arraigados y preocupantes de esta generalizada fascistizacin de la sociedad, cabe destacar los siguientes: el dogmatismo, la competitividad exacerbada, el machismo, el racismo y la xenofobia, el puritanismo y el carnivorismo.

Dogmatismo

La palabra dogma remite directamente a la religin, y tendemos a considerar que quienes no acatan la doctrina y la autoridad de la Iglesia, o de cualquier otra institucin religiosa, se libran del dogmatismo; pero, lamentablemente, no es as. Toda creencia inamovible, toda conviccin inasequible a la discusin o la crtica, toda verdad que se tiene por absoluta supone, en ltima instancia, una forma de dogmatismo. Y solo la ciencia -y no siempre- es plenamente coherente con la nocin de que no hay verdades absolutas y definitivas, sino nicamente interpretaciones provisionales ms o menos eficaces. Por eso Marx y Engels propugnaron un socialismo cientfico, y por ende libre de dogmas. Y por eso tenemos que seguir trabajando en esa lnea para lograr, entre otras cosas, que el marxismo deje de ser, como lo es para muchos izquierdistas, una doctrina en lugar de una herramienta.

Competitividad

Como en los dems animales gregarios, la conducta del ser humano con respecto a sus semejantes -es decir, su conducta social- se mueve a lo largo del eje colaboracin-competencia.

Los lobos colaboran para cazar y luego se disputan el mejor bocado; pero la colaboracin siempre prevalece sobre la competencia, y las peleas entre lobos rara vez tienen un desenlace fatal (deca Hobbes, citando a Plauto, que el hombre es un lobo para el hombre; ojal fuera cierto). Pero el capitalismo, al identificar el xito con la acumulacin de poder y riquezas, exacerba la competencia hasta extremos que resultan desestructurantes para el individuo y autodestructivos para la especie. Para la lgica capitalista, que es la matriz del fascismo, triunfar es estar por encima de los dems y tener ms que los dems (en lugar de ser ms con los dems). Y esta lgica perversa se manifiesta en fenmenos tan aceptados socialmente como los deportes agonsticos o el tan cacareado espritu olmpico. Cuando el deporte deja de ser una mera combinacin de juego y ejercicio y se convierte en violencia ritualizada, en una batalla en la que el principal objetivo es derrotar a un adversario (A por ellos!), lo que debera ser un sano entretenimiento se convierte en una aberracin.

Machismo

Patriarcado, capitalismo y fascismo son inseparables y se generan (y re-generan sin cesar) mutuamente. Gracias a las luchas, a menudo heroicas, y al trabajo terico del feminismo -la principal fuerza transformadora del siglo XX y lo que va del XXI- la situacin ha cambiado mucho en las ltimas dcadas; pero el machismo sigue siendo una de las mayores lacras, si no la mayor, de casi todas las sociedades. El miedo a lo diferente, a lo ajeno, a lo otro, que es una de las caractersticas bsicas del fascismo, llega al extremo, en el fascista varn (y la mayora de los fascistas son varones), de incluir en su rechazo irracional la irreductible otredad de lo femenino. Pero aunque solo los fascistas declarados suelan ser conspicuamente machistas, no nos engaemos: todos los varones (y no pocas mujeres) lo somos en alguna medida. Y, por supuesto, entre las manifestaciones ms repugnantes del machismo hay que incluir la homofobia.

Racismo

En una de las dependencias del Memorial del Holocausto de Jerusaln hay dos puertas de salida con sendos rtulos; en uno pone Personas sin prejuicios raciales y en el otro Personas con prejuicios raciales. Naturalmente, todos intentan salir por la primera puerta; pero no pueden hacerlo, pues est cerrada con llave. Y si alguien le pregunta a los empleados del museo por qu est cerrada esa puerta, le contestan: Porque las personas sin prejuicios raciales no existen. Valga en este caso lo dicho sobre el machismo: en las ltimas dcadas se ha avanzado mucho en la lucha contra el racismo y la xenofobia; pero, de alguna manera y en alguna medida, el recelo ante lo tnica y culturalmente distinto sigue vivo en la inmensa mayora de la gente.

Puritanismo

En el puritanismo confluyen el miedo a lo diferente (y una forma de ser diferente es no acatar la moral sexual cristiano-burguesa), el autoritarismo represor y el machismo. El machismo, s, pues el puritanismo expresa, ante todo y sobre todo, el miedo a la libertad sexual de las mujeres y el deseo de reprimirla. Y una forma de puritanismo especialmente preocupante, en la medida en que afecta incluso a algunos sectores de la izquierda, es la criminalizacin de la prostitucin y las consiguientes medidas o propuestas abolicionistas. La prostitucin es una lacra social, como lo son (aunque de distinta manera), el alcoholismo, el tabaquismo u otras drogodependencias; pero la criminalizacin y el abolicionismo represivo, tanto respecto a la prostitucin como a las drogas, son puro fascismo.

Carnivorismo

El carnivorismo, perfecta metfora (o metonimia) del capitalismo depredador y de la sociedad de consumo, es una aberracin tica, diettica, econmica, ecolgica y sanitaria, y por ende poltica. Producir un kilo de protena animal supone el gasto -el despilfarro- de hasta diez kilos de protena vegetal, con lo que tambin se decuplica el consumo de agua y de energa. Deca Isaac Bashevis Singer (que sufri en carne propia los rigores del nazismo) que con respecto a los animales todos somos nazis. Y mientras no superemos esta forma resistente y ampliamente generalizada de fascismo interespecfico, no podremos transformar radicalmente la sociedad. El socialismo, nica alternativa a la barbarie capitalista, no puede ser dogmtico, ni violento, ni machista, ni xenfobo, ni racista, ni puritano, y tampoco puede ser consumista, ni carnvoro, ni especista.

Antes de que empecis a lanzarme a la cabeza objetos contundentes, aclarar que no estoy diciendo que todos los carnvoros, los aficionados al ftbol o los que consumen ms de lo necesario (que en los pases ricos somos la inmensa mayora) sean fascistas. Sencillamente, hay conductas y actitudes que tienden a perpetuar el orden establecido y otras que tienden a transformar la sociedad. Y en este sentido, como deca Sartre, todos somos medio cmplices y medio vctimas del sistema (aunque no hay que entender lo de medio y medio en el sentido literal del cincuenta por ciento: algunas personas son muy cmplices y muy poco vctimas, y viceversa).

Y aunque no esteis de acuerdo con algunos de mis argumentos, espero que s lo esteis sobre la necesidad de que la izquierda reflexione a fondo sobre estas y otras cuestiones bsicas, incluyendo en dichas reflexiones una autocrtica sistemtica y rigurosa. Solo as podremos derrotar al omnipresente fascismo del siglo XXI y controlar al pequeo fascista que llevamos dentro.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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