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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-07-2005

En Cuba: revolucin y contrarrevolucin. A debate con los proyectos de las disidencias

Roberto Cobas Avivar
Rebelin


No es necesario aguzar los sentidos para descifrar los mensajes de jefes de gobiernos, voceros de organizaciones, de campaas humanitarias, o de formadores de opinin y opositores internos insistiendo sobre la solidaridad con el pueblo cubano, pero de ningn modo con su sistema. La causa del pueblo no es la causa del sistema. Con ese subterfugio tales voces creen ver que los intereses de los cubanos como sociedad y nacin y los objetivos del proyecto socio-poltico de la Revolucin estn o pueden ser disociados. La realidad cubana, sin embargo, persiste en lo contrario.

La trayectoria hacia el bienestar social y econmico se intenta a travs de una alternativa cultural al capitalismo. Cuba ensaya una alternativa no-capitalista de sociedad que intenta legitimar valores socialistas como va para alcanzar una forma superior de organizacin socio-humana. Y en ese camino ya le sobran resultados vlidos aunque le resten logros no menos importantes.

El ostracismo de distinto gnero contra Cuba se explica por esa misma razn. La naturaleza no-capitalista del proyecto socio-poltico de la Revolucin inhibe el respeto al derecho internacional en relacin con Cuba. Ah estn para demostrarlo gobiernos como los de los EEUU y la UE. Es la esencia del proyecto cubano la que conlleva tambin a la hostilidad abierta contra l. El proyecto de la Revolucin es contestatario por necesidad histrica. Por qu una alternativa?

Existe una respuesta tan sencilla como definitiva: porque los pases subdesarrollados no han conseguido hasta ahora, como no lo consegua Cuba hasta ayer, entrar en la trayectoria del avance cultural y socioeconmico justo y sostenible de sus naciones. Es decir, demuestran que el sistema capitalista no llega a constituir una opcin viable de desarrollo sustentable y democrtico para sus pueblos, a pesar del secular empecinamiento en tales modos y sistemas de valores. En Cuba de lo que se trata es, por tanto, de superar paradigmas incapaces de propiciar las transformaciones que el subdesarrollo estructural capitalista siembra.

La trascendencia del proyecto de desarrollo de la Revolucin Cubana de 1959 enraza sus fundamentos en la naturaleza eminentemente popular de sus postulados socio poltico y econmico. El concepto y la prctica de lo popular estructuraron su esencia poltica sobre la radical revisin de las relaciones de poder oligrquico de la Cuba pre-revolucionaria. Las relaciones de poder que la concentracin de la propiedad y del capital definan a favor de lites socio-polticas se sustituan por el equilibrio de relaciones socioeconmicas simtricas y neutras en cuanto a la correlacin entre propiedad y poder econmico y poltico. La consolidacin del proceso de simetra social se produce sobre la base de la socializacin de la propiedad, a travs de su decidida y amplia estatizacin y afincndose, gracias a ello, en la distribucin y redistribucin equitativa, de naturaleza ms bien egalitaria, de la renta nacional. Lo que en esencia se produce es la nacionalizacin de todo el patrimonio nacional en pos del reposicionamiento del proceso de acumulacin social interna de capital en un nuevo punto de equilibrio, a partir del cual resultaba factible emprender el cambio de la naturaleza poltica de las relaciones de poder y la recomposicin del carcter de las fuerzas productivas de la nacin. Por lo tanto, desde la perspectiva social, postulada como determinante del proceso, la verdadera revolucin se planteaba en trminos de una reformulacin cultural de las condiciones de desarrollo de la nacin [i] .

No es legtmo, entonces, condicionar las relaciones con Cuba ni divorciarlas del respeto a su derecho a la autodeterminacin como nacin y estado soberano. Cuba posee todo el derecho a un empecinamiento distinto al que se enfrascan los pases de la periferia capitalista. No reconocerle este derecho al pueblo cubano constituye una forma de combatir el proyecto socio-poltico de la Revolucin.

Los opositores internos en Cuba se tornan inconstitucionales por opcin propia. Concentran sus esfuerzos en derrumbar el orden socio-poltico establecido y suplantarlo por aquel que satisfaga los intereses de grupo que promueven y en pos de ello optan, no por el disentimiento genuino dentro del marco institucional, sino por la subversin con el patrocinio econmico y poltico (directo o indirecto) de gobiernos extranjeros. Podr decirse que no existe posibilidad de disentir dentro del marco institucional cubano, pero una opinin objetiva sera que lo que no existe es tal posibilidad desde la perspectiva de un multipartidismo poltico. Sin embargo, desde la razn del derecho ciudadano, lo que se enfrenta con el disentimiento es la ortodoxia poltica del sistema. El enfrentamiento que abre el espacio poltico a inevitables contradicciones internas, por lo tanto, es legtimo de asumir en esas condiciones.

Cuando demandas como las contenidas en el llamado Proyecto Varela intentan hacer valer una opcin distinta de modos y sistemas de valores para lograr, como se postula, el bienestar del pueblo cubano, el asunto de fondo no radica en el derecho o no de sus promotores a presentar una opcin -derecho legitimado en la propia Constitucin cubana -, sino en la naturaleza de la opcin que se propone. Y sobre ello, con toda seguridad, debate el pueblo cubano. El pueblo no debate directamente sobre el Proyecto Varela, el pueblo debate y se afana en impulsar una opcin no-capitalista de desarrollo socio-humano.

El llamado Proyecto Varela podra y, en buen razonamiento poltico, debera ser sometido a referndum en Cuba. Pero para entender la naturaleza poltica del proyecto Varela es necesario distinguir el carcter de sus demandas econmicas. Entonces, como se pide tomar en serio lo que se ha dado en llamar un importante proyecto de reformas para Cuba, despejemos precisamente el trasfondo de su postulado proa: el derecho de los cubanos a poseer empresas privadas.

En consecuencia, deconstruyamos otra vez una verdad absolutamente objetiva e irrebatiblemente demostrada. La propiedad privada de los medios de produccin y las relaciones socioeconmicas afines distinguen el modo de organizacin de la sociedad capitalista. Desde sus orgenes hasta nuestros das. Se trata del culto a un sistema de propiedad que sacraliza el derecho a la propiedad por encima del derecho a la participacin democrtica en la utilizacin de la ganancia de todos los que trabajan para crearla. El principio de discriminacin de quien trabaja por un salario que el propietario determina -claramente visible en condiciones de empleo deficitario-, es inmanente al derecho sobre la propiedad privada. No es una prctica casustica sino un fenmeno global histricamente condicionado. Ha existido un proceso secular de relaciones socioeconmicas conflictivas dado por la extorsin originaria del capital [ii] . La discriminacin de quienes trabajan por un salario es parte de una lgica de reproduccin de los bienes privados de capital, invariablemente regida por el hecho de la tendencia inevitable del propietario a la maximizacin del lucro, es decir, al aumento del valor econmico de la empresa (sociedad) para los propietarios. Ello es inevitable, no por fuerza divina, sino por razones sociolgicas. La conformacin de una realidad social sujeta a la exaltacin del individualismo y el poder de unos sobre otros como forma marcante del status quo social, por regla, llega a esterilizar en la sociedad el sentido de solidaridad socio-humana. El sistema de propiedad y de relaciones socioeconmicas que le son propias determinan las reglas del juego. Circunstancias en las cuales prima el derecho natural de exclusividad (as como de natural entendan ya en el s. XVIII los fisicratas el derecho de los terratenientes a la renta del suelo) sobre lo que se posee como propio.

El estado de bienestar social capitalista no ha dejado de ser, en el fondo, por fuerza de la razn de la propiedad privada, un estado caritativo puesto que no es la democracia econmica la que determina las condiciones del bienestar social que se alcanza. La ganancia apropiada asegura la reproduccin cada vez ms ampliada del capital que se acumula y concentra, en mayor y menor escala. Es esto lo que a su vez permite la reproduccin tecnolgica de los medios de produccin que se poseen, absolutamente, o en derecho de propiedad mayoritario, y lo que garantiza la multiplicacin del lucro que, por lo general, ha de poner por encima de la sociedad y del propio estado a los detentores de su acumulacin exclusiva y exponencial.

A la propiedad privada le es ajeno el factor axiolgico sobre la remuneracin social del trabajo, el cual habra de presuponer la participacin democrtica en el beneficio del mismo. El lugar de la abarcadora acepcin de la participacin econmica equitativa ha sido ocupado por el fro clculo de una categora econmica: el salario. El salario no participa de la ganancia sino del costo de produccin. El salario es lo que se ha de restar para que el lucro se pueda multiplicar [iii] . El salario es el lastre que limita la altura del lucro, es decir, una carga que ha de tirarse al vaco ante cada amenaza que marque el altmetro. Se tira por la borda as, o se frena cada vez que sea necesario, el nivel de vida de quienes trabajan en condiciones donde precisamente la magnitud de los ingresos, es decir, el salario, determina -casi absolutamente en los pases del Tercer Mundo-, el de la vida.

La propiedad privada, por s misma, hace que la resistencia a la distribucin solidaria de los costos econmicos y sociales sea cerradamente inflexible. Una sociedad de naturaleza solidaria es genticamente incompatible con el sistema de propiedad privada en tanto sea sta la filosofa sustentadora de la naturaleza del estado y el tipo de sociedad afn. O sea, con el sistema que hace exclusiva la participacin en el aprovechamiento de la ganancia que la actividad productiva de la sociedad genera, una vez reducido el salario a su mnima expresin posible, o de haberse aumentado en la proporcin ms onerosa practicable, o de haberse inmovilizado en el tiempo lo ms prolongadamente factible. Podra concebirse el funcionamiento de la propiedad privada bajo el precepto democrtico de un cdigo empresarial que estableciera el derecho de los trabajadores a la administracin de las utilidades?, en el que la remuneracin del trabajo implicara la participacin de la retribucin social en la ganancia. No se estara as despojando la propiedad privada de su capacidad de acumulacin y concentracin excluyente de capital?. Cual sera el sentido en tales condiciones de la propiedad privada? [iv] .

La evolucin del sistema capitalista ha llevado a una clara divisin de funciones entre propietarios, gestores de la propiedad y ejecutores. Los primeros retienen del derecho a la acumulacin de capital mientras que los segundos y terceros trabajan para su reproduccin por el salario que devengan. En las sociedades accionarias un grupo de inversionistas-accionistas obtiene dividendos como retribucin al capital de prstamo sin que participen directamente en el proceso creador de bienes y servicios. El criterio de eficiencia es aumentar el valor de las empresas para los accionistas de la mismas. Cules son las causas irrebatibles por las cuales habra que mantener tales paradigmas en las relaciones socioeconmicas?. No est la divisin en clases sociales que con ello se establece en los fundamentos del subdesarrollo secular y la exclusin social en que se persiste en los pases latinoamericanos?. La propiedad no-privada asume el principio de la socializacin de los beneficios pero tambin de los costos del proceso socio-productivo. La organizacin de la relaciones socioeconmicas converge con la prctica de la igualdad social.

Abogar por un referndum sobre el Proyecto Varela, es decir, sobre la aceptacin o no de un grupo de exigencias que reivindican reformas econmicas, desvinculadas de esencias como la propiedad social, es decir, la propiedad no-privada sobre los medios de produccin, no pasa de ser un velada negacin de uno de los presupuestos cardinales de la esencia no-capitalista del proyecto sociopoltico de desarrollo de la Revolucin legtimamente blindados por la Constitucin cubana. No por casualidad el denominado Proyecto Varela ha sido convertido en una bandera de lucha por los crculos forneos de la oposicin profesional al proyecto socio-poltico de la Revolucin.

La cabeza visible del proyecto no ha dudado en manifestar abiertamente su apoyo a la funesta prctica latinoamericana de los golpes de estado contra rdenes sociopolticos instituidos segn los principios democrticos asumidos en los pases latinoamericanos. A pesar de enfrentar de ese modo la llamada Carta Democrtica de la propia OEA, esa cabeza visible es objeto de atenciones por parte de jefes de estado de la UE, de altos funcionarios estadounidenses y representantes de otros gobiernos de los centros de poder capitalista, pero tambin de las periferias dependientes. Para los mal informados (y los desinformados), es bueno recordar la estrecha relacin que guarda el Proyecto Varela con el Programa para una Transicin Democrtica en Cuba, elaborado y auspiciado por Washington. La propiedad privada y la libre empresa son el leitmotiv y la carga implosiva.

Proponer el derecho de los cubanos a tener empresas, pretendiendo pasar por alto el tema de la naturaleza de la propiedad de la empresa, puede considerarse, como mnimo, una subestimacin del sentido comn o de la capacidad intelectual o del instinto poltico del pueblo cubano o estas tres cosas a la vez. Exigir un referndum sobre el derecho a empresas privadas sin invitar con igual determinacin a un debate sobre las esencias que el pueblo cubano puede seguir definiendo en la trayectoria de evolucin no-capitalista asumida, lleva el signo del oportunismo poltico.

En Cuba sigue planteada la lucha por la defensa de un proyecto de estado-nacin que rompe con la filosofa del modo capitalista de relaciones socioeconmicas. En Cuba se lucha por concebir las relaciones socio-productivas no como antagonismos, sino como modos de cooperacin humana. Modos en los cuales el trabajador (de cualquier profesin) no tenga que vivir bajo el acoso de ser para la empresa, a fuerza de no valer en el <mercado de trabajo>, un activo (asset) multiplicador de ganancias en las cuales no participar en igualdad de derechos por la razn de no estar en posesin del capital.

Entonces, la falacia de un referndum que intenta ignorar la naturaleza poltica de la propuesta que se vende, no puede ser enfrentada por el pueblo exclusivamente en el mbito parlamentario. Se necesita denunciarla polticamente puesto que el pueblo cubano est absorto en superar las consecuencias de los factores capitalistas que condujeron a la nacin, es decir a Cuba, al subdesarrollo socioeconmico y la desigualdad social a las que se enfrent la Revolucin. Cuba se ha despegado -inmersa en contradicciones socioeconmicas y polticas propias y en una devastadora agresin econmica externa-, de los presupuestos y los sistemas de valores capitalistas que hasta hoy diezman las sociedades latinoamericanas.

El proyecto socio-poltico cubano, a pesar de sus sensibles insuficiencias sistmicas, se ha distanciado dramticamente del subdesarrollo socio-cultural en que sigue hundido el resto de los pueblos de Amrica Latina. El elitismo de las sociedades latinoamericanas es la expresin de la exclusin social, hija directa del sistema de propiedad privada que las divide en clases antagnicas. Los problemas que entorpecen el proyecto socio-poltico de la Revolucin no son sus barreras sino sus retos.

En el mbito de las relaciones internacionales polticamente correctas se profesa la orfandad de Cuba. Y se alimentan todo tipo de mesianismos redentores y civilizatorios, o se organizan cruzadas modernas como la permanente agresin econmica y poltica estadounidense. Se suelen idealizar los lazos consanguneos y culturales entre Cuba y Espaa para imaginar y pedirle a esta ltima, a ttulo de miembro de la UE, que ayude a mejorar en paz las condiciones de vida del pueblo cubano. Podrn Espaa, la UE u otros estados capitalistas acercarse con propuestas e ideas para ayudar a perfeccionar el modelo no-capitalista de desarrollo que intenta adelantar Cuba?. Al olmo nunca se le ha podido pedir peras.

Cuba exige un tratamiento no discriminatorio en las relaciones econmicas y polticas internacionales, puesto que Cuba demuestra, con creciente reconocimiento internacional y recuperndose de la profunda crisis estructural de principios de los 90, una apreciable capacidad de insercin en las relaciones econmicas internacionales. Es la UE el primer socio comercial de Cuba. La expansin de las relaciones financieras y comerciales as como la cooperacin tecnolgico industrial con China pueden considerarse de carcter estratgico. Se construye un proyecto de cooperacin internacional sui gneris con Venezuela y se consolidan nuevas etapas en la integracin en el Caribe. La industria cubana de la biotecnologa se reafirma en el ms exigente de los mercados. La especializacin en los servicios de altos valores de intercambio, como es el de la asistencia mdica, cobra espacios cada vez ms osados y no pierde el norte de una tica profundamente humanista. A pesar del rabioso revanchismo econmico y financiero de los gobiernos de los EEUU, en la actualidad los productores agroindustriales estadounidenses son los beneficiarios ms directos de la demanda de alimentos de Cuba.

Entonces, lo que el pueblo cubano ha demostrado es tener plena conciencia que slo la defensa inquebrantable de su soberana y de su derecho a la autodeterminacin obliga a los gobiernos a respetar los legtimos derechos de Cuba a la otredad. Otredad que ha sido condenada por los centros de poder capitalista, con los EEUU al frente, debido al desasosiego que produce la eventualidad de un precedente de desarrollo alternativo viable en Amrica Latina y en el llamado Tercer Mundo.

Cuba est retada ante s misma a demostrar la viabilidad de la opcin de su proyecto socio-poltico puesto que lo que est en juego no es un modelo, sino el bienestar sustentable de toda la nacin. La evolucin interna del proyecto, en la trayectoria no-capitalista asumida, ha de enfrentar decididamente, tambin en debates nacionales abiertos, las causas que mediatizan la democracia ciudadana, poltica y econmica. La arrojada profundizacin de la democracia participativa y directa en todo el universo de las relaciones socio-econmicas determina la auto sustentabilidad del sistema y no puede ser indefinidamente pospuesta. La autonoma del movimiento de la sociedad constituye una de las claves de la viabilidad de la propuesta del proyecto socio-poltico cubano. Donde la evolucin hacia un sistema mixto de propiedad social resulta una de las otras claves determinantes. Bajo tales condiciones la eficiencia del modelo econmico hallar terreno propicio para una dinmica progresin. No existen dudas que las potencialidades de desarrollo que liberan estas prerrogativas se multiplicaran en un escenario donde las hostilidades externas desaparezcan. En este sentido importa resaltar que el respeto incondicional al derecho de autodeterminacin de Cuba se lograr no por la magnanimidad de los centros de poder hegemnico sino por la fuerza de carcter y la capacidad de resistencia y empuje creativo del pueblo cubano.


[i] Extrado del texto del autor de este artculo, intitulado: Cuba y el desafo de la alternativa. Hacia la negacin o en pos de su viabilidad. Una incursin alrededor de las claves. Dicho texto actualmente se revisa y prepara para una edicin impresa. Su primera versin apareci publicada en Rebelin. http://www.rebelion.org/izquierda/030602avivar.pdf)

[ii] Es conocida la certera apreciacin de F.Engels parafraseando la expresin de la propia cosecha marxista sobre la acumulacin originaria de capital al llamarla extorsin originaria.

[iii] Para Brasil el ao 1989 fue un ao de oro a los ojos del mundo de los negocios, con lucros triplicados en relacin con 1988 y una reduccin de cerca del 20% de los salarios industriales, que ya figuraban entre los ms bajos del mundo, segn la clasificacin de Brasil por el informe de la ONU sobre Desarrollo Humano. Dentro de los propios EEUU., en cambio, hace 15 aos que los salarios de la mayora de la poblacin vienen disminuyendo o estancndose, as como las condiciones de trabajo y seguridad del empleo, cuadro que se mantiene a pesar de la recuperacin econmica... En otras palabras, en EE.UU. la renta de las familias pertenecientes al 1% que est en la cima equivali a 10 veces la renta de las familias tpicas en 1979, a 23 veces en 1997 y actualmente sigue aumentando. Lo que puede comprobarse es quince aos de una clara subyugacin del trabajo por el capital. El aparente dilogo se corresponde con afirmaciones contenidas en anlisis sobre el problema hechos por Noam Chomsky, Paul Krugman y la revista Business Week, respectivamente (en publicaciones aparecidas entre 1996 y 2002).

[iv] Reformulaciones de un fragmento (4 prrafos) del mismo texto citado en la nota 1




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