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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-11-2013

Guerra degradada y paz "perrata"

Fernando Dorado
Rebelin


En Colombia finalmente se va a sellar un acuerdo de Paz entre las FARC y un gobierno que representa fielmente a la burguesa transnacionalizada (nacional y global). No ser la paz que muchos idealizan. Ser una paz perrata, a medias, calculada y al servicio del gran capital que necesita un buen ambiente para la inversin.

Todos quisiramos que las cosas no fueran de esa manera pero las minoras que tienen el poder, as lo imponen. Sus intereses son los que por ahora determinan nuestro futuro. Ser una paz relativa, amaada, a cuenta gotas. Igual que la guerra que hemos vivido.

En Colombia idealizamos la guerra para sacar fruto de ella. Tambin sublimamos la paz para manipularla. Ahora, los capitalistas transnacionales que utilizaron el conflicto armado, quieren ganar ms con la paz y la van a hacer a su medida. El pas como el resto del mundo seguir en guerra, una comible como la de Mxico o Brasil (ms delincuencial que "poltica"), pero ni la Nacin ni el pueblo saldrn beneficiados inmediatamente en nada. Para el movimiento popular a mediano plazo puede ser un paso adelante, pero depende cmo afrontemos el mal llamado post-conflicto.

Idealizamos el conflicto? S! Nuestra guerra nunca fue resultado de una gran insurreccin popular. Fue la reaccin armada y obligada a la persecucin y acoso criminal desatado contra campesinos rebeldes. En realidad nunca ha puesto en peligro la dominacin oligrquica e imperial. Ha sido una guerra prolongada pero sin norte. La guerrilla no supo (o no pudo?) crear fuertes bases de apoyo transformadoras y por eso termin siendo una guerrilla ambulante (andante). Contra lo que se propuso, se convirti en algo similar a las fuerzas armadas oficiales en las zonas marginadas y marginales de colonizacin. Ha sido un ejrcito de ocupacin con retrica revolucionaria pero prctica conservadora.

Nuestra guerra no ha sido creativa y creadora como lo fueron muchas guerras liberadoras. Ha sido una guerra sin espritu o mejor, con un espritu acorralado, vengativo y resentido. De parte y parte. Ha sido un conflicto manipulado, degradado, en gran medida programado por el gran capital y el imperio. Fue instrumentalizado para ponerlo al servicio del despojo territorial y la expulsin del campo de millones de colombianos. Slo en la primera etapa del M-19 fue una guerra politizante, de resto sin desconocer el herosmo y los buenos propsitos ha sido una guerra de resistencia, sin ambicin de poder.

Al igual que esa guerra, la paz que avizoramos ser igualmente degradante. Y no puede ser de otra manera. Las guerrillas estn en una encrucijada histrica: saben que la nica manera que tienen de despejar el camino a la lucha del pueblo y los trabajadores es con su desmovilizacin y desarme. Lo que ocurre es que no quieren reconocer su derrota poltica creyendo que es a la vez una derrota popular. No se han dado cuenta que en gran medida es una auto-derrota. No pudieron superar tica y moralmente no a sus enemigos sino a su propia naturaleza contestataria. Renunciar a esa forma de lucha, no por la guerra en s misma sino por la forma que adquiri, es un gran paso adelante. Ser una especie de expiacin liberadora.

La paz que nos espera estar atravesada con la accin provocadora y asesina de los actuales grupos paramilitares que as sean ms delincuencia comn que contrainsurgencia organizada , podrn ser contratados por empresas transnacionales y polticos corruptos para liquidar y desaparecer a los dirigentes populares que les estorben. Ya lo hacen. Y paralelamente, la oligarqua aprobar hermosas y rimbombantes leyes y normas democrticas para garantizar la participacin ciudadana y comunitaria. Ser una nueva apertura democrtica al servicio de la segunda fase de neoliberalismo. Nada ms contradictorio.

Le corresponde al pueblo y a los trabajadores disear la forma de salir de sta trampa histrica. Si seguimos reaccionando mecnicamente a los estmulos de nuestros opresores, no saldremos de la encrucijada en la que estamos. Si nos da temor desnudar nuestro interior, si no nos atrevemos a mirar de frente nuestros errores y no somos capaces de replantearnos radicalmente nuestra prctica, le estaremos facilitando las cosas a las clases dominantes. Sabemos que no partimos de cero pero debemos asumir crticamente lo vivido.

Estamos ad-portas de la Paz pero seguimos terriblemente divididos y confundidos. Sufrimos la mayor quiebra moral que cualquier nacin y pueblo pueda soportar y sin embargo, todava creemos en los representantes de la burguesa burocrtica (Samper, Serpa y compaa) que posan de defensores de los derechos humanos. Estamos frente a la quiebra econmica de cientos de miles de productores agropecuarios y no obstante seguimos aspirando a que la burguesa nacional se sume a la lucha por soberana nacional. Es ridculo.

Slo si somos capaces de asumir la verdad podremos avanzar por caminos de dignidad y libertad. No es la oligarqua y el imperio los que nos han vencido, somos nosotros mismos los que hemos fallado. Slo con humildad podremos ganar el corazn del pueblo. Slo con apertura mental nos uniremos en medio de nuestras diferencias. Slo con sensibilidad identificaremos con claridad nuestras metas. Slo con conciencia plena de las realidades externas, nos superaremos a nosotros mismos y le daremos grandeza a nuestras luchas.

Volver a los principios es la tarea del momento. Sabemos que nuestro pueblo va a dar la batalla contra esa nueva fase del neoliberalismo depredador y despojador. Siempre lo ha hecho y lo est demostrando. Pero ya no se trata slo de luchar, se trata ganar. La lucha popular no puede seguir negociando su liberacin: hay que ejercer la libertad. La lucha popular no debe seguir exigiendo autonoma a sus opresores: hay que vivir la emancipacin. La lucha popular no tiene por qu separar soberana nacional de soberana popular: la una es inexistente e inseparable de la otra. Son elementos del debate actual.

Estamos a un paso de librarnos de una guerra que slo ha producido sufrimiento y vctimas al pueblo y a la Nacin. Sin embargo, la paz que se aproxima slo ser una nueva forma de la guerra que la oligarqua siempre ha librado contra el pueblo. Si nos ilusionamos ingenuamente con la paz y con la nueva apertura democrtica, slo estaremos ayudando a las clases dominantes a eternizar su poder.

Es la hora de los replanteamientos de fondo. Una nueva filosofa del cambio y de la accin poltica debe emerger de esta crisis de valores. No es casual que hayamos llegado a esta encrucijada. Somos nosotros mismos quienes labramos nuestro futuro. No tenemos excusas.

No se trata de escoger entre movimiento social y poltico. Tampoco si la va es electoral o insurreccional. Menos si primero es la teora y luego la accin. La decisin es si continuamos separando lo social de lo poltico, si seguimos siendo electoralistas que nos amoldamos a las reglas de la democracia formal y cuando el pueblo se insurrecta nos da temor ponernos a su cabeza. La exigencia es valorar la teora para derrotar el practicismo y el pragmatismo.

Para que la paz perrata que ya tenemos encima no nos ahogue entre la amenaza de volver a enmontarnos, la de dejarnos domesticar por la falsa democracia o permitir que nos exterminen en una nueva versin de lo ocurrido con la UP, es necesario que las fuerzas democrticas y revolucionarias nos demos un fuerte empelln, nos sacudamos a fondo y estemos dispuestos a romper con una serie de paradigmas que hemos aceptado como verdad.

Entre esos paradigmas el principal es creer que puede existir verdadera democracia bajo un rgimen capitalista. Hoy estamos constatando que el capitalismo es la negacin de la democracia. Incluso en los pases ms desarrollados lo que existe es la dictadura del capital financiero bajo una fachada democrtica que los pueblos y los trabajadores descubren y desenmascaran a diario. Lo estamos comprobando en Europa y los EE.UU.

La crisis que vive el capitalismo nos llama a un replanteamiento profundo, el pueblo en lucha nos lo exige, las nuevas generaciones lo anhelan. Lo vivido est all esperando que lo superemos. No podemos ser inferiores al momento.


NOTAS:

[1] Perrata: Trmino utilizado en la Costa Caribe colombiana para significar que algo no tiene calidad.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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