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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-11-2013

El capital contra los trabajadores

Josep Bel
Rebelin


La bancarrota capitalista ha desencadenado una brutal ofensiva contra el movimiento obrero en todo el mundo. El capital necesita atacar las conquistas de los trabajadores para contrarrestar la cada de sus ganancias, que amenaza con colapsar el sistema. En los pases ms dbiles de la cadena imperialista de la UE los ataques han cobrado una especial virulencia. El viejo estado del bienestar est siendo desmantelado a marchas forzadas con la poltica de recortes sociales. En el estado espaol, bajo las rdenes de Bruselas, el gobierno del PP, con mayora absoluta parlamentaria y la complicidad del PSOE, CiU, PNV... lleva a cabo una continuada agresin contra los derechos de los trabajadores y las clases populares (reforma laboral, recorte y endurecimiento del acceso a las pensiones...). 2013, sin huelgas generales y sin la presencia del 15 M ha sido aprovechado por la derechona para legislar en cadena contra los derechos de los trabajadores, como la futura ley contra el derecho de huelga que est preparando el PP, o la reforma del cdigo penal (con el rgimen de multas para acciones como los escraches, las concentraciones frente al parlamento, o la entrada en oficinas de bancos, etc.). Los representantes polticos del gran capital quieren aprovechar el momento en el que sienten que el viento fluye a su favor, para liquidar toda ley o normativa que suponga un obstculo en sus planes.

El movimiento obrero, pese al estallido de luchas de resistencia en sectores como el de la enseanza en Baleares, o en algunas empresas (PANRICO, trabajadores de la recogida de basuras de Madrid...), se encuentra en su conjunto confundido y desorientado, por la falta de una orientacin combativa por parte de los sindicatos mayoritarios. Dcadas de polticas desmovilizadoras, de pactos y consensos con la patronal, facilitaron la liquidacin de las conquistas sociales y crearon entre los trabajadores la impresin de que no haba nada que hacer. En el ltimo perodo, el desgaste de las huelgas generales, convocadas a regaadientes por la burocracia sindical, sin voluntad para darles una continuidad en las luchas y movilizaciones, ha acentuado la sensacin de impotencia de muchos trabajadores. La poltica del gobierno ha agravado el desempleo y la precariedad laboral. Seis millones de parados y casi la mitad de los que tienen empleo con contratos precarios y una economa que hace aguas por todas partes. Sin perspectivas de lucha y con el temor a perder el puesto de trabajo, son muchos los que han aceptado el drstico recorte de sus salarios y derechos laborales, con la vana ilusin de que un hipottico futuro fin de la crisis, les permita recuperar lo que ahora han perdido. Otros, desmoralizados y sin ver posibilidades de mantener sus puestos de trabajo, renuncian a defenderlos y prefieren votar a favor del finiquito, a la espera que se vuelva a crear empleo.

Mientras la CEOE aplaude gozosa al gobierno, y exige nuevos y mayores sacrificios que contenten a los mercados, los dirigentes de CCOO y UGT actan como apagafuegos para evitar que el creciente malestar de los trabajadores pueda convertirse en un incendio generalizado. Pero la patronal envalentonada, no muestra ningn inters en mantener unos mnimos para un hipottico pacto social. El ejemplo de firmar como mal menor los 67 aos como edad de jubilacin que puso el gobierno, no es respetado y se exige que se alargue a los 70. Ahora el PP decreta los nuevos mecanismos de revalorizacin de las pensiones que supondr un recorte del 25% de la pensin media en los prximos 15 aos. La respuesta de CCOO y UGT es lamentar la actitud de la patronal y del gobierno, y convocar algunas manifestaciones para intentar salvar la cara. Para ms inri, vuelven a sonar los tambores de una nueva reforma laboral, que vendr a completar los campos, en los que la anterior no se atrevi a profundizar. Qu credibilidad le queda a la direccin de los sindicatos mayoritarios ante los trabajadores, si la patronal y el gobierno maana no estn dispuestos a respetar lo que se firme hoy?

La burocracia sindical hace tiempo que se ha convertido en una oficina ms del departamento de personal en las empresas, y mendiga continuamente nuevas negociaciones que le permitan adjudicarse algn xito, que frene su decadencia. Cuida mucho que las escasas movilizaciones que impulsa no se les escape de las manos y prefiere evitar cualquier tipo de continuidad. Mientras tanto participa en el negocio de los fondos de pensiones con la banca, o siguen firmando EREs en las cajas de ahorros, como si nada. Los sectores de la patronal ms retardatarios han empezado a cuestionar el papel de una burocracia sindical en decadencia, que cada vez tiene menos que vender, aireando las corruptelas en las que se encuentra implicada (EREs, los cursos de formacin, subvenciones...), a travs de la caverna meditica.

Pero la responsabilidad de lo que sucede no es slo de la burocracia sindical y la izquierda del sistema. Tambin la tienen, aunque en menor medida, una buena parte de los asalariados que no destinan ni una dcima parte de lo que gastan en el ftbol, o en los centros comerciales, en defender sus precarias condiciones de vida. Durante los aos de las vacas gordas, el modelo consumista y egosta que venda el capitalismo, convenci a muchos de que vivamos en el mejor de los mundos posibles y de que estbamos en el final de la historia. La impresin de crecimiento ilimitado sin embargo era falsa, en realidad el senil sistema capitalista se dedicaba a vender humo para ocultar su decadencia. Slo era cuestin de tiempo que la pirmide especulativa sobre la que descansaba el milagro les estallara entre las manos. La crisis capitalista los ha despertado del sueo y los ha devuelta a la cruda realidad. En tan solo una dcada, entre la opinin pblica se ha pasado del 20 al 68%, los que opinan que los hijos vivirn peor que sus padres. Si seguimos delegando la defensa de nuestros derechos y conquistas, no habr salida. Los medios de comunicacin ya anuncian que no se crear empleo hasta 2025 y que la deuda contrada con los bancos alemanes durar ms de 50 aos. Ese es el futuro que nos promete el sistema.

Los movimientos sociales y el sindicalismo alternativo. la lucha de clases se reorganiza.


La aparicin del 15M, con todos sus ingenuidades y limitaciones, fue el primer sntoma de que los trabajadores y el resto de las clases populares no estaban dispuestos a renunciar a sus derechos y conquistas sociales sin luchar. Cuando los sindicatos mayoritarios, controlados por la burocracia parasitaria, se convierten en un obstculo para la generalizacin y la continuidad de las luchas, stas resurgen a travs de otros canales no tradicionales. El 15M entr en decadencia y desapareci hace tiempo, pero en su lugar han surgido los movimientos combativos de los sanitarios y los docentes que se han enfrentado sin descanso a los planes del gobierno. Es importante resaltar las masivas manifestaciones contra la Ley Wert y la LEC en enseanza, o las que se realizado contra los planes de privatizacin de la sanidad pblica en Barcelona y sobre todo en Madrid.

La prdida de credibilidad de la burocracia sindical apenas ha sido capitalizada por un sindicalismo alternativo dividido y enfrentado a menudo entre s. La descabellada convocatoria de una huelga general por parte de la CGT, al calor de la que se realizaba en Euskadi (con una correlacin de fuerzas distinta), que result un rotundo fracaso, o la dificultad para ponerse de acuerdo en la convocatoria de movilizaciones contra la poltica del gobierno, no ayudan a crear ese polo alternativo. Los intereses sectarios de las pequeas burocracias priman con frecuencia por encima de los de los de la clase obrera y dificultan la construccin de una alternativa creble ante el conjunto de los trabajadores, que lo nico que ven es un montn de pequeas organizaciones disputndose el mismo espacio de influencia.

Catalunya. Dret a decidir qu?

En Catalunya, la hipcrita campaa soberanista lanzada por CiU y respaldada de forma oportunista por ERC (que se ha dedicado a taparle las vergenzas al gobierno reaccionario de Mas, a cambio de la promesa del referndum), as como por la debilidad poltica y organizativa de la izquierda independentista y anticapitalista, ha permitido que importantes sectores de los trabajadores y las clases medias empobrecidas, se hayan ilusionado con el Dret a decidir que supuestamente tiene que llevar a Catalunya hacia la independencia.

En el 11 septiembre de 2012, las movilizaciones de la izquierda independentista y anticapitalista apenas tuvieron eco en los medios de comunicacin oficiales, frente a la campaa de la ANC. Pese al boicot, consiguieron reunir a ms de 10.000 personas, tal y como ha venido sucediendo en otras convocatorias en Barcelona, como las de Independncia per canviar-ho tot, la de Juntes Podem, o el 1 mayo alternativo. La cadena humana del 11 de septiembre de este ao, con ms de un milln de participantes, contrastada con la digna pero escasa concentracin, convocada por el Procs Constituent frente a la sede de La Caixa (a la que se aadieron militantes de las CUP y de IC-EuiA, y en la que intervinieron portavoces de varias luchas y el compaero Diego Caamero, dirigente del SAT, que llam a la solidaridad de clase entre los trabajadores de los pueblos del estado espaol por el respeto al derecho a decidir) es una muestra de cmo los representantes polticos de la burguesa y sus aliados estn capitalizando el proceso y desvindolo del verdadero derecho a decidir. La izquierda clasista debe de desmarcarse claramente de un proceso que slo provocar frustracin entre los que confan en l. S, reivindicamos el derecho a decidir, pero queremos decidirlo todo; queremos decidir los presupuestos que provocan recortes y ms recortes; queremos decidir sobre las leyes que desarman a los trabajadores y acaban con sus derechos y conquistas. Queremos decidir sobre la nacionalizacin de la banca y de las grandes empresas estratgicas. Queremos decidir sobre la permanencia a la Europa del capital, que nos condena a un futuro de miseria.

Por un sindicalismo de clase. Por la autoorganizacin de los trabajadores.


Es necesario revertir este cuadro de confusin y de pesimismo, para resistir la ofensiva patronal y del gobierno y recuperar el terreno perdido. La construccin de un polo sindical alternativo antiburocrtico, combativo y de clase slo puede basarse en la autoorganizacin asamblearia de los trabajadores y el apoyo de los movimientos sociales. La asamblea de los trabajadores en las empresas es soberana y los sindicatos no pueden pastelear al margen de ella. Una persona, un voto. Cualquier representante elegido por la asamblea tiene que rendir cuentas de sus gestiones ante ella y puede ser revocado si asi lo deciden la mayora.

Es fundamental que los miembros de los diferentes sindicatos clasistas dejen a un lado el sectarismo y se unan en listas unitarias, elegidas en asamblea, para derrotar a la burocracia de CCOO y UGT. Hay que expulsarla de los centros de trabajo. Hay que denunciar sus tejes y manejes, con los que, a cambio de privilegios y prebendas, dividen y enfrentan a los trabajadores de diferentes pases en nombre de intereses corporativos que slo sirven a la patronal (multinacionales del automvil...). La lucha contra la burocratizacin y la corrupcin de los sindicatos pasa por su independencia econmica. Un sindicato de clase slo puede depender de su autofinanciacin, y no de las subvenciones directas o indirectas que puedan facilitar las instituciones del sistema.

Ninguna decisin importante puede llevarse a cabo al margen de los trabajadores. La recuperacin de la democracia participativa es fundamental para que miles y miles de trabajadores desengaados por los sindicatos burocratizados y la izquierda del sistema, rompan su apata y vuelvan a ser los protagonistas de las luchas contra el sistema.

El proceso de formacin de la unidad popular ser largo y no podr llevarse a cabo sin movilizaciones, avances y retrocesos que forjen la conciencia de los trabajadores. Luchas como la que han protagonizado los trabajadores de la recogida de basura de Madrid slo pueden triunfar consiguiendo el apoyo activo de la poblacin que tambin est siendo golpeada por la ofensiva capitalista. Para eso es importante contar con el soporte de las organizaciones de parados, los movimientos sociales y de los sectores sindicales combativos. No se pueden tolerar las amenazas de militarizacin de la huelga (rescatando un viejo mtodo del franquismo), ni el reclutamiento de sectores desesperados y desclasados, que haba llevado a cabo la empresa pblica TAGRA, para actuar como esquiroles al servicio de los empresarios del sector.

Los compaeros han frenado los planes de despidos masivos que planeaba la patronal, aliada al gobierno municipal del PP y lo que es ms importante, han demostrado que con la lucha y la autoorganizacin se puede vencer. Pero no es menos cierto que han tenido que aceptar el recorte del poder adquisitivo de sus salarios (con su congelacin por un perodo de 4 aos) y un ERE temporal de un mes y medio anual de cada trabajador, que se pagar con dinero pblico (aumentando el margen de beneficios de la patronal). Sin embargo, la principal amenaza que pende sobre el futuro de los trabajadores de la limpieza de Madrid es la firma de la burocracia de un acuerdo en el que se reconoce que existan motivos reales para el ERE (cuando no los haba), y su aprobacin por la asamblea. Este reconocimiento puede ser en el futuro un arma en manos de la patronal, para presentar nuevos ERES contra la plantilla.

Hay que construir una red solidaria de asambleas o comits obreros en los barrios de las ciudades y los pueblos que, partiendo de las necesidades de la gente, organice conjuntamente a los trabajadores precarios, con contrato fijo y a los parados. Es fundamental la creacin de oficinas de defensa de los derechos sociales que son tiles para llegar a las pequeas y medianas empresas, donde apenas alcanza la presencia de los sindicatos, para animarles a defender sus derechos y fomentar la auto-organizacin.

Las experiencias cooperativistas no pueden existir al margen de la evolucin del sistema capitalista sin comprometerse en este proceso, como hemos visto en Fagor. El cooperativismo no es una alternativa al capitalismo, sino forma parte tambin de un proyecto poltico para acabar con l. Cuando el capitalismo slo puede ofrecer un futuro de miseria, tenemos que empezar a plantear una salida socialista a la crisis. Contra el cierre de las fbricas, organicemos su ocupacin y puesta en marcha bajo un rgimen autogestionario de los mismos trabajadores, en defensa de sus puestos de trabajo.

Sin la centralidad del mundo del trabajo nunca se han conseguido avances en la lucha por derechos sociales. Es prioritario ayudar a que la clase trabajadora se articule con los movimientos sociales ecologistas, feministas, antirracistas e internacionalistas. Las prximas movilizaciones unitarias contra los presupuestos de la Generalitat de Catalunya, y las Marchas de la Dignidad que se desarrollarn por todo el estado durante la primavera de 2014, tienen que servir para estimular la coordinacin de las luchas y hacerlas ms cotidianas y sostenidas.

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Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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