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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-11-2013

Carne de publicidad

Pascual Serrano
Mundo Obrero


Fue actualidad hace unos meses la decisin del Metro de Madrid de adoptar el nombre de Vodafone Sol para su estacin ms emblemtica. Durante tres aos, la estacin tendr esa nueva denominacin, figurar as en todos los carteles y mapas, e incluso la lnea 2 se llamar Lnea 2 Vodafone. A cambio, recibi de la empresa telefnica tres millones de euros. Mientras la Puerta del Sol pareca el smbolo de una ciudadana movilizada e indignada, su parada del suburbano pierde su nombre para ser fagocitada por la publicidad. Han pasado unos pocos meses y ya todo el mundo lo tiene asumido. Otra muestra ms de que el mercado se mueve en direccin contraria a la voluntad ciudadana, y lo que es peor, logra su objetivo y avanza.

Tambin hace unos meses se supo que la Comunidad de Madrid encartaba folletos publicitarios en los sobres donde enviaba la nmina a los funcionarios y empleados pblicos. Incluso, como se trata de lo que se denomina un mercado objetivo, es decir un pblico ya elegido por un determinado perfil (target), presentan un reclamo especfico del tipo de descuento para funcionarios o algo similar.

Estos dos ejemplos aparentemente anecdticos suponen un importante cambio de paradigma, no se trata de unas campaas ms. Estamos ante la toma de lo pblico y personal por las empresas publicitarias. Los nuevos gestores no solo privatizan la propiedad y la gestin de lo pblico, sino que lo ofrecen a la voracidad de la publicidad. Contaba Michael Moore que en Estados Unidos, los colegios firman acuerdos publicitarios con empresas de refrescos para cederles la exclusividad de la publicidad y el consumo dentro de sus instalaciones. En Italia, el ministerio de Educacin acept el patrocinio de empresas privadas que terminaban instalando una placa con su logo en el pupitre del alumno.

Hace unos aos, una lectora me escriba indignada tras su viaje a Cuba donde, deca, se haba sentido un monedero andante frente a tantos cubanos que le acosaban vendindole cosas: puros, recomendacin de restaurante, taxi, ron, etc... Esa mujer ya no se daba cuenta que donde s que eres un monedero andante por las constantes propuestas de consumo es precisamente en los pases capitalistas y no en Cuba. El nmero de anuncios publicitarios a los que te ves sometido en el intermedio de una pelcula de televisin, en los carteles anunciantes en fachadas de edificios y comercios, los toldos de las cafeteras, las puertas de los taxis y autobuses, las portadas de las revistas, cuando abres el peridico, en folletos adjuntos a tu factura de telfono o electricidad, en las pantallas de televisin en el metro, no existe en Cuba y es mucho mayor que la media docena de buscavidas que te pueden molestar paseando por La Habana Vieja. Al fin y al cabo esa publicidad del capitalismo se dirige a ti porque tienes un monedero, eres un monedero andante, como ella misma se senta en Cuba pero, al parecer, no en Espaa. Haba asumido que esa publicidad del capitalismo era natural. No le molestaban los neones, los murales de quince metros o la invasin en la intimidad de tu casa a travs de los anuncios en la televisin, el correo o las llamadas telefnicas. Si hasta la publicidad entra en la casa de los funcionarios en el mismo sobre que la nmina. Como dira Vicente Romano, es la formacin de la mentalidad sumisa.

Blog del autor: www.pascualserrano.net 



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