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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-11-2013

Nos gobiernan fascistas envalentonados

Paco Roda
Rebelin


Ya no se reprimen, no ocultan sus formas, tampoco amagan los golpes; los devuelven con intereses y adems en diferido. Ya ni tan siquiera les importa el formulismo, el protocolo ni el qu dirn. Al revs, alardean de su soberbia envalentonados y pasean con descaro mostrando su peor catadura, la del gangrenado por un poder mal empleado, la del analfabeto presuntuoso, la del retrico de dudosa legitimidad para hablar en nombre de la honradez.

Han llegado a un punto de no retorno y no estn dispuestos a renegar por ello. Viven encanallados pero disfrutan. Hacen y deshacen leyes escritas tras aos de memoria y sangre. Pero les da igual. Por eso Mariano Rajoy ha optado por la pestilencia del despotismo como sustituto de la democracia que desprecia. Los fascistas que nos gobiernan y los que desde las trincheras les alientan y envenenan entienden la poltica como el manejo de los intereses pblicos en provecho de lo privado. Nada ms.

Por eso engaan, mienten, manipulan. Por eso ya todo les es indiferente. Han emprendido un camino que saben enfangado y miran para otro lado, donde la mirada de la gente nos les devuelva el amargo sabor de traicin cometida. Hablan, actan y simulan sabiendo que todo ello se sustenta en la mentira, la perversin y la corrupcin de sus vidas, pblicas y privadas. Son as, siempre han sido as en este reino de Espaa reconquistada.

En este reino sometido a golpe de machete legislativo. Entienden el deber como aquello que les impulsa a la obtencin del lucro por la va del deseo. Y en eso han convertido la administracin de los asuntos pblicos de los que se creen propietarios para su mercadeo, venta y distribucin. Se fueron alguna vez, pero solo para afilar los cuchillos. En sus genes llevan escritas unas cuantas palabras que han hecho temblar la historia. Y quieren volver a escribirlas en nombre de ciertas seales cargadas de sangre. Han hecho de la infamia una asignatura, y del miedo y la amenaza sus mejores armas de destruccin masiva.

El pueblo, la gente, la ciudadana rescatada para el soborno les importa poco o nada. Salvo para convertirlos en la excusa de su perversin y utilizar su nombre en vano. El resto es pura metafsica de saldo. Han transformado todo lo que tocan en un estercolero viciado. El Congreso, el Senado, las diputaciones, los ayuntamientos y hasta la comunidad de vecinos donde viven y gobiernan padecen una contaminacin de alta densidad. Siempre han sido as.

Ahora los vientos soplan a su favor y creen que eso les otorga patente de corso. Incluso para hacer girar el eje de la tierra movido por una mayora poltica pervertida. Porque una democracia prostituida les permite gobernar por decreto sin que nada ni nadie ponga remedio a tamaa devastacin. Saben lo que hacen. Siempre lo han querido hacer as. Lo suyo es lo primero. Lo segundo sus amigos y crculos cercanos extendidos hasta el abrevadero familiar. El resto es pura simulacin para seguir acumulando, para seguir dominando. La banca siempre gana. Siempre al mismo nmero, siempre al mejor postor. Todo est atado y bien atado en nombre propio, particular y privado. Abanderan ideas que dan miedo, que cremos olvidadas, pero de ellas viven y con ellas conviven. Juegan sucio con las certezas y maquillan los desengaos. En eso son expertos. Compadrean con la iglesia y sus gobernadores almidonados de falsa caridad. Se relacionan con jueces, fiscales y jerarcas de la justicia sospechosos de todo menos de justos y honrados. Pero siguen ah, exprimiendo las arcas pblicas en su propio beneficio y el de sus crculos econmicos ms ntimos. Porque ellos les sostienen: desde el grupo Ibex35 hasta la propia monarqua enfangada en sucios negocios.

Y es que la acumulacin, la avaricia, la codicia y la mezquindad son sus mandamientos reconvertidos. A ellos se deben en nombre de un dios que siempre est sentado a su derecha. Ni escuchan ni oyen. La oposicin poltica no es un valor para ellos. Porque ellos se creen la verdad. Sea o no verdad. Lo suyo es alterar todo el orden que juegue en su contra. Por eso ahora quieren recuperar el Tribunal de Orden Pblico.

Espaa es ya un sangrante matadero cuyos despojos sern comprados al por menor por unas cuantas familias a las que ellos se deben. A las nicas que ellos representan. Por eso y solo por eso estn descuartizando este Estado social que ni siquiera ha llegado a la mayora de edad. A ellos les importa el mercado y a ste vendern los despojos de esta cacera en nombre de la deuda pblica inventada, de la eficacia altamente ineficiente y del dficit de dudosa reputacin. Han convertido la marca Espaa en un cortijo presto y dispuesto para el expolio. Puro invento al servicio de una casta ignominiosa. Saben que tienen todo a su favor y aprovecharn este tiempo de negrura para engrandecer sus egos y sus cuentas corrientes. De la moral, su moral, mejor no hablar. Han vivido siempre del pecado que dicen condenar. Tal vez su nica moral se asienta de la cintura para abajo. Y ni eso. Se creen profetas pero sus cantos declaman como jauras envenenadas de inquietud. Dan miedo. Y quieren dar miedo.

Podan tener vergenza, pero el msculo que la mueve lo tienen atrofiado. Les gua la venganza. Proceden de familias que ganaron una guerra a golpe de pistoln y cuneta. Y ellos tratan de cavar nuevas tumbas donde enterrar a quien moleste. Sin que se note. Sin que corra sangre. Aunque todo se andar. Les gua, como desde hace cientos de aos en este reino de Espaa de memoria corta y mirada cansada, la represalia y la revancha. Todo menos esa pasin democrtica de que dicen estar hechos sus curriculums de dudosa reputacin.

Estn aqu. Cada vez ms cerca. Cada vez ms matasietes, sin miedo alguno a ningn tribunal, ni fiscala, ni poder judicial. Todos ya juegan a su favor. Y lo saben. De ah la barra libre que tienen en todos los ministerios, estamentos, empresas y centros de poder que les rinden pleitesa. Si por ellos fuera construiran un mundo donde el porvenir fuera una agona sin desenlace. Ganaron una guerra. Y no quieren perder la paz. Aunque ello les cueste otra guerra. Silenciosa, blanda, amable, travestida, desptica, s, pero necesaria. Todo en nombre de una Europa encanallada y sometida a otra casta de ms perversa mirada. Y de un capital envilecido que se dice llamar neoliberal.

Hablemos alto y claro, como Miquel Mart i Pol. Estamos donde estamos. Ms vale saberlo. Sabemos que somos herederos de tiempos de dudas y renuncias, s. De ruidos que nos ahogan las palabras, tambin. Pero no nos sirve de nada ni la aoranza de viejos tiempos ni la sublime melancola de tanta desesperacin. Tenemos lo que tenemos, ese espacio, ese tiempo que nos ha tocado vivir. As que pongmonos en pie otra vez. Que los fascistas que nos gobiernan sientan de nuevo el miedo. Que el miedo cambie de bando, como dice Juan Carlos Monedero. Que no se quede siempre en el mismo lado. Gritemos. Volvamos a gritar. Porque todo est por hacer y todo es posible. Lo dijo el poeta pero tambin resuena en el eco de la historia.

Paco Roda. Universidad Pblica de Navarra

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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