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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-12-2013

Sionismo, del nacionalismo de base religiosa al fascismo paracolonial

Miguel Ibarluca
Rebelin


La brutal expulsin de ms de 750.000 palestinos para poder implantar un Estado tnico en la Palestina histrica nos obliga en forma imperiosa a preguntarnos qu clase de movimiento poltico fue el sionismo, capaz de llevar adelante semejante atrocidad sin desparpajo ni lmite tico alguno. Para los sionistas, es sabido, su movimiento se encuadra entre los movimientos de restauracin nacional de fines del siglo XIX que tuvieron por objetivo poner fin a una situacin de opresin ya sea de un pueblo sometido al poder de otro o de una minora tnica aplastada por una mayora nacional. Esa minora era la comunidad juda, dispersa por casi toda Europa, pero constituyendo en cada pas una reducida fraccin de la poblacin, no slo discriminada sino perseguida y oprimida por la mayora cristiana con la que cohabitaba, cuyos exponentes ms claros fueron los siniestros pogromos de la Rusia zarista. As lo plantea Jacob Tsur en su opsculo Qu es el sionismo cuando lo describe como el movimiento de renacimiento nacional del pueblo judo [2] que tom fuerza luego de dichas masacres: De tal suerte cristaliz la idea de la nacionalidad. Los judos constituyen una nacin, y como todo pueblo normal necesitan un rincn de tierra propio; y esta tierra no puede ser otra que el solar en que surgi su civilizacin, o sea la Tierra de Israel [3].

El sionismo como movimiento de resistencia a la asimilacin

Pero es sta toda la verdad? O slo una parte? Est fuera de toda discusin que la judeofobia europeo-cristiana de fines del siglo XIX constituy un motor para el surgimiento de este movimiento que pretendi construir una nacionalidad a partir de una comunidad religiosa dispersa entre varios pases. Sin embargo, de la lectura de los textos de los principales idelogos del sionismo se pueden colegir otras razones, de suma importancia. Theodor Herzl, por caso, auguraba en El Estado judo, que la asimilacin progresiva de los judos en Europa se poda dar en el curso de dos generaciones pero que la personalidad del pueblo judo no puede, ni quiere, ni debe desaparecer [4] . Max Nordau, en el discurso que pronunci en el Primer Congreso Sionista de Basilea de 1897, describi la poltica de emancipacin llevada adelante por Napolen como un intento de absorcin y eliminacin del judasmo, una maquinacin del Emperador para que adoptaran la religin del Estado francs. As sostuvo que exigi que los judos renunciaran a su fe mesinica, que depusieran sus esperanzas nacionales, que abandonaran sus formas de vida peculiares; en resumen que se entregaran al suicidio nacional. El judo del guetto mantena sus costumbres, su identidad como tal, era un extranjero entre los pueblos y estaba conforme con ello. Todas las costumbres y modalidades judas tendan inconscientemente a un solo y nico propsito: el de conservar el judasmo merced al aislamiento del resto de las naciones, fomentar la unidad del pueblo judo y reiterar incansablemente al individuo judo la necesidad de preservar sus caractersticas a fin de no verse extraviado y perdido [5] . Pero la emancipacin haba transformado la naturaleza del judo, lo haba convertido en una criatura distinta, lo haba llevado a sentirse ahora alemn, francs o italiano. Eso implicaba abandonar su personalidad juda sin llegar, pese a eso, a ser aceptado como tal en su pas de residencia, ya que continuaba siendo diferente. Haba perdido la patria del guetto sin haber conseguido la otra nueva. De ah que era necesario un hogar propio para el pueblo judo.

Se advierte en estas expresiones el miedo a la asimilacin, a la prdida de identidad de los judos, a su fusin con el resto de la comunidad en la que vivan. Ello poda llevar a que el judasmo se perdiera o subsistiera como una mera comunidad religiosa debilitada por el proceso de secularizacin de la Europa occidental. Chaim Weizmann, primer presidente del Estado de Israel, dijo: No hay judos ingleses, franceses, alemanes o estadounidenses sino slo judos que viven en Inglaterra, Francia, Alemania o Estados Unidos [6]. La condicin de judo, para esta concepcin, se halla por encima de cualquier otra caracterstica de la persona. Es la identidad tribal sobre la universal. Para eso la religin juda deba convertirse en una nacin en el siglo de auge de las naciones europeas. Gilad Atzmon define al sionismo directamente como un movimiento global judo que tiene como objetivo impedir la asimilacin [7], que se debate entre su praxis tribal, que busca por sobre todo el aislamiento, y una promesa universal de apertura y tolerancia.

La sombra del particularismo

Pero esta condicin tribal del judasmo arroja sobre el sionismo, movimiento poltico que busc darle un Estado a esa comunidad religiosa, la sombra del particularismo. Segn Franois Furet, clebre historiador francs de los totalitarismos del siglo XX, el fascismo nace como reaccin de lo particular contra lo universal, del pueblo contra la clase, de lo nacional contra lo internacional [8]. El fascismo, en su lucha contra el individualismo burgus, apela a fracciones de humanidad: la nacin o la raza. stas, por definicin, excluyen a los que no forman parte de ellas, y hasta se definen contra ellos, como exige la lgica de ese tipo de pensamiento. La unidad de la comunidad slo se rehace con base en su supuesta superioridad sobre los otros grupos, y en un constante antagonismo contra ellos [9].

Es el sionismo un movimiento fascista? A primera vista semejante afirmacin parece una hereja si se tiene en cuenta la persecucin brutal y el exterminio sistemtico llevado a cabo contra el pueblo judo europeo por el nazismo, mxima expresin de esa categora poltica tan compleja que se ha llamado fascismo genrico. Los promotores del sionismo, Herzl en primer lugar, se identificaban con la Europa burguesa, liberal, individualista, enamorada del progreso y de la tcnica. Aspiraban a una repblica democrtica, con derechos sociales y un Estado activo que promoviera la agricultura, la industria y las artes. Sin embargo, aunque se pronunciaba en contra de una teocracia, el autor de El estado judo confera a los rabinos un papel central en los grupos que migraran a la tierra de promisin. En realidad, nos reconocemos como pertenecientes al mismo pueblo solamente por la fe de nuestros padres [10] deca cuando imaginaba el futuro estado.

Este hecho, el papel central que la religin desempeaba en el sueo sionista, entraba sin embargo en contradiccin con una caracterstica central del proceso de modernizacin de la Europa decimonnica: la secularizacin, la progresiva separacin de la Iglesia y del Estado, la sustitucin de la religin por la nacionalidad como elemento de unidad de los pueblos europeos, como cemento aglutinante de la poblacin de los nuevos estados que se conformaron durante el siglo XIX: Grecia, Blgica, Italia, Alemania, Austria-Hungra, Serbia, Bulgaria, etc. Las guerras de religin haban destruido a Europa en los siglos XVI y XVII y ahora se trataba de construir nuevas naciones sobre la base de un nuevo principio de identidad, el de la nacionalidad por encima del de la religin. Pero, como dice Herzl, los judos slo estaban unidos por la religin, no por el idioma Quin de nosotros sabe bastante hebreo para pedir un billete de tren? [11] - y sobre esa base deban construir la nacin. Iban a contramano del proceso de modernizacin del que se sentan parte.

El sionismo como un caso del fascismo

Si bien el particularismo es un rasgo del fascismo, no necesariamente todo movimiento particularista es fascista. Para ello deben darse otros requisitos, otros rasgos tpicos del fascismo sin los cuales sera superficial y arbitraria esa caracterizacin. La definicin del fascismo, como categora poltica, ha ocupado kilmetros de tinta y sera imposible ingresar ahora en ese anlisis. Es por ello que, sorteando esa polmica, tomamos la definicin breve y certera de Robert O. Paxton [12] y veremos en qu medida el sionismo puede encuadrarse en ella:

Se puede definir el fascismo como una forma de conducta poltica caracterizada por una preocupacin obsesiva por la decadencia de la comunidad, su humillacin o victimizacin y por cultos compensatorios de unidad, energa y pureza, en que un partido con una base de masas de militantes nacionalistas comprometidos, trabajando en una colaboracin incmoda pero eficaz con lites tradicionales, abandona las libertades democrticas y persigue con violencia redentora y sin limitaciones ticas o legales objetivos de limpieza interna y expansin exterior.

1.- El primer aspecto, la preocupacin obsesiva por la decadencia de la comunidad, se expresa en el sionismo por el miedo a la asimilacin al que ya nos referimos, asimilacin que se perciba como el paso previo a la desaparicin del judasmo a medida que se integraba a la Europa secular. El sentimiento de humillacin y victimizacin era la consecuencia lgica de la discriminacin y violencia brutal sufrida por los judos, an no aceptados del todo por la Europa cristiana y peridicamente masacrados en Rusia, Polonia, Ucrania y otros pases del Este europeo.

2.- Los cultos compensatorios a los que se refiere el autor toman cuerpo en el sueo utpico de El Estado judo, el retorno a Eretz Israel, la tierra de los supuestos antepasados hoy se sabe que los judos askenazis, entre los que naci el sionismo, no descienden de los antiguos hebreos- convertida en Tierra de Promisin. As, el sionismo construy su propio sueo de redencin, como Mussolini lo hizo con la reconquista de Trento y de Trieste en poder de Austria, y Hitler con la unidad alemana: el Sarre, Austria, los Sudetes, la Prusia Oriental. Son las tierras irredentas, en poder del enemigo que sirven para galvanizar a toda la nacin.

3.- Unidad, energa y pureza son elementos inherentes al proyecto sionista: la reunificacin del pueblo hebreo en un slo territorio, la construccin de un Estado fuerte capaz de defenderlo de sus enemigos y sobre todo la regeneracin del judo, confinado por los cristianos a las ciudades, al comercio y a la usura, que ahora se volcara a la agricultura, a la labranza de la tierra, a las tareas fsicas que fortalecen el cuerpo y el espritu. La idea del judo agricultor, ligado al suelo de Israel, desempe un rol cautivante en el proyecto sionista. Fcil es advertir all el sueo del hombre nuevo, tan tpico del fascismo y el comunismo, como seala Furet.

4.- El sionismo fue un movimiento con una base de masas de clara raz nacionalista que reuni un conjunto de militantes comprometidos con la causa. La mayora de ellos provenan de los sectores medios europeos aunque probablemente tambin de sectores obreros de Europa oriental. Esos militantes fundaron con gran esfuerzo y sacrificio, pasando hambre, los primeros kibutz y las milicias que conformaran ms tarde la banda paramilitar de la Haganh.

5.- Trabajando en colaboracin incmoda y eficaz con las lites tradicionales: he aqu un punto sustancial. Herzl se propuso siempre arribar a la implantacin de su Estado mediante acuerdos con los principales gobiernos coloniales y banqueros judos. A tal fin se entrevist con el Kaiser Guillermo, el Sultn otomano, el Papa, un ministro del Zar, el Barn Hirsch, el Barn Edmundo de Rotschild y otros, sin mucho xito. Pero luego de su muerte su proyecto fue claramente tomado por el Foreign Office britnico, sin hacerlo pblicamente como l pretenda, tal como se desprende del Informe Campbell Bannerman de 1907 por el que se planeaba la creacin de un estado tapn al servicio de las potencias coloniales en Medio Oriente, y de la clebre Declaracin Balfour de 1917 a partir de la cual se promovi en forma deliberada la inmigracin de europeos judos en Palestina. La colaboracin no fue incmoda sin embargo, salvo durante el auge del nazismo, perodo durante el cual Gran Bretaa restringi la inmigracin para evitar enemistarse con los rabes y que stos se volcaran al Eje. Tambin colabor eficazmente el sionismo con el rgimen nazi para hacer posible esa migracin, tal como surge de los estudios de Lenni Brenner [13] sobre el Acuerdo de Transferencia Haavara firmado entre el primero y la Organizacin Sionista Mundial en agosto de 1933, colaboracin que probablemente haya sido incmoda. Esta claro que las lites a las que hacemos referencia no son las de Israel, Estado no fundado todava, sino las principales lites polticas y econmicas de Europa por cuanto los judos se hallaban dispersos por todo el continente.

6.- El abandono de las libertades democrticas por parte del sionismo toma un cariz particular. Cierto es que al interior del movimiento, la Organizacin Sionista Mundial primero y el Estado de Israel despus, adoptaron una estructura democrtica, pluralista y participativa. El nuevo Estado, pese a que nunca pudo darse una constitucin por la oposicin de la ortodoxia religiosa, celebra elecciones, posee un parlamento pluralista, existe libertad de prensa y dems caracteres de las repblicas democrticas. Pero dicha democracia es slo para los invasores o sus descendientes. La poblacin palestina expulsada de su tierra y refugiada en los pases limtrofes o territorios bajo control militar (Cisjordania y Gaza) nunca goz de derechos polticos para decidir el destino de su tierra. Incluso los palestinos que no llegaron a ser expulsados los llamados rabe-israeles- no gozaron del voto hasta varios aos despus de constituido el Estado. Tienen prohibido rememorar la Nakba, o catstrofe de su pueblo, o tan slo atreverse a peticionar un Estado laico, no judo. Y los palestinos residentes en Jerusaln, declarada en 1980 capital indivisible del Estado de Israel, unos 250.000 aproximadamente, tambin carecen de todo derecho a voto. A mayor abundamiento, cuando los palestinos eligieron a Hamas para dirigir la autoridad Nacional Palestina, los resultados electorales fueron desconocidos por Israel que resolvi incautar los impuestos de ese proto-Estado. De donde se desprende que el derecho a voto y a los beneficios de la democracia slo valen para israeles judos y no para todos los habitantes de Palestina. Es una democracia tnica, para una porcin de la poblacin, claramente no universal.

7.- Por ltimo la persecucin con violencia redentora y sin limitaciones ticas o legales de objetivos de limpieza interna llevada a cabo por las bandas paramilitares sionistas contra el pueblo palestino es sobradamente conocida y ha sido profusamente descripta y documentada por muchos historiadores entre los que se destaca Ilan Papp con su libro La limpieza tnica de Palestina [14]. Ms de 700.000 palestinos fueron expulsados de sus hogares a partir de diciembre de 1947 para implantar un Estado mayoritariamente judo, violencia brutal que continu el Estado recin creado en sucesivas masacres entre las que se destacan las de Sabra y Chatila (1982) y Yenn (2002), y los bombardeos sobre Beirut (1981 y 2006) y Gaza (2009). Se trata de una violencia redentora y sin lmites ticos de ningn tipo cuya enumeracin completa se torna imposible en este espacio pero que estuvo en todo momento acompaada tambin de una clara y deliberada poltica de expansin exterior, como lo testimonian la ocupacin de Cisjordania, Gaza, el Desierto de Sina, las Alturas del Goln en Siria, la apropiacin de Jerusaln Oriental y sus monumentos religiosos, y finalmente la ocupacin del Sur del Lbano durante varios aos.

Llegados a este punto nos permitimos afirmar como consecuencia lgica de todo lo expuesto, que el sionismo, movimiento poltico de inspiracin nacionalista de los europeos judos que resistieron su asimilacin a los pases en que residan, es un caso de fascismo en su definicin genrica, como el italiano, el alemn u otros, en tanto rene todos los requisitos que se han postulado del mismo en una de las ms elaboradas definiciones de una categora poltica tan compleja y dismil como sta.

Fascismo paracolonial

Sin embargo, existe un elemento que Paxton no incluye en su definicin y que nos parece esencial. La violencia redentora y sin lmites ticos que los fascismos conocidos han ejercido lo fue siempre sobre las clases subalternas. Los fasci di combattimento de Mussolini reprimieron las huelgas obreras en el Norte de Italia y las S.A. nazis descargaron toda su violencia contra los sectores obreros que respondan al Partido Socialdemcrata y al Partido Comunista de Alemania, adems de minoras tnicas como los judos y los gitanos. Estuvieron integrados por sectores de clase media y media baja, dispuestos a imponer un orden brutal por la fuerza. Las bandas paramilitares sionistas, la Haganah, el Irgn y el Stern, tambin se hallaban conformadas mayoritariamente por sectores de clase media juda y descargaron toda su violencia sobre los palestinos, la mayora de los cuales eran campesinos o pequeos comerciantes aldeanos indefensos, incapaces de resistir esa violencia como lo prueba claramente el episodio de Deir Yassin. Ergo, el sionismo cumple con un elemento esencial del fascismo que no puede ser soslayado: el ejercicio de una violencia de clase contra los sectores subalternos.

Pero esa violencia no se ejerci sobre las capas bajas judas, obreros y campesinos que profesaban esa religin, sino sobre las masas palestinas, adoptando en consecuencia un matiz claramente tnico. Se trat de una violencia sobre la poblacin sometida a una ocupacin colonial, sobre los otros, los que no existen, no tienen derechos, no figuran en los mapas, con el deliberado objeto de desarraigarlos de su tierra e implantar all un nuevo Estado con el franco apoyo de la potencia ocupante. No se trat de crear una colonia de Gran Bretaa -ya que como dice claramente Gilad Atzmn, Israel no tiene metrpoli- sino de una alianza con la potencia colonial para implantar un Estado tnico excluyente a costa de la poblacin autctona. Un caso singular de fascismo paracolonial.

Por ltimo la violencia ejercida lo fue invocando un derecho superior a esa tierra que les vena de la aurora de los tiempos, desde la promesa hecha al profeta Abraham por Yahv, su dios, al pueblo elegido, para imponer una ocupacin ilegtima que se prolonga hasta el presente, ms de 65 aos de barbarie. Como dice Franois Furet aunque sin ejemplificar con Israel- en la obra citada: A quienes no han tenido la suerte de formar parte de la raza superior o de la nacin elegida, el fascismo slo les propone la eleccin entre la resistencia sin esperanza y la subyugacin sin honor [15].

Notas

Miguel Ibarluca es Abogado, autor de Israel, Estado de Conquista, Editorial Canan, Buenos Aires, 2012.

[2] Jacob Tsur, Qu es el sionismo?, Siglo Veinte, Buenos Aires, 1965, pag. 5.

[3] Tsur, idem, p. 33.

[4] Herzl, Theodor, El Estado judo, en Pginas Escogidas, Editorial Israel, Buenos aires, 1949, p. 98.

[5] Nordau, Max, La situacin de los judos en el Siglo XIX, en Sionismo, Crtica y defensa, Centro Editor de Amrica Latina, Buenos Aires, 1968, p. 34.

[6] Citado por Gilad Atzmon, La identidad errante, Editorial Canan, Bs As, 2013, pag. 23.

[7] Atzmon, idem, p. 88.

[8] Franois Furet, El pasado de una ilusin, Fondo de Cultura Econmica, Mxico, 1995, p. 34.

[9] Furet, idem, p. 38.

[10] Herzl, op cit, p. 150.

[11] Herzl, op cit, p. 150.

[12] Robert. O. Paxton, Anatoma del fascismo, Pennsula, 2006.

[13] Lenni Brenner, Sionismo y fascismo, Editorial Canan, Buenos Aires, 2011. Tambin en 51 Documentos de la colaboracin de los sionistas con los nazis. Idem. 2011.

[14] Pap, Ilan, La limpieza tnica de Palestina, Editorial Crtica, 2008.

[15] Furet, op cit, p. 38.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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