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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-12-2013

Dcima carta a las izquierdas
Democracia o capitalismo?

Boaventura de Sousa Santos
Pblico


Al inicio del tercer milenio, las izquierdas se debaten entre dos desafos principales: la relacin entre democracia y capitalismo; y el crecimiento econmico infinito (capitalista o socialista) como indicador bsico de desarrollo y progreso. En este texto voy a centrarme en el primer desafo.

Contra lo que el sentido comn de los ltimos cincuenta aos puede hacernos pensar, la relacin entre democracia y capitalismo siempre fue una relacin tensa, incluso de contradiccin. Lo fue, ciertamente, en los pases perifricos del sistema mundial, en lo que durante mucho tiempo se denomin Tercer Mundo y hoy se designa como Sur global. Pero tambin en los pases centrales o desarrollados la misma tensin y contradiccin estuvieron siempre presentes. Basta recordar los largos aos de nazismo y fascismo.

Un anlisis ms detallado de las relaciones entre capitalismo y democracia obligara a distinguir entre diferentes tipos de capitalismo y su dominio en distintos perodos y regiones del mundo, y entre diferentes tipos y grados de intensidad de la democracia. En estas lneas concibo al capitalismo bajo su forma general de modo de produccin y hago referencia al tipo que ha dominado en las ltimas dcadas: el capitalismo financiero. En lo que respecta a la democracia, me centro en la democracia representativa tal como fue teorizada por el liberalismo.

El capitalismo slo se siente seguro si es gobernado por quien tiene capital o se identifica con sus "necesidades", mientras que la democracia es idealmente el gobierno de las mayoras que no tienen capital ni razones para identificarse con las "necesidades" del capitalismo, sino todo lo contrario. El conflicto es, en el fondo, un conflicto de clases, pues las clases que se identifican con las necesidades del capitalismo (bsicamente, la burguesa) son minoritarias en relacin con las clases que tienen otros intereses, cuya satisfaccin colisiona con las necesidades del capitalismo (clases medias, trabajadores y clases populares en general). Al ser un conflicto de clases, se presenta social y polticamente como un conflicto distributivo: por un lado, la pulsin por la acumulacin y la concentracin de riqueza por parte de los capitalistas, y, por otro, la reivindicacin de la redistribucin de la riqueza generada en gran parte por los trabajadores y sus familias. La burguesa siempre ha tenido pavor a que las mayoras pobres tomen el poder y ha usado el poder poltico que le concedieron las revoluciones del siglo XIX para impedir que eso ocurra. Ha concebido la democracia liberal como el modo de garantizar eso mismo a travs de medidas que cambiaron en el tiempo, pero mantuvieron su objetivo: restricciones al sufragio, primaca absoluta del derecho de propiedad individual, sistema poltico y electoral con mltiples vlvulas de seguridad, represin violenta de la actividad poltica fuera de las instituciones, corrupcin de los polticos, legalizacin del lobby Y siempre que la democracia se mostr disfuncional, se mantuvo abierta la posibilidad del recurso a la dictadura, algo que sucedi muchas veces.

Despus de la Segunda Guerra Mundial, muy pocos pases tenan democracia, vastas regiones del mundo estaban sometidas al colonialismo europeo, que serva para consolidar el capitalismo euro-norteamericano, Europa estaba devastada por una guerra que haba sido provocada por la supremaca alemana, y en el Este se consolidaba el rgimen comunista, que apareca como alternativa al capitalismo y a la democracia liberal. En este contexto surgi en la Europa ms desarrollada el llamado capitalismo democrtico, un sistema de economa poltica basado en la idea de que, para ser compatible con la democracia, el capitalismo debera ser fuertemente regulado, lo que implicaba la nacionalizacin de sectores clave de la economa, un sistema tributario progresivo, la imposicin de las negociaciones colectivas e incluso, como sucedi en la Alemania Occidental de la poca, la participacin de los trabajadores en la gestin de empresas. En el plano cientfico, Keynes representaba entonces la ortodoxia econmica y Hayek, la disidencia. En el plano poltico, los derechos econmicos y sociales (derechos al trabajo, la educacin, la salud y la seguridad social, garantizados por el Estado) haban sido el instrumento privilegiado para estabilizar las expectativas de los ciudadanos y para enfrentar las fluctuaciones constantes e imprevisibles de las seales de los mercados. Este cambio alteraba los trminos del conflicto distributivo, pero no lo eliminaba. Por el contrario, tena todas las condiciones para instigarlo despus de que el crecimiento econmico de las tres dcadas siguientes se atenuara. Y as sucedi.

Desde 1970, los Estados centrales han estado manejando el conflicto entre las exigencias de los ciudadanos y las exigencias del capital mediante el recurso a un conjunto de soluciones que gradualmente fueron dando ms poder al capital. Primero fue la inflacin (1970-1980); despus, la lucha contra la inflacin, acompaada del aumento del desempleo y del ataque al poder de los sindicatos (desde 1980), una medida complementada con el endeudamiento del Estado como resultado de la lucha del capital contra los impuestos, del estancamiento econmico y del aumento de los gastos sociales originados en el aumento del desempleo (desde mediados de 1980), y luego con el endeudamiento de las familias, seducidas por las facilidades de crdito concedidas por un sector financiero finalmente libre de regulaciones estatales, para eludir el colapso de las expectativas respecto del consumo, la educacin y la vivienda (desde mediados de 1990).

Hasta que la ingeniera de las soluciones ficticias lleg a su fin con la crisis de 2008 y se volvi claro quin haba ganado en el conflicto distributivo: el capital. La prueba fue la conversin de la deuda privada en deuda pblica, el incremento de las desigualdades sociales y el asalto final a las expectativas de una vida digna de las mayoras (los trabajadores, los jubilados, los desempleados, los inmigrantes, los jvenes en busca de empleo) para garantizar las expectativas de rentabilidad de la minora (el capital financiero y sus agentes). La democracia perdi la batalla y slo evitar ser derrotada en la guerra si las mayoras pierden el miedo, se rebelan dentro y fuera de las instituciones y fuerzan al capital a volver a tener miedo, como sucedi hace sesenta aos.

En los pases del Sur global que disponen de recursos naturales, la situacin es, por ahora, diferente. En algunos casos, por ejemplo en varios pases de Amrica Latina, hasta puede decirse que la democracia se est imponiendo en el duelo con el capitalismo, y no es por casualidad que en pases como Venezuela y Ecuador se comenz a discutir el tema del socialismo del siglo XXI, aunque la realidad est lejos de los discursos. Hay muchas razones detrs, pero tal vez la principal haya sido la conversin de China al neoliberalismo, lo que provoc, sobre todo a partir de la primera dcada del siglo XXI, una nueva carrera por los recursos naturales. El capital financiero encontr ah y en la especulacin con productos alimentarios una fuente extraordinaria de rentabilidad. Esto permiti que los gobiernos progresistas -llegados al poder como consecuencia de las luchas y los movimientos sociales de las dcadas anteriores- pudieran desarrollar una redistribucin de la riqueza muy significativa y, en algunos pases, sin precedentes. Por esta va, la democracia gan nueva legitimidad en el imaginario popular. Sin embargo, por su propia naturaleza, la redistribucin de la riqueza no puso en cuestin el modelo de acumulacin basado en la explotacin intensiva de los recursos naturales y, en cambio, la intensific. Esto estuvo en el origen de conflictos -que se han ido agravando- con los grupos sociales ligados a la tierra y a los territorios donde se encuentran los recursos naturales, los pueblos indgenas y los campesinos.

En los pases del Sur global con recursos naturales pero sin una democracia digna de ese nombre, el boom de los recursos no trajo ningn impulso a la democracia, pese a que, en teora, condiciones ms propicias para una resolucin del conflicto distributivo deberan facilitar la solucin democrtica y viceversa. La verdad es que el capitalismo extractivista obtiene mejores condiciones de rentabilidad en sistemas polticos dictatoriales o con democracias de bajsima intensidad (sistemas casi de partido nico), donde es ms fcil corromper a las lites, a travs de su involucramiento en la privatizacin de concesiones y las rentas del extractivismo. No es de esperar ninguna profesin de fe en la democracia por parte del capitalismo extractivista, incluso porque, siendo global, no reconoce problemas de legitimidad poltica. Por su parte, la reivindicacin de la redistribucin de la riqueza por parte de las mayoras no llega a ser oda por falta de canales democrticos y por no contar con la solidaridad de las reducidas clases medias urbanas que reciben las migajas del rendimiento extractivista. Las poblaciones ms directamente afectadas por el extractivismo son los indgenas y campesinos, en cuyas tierras estn los yacimientos mineros o donde se pretende instalar la nueva economa agroindustrial. Son expulsados de sus tierras y sometidos al exilio interno. Siempre que se resisten son violentamente reprimidos y su resistencia es tratada como un caso policial. En estos pases, el conflicto distributivo no llega siquiera a existir como problema poltico.

De este anlisis se concluye que la actual puesta en cuestin del futuro de la democracia en Europa del sur es la manifestacin de un problema mucho ms vasto que est aflorando en diferentes formas en varias regiones del mundo. Pero, as formulado, el problema puede ocultar una incertidumbre mucho mayor que la que expresa. No se trata slo de cuestionar el futuro de la democracia. Se trata, tambin, de cuestionar la democracia del futuro. La democracia liberal fue histricamente derrotada por el capitalismo y no parece que la derrota sea reversible. Por eso, no hay que tener esperanzas de que el capitalismo vuelva a tenerle miedo a la democracia liberal, si alguna vez lo tuvo. La democracia liberal sobrevivir en la medida en que el capitalismo global se pueda servir de ella. La lucha de quienes ven en la derrota de la democracia liberal la emergencia de un mundo repugnantemente injusto y descontroladamente violento debe centrarse en buscar una concepcin de la democracia ms robusta, cuya marca gentica sea el anticapitalismo. Tras un siglo de luchas populares que hicieron entrar el ideal democrtico en el imaginario de la emancipacin social, sera un grave error poltico desperdiciar esa experiencia y asumir que la lucha anticapitalista debe ser tambin una lucha antidemocrtica. Por el contrario, es preciso convertir el ideal democrtico en una realidad radical que no se rinda ante el capitalismo. Y como el capitalismo no ejerce su dominio sino sirvindose de otras formas de opresin, principalmente del colonialismo y el patriarcado, esta democracia radical, adems de anticapitalista, debe ser tambin anticolonialista y antipatriarcal. Puede llamarse revolucin democrtica o democracia revolucionaria -el nombre poco importa-, pero debe ser necesariamente una democracia posliberal, que no puede perder sus atributos para acomodarse a las exigencias del capitalismo. Al contrario, debe basarse en dos principios: la profundizacin de la democracia slo es posible a costa del capitalismo; y en caso de conflicto entre capitalismo y democracia, debe prevalecer la democracia real.

 

Fuente: http://blogs.publico.es/espejos-extranos/2013/12/02/decima-carta-a-las-izquierdas-democracia-o-capitalismo/

Boaventura de Sousa Santos es socilogo y profesor catedrtico de la Facultad de Economa de la Universidad de Combra (Portugal).



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